Twilight no me pertenece, solo la historia.

Beteado por Silvana Olvera

Betas FFAD

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Psicópata

Capítulo III

"Celos… celos y más celos"


EPOV
Hacía una maldita hora que Bella se había ido, me había dejado, y ella lo había jurado, juró jamás abandonarme.

!MIERDA! ¿Por qué se fue? ¡Ella prefería estar allá que aquí conmigo! Pero quizás me estaba engañando, ¡sí!, quizás estaba con alguien más… ¡No, ella no me engañaría!

—Sí jamás lo haría, ella me quiere a mí —dije en voz alta.

Pero, imagínatela, besándose con alguien más, cómo la toca, cómo la hace suya.

— ¡No! Bella es mía. Mía, sí, solo mía. Jamás me traicionaría —dije tratando de sacar la furia que esos pensamientos creaban en mi.

¿Estás seguro?

Repitió esa maldita voz en mi cabeza. Tomé la chamarra que Isabella me había dado, tomé un taxi y fue fácil llegar al instituto al que asistía, aunque tenía aspecto de… un simple edificio. Si no fuese por el gran letrero que decía "Instituto de Forks", tal vez no me hubiese ubicado.

—Buenos días, disculpe, ¿en qué salón están tomando clases los del último año? —pregunté, tratando de ocultar un poco mi enojo.

—Están en salón 315 con el profesor Banner —contestó la secretaria, mirándome como si fuera un trozo de carne.

Corrí hacia donde me indicaron, pero ya no había nadie. Empecé a caminar por todo el instituto, las chicas me veían y era como si vieran agua en medio del desierto. Ahí la vi, con un chico rubio y un poco más alto que ella, el viento había desordenado un mechón de su cabello, y el infeliz se lo acomodó detrás de su oreja,

¡ELLA ME ENGAÑABA!

—Maldito Imbécil, déjala. No la toques, ella es mía, ¿oíste? Mía —le dije mientras lo empujaba. El estúpido ese se cayó, pero se incorporó rápidamente.

— ¿Quién mierda eres tú? Bella es mi amiga, y además, no es que te interese, pero yo tengo novia y la amo —me respondió el tipo, y me dio un puñetazo en la cara. Yo iba a devolvérselo, pero Bella se interpuso entre nosotros.

— ¡Ya párenle los dos!, no son animales. Mike disculpa por este mal momento, hablamos mañana —ella le dio un fuerte abrazo y se alejó, se giró hacia su auto y se fue, dejándome solo.

¿Pero qué diablos le pasaba? Yo me quede ahí como un estúpido, pero decidí ir a la casa.

— ¿Qué demonios contigo? ¿Por qué me dejaste tirado ahí como imbécil? —le grité mientras la tomaba del brazo con más fuerza de la necesaria.

—Edward, me estas lastimando, suéltame —dijo con los ojos llorosos, y dejé de apretarla con tanta fuerza. Ella se alejó.

!Mierda! ¿Qué había hecho? ¡La había lastimado!

—Be…Bella perdóname, yo no sé qué me pasó, fue… fue —balbuceé nerviosamente. Si ella me dejaba, nada tendría sentido en mi vida.

— ¿Fue qué Edward?, ¿fue qué? —preguntó muy molesta y con las lágrimas desbordándose de sus bellos ojos.

—Fueron celos, Bella. ¿Cómo dejaste que ese idiota te tocara? Tú eres mía, solo mía —dije mientras le empezaba a besar el cuello, ella se estremeció pero se alejó de mí inmediatamente.

—No, Edward, ¡no soy tuya!, soy tu novia, no un animal al que puedes marcar. Yo te quiero, pero tus celos son estúpidos e innecesarios; y me lastiman mucho, porque los celos vienen de la desconfianza —me acerqué a ella y volví a besarla.

—Perdón, perdóname —le dije mientras nuestros labios seguían unidos.

Sentí como se retorcía entre mis brazos, perdiéndose en nuestro beso.

—Ed…Edward...hazme tuya...

BPOV

—Ed…Edward...hazme tuya —pedí mientras enredaba las piernas alrededor de su cintura, él no dijo nada y simplemente nos llevó hacia nuestra recámara.

Agradecía que Rob se hubiera ido de campamento y volviera dentro de un mes, así podría disfrutar más mi relación con Edward.

Me quitó la blusa y el brassiere rápidamente, sus manos se dirigieron a mis pechos desnudos. Automáticamente le saqué la camisa y lo empujé, quedando encima de él… ¿De dónde había salido esa Bella?... No importaba, quería algo y lo tendría en ese momento…

Le desabroché los pantalones mientras él lamía y succionaba mi pezón izquierdo, y pellizcaba suavemente el derecho. Se sentía tan bien. Ya estaba más que excitada y muy muy mojada, solo faltaban sus bóxers, así que los retiré rápidamente, y él prosiguió quitándome mis pants junto con mis bragas. Rodeé su miembro con mis manos lentamente.

—Ahh… Bella… no sabes cuántas noches he soñado con esto —dijo con la voz ronca por la excitación.

—No más que yo, amor —comenzó a acariciarme. Frotaba mi clítoris mientras introducía un dedo en mí—. ¡Ohh, Dios! —luego introdujo un dedo más y ya no pude resistir.

—Ahh… Edward… —gemí.

Él empezó a bajar su mano izquierda por mis costillas, rozando mi pecho, lo que me hizo gemir. Siguió bajando hasta mi muslo y se quedó allí, acariciando y apretando avariciosamente.

—Bella, me… estás volviendo loco… —se separó unos centímetros de mí y me tomó del rostro—. Si no nos detenemos ahora, no… no lo podré hacer después —dijo, viéndome tiernamente.

—Pues no lo haga, no te detengas —lo besé con fuerza. Quería sentirlo dentro de mí. ¡Ahora!

Me acerqué a su oreja, no supe de dónde saqué tanta flexibilidad, y le susurré. —Hazlo —succioné su lóbulo, haciéndolo gruñir.

Apretó mis pechos mientras iba dejando besos húmedos en mi estómago. Dejó uno de mis senos y usando esa mano, colocó las mías por encima de mi cabeza. Siguió bajando con sus labios. No podía creerlo, Edward me la iba a… — ¡Ah! Ed ¡ah! Sí. Sigue a... —ni en mis más remotos sueños me había imaginando teniendo sexo oral.

—Eres deliciosa —me dijo él. Frotó su lengua contra mi clítoris, haciéndome ver el cielo.

— ¡Dios! Edward, más —gemía como loca.

— ¿Quieres más… dónde, Bella? —me preguntó mordiendo mi hinchado clítoris.

—Ahí — estaba enloqueciendo, quería sentirlo nuevamente.

— ¿Ahí dónde? —insistió, y perdí la paciencia.

—Solo has tu trabajo con tu lengua. ¡Ya!

—Lo que digas, princesa —susurró.

Edward volvió a introducir su lengua en mi cavidad y comenzó a embestirme con fuerza. Sus movimientos me llevaron al cielo, a ese punto iba a quedar afónica de tantas veces que gritaba y gemía su nombre.

Sin esperar mucho más, cambió su lengua por su miembro y se introdujo en mí en un solo movimiento, hasta el fondo. Gemimos ambos a la vez y yo me quedé quieta un momento, ya que el dolor era terrible. Yo sabía que eso pasaría, pero no me importaba. Quería hacer el amor con Edward.

—Bella, tú eras —se había dado cuenta.

—Sí, lo era. Ya no —dije, de verdad lo amaba y eso era lo que importaba.

—Pero… —protestó.

—Pero nada, solo ámame como yo a ti —él empezó a moverse con desesperación. Me embestía profundamente.

—Edward… ahh…oh, así, Ed. ¡Ah! Vamos, sigue, no pares —dije con dificultad.

Esto era mejor que el sexo oral. Sentía que ya me faltaba poco para llegar a mi orgasmo, y no podía evitar que esa, hasta ahora extraña, fiera en mí quisiera más.

— ¡Ahh! ¡Más, Edward! ¡Más duro! —gemí en su oído.

Él gruñó como una bestia y me obedeció. Sus embestidas aumentaron su fuerza, tanto que parecía que lo sentía hasta en la garganta. Eso era lo que quería, ahora sí me sentía completa

— ¿Me sientes, Bella? ¿Sientes cómo te lleno? —gruñó en mi oreja. No podía hablar, era demasiado, no encontraba mi voz.

—Respóndeme, si no… —sus movimientos bajaron su intensidad.

—Sí, te siento hasta el fondo. No te detengas —reanudó sus movimientos y nuevamente me sentí completa, como hacía unos momentos—, ya casi. ¡Edwaaard… ahh! —gemí, o más bien, grité.

—Bella, córrete conmigo, Bella —mis caderas se movían con fuerza para encontrarse con las suyas en cada embestida.

Pronto sentí cómo yo empezaba a temblar y su miembro pulsaba dentro de mí. Ya estaba muy, muy cerca.

— ¡Edward! —grité cuando sentí a mi orgasmo llegar. Dos embestidas después, llegó él.

—Bella —ambos caímos rendidos—, nunca te dejare, ahora tú eres mi vida.