Twilight no me pertenece, solo la historia.

Beteado por Silvana Olvera

Betas FFAD

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Psicópata

Capítulo IV"Los Cullen"

BPOV

Despertar en brazos del hombre que amas es lo más lindo del mundo, aún no podía creer cómo alguien como él se podía fijar en mí, si era una chica simple, no era linda y tampoco tenía un cuerpo "escultural". Pero él me amaba y eso era lo que importaba, ¿cierto?

— ¿En qué piensas, mi vida? —preguntó el dueño de mi corazón.

—En ti, en mí, y en lo que será nuestra vida de ahora en adelante —me alegraba que hacía apenas dos días había terminado mi periodo, si no estaría jalándome de los cabellos por no habernos cuidado, pero me aterraba más la idea de que como él y yo, bueno… él y yo… ya lo habíamos hecho, él me dejara.

¡No! Edward no era así, él me amaba.

—Sí, lo que hicimos nos unió más, y ahora estoy seguro de que eres la mujer perfecta para mí… eres con quien quiero pasar el resto de mi vida —las lágrimas empezaron a acumularse en mis ojos. Estar con Edward era como… como estar en casa—. No, no llores, mi vida. Mi ángel, no debes llorar, nunca y menos por alguien como yo —dijo mientras con su dedo limpiaba una lágrima que se me había escapado.

—Lloro de felicidad, mi amor, lo que acabas de decir es exactamente lo que yo pienso. No sé si es apresurado o no, pero sé que eres el amor de mi vida, eres lo mejor que me pudo a haber pasado —repliqué.

—Tú eres la mujer perfecta, eres como mi marca personal de heroína —me reí un poco ante lo que me había dicho, aunque también un bostezo se me escapó de los labios—. Duerme, mi único amor —dijo mientras depositaba en mis labios un casto beso.

—Te amo.

—Ahora tú eres mi vida —eso fue lo único que escuché antes de caer rendida en los brazos de Morfeo.

—Hey, mi amor, despierta. Se te hace tarde —dijo esa preciosa voz aterciopelada mientras besaba mi rostro.

—Hmm no quiero ir —me quejé, me sentía tan feliz porque tenía a Edward.

—Levántate linda, no querrás llegar tarde.

¿Tarde? Mierda, hoy tenía la primera clase Biología y tenía llegar temprano para escoger a nuestros compañeros.

— ¡Mierda!, ¿qué hora es? —pregunté mientras me levantaba a toda prisa, pero recordé que aún estaba desnuda, inmediatamente me sonrojé y tomé la sábana, con la cual me cubrí por completo.

—Aún tienes tiempo —se acercó más a mí y de un tirón me quitó la sábana—. No tienes por qué cubrirte, no hay nada que no haya visto ya —dijo mientras besaba mi cuello, si le permitía seguir, nunca saldríamos de la habitación.

—Ed… Ed... de… debo... ir a... al instituto —dije entrecortadamente.

—De acuerdo —dijo eso y salió de la habitación. Me bañé, me cambié y bajé a la cocina, Edward había preparado el desayuno, así que no tuve nada que hacer.

—Bueno, vamos, Rob. No quiero llegar tarde al instituto.

—Ya voy, nanita—salió corriendo a lavarse los dientes.

—Edward, no es que no me guste que me vayas a recoger al instituto, pero no quiero que vuelva a suceder lo de ayer —le dije, no era un reclamo, pero si me molestó que golpeara a Mike.

—Está bien, no volveré a recogerte. Además hoy iré a buscar empleo —dijo un poquito agitado, a veces Edward me asustaba un poco, sus celos me mostraban la desconfianza, y creo que tenía ciertos problemas de ira.

—No, no digo que me disguste la idea de que me recojas, solo quiero evitar ese tipo de problemas. Y no tienes por qué trabajar, no necesitamos nada.

—Sí, sé que no les falta nada, pero yo quiero mantener a mi mujer. Porque eso eres, Bella, mi mujer, solo mía —dijo mientras se volteaba y me besaba apasionadamente.

—No, Elwal, no te comas a mi nanita pol favol —dijo Rob, Edward empezó a carcajearse mientras yo me sonrojaba.

—Bueno, ya basta. Vámonos. Suerte, amor, nos vemos en la tarde.

Dejé a Rob en la guardería y yo fui al instituto.

—Buenos días señores, y señoritas. Soy el profesor Banner, quien les enseñará todo sobre Biología. Ahora voy a asignarles sus compañeros: Stanley con Newton, Weber con Cheney... —así siguió hasta que—… Cullen con Swan.

Una muchacha con aspecto de duendecillo se me acercó y nos dirigimos a nuestra mesa.

—Hola, Soy Alice Cullen y amo las compras, tengo 17 años. Acabo de mudarme, antes vivía en Londres. Sé que seremos grandes amigas, e iremos de com…

—Ok, ok, ya entendí. Hola, Alice, soy Isabella Swan, pero puedes llamarme solo Bella —la interrumpí mientras le extendía la mano, pero ella me abrazó.

—Lo siento, siempre soy así. Papá dice que es porque de bebé comía mucha azúcar, pe… —otra vez, yo levanté mi ceja y ella me miró y sonrió—. Lo he vuelto a hacer —la clase terminó y fui a la cafetería.

—Bella, siéntate con nosotros —dijo Alice señalando a unos muchachos, ella estaba al lado de un rubio muy guapo, pero había algo raro en él. El segundo chico, ese sí daba miedo. Era gigante, tenía aspecto de esos luchadores profesionales. La tercera era una rubia preciosa. Al lado de ella cualquier chica, incluyéndome, daba pena.

—Hmm, claro —me acerqué a su mesa y tomé asiento.

—Bella, ellos son mis hermanos: Emmet —dijo señalando al grandote—, Rosalie y Jasper, bueno, él es mi novio. Ya lo sé, es guapísimo —dijo mientras le daba un besito. Pero ella había dicho "hermanos".

¿Salía con su her... hermano?

—Sé lo que estas pensando, pero Rosalie y Jasper son adoptados, así que no hay ningún problema —yo me sonrojé por mal pensada.

—Bellita, pareces un tomatito —dijo Emmet mientras pellizcaba mi mejilla.

—Déjala, osito —dijo Rosalie—. Discúlpalo, Bella siempre es así.

—No te preocupes.

—Bella, quería invitarte a cenar hoy a mi casa, ¿qué dices?

¿Es en serio? Acababa de conocerme y ya quería llevarme a su casa.

—No creo que sea correcto, además mi novio me espera en la casa —dije aunque no creía que Edward tuviera problema con ello.

—Hmm, pues él también puede ir.

—Está bien entonces —respondí mientras me levantaba, salí de ahí y me fui a recoger a Rob, y de ahí fuimos a la casa.

—Hola, mi vida, te estaba esperando —dijo Edward mientras me besaba.

—Hola, amor, oye, ¿crees que podamos ir a cenar en casa de una amiga? —le pregunté mientras dejaba mi mochila en la mesa.

—Hmm, no creo que yo esté invitado —contestó mientras me abrazaba.

—Ella dijo que podías ir, amor —dije mientras alzaba el rostro para darle un besito.

—Está bien, entonces ve a cambiarte.

—Hola, Bellita, al fin llegaste —me saludó Emmet mientras me abrazaba, sentí tensarse a Edward, por lo que me solté y lo tomé de la mano—. Hola, soy Emmet, ¿y tú? —se presentó.

—Edward, Edward Masen, un gusto.

—Ven, Bella, pasa —dijo Rosalie, esta vez fue mi turno de tensarme.

¿Y si Edward la encontraba hermosa y me dejaba? ¡No! No, Bella, eso no pasará. Fuimos y nos sentamos a la mesa.

— ¿Y Alice? —pregunté, ya que me hacía raro no tenerla aquí dando brinquitos.

—Ya viene, fue por nuestros padres —respondió Jasper.

— ¡Ya llegó por quien lloraban! —Dijo Alice y se sentó a la mesa—. Ya bajan.

—Hola, buenas noches —sentí a Edward tensarse de nuevo, pero esta vez no sabía cuál era la razón, el se giró y se puso lívido.

— ¿Tú…?