Agradezco a todas y cada una de las personas que me han acompañado a lo largo de este Fic, fue uno de los primeros que eh escrito, gracias por su acogida, este él es último capítulo, no habrá epílogo ni nada de ello.
Contiene escenas fuertes y violentas de homicidio-suicido. y si lo leen es bajo su autorización.
Lore mil gracias por ayudarme con esta historia, sin ti no sería nada. Te quiero amiga.!
Beteado por Lorena Cullen
Betas FFAD
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"PSICÓPATA"
"EL FINAL"
James había convencido a Bella de huir, alegando que si a su propio padre le había hecho lo que le hizo, también podría lastimarla a ella o a su hermano.
Subieron al auto y este condujo hacia un pequeño hotel en Port Angeles. Se registraron y les tocó usar la habitación matrimonial ya que no había más disponibles.
En la enorme cama de sábanas blancas se recostaron Bella y Rob mientras que en el sofá con unas cuantas mantas se acostó James.
La noche caía y Bella sabía que Edward la estaba buscando y temía porque lastimara a James.
Él le había prometido sanar, sanar para estar con ella y ella le creyó.
Pero James tenía razón, él era el asesino de sus padres y de cientos de personas más, ¿qué podía esperar para ella?
Así pasó su primer día en el hotel. Junto con James habían acordado que se quedarían dos noches más, así que fueron a comprar un poco de comida, se asearon y para ello, la noche había vuelto a caer.
Un vaso con agua estaba al lado de la mesa de noche de Bella y como tenía mucha sed se lo bebió.
…
Escondido en el armario se preparaba Edward para aniquilar a James. Por su culpa su Bella se había ido y debía pagar por eso.
Cuando se aseguró de que todos dormían se acercó a James quien solo estaba cubierto por una pequeña manta.
Pero James abrió los ojos antes de que él tomara la almohada. Iba a gritar, no porque tuviese miedo sino para que Bella se fuera, pero Edward fue más rápido. Golpeó su estómago, tomó la almohada con brusquedad y se la colocó sobre la cara. Lo sostuvo así hasta que James dejó de patalear y en menos de un minuto el cuerpo de James quedó inconsciente.
—Lo siento, amigo, te metiste donde no debías —susurró mientras tomaba a Bella con delicadeza y despertaba a Rob quien no se negó a acompañarlo. Se aseguró de que nadie lo viera y bajaron las escaleras para meterse en el auto.
— ¿A dónde vamos, Elwald? —preguntó Rob mientras se ponía los zapatos que Edward le había dado.
—Vamos a ser felices, Rob, seremos una familia —dijo mientras besaba la frente de su Bella y le ponía el cinturón de seguridad.
El pequeño Swan no notó el tono de voz que Edward usó, ya que él estaba convencido de que Edward amaba mucho a su hermanita y serían felices para siempre.
No tardaron mucho en llegar al sitio que Edward había comprado, era muy solitario y oscuro. Entraron a la pequeña cabaña y depositó a Bella en la cama.
—Ven, Rob, te voy a mostrar tu habitación —dijo tomándole de la mano al pequeño.
Ambos fueron hasta un pequeño cuartito en donde había una pequeña camita, dos mesitas, juguetes, un pequeño televisor y varios posters de superhéroes.
—Lindo… —dijo Rob mientras veía todo a su alrededor.
— ¿Te gusta? —Le preguntó, el pequeño asintió y abrazó a Edward—. Lo mejor para mi hijo —dijo abrazándolo más fuerte.
— ¿Tu hijo? —preguntó Rob.
—Sí, peque, ahora tú eres mi hijo… Mío y de Bella, ¿quieres? —dijo emocionado.
—Sí… Sí, Elwald. Glacias —dijo con los ojitos llorosos.
—Bueno, no llores, pequeño. Es hora de dormir. Voy a estar con mami y le voy a explicar, pero si la oyes gritar es porque estamos jugando, ¿sí? Por nada del mundo salgas de aquí. —El pequeño sin saber que estaba firmando la condena de muerte de su hermana asintió.
Edward salió de la habitación de su hijo y se sentó en la cama en donde se encontraba Bella. Tomó su pequeña cabeza y la colocó sobre a suya mientras daba pequeñas caricias fantasmas a su rostro.
—Yo te amo Isabella Swan, te amo con cada fibra de mi maldito ser —dijo dando unos cuantos besos a su cabeza. Alzó a Bella en brazos y destapó la cama la recostó nuevamente y él también, la atrajo a su pecho y besó los cabellos —. Eres mía para siempre.
…
Bella abrió los ojos desorientada, su cabeza le dolía horrible y los oídos le pitaban. Sintió unos fuertes brazos rodear su cintura.
Pensó que era James e iba a golpearlo pero pegó un grito al ver a Edward, quien tenía su cabeza recargada en uno de sus brazos y la miraba fijamente.
—Hola, amor —dijo queriendo besarla pero esta se movió para atrás—. ¿Por qué no quieres besarme? —dijo molesto.
— ¿Dónde está James? —preguntó alterada.
— ¡Solo te importa ese idiota! ¡Lo maté! Lo maté por tu culpa… Maté a mi mejor amigo por ti, porque quería alejarte de mi lado —decía como si discutieran del clima.
— ¿Qué? —preguntó asustada—. James… ¡No! No… No, James. —Empezó a tiritar de miedo pero la imagen de su hermano llegó a su cabeza por lo que se obligó a no entrar en pánico—. ¿Mi hermano? ¿Dónde está?
—Durmiendo en su habitación, amor —dijo mientras jugueteaba con un mechón de su cabello.
— ¿Dónde? —preguntó. Edward señaló la puerta de la habitación de Rob, y Bella se levantó apresurada para comprobar si era cierto.
Respiró tranquila cuando vio a su pequeño hermano hecho un ovillo en la cama y con sus manitos bajo el costado derecho de su carita.
—Lo ves, parece un angelito —dijo Edward en su oído.
Bella trató de apartarse pero él la tomó de las caderas y quiso besarla. Al ver la resistencia de su mujer pasó su brazo por debajo de las piernas de Bella y la cargó al estilo novia. Después de cerrar la puerta de Rob, la depositó en su cama.
— ¡Espera! —dijo Bella, que estaba pensando en cómo sacar a su hermano de aquí.
Pero Edward no la escuchaba. Desde hace mucho quería hacerla suya y no permitiría un no como respuesta.
—Amor, espera —oyó la dulce voz de Bella, este al oír cómo lo habían llamado levantó su cabeza para verla sonriente.
— ¿Qué pasa? —dijo dándole besitos en su rostro.
—Debo ir al baño, amor. Sí, después haremos el amor, pero enserio debo ir al baño
—Está bien, no tardes —dijo levantándose de encima de Bella. Le indicó donde estaba el baño y empezó a desnudarse. Bella le había dicho amor y eso era bueno, ella lo amaba aunque no podía compararse con lo que él sentía por ella.
Mientras que Bella había visto un teléfono en la mesita de noche y sin que Edward se diera cuenta lo había tomado. Colocó el seguro en la puerta y marcó al 911.
—911. ¿Cuál es su emergencia? —preguntaron.
—Tiene que ayudarme me tienen secuestrada a mí y a mi hermano… Por favor —rogó antes de caer presa del pánico y el llanto.
— ¿En dónde se encuentra? —le preguntaron.
—En… en… en no sé —dijo soltándose a llorar.
—Tranquila, señorita. No cuelgue rastrearé su llamada, necesito que se mantenga en calma. Enviaré a las patrullas.
—Sí… Sí, gracias. —Alcanzó a decir, sabía que no podía demorarse más aquí. Edward se impacientaría y eso no era bueno. Colocó el teléfono atrás del inodoro para que Edward no lo viera, y se mojó el rostro, el cuello y los brazos.
—Bella, amor, ¿ya sales? —preguntó mientras golpeaba la puerta. Eso hizo sobresaltar a Bella pero se obligó a actuar normal.
Si él se daba cuenta de que llamó a la policía podría lastimar a su hermano. Abrió la puerta para encontrarse con un Edward desnudo y muy sonriente.
—Tardaste mucho —dijo con un puchero.
—Lo… Lo siento —dijo queriendo escabullirse pero Edward, pensando que era un juego, la tomó de la cintura atrayéndola hacia él.
—Te amo —le dijo besándolo.
Dejó que él la condujera a la cama y la desvistiera para besar cada parte de su perfecto cuerpo; mientras el tan ansiado orgasmo llegaba Bella sollozaba en silencio y en el pecho de Edward no cabía tanta felicidad.
—Te… Te amo, Isabella Swan… Te amo —dijo antes de caer exhausto sobre el pequeño cuerpo de Bella.
—Yo también te amo —dijo tratando de sonreír. Edward se levantó sin importarle su desnudez hasta su mesita de noche y sacó la caja de terciopelo que era de su abuela y había robado de la casa de Carlisle.
Se recostó nuevamente al lado de Bella y extendió su brazo para que ella se acurrucara en su pecho, como solía hacerlo siempre que terminaban de hacer el amor.
Un poco asustada Bella lo hizo, mientras que Edward abría la caja de terciopelo en donde había un precioso anillo en forma de óvalo con incrustaciones de diamantes.
—Este anillo es de mi abuela —le explicó, tomó su mano y sacó el anillo de la caja—. Y debo dárselo a la persona con la que quiero compartir el resto de mi existencia y… y quería saber si tú… si tú, ¿quieres compartir tu vida conmigo? —le preguntó tímidamente.
—Oh, Edward —dijo llorando.
—Sh, mi nena. Tranquila, no llores estoy aquí contigo para siempre —dijo sonriendo porque presentía cual sería la respuesta de su pequeña.
—Lo siento… Lo siento, Edward —decía entre hipos.
— ¿Qué sientes, mi nena? —le preguntó confundido por sus palabras.
—Lla…Llamé… a la policía… La llamé —dijo tapándose la cara con sus manos.
— ¿Qué? —preguntó Edward cambiando su humor de repente. Tomó el anillo y con brusquedad lo colocó en el dedo de Bella. Se levantó y le tiró la ropa para que se la pusiera, él lo hizo también—, ¡vístete! —dijo mientras corría para despertar a Rob; pero Bella se quedó inmóvil ahí, de seguro la policía no tardaba en llegar.
Oyó cómo Rob se levantaba y Edward le pedía que se vistiera. Volvió a la habitación en donde habían hecho el amor y Edward, al ver que seguía desnuda, tomó la ropa e hizo que se levantara, tomó la ropa interior y se la puso, una camisa de él y un bóxer. Tomó sus pies y los cubrió con unos zapatos así mismo de él.
—Ed…Edward debes irte —le dijo Bella.
—Esto es tu culpa —exclamó Edward al oír las sirenas fuera de la cabaña
—Salga con las manos sobre la cabeza —dijeron por el alto parlante.
—Íbamos a compartirlo todo —dijo Edward dejando derramar unas pequeñas lágrimas, no porque iría a la cárcel sino porque otra vez le arrebataban a su familia—. ¿Por qué? ¿Por qué haces esto? Íbamos a ser felices, Isabella, tú, Rob y yo.
—Lo siento… Lo siento —sollozaba Bella.
— ¡No! Yo lo siento. —Se dio la media vuelta y sacó de su pequeña maleta un arma—. Nadie va a separarme de mi familia —gritó para que la policía lo escuchara.
— ¡Vamos a entrar! —gritaron.
—Edward, ¿qué haces? —dijo al ver que Edward quitaba el seguro de la pistola. Tomó a Bella con brusquedad y la metió a la habitación de Rob, en donde el pequeño temblaba de miedo.
—Ven aquí, hijo, ven aquí —le dijo Edward, Rob corrió a los brazos de él y enterró su cabeza en el cuello de este—. ¿Rob? ¿Tú nos quieres? —preguntó y el pequeño asustado asintió—. Bien, porque nosotros te amamos. Ahora vas a salir de aquí e irás con la policía, ¿vale? —El pequeño empezó a negar.
—No… No, papi… No —decía.
—Mi vida, estaremos contigo siempre, vete, por favor. —El pequeño Rob hizo lo que su padre le había pedido. Los policías lo acogieron rápidamente y lo revisaron para descartar cualquier herida.
—Yo te amo, Isabella Swan, por siempre —dijo mientras ponía el arma en la frente de Bella—. Esto es por nuestro bien, estaremos juntos —decía él también llorando.
—Edward, no… No, por favor, no lo hagas —imploró.
—Te amo… Te amo. —Edward cerró los ojos y dejó que el arma se disparara y diera de lleno en la frente de Bella.
Oyó a la policía rebuscar por toda la cabaña, por lo que se dio prisa, besó los labios de Bella y la puso sobre su regazo. Colocó el arma en su frente para tener la misma herida que ella y disparó el arma.
Ambos cuerpos inertes fueron encontrados en esa pequeña habitación. El pequeño Rob gritaba que le devolviesen a su papá, pero tuvo que ir a una casa hogar en donde los Singh lo adoptaron a quienes le pidió que le cambiasen de nombre y ahora se llama Edward. A pesar de que de aquello han pasado cinco años, Robert sigue asistiendo al psicólogo.
Se volvió un niño solitario y violento, amaba destruir todo lo que podía, les quitaba la cabeza a sus juguetes, mataba a sus mascotas y lanzaba rocas a las personas.
Y eso era algo que a sus padres adoptivos les asustaba.
…
Hoy es el cumpleaños de Edward Singh, diecinueve años de pura intranquilidad, y como regalo había pedido que le comprasen la cabaña en donde sus padres murieron.
—Hola, soy Edward Singh y creo que seremos vecinos —dijo presentándose ante una pelinegra con unos enormes ojos achocolatados.
—Hola, Edward. Me llamo Marie Linton, un placer.
Cuando los padres de Edward conocieron a la encantadora Marie suplicaron internamente que no ocurriera lo mismo que con Edward y Bella, pero no siempre los deseos se vuelven realidad.
Gracias.!
Gracias el lo único que les puedo decir chic s, les quiero muchisimo C:
