Naruto Copyright © Masashi Kishimoto
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De juegos infantiles
ddeiSmile


III: De juegos y—shinobis.


Deidara suspiró mientras se acurrucaba mejor contra el pecho del mayor; el aroma de Itachi envolvía sus sentidos aletargándole por completo mientras su voz, suave y ronca por naturaleza, le arrullaba en un eco adormecedor gracias a la lectura que realizaba. Sí, dormir era lo que más deseaba y sin embargo aquél contexto tan grato sólo conseguía atormentarle. Las hojas cayendo por el viento limpio que corría le hacían sentir en su hogar. Como si realmente no se encontrara en Suna rodeado de arena y soledad.

El pelinegro observó de reojo al rubio y sonrió imperceptiblemente, sin más continuó leyendo.

—¿Ita-kun, Dei-kun? —llamó Mikoto.

Ambos alzaron la vista hasta la morena quien señaló su muñeca, aquello significaba que ya era hora de volver a casa. Deidara resopló mientras se colocaba de pie junto a Itachi.

—Me gustaría quedarme un poco más, hn —rezongó de forma graciosa.

El moreno le observó sin comprender del todo el cambio de humor; de pronto los hermosos ojos del rubio se vieron opacados por un deje de oscuridad y anhelo que se centraba en la grandeza del árbol colorido de verde en el cual momentos antes habían estado apoyados para cubrirse del escandaloso sol que bañaba las calles de Suna. Le preocupó esa mueca de congoja y sin saber qué más hacer sus dedos buscaron los de su rubio y los consiguió.

Tiró de éstos con suavidad para llamar su atención y así traerlo a su lado, alejarlo de aquello que le atormentaba.

—Debemos ir a casa juntos.

Deidara se sorprendió ante la respuesta automática de su cuerpo. Su cabeza le llevó a pensar que, si estaba con Itachi realmente no interesaba el contexto y es que el moreno lograba ahogarlo en un mundo propio donde no existía un pasado o futuro, sólo ellos dos. Y tras procesar sus palabras sonrió, dejó que el pelinegro le guiara hacia donde Mikoto les esperaba con una sonrisa en los labios.

—¿Siempre estaremos juntos?

Itachi no respondió, sólo le observó con convicción y como era ya una costumbre el rubito le entendió por completo acelerando su corazón por la felicidad.

Sí, lo estarían.


No podía comprender el grado de irresponsabilidad que aquella mujer ignoraba con tanta facilidad.

Llamarla no era una opción, principalmente porque el rubito no había querido que lo hiciera. Su corazón aún latía desbocado ante el terror, todo había sido demasiado rápido. Deidara había recorrido las peligrosas calles de Suna en medio de la madrugada, sus manitas apenas habían alcanzado a tocar con algo de fuerza y ante su somnolencia no había sido consciente de aquello, simplemente le dejo pasar con una sonrisa amable, suprimiendo con algo de dificultad sus bostezos y sin más subió para despertar a Itachi, lo cual le costó horrores, aunque claro, sólo bastó mencionarle que Deidara le esperaba para que de un brinco comenzara a vestirse con unas energías que ella ansiaba.

Confiaba en su hijo por lo que irse a dormir no le suponía una preocupación, esperó a que bajara las escaleras y tras escuchar el saludo frío de su pequeño y el golpe fuerte de su cuerpo cayendo al suelo gracias al abrazo efusivo que recibía todos los días del rubio, decidió ir a su habitación y caer en el futón sin necesitar demasiado para dormirse.

—¿Okaasan?

No pasó demasiado para que la vocecilla de Itachi finalmente le despertara. Abrió sus ojos con cansancio y le observó; el rostro del moreno estaba plegado de sudor sin contar la mueca desfigurada que mostraba. Sus manos se apretaban con fuerza en pequeños puños que le pintaban los nudillos de blanco. Aquello valió para que todo el cansancio se esfumara y así tomara asiento en el futón.

—¿Qué pasa, Ita-kun? —observó con detenimiento a su hijo—, ¿Estás bien, por qué estás así de sudado, qué sucedió?

Las preguntas no daban tregua a su mente y su amor maternal no paraba de lanzarle las mismas a su hijo quien no tenía oportunidad de responderle.

Itachi estaba desesperado así que sin más tapó sus labios.

Es Deidara —frunció el ceño—. De repente se durmió y tuve que llevarlo hasta mi habitación pero…, está muy caliente, no abre los ojos, no sé qué hacer.

Mikoto salió de la cama con brusquedad despertando en la acción a su esposo. No se dio tiempo de reparar en aquello y cubriéndose con una bata de color perla caminó hasta la habitación de Itachi. Allí estaba el pequeño rubio bañado en sudor, sus mejillas estaban rojas como nunca antes mientras sus cabellos se pegaban a su frente la cual se movía de aquí para allá mientras exclamaba el nombre de Itachi.

Deidara estaba enfermo.

Itachi se mantuvo estático tras ella mientras cubría al pequeño con las sábanas. El moreno le ayudó a llenar un recipiente con agua y cuidó de cambiarle la toalla que reposaba en la frente del menor cada cinco minutos. No hubo manera de despegarle del rubio hasta que éste abrió sus ojos.

—… Itachi —sonrió, su vocecilla sonaba débil y aquello no hizo más que comprimirle el alma al menor—, ¿estás bien? Te ves terrible, hn —rió.

Mikoto había entrado con un poco de medicinas además de un plato con algo de comer evitando así que Deidara notara la falta de habla en el Uchiha. Itachi no se movió en absoluto, simplemente esperó en silencio a que Mikoto alimentara al pequeño y le entregara el jarabe y la pastilla.

Dei-kun, debería llamar a tú mamá.

No —pidió él de inmediato—. Estoy bien y ella está ocupada, hn.

Deidara era igual de inocente que terco. No consiguió sacarle el número pues éste alegó que no tenía uno. Por supuesto que Mikoto le creyó. El rubito pasaba sus días en la casa Uchiha sin ningún problema y ocasionalmente se tomaba el trabajo de comunicarse con la madre del rubio para pedirle que le permitiera quedarse a dormir. Y eran raras las veces que le hablara pues ésta normalmente no estaba en casa. Aquello le indignaba pero más aún le preocupaba y eso era sólo parte de lo que la atormentaba.

Itachi parecía no querer hablarle al rubio y aquello sólo empeoraba el estado anímico del niño. El resto de lo que iba de día no había conseguido que Itachi se le acercara, y sus intentos fallidos sólo conseguían arrancar sollozos lastimeros de Deidara. Ella misma se sentía terrible por el trato que su hijo estaba usando con el menor así que decidió intervenir.

—¿Itachi? —llamó al verlo de pie junto a su cama, cuidando el sueño del rubio—, ven un segundo.

El pelinegro le devolvió la mirada y luego la regresó hasta su gatito, resoplando se alejó de éste y caminó hacia la Uchiha quien terminó llevándolo hasta el comedor. Tomó asiento en silencio pidiéndole que hiciera lo mismo. El silencio se prolongó hasta que Mikoto ordenó sus palabras.

—¿Estás bien? —tanteó al ver que Itachi evadía su mirada.

—Sí —guió la vista hacia las escaleras y Mikoto no supo decir si lo hizo para huir de ella o porque anhelaba estar con Deidara. Supuso que era ambas razones—. No debería quedarse solo —bisbisó, refiriéndose a Deidara.

—Pero realmente no estás allí cuando él te necesita —respondió en tono dulce—, ¿Qué sucede, Ita-kun?

—Nada.

—Estás lastimando a Dei-kun —Itachi abrió sus ojos con sorpresa y luego desvió la mirada hacia un costado—, ¿estás preocupado?

—Estoy enojado —gruñó.

Mikoto sonrió más tranquila al ver que podría hablar de esto con él.

—¿Por qué, cariño?

—No pude hacer nada —tembló—. Soy su dueño, debo cuidarle y aún así no lo protegí ni supe qué hacer.

—Itachi…

—¡No! —bramó—, si Mushu se enfermara tampoco sabría qué hacer. Soy sólo un niño y no puedo protegerlos. No debería estar con él…

—Itachi —ambos se sorprendieron y giraron hasta el rubito quien se encontraba en el marco de la puerta—, no es verdad —sollozó—. No te enojes conmigo, por favor, hn.

El moreno le observó con sorpresa y aún cuando deseó correr hasta él su orgullo lo evitó. Bajó la vista mientras apretaba sus puños con fuerza, ante esta reacción Deidara comenzó a llorar con más fuerza. Mikoto se levantó y camino directo al rubito, lo alzó en brazos comenzando a acariciar sus cabellos y con dulzura le meció para calmar su llanto más sólo logró que éste aumentara.

El moreno sólo escucho que el llanto se alejó y supo que su madre había llevado al rubito escaleras arriba. Suspiró mientras el escozor de su pecho aumentaba, caminó hasta la sala donde Mushu reposaba. Al sentir los pasos de éste se acerco y como reflejo Itachi comenzó a acariciarle, tomando asiento.

Poco después le alcanzó Mikoto quien colocó sus manos como jarras en la cintura.

—Itachi me siento decepcionada —murmuró dolida. El moreno alzó la vista sorprendido—, estás lastimando a Dei-kun. Lo ves, porque sabes que lo haces, y aún así no te detienes. Entiende algo —Itachi desvió la mirada y con dulzura tomó su barbilla centrando sus ojos en los del menor—: Existirán momentos en los cuales no puedas evitar el daño pero aminorarlo podrás. Si Dei-kun está bien cuidado es gracias a que tú buscaste quien le ayudara ¿no habría sido peor que él estuviera solo en su casa? Y ahora que se está recuperando gracias a ti deberías estar a su lado ayudando a que mejore con tu compañía y afecto porque eso es lo que él desea.

Sabía que de seguir allí Itachi no haría nada así que se levantó y caminó hacia la cocina para prepararle algo de comer a Sasuke.

Sonrió en sus adentros cuando escucho unos pasos lentos subir las escaleras y luego de unos instantes el cerrar de una puerta.


Deidara abrió sus ojitos con lentitud sintiendo un peso extra en la cama del moreno. Encontró la figura del dueño de la misma junto a él aferrándose a su manita.

—¿Itachi, hn? —susurró.

El moreno abrió los ojos de inmediato. Un pequeño sonrojo se instaló en sus mejillas y presa de la vergüenza centró sus ojos en los dedos de su rubio que se aferraron a él con temor a que se fuera.

—No soltaré tu mano —Deidara se estremeció mientras un puchero se instalaba en sus labios—, cuando crezca haré lo que sea por sostenerla por siempre, lo juro. Soy un Uchiha y mi palabra siempre se mantendrá.

—Entonces yo también lucharé para sostener tu mano siempre.

Deidara tiró del moreno para que subiera a la cama. Itachi, como costumbre, complació a su rubio. Así fue que para el siguiente día Mikoto tuvo que cuidar con ayuda de Deidara al moreno.


Continuará.


!βeta r: no está beteado.

Leyéndolo me di cuenta que realmente adoro cuando se hacen promesas *suspira*