Naruto Copyright © Masashi Kishimoto
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De juegos infantiles►
—ddeiSmile—
V: De juegos y—bloques de madera.
Itachi estaba más que sorprendido. Su corazón latía desbocado al mismo tiempo que su mentecilla regeneraba con la misma velocidad los sucesos acontecidos. Aún sintiendo el sudor y la tensión en cada una de sus extremidades, la arena que corría en el viento y escuchando el cantar de las aves, no podía creer que estuvo a punto de caer frente a Deidara.
Sabía que estaba despierto pero aún así se repetía que estaba sumergido en las cómodas sábanas de su habitación siendo víctima de una pesadilla.
El rubio se mantenía en la misma posición que él, diferenciándose en que no se encontraba tan afectado, manteniendo su respiración liviana.
Itachi aún guardaba fresco —como si de una película de terror que se repetía en su mente— el momento en el cual la sonrisa soñadora de su rubio se había perdido, dando paso a una mueca llena de expectación y diversión, como si batallar le resultara terriblemente placentero. Y ciertamente lo era si se tenía talento, en su caso las peleas le eran indiferentes llegando incluso a ser molestas, la violencia era una de las tantas cosas que odiaba; Deidara tenía talento: velocidad, inteligencia para saber moverse y para su sorpresa conocía jutsus, por supuesto que debía disfrutar las batallas y aquello le aterrorizaba de una forma, para él Deidara era un indefenso gatito, no un shinobi despiadado ¡y es que! El rubio jamás había comentado que estaba en alguna academia ninja, entonces ¿cómo?
Todo le había tomado por sorpresa, simplemente planeaba aparecerle por detrás y, como extra para reír un rato, tirar de su terso cabello. Pero Deidara se había adelantado esfumándose bajo sus narices para luego reaparecer en su propia espalda, alzándose en sus manos para tomar impulso y entonces golpearle, de no ser por sus reflejos se habría ganado un cardenal en el costado derecho que habría abarcado un gran espacio. Entonces, incluso tras haberlo esquivado en ése instante el rubio se había ido contra sí, comenzando a lanzar golpes en lo que parecía un pulcro taijutsu. El estupor había logrado que el aliento se le fuera y al verlo comenzar a realizar movimientos con sus manos supo que Deidara iba demasiado en serio.
Así terminó alejándose lo más posible para poder centrar sus pensamientos sin poder decidir en preferir que el rubio le hiriera a tener que siquiera mirarle de forma fría y así someterlo. Jamás se habría imaginado en una situación cercana pues su idea era defender al rubio, no luchar contra él.
—¿Itachi? —preguntó Deidara al notar que el moreno se encontraba sumergido en sus pensamientos— ¿te ayudaré a entrenar sí o no 'hn?
El Uchiha lo observó con cuidado notando que el rostro inocente de su gatito había regresado, aquella mueca tan ajena a él había sido reemplazada por una llena de preocupación que iba dirigida solamente a él. Algo parecido a un bienestar le invadió el pecho y de inmediato se enderezó, siendo imitado por el rubio.
—¡Ita-kun, Dei-kun, el té está listo!
El moreno giró para ver el rostro sonriente de su madre que se asomaba apenas por la salida que daba al pequeño parque trasero y una vez más se sintió agradecido.
—Bebamos el té.
El rubio sonrió mientras asentía.
Corrió junto al moreno hasta tomar su mano y tirando de esta lo guió hasta el interior del comedor.
La hora del té transcurrió como de costumbre, Itachi apenas abría sus labios para regañar a Deidara al derramar un poco de té mientras el rubio se concentraba en tratar de hacer hablar al mayor recurriendo, incluso, a derramar la bebida.
Antes que se terminaran las galletas la risa encantadoramente risueña de Sasuke reverberó por todo el aire. Como de costumbre el rubio saltó con emoción hasta perderse tras la puerta, Itachi bajó de su silla recogiendo los platos recientemente usados mientras se permitía cavilar con más tranquilidad lo sucedido, ya que, para Deidara el mundo desaparecía al jugar con Sasuke y no deseaba tener que lidiar con las preguntas angustiosas del rubio al verlo tan distante.
Se preguntó entonces la razón por la cual el rubio no le había dicho que, sin duda alguna, había pasado por un entrenamiento ninja. Aquello había desencadenado miles de preguntas que sólo le llevaban a concluir una cosa: el moreno ciertamente no conocía al rubio.
Detuvo sus pasos mientras cerraba los ojos.
Itachi, de alguna forma u otra, presentía que descubrir más sobre su gatito sólo lo alejaría y por sobre todas las cosas deseaba quedarse a su lado.
El rubio sonrió alegremente al ver a Itachi frete a la puerta, alumbrado por la luz que salía de ésta esperando a que se perdiera de vista.
Dentro de su corazón el anhelo de quedarse crecía más y más pero como otras tantas veces decidió girarse para darle la espalda a lo que significaba su felicidad de tiempo definido, se permitió entonces quitar la sonrisa y echó a correr con cierta desesperación.
Lo cierto era que para Deidara tras cruzar la puerta de la familia Uchiha se habría un mundo lleno de mentiras que significaban la felicidad. Su mundo sin Itachi era demasiado distinto, demasiado torturador e incluso nauseabundo.
El Deidara que se mostraba frente a Itachi no era más que el niño que él deseaba ser, aquél que había quedado olvidado por las circunstancias. Su mundo entero cambiaba para centrarse en Itachi, llamar su atención a cada oportunidad por cualquier medio, sentirse protegido por el Uchiha, y por sobre todas las cosas, querido. Había concluido un tiempo atrás que él prefería las mentiras, la ficción que tantos buscaban olvidar para vivir la realidad pues, según ellos, era mejor. Pero al rubio no le parecía de esa forma, para él mentir era el pan de cada día que le permitía ser feliz, feliz junto a Itachi.
Mientras corría decidió que antes pararía frente a la librería y con el dinero que había ahorrado compraría un libro de cocina. Mañana le entregaría unas deliciosas galletas al moreno y así tendría la excusa para abrazarlo por más tiempo.
Itachi parpadeó sorprendido al ver la pequeña bandeja con galletas de diferentes tamaños y demasiadas chispas de chocolate.
—Ya tómalas Itachi —regañó el rubio intentando ocultar su sonrojo.
—¿Son para mí? —preguntó de nuevo el Uchiha.
—Sí, hn… Aunque algunas son para Sasuke.
El aludido alzó el rostro aferrándose a la pierna de su hermano mayor. Deidara sonrió tomando una de las galletas al ver que Itachi acunaba la bandeja contra su pecho y colocándose a la altura del Uchiha menor le dio para que mordiera.
Sasuke tenía el encanto de siempre buscar ser consentido por el rubio —según Itachi— por lo cual tomó la galleta alzando sus brazos para que Deidara le cargara cosa que no tardó demasiado en suceder. Mientras ambos se alejaban el Uchiha sonrió de medio lado.
—Deidara —llamó con tono suave.
El rubio se giró con un suave sonrojo en las mejillas mientras mantenía su ceño fruncido.
—¿Hnm?
—Mushu es como nuestro Sasuke.
El rubio se sonrojó a más no poder. Sabía que, cuando se conocieron, algo parecido había escapado de sus labios, una pregunta que había dicho sin plantearse realmente su significado; él sólo había querido recalcar que Mushu podría ser cuidado por ambos así como Mikoto y Fugaku cuidaban del Uchiha menor.
—¡Itachi, tonto! —gritó con fuerza para luego salir corriendo.
El Uchiha rió con suavidad. A veces valía la pena dejar de lado su orgullo Uchiha.
Continuará.
!βeta r: no está beteado.
NOTA: Que capítulo más horrible *sufre* pero me ha gustado el inicio y aunque el sueño arruinó el final decidí que lo subiría así, quería expresar algunas cosas como por ejemplo Sasuke no es tan pequeño. Ya camina aunque no habla y ése es un cambio que apenas vine a dar ahorita y es que no le había prestado atención a los tiempos pero... He estado pensando que me gustaría escribir al ritmo de su crecimiento, esa no era la idea principal pero me ha comenzado a picar la razón y he querido cambiar las circunstancias y crear una trama. Y es que siendo sincera el fic es sólo el resultado de mis momentos de locura porque apenas ahora me doy cuenta que no sólo me había creado una edad incorrecta para Sasuke sino que además le he dado mucho ooc a Deidara. Tal vez por eso he decidido incluir esto de las mentiras, para dar una excusa por todo el cargamento de ooc. En fin, sólo deseo preguntar ¿les gustaría que hiciera una trama donde, además de darle sentido a todo, hiciera que crecieran hasta llegar a la etapa de adultez? Ya tengo la trama en mente pero… Si lo desean simplemente seguiré con dulces drabbles/viñeta/oneshot que se me ocurran en el momento y los publique. Mi idea es complacerlas, nada más que eso… Así que queda a su placer. Besotes~
