Naruto Copyright © Masashi Kishimoto
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De juegos infantiles
ddeiSmile


VIII: De juegos y—travesuras.


—Pequeño mocoso tonto —gruñó— ¡estás castigado!

Deidara sonrió tras reír graciosamente como si de una maldad se tratase y conteniéndose de sacarle la lengua desvió la mirada hacia una de las ventanas, sin deshacer aquella mueca divertida.

—De verdad que estás loco, anciano —bufó—. Castigarme porque deseo ir a Konoha, qué ridiculez, hn.

Ônoki abrió sus ojos a más no poder mientras cerraba los puños con fuerza. Su cuerpo entero tembló como si de un terremoto que alertaba una fuerte onda de choque se tratase.

—¡Cómo te atreves, enano!

Deidara abrió sus ojos por la sorpresa, aún sin observar al mayor; su nariz se coloreó de un fuerte rojo mientras que se alzaba en la silla, colocando sus bracitos fuertemente estirados a cada lado de su cuerpo.

—¡A quién le dices enano! —gritó el rubio, alzando su mentón, buscando demostrarle una diferencia de altura inexistente— ¿no te has visto en un espejo?

—¡Pequeño insolente! —bramó mientras su rostro entero se tornaba de un rojo sangre—. Pensaba dejarte ir a Konoha—murmuró entre dientes, como una amenaza—..., pero irás sobre mi cadáver.

Deidara se molestó, su rostro imitó en color al del mayor, dándole un toque encantador a sus mejillas hinchadas, y saltando de la silla bramó.

—¡Como si te fuera a creer!

La ninja acompañante del Tsuchikage rió tontamente ante la enternecedora imagen que solía repetirse casi todos los días. Las peleas de ambos siempre resultaban en una batalla campal entre dos niños inmaduros que se gritaban en una lucha para ver quien alcanzaba notas más altas hasta enronquecer.

—Creo —habló la mujer tras recuperarse de aquella risa que ahogó tras su mano, aclarando su garganta—, que Deidara-kun debería ir hasta Konoha. Es inusual que pida salir ¿no lo cree? Y no iría solo, debería darle una oportunidad.

—¡Kasumi!* —regaño el mayor, interrumpiéndola— no consientas más a ése pequeño descarrilado —exclamó mientras le señalaba, retirando de inmediato su dedo al notar que el rubio intentaba morderle—, parece más un cachorro sin correa que un ninja.

Deidara reviró sus ojos para luego sacarle la lengua de forma infantil.

—No me importa lo que digas —respondió caminando hacia la ventana que había estado observando.

—¿Crees que te gobiernas tú solo, mocoso? —respondió más calmado.

Deidara saltó al marco.

—No —asintió, sonriendo—; pero tú tampoco lo haces, hn ¡Adiós, Kasumi-san!

La pelinaranja se despidió con una sonrisa al verle desaparecer, batiendo su mano en el aire al igual que el menor; Ônoki se dejó caer pesadamente en la silla donde había estado reposando el menor mientras soltaba todo el aire de sus pulmones de forma cansina.

—Se parece demasiado a su padre —murmuró el mayor— y yo estoy demasiado viejo para controlarlo.

—¿Le dejará ir a Konoha?

Avanzó hasta la puerta principal pidiéndole a no de los ninjas que trajeran un té para el peliblanco.

—Ya di mi palabra —exclamó con furia al notar las intenciones de Kasumi—. Deja de complacer en todo a ése mocoso; Deidara no conoce los límites, es por eso que tuve que mandarlo a Sunagakure, para que aprendiera que debe respetar mis órdenes.

La pelinaranja sonrió de forma cansina.

Habría un gran problema si Deidara se marchaba contra lo que había dicho su abuelo y conociéndole lo haría. Debía comenzar a preparar los tranquilizantes y un ninja que se encargara de vigilar al rubio.


—Trataremos de volver lo más pronto posible —sonrió Mikoto—, será cuestión de convencer a Fugaku para que pasemos las vacaciones aquí ¿bien? —Deidara asintió.

Sasuke apenas había alzado los ojos del suelo desde el trayecto al salir de su hogar hasta la salida de la aldea; arrastró los pies hasta quedar frente al rubio aún sin observarle. Al alzar su rostro los ojos de Deidara contemplaron el dulce puchero que adornaba sus labios mientras sus mejillas, rojas por la presión hacia sí mismo para no llorar, se inflaban demostrando su molestia.

El rubio imitó la dulce mueca del menor, comenzando ambos a sollozar.

—¡No quiero irme! —murmuró el menor.

Itachi negó suavemente decidiendo que debía intervenir. Desordenó los cabellos de Sasuke agachándose para quedar a su tamaño, justo como lo había hecho Deidara, luego acarició sus ojos para repetir la acción con su gatito.

—Realmente*, ambos son iguales —suspiró—. Unos bebes.

Mikoto llamó a su hijo menor quien terminó por abrazar a Deidara y luego correr a los brazos de su madre quien le cargó para mecerlo con dulzura.

Deidara sollozó mientras limpiaba su nariz de forma brusca hasta que una mano acarició sus cabellos, colándose entre sus hebras de oro mientras empujaba con suavidad su cabeza hasta que finalmente su frente se encontró con la del moreno. Las mejillas del rubio se sonrojaron al ser consciente de la cercanía sin embargo no quiso más que quedarse de aquella forma por la eternidad. Itachi se separó sin pronunciar palabra alguna dejándole en la mente la fría imagen de su espalda alejándose junto a Mikoto y la mano de Sasuke despidiéndose en el aire.


Mikoto no era una mujer tonta, nada más lejos que eso. Sin embargo —y como toda madre atareada— a veces perdía de vista algunas situaciones; estando a cargo de tantas responsabilidades era comprensible. Así que la excusa del momento era esa; había mantenido sus pensamientos divagando constantemente en la fría despedida que Itachi y Deidara habían tenido, en la excusa para convencer a Fugaku para ir a la aldea de Iwagakurey una razón convincente para permitir que Itachi estuviera por sí solo con plena libertad en ella. Por eso no había notado, hasta ése momento, el aspecto cansado de su hijo mayor, además de la extraña maleta que llevaba en su espalda y que por lo que veía, no era precisamente liviana.

—Ita-kun—inició la conversación con un tono casual, intentando no alertar a Itachi mientras cargaba a un Sasuke dormido en sus brazos—, no había visto ésa maleta.

Itachi se tensó y notablemente, a tan sólo unos veinte pasos de la entrada Mikoto se había detenido y sabía que no cruzarían la entrada a no ser que le diera una explicación.

El pequeño rostro adoptó una mueca común en Fugaku cuando la morena no le creía algo, por supuesto que, lo que le hacía sospechar algo raro, era que las situaciones en las que lograba salir aquél seño fruncido y esa boca en una posición casi imposible de imitar, eran cuestiones donde ella tenía las pruebas en las manos y aún así Fugaku intentaba mostrarse en una posición donde buscaba hacerle creer lo contrario.

¡Como si ella no les conociera!

—Es un regalo de Deidara —respondió mientras ocultaba el cansancio de sus músculos.

Mikoto pensó que le crecería la nariz como pinocho.

—¿Cómo es que no lo noté antes? —preguntó, borrando su sonrisa amable.

—No lo sé —resolvió mientras comenzaba a caminar; aquella expresión no avecinaba alo bueno.

—Alto allí, jovencito.

Alzó la ceja derecha repitiéndose mentalmente que había sido engañada, así que, antes que Itachi pudiera huir y con una maestría digna de una excelente ninja, Mikoto jaló la gran bolsa que traía el pelinegro en su espalda con la mano libre.

Lamentablemente su fuerza no pudo con el maletín y en segundos cayó al suelo pesadamente, soltando una exclamación de dolor.

Mikoto parpadeó sorprendida y temiendo lo peor se apresuró a comenzar a abrir el cierre.

Como se imaginaba una hermosa cabellera rubia resaltó en el interior de aquél lugar. Deidara acarició la zona golpeada con un gemido lastimero.

—¡Uwah, Mikoto-san! —exclamó al sentirse observado— ¿regresaste tan rápido a Iwagakure?

Sasuke, quien comenzaba a abrir sus ojos tras sentir los movimientos bruscos de su madre, se emocionó totalmente al observar al rubio reír nerviosamente. Saltó sobre el mayor, tomándolo por sorpresa y aunque permanecía sentado, le recibió con los brazos abiertos sin lograr sostenerle, cayendo ambos sobre el suelo.

La morena se enderezó, llevando ambos brazos a su cintura, y con una mirada cargada de reprobación llamó a su hijo.

—Quiero una explicación —pidió en un tono suave que contrarrestaba con su rostro severo.

Sasuke se dio cuenta el problema en el que se habían metido el rubio e Itachi, así que dejó de jugar con sus cabellos para prestar atención a las palabras que ambos dirigirían hacia Mikoto.

—Antes que partieran corrí la mitad del camino, hn —respondió el menor—, esperé hasta que pasaron por la zona y entonces entré en el maletín.

Negó repetidas veces mientras soltaba un suspiro.

—Les dije que convencería a Fugaku de regresar.

Itachi sabía que aquello iba a ser imposible, Fugaku odiaba salir de Konoha a menos que fuera una misión de rango S. Si bien habían logrado tener unas vacaciones en Sunagakureera únicamente porque todos habían notado un cansancio inusual en Mikoto.

—¡Pero yo realmente quería venir a Konoha! —exclamó el rubio, interrumpiendo los pensamientos de Itachi.

La pelinegra observó los pequeños y dulces pucheros que se habían dibujado en las caras de los tres niños. Casi estuvo tentada de tomarles una foto, enternecida por la belleza de aquella imagen, se había rendido sin siquiera darse cuenta, así que suspiró.

—Bueno, ya estás aquí —respondió ella, intentando simular enojo—. El plan es que Fugaku no lo sepa —murmuró pensativa mientras observaba el suelo, mordiéndose la uña de su pulgar y tras unos segundos regresó sus ojos ónix al rubio—. El Tsuchikagesabe que estás aquí ¿cierto?

Deidara asintió mientras sonreía concluyendo que, si bien el peliblanco sabía que estaba allí no quería decir que estuviera de acuerdo.

Se levantó con ayuda de Itachi quien le tomó la mano con suavidad.

—Yo me haré responsable de él —soltó en tono firme.

—Yo también —siguió Sasuke, tomando la mano libre del rubio.

Mikoto volvió a suspirar, dejando escapar una risilla. Ciertamente estaba feliz de tener al rubio allí aceptando que estaba muy feliz de tener al rubio allí.

—Bueno —suspiro—, terminemos de llegar a Konoha¿les parece?

Al rebasar los veinte pasos la charla se vio invadida por repetitivas exclamaciones llenas de emoción y asombro. Deidara no podía evitar el emocionarse ya que aquella era su primera vez fuera de Iwagakure, si bien había estado en Sunael único lugar que había visitado fuera del lugar que Ônoki había especificado que permanecería, fue la estancia Uchiha. Mikoto se divertía ante las explicaciones que Sasuke se esforzaba en dar sin saber qué hacer mejor, alcanzarles el paso a los dos mayores, o explicarle cada cosa al rubio.

Se sentía más que feliz, incluso su pequeño parecía emocionado por la presencia del rubio y aquello le producía un bienestar inigualable. Pero por supuesto, debía preparar a Fugaku para la visita del menor y prefería que Itachi y Deidara compartieran más.

—Sasuke, ¿qué tal si nos adelantamos para saludar a la tía Uruchi? —preguntó mientras lo alzaba en brazos.

—No, mejor no —respondió serio.

Mikoto estuvo a punto de reír por la ternura de su hijo.

—Vamos, prepararemos algunas galletas para Deidara-kun, ¿sí? O podríamos pedirle a Uruchi-san que las prepare.

—¡No! —exclamó, desesperado—, son horribles.

Mikoto rió jovialmente al haber logrado que Sasuke no notara que ya iban en camino. La conversación se dejó escuchar a lo largo de cada paso dado y para cuando el menor se dio cuenta que Deidara no estaba en su vista apenas un leve eco se dejaba escuchar.

Deidara rió divertido ante las quejas que soltaba.

—¿Tienes hambre? —preguntó el moreno, atrayendo así la atención del menor.

—No —sonrió—, quiero ver más, hn.

Itachi asintió y tras dudarlo un poco tomó la mano de su gatito comenzando a arrastrarlo por cada lugar de Konoha. Pronto la incomodidad de ser visto junto a Deidara de aquella forma fue reemplazada por las risas alegres que él soltaba al aire. Aquella situación parecía irreal; demasiadas veces había soñado con el tacto de su mano y su risa en el oído, pero al final sólo había sido eso, un sueño porque Deidara se había alejado de él.

—¿Itachi?

Negó repetidas veces al recordar que ya no importaba, ahora debía hacer todo lo posible por mantenerlo a su lado.


El aludido detuvo su paso para buscar el dueño de aquella voz, encontrándose a un pelinegro parecido a él.

Shisui le observaba con cierta sorpresa, no era común ver a Itachi acompañado de alguien que él no conociera, aunque, lo que le había hecho detenerse no era precisamente aquél hecho, sino la actitud que tenía el moreno. No recordaba la última vez que Itachi había esbozado una sonrisa y con aquél extraño parecía lograr, incluso, reír.

Deidara alzó la vista hacia Itachi quien no sabía cómo reaccionar. No esperaba encontrarse con Shisui y aunque le sorprendía a sí mismo no estaba incómodo en aquella situación por haber sido descubierto de aquella forma.

Deidara, pensando que Itachi no sabía cómo presentarle, decidió que lo haría él mismo.

Con una gran sonrisa en los labios avanzó hacia el desconocido, sin embargo la mano de Itachi le jaló hasta posicionarlo a su lado. Por unos segundos no fue consciente de su propia acción, pero tampoco se retractaría.

—Shisui —saludó—... Él es mí gat-

—¡Deidara! —le interrumpió mientras un fuerte sonrojo se acentuaba en sus mejillas—, mi nombre es Deidara.

Itachi fijó sus ojos en los de su primo, sin perder de vista las reacciones de éste.

—Mi nombre es Shisui Uchiha —sonrió.

—Uchiha —repitió el rubio—, así que son familia —rió, graciosamente— ¡todos los Uchiha se parecen!

Shisui le correspondió aquella risa sin notar el silencio sepulcral que encerraba a Itachi en un círculo que comenzaba a cerrarse sobre su cuello, ahogándole.

La plática se extendió hasta que llegaron a un pequeño parque alumbrado por un sol rojizo que dejaba paso a la noche.

Deidara rió abiertamente junto a Shisui mientras tomaba asiento en uno de los columpios. Itachi le observó de reojo al notar que con mucho esfuerzo el rubio apenas se movía.

—¿No sabes columpiarte, Deidara-san?

El rubio se sonrojó sin querer responder. Itachi caminó hacia él para columpiarle; sin embargo Shisui se adelantó.

Algo en su pecho pareció alertarse, como si de una alarma que estuviera presionándole hasta transformarse en un dolor inmundo, un sentimiento que le producía asco.

No entendía bien la emoción que se abría paso en su interior, sólo que debía alejar a Shisui del rubio. Demasiado ocupado estaba en sus pensamientos cuando sintió un fuerte golpe en su mejilla.

—¡Itachi! —gritó desesperado—, lo siento, lo siento...

Aquellas palabras se repetían en sus oídos mareándole por completo. El golpe ciertamente dolía pero Shisui no había aplicado demasiado fuerza al columpiar al rubio así que, para cuando el pie de éste golpeó su mejilla, no había sido tan fuerte.

Observó que el pelinegro le veía apoyando ambas manos en sus rodillas mientras que Deidara permanecía arrodillado entre sus piernas con pequeñas lágrimas en sus ojos. Y de pronto entendió algo peculiar..., Deidara estaba llorando por él, preocupado por él, consciente únicamente de él.

Casi sonríe más sólo atino a soltar un quejido lastimero.

—... Me duele —murmuró.

Deidara le abrazó con fuerza.

—¡Lo siento, lo siento!

—Iré por Mikoto-san —anunció Shisui, para desaparecer en unos segundos.

Itachi le observó alejarse y abrazó con más fuerza al rubio.

—¡Ya sé, hn! —exclamó.

Itachi se sonrojó al observar al rubio lamer su mejilla. Su cuerpo entero tembló y se encontró temiendo a ésa sensación más que a la anterior.


Continuará.


!βeta r: no está beteado.

*Una táctica que usa mi madre para hacerme sentir peor al querer ir a algún lugar y que me comporte de forma grosera porque no me deja ir es hacerme creer que me iba a dejar y por malcriada ya no xD.

*Kasumi es sólo un invento mío

Nota: La escena de Dei con Ônoki me cambió mucho a su final porque buscando a alguien que fuera cercano del Tsuchikage noté que en Wikipedia señalan que es su abuelo y esa información no la sabía porque parte del drama en la vida de Deidara o al menos el que quería señalar era que no tenía familia y ahora resulta que éste lo es. De igual forma en WikiNaru (lo que sea) no lo señalan por lo que sólo haré alusión a que Deidara fue criado como si Ônoki fuera su abuelo aunque de sangre no lo sea y que el padre de Dei (algún rubio como Minato xDD) sea sólo un ninja cercano al Tsuchikage.

Creo que lo único que no me convenció fue darle ése sentido a la sensación final…, no estoy segura pero realmente es algo común en los niños sentir esos arranques de ¿excitación?, sin saber qué es. En fin, gracias por los reviews pasados *-* besos.