Naruto Copyright © Masashi Kishimoto
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De juegos infantiles►
—ddeiSmile—
X: De juegos y—olvidos.
Por sobre todas las cosas se sentía solo.
En efecto, adoraba explotar aquél potencial y no se arrepentía de haberlo defraudado, pero incluso tras haber perdido la consideración que debía tener por su propio cuerpo, aquellos sentimientos humanos le recorrían cada tanto. La soledad era una enfermedad detestable que siempre lograba alejar momentáneamente, destruyendo y divirtiéndose, sí, pero hasta allí. La adrenalina no duraba para siempre y para su desgracia parecía que aquél vacío sí.
Podía recordar, en momentos como aquél, los ojos decepcionados de Ônoki. Incluso oía su voz gritando con desesperación para que detuviera aquella técnica.
¡Pero Ônoki nunca lo entendió!
Nadie lo hacía. Porque ya no era un niño mimado, y sobre todas las cosas porque con aquella técnica había logrado lo que siempre deseó—que no lo despreciaran, que, muy por el contrario, lo necesitaran para cualquiera que fuese la razón.
No le importaba matar, le hacía sentirse útil y pensar que aquellas personas sentían desprecio por él aminoraba el remordimiento.
Él también las odiaba, y el doble.
De cualquier forma estaba bien en la vida que había elegido y si aprendió algo después de realizar aquella técnica maldita fue el primer pensamiento que recorrió su mente al recobrar el conocimiento y observar aquellas lenguas, él era dueño de sí mismo y nadie volvería a cambiar aquello.
Pero entonces aparecieron; no, corrección, apareció él. Galante, hermoso, poderoso, perfecto. Tan distinto a como le recordaba.
Pero él no lo reconoció. Aquello destrozó su alma, ¡todo lo había hecho bien! Llegaba él y le demostraba que seguía siendo un huérfano. Que no significaba alguien, algo.
Bufó molesto.
—Mocoso, presta atención.
Deidara casi pudo oír aquello y se sintió torpe por extrañar a Sasori. Cerró ambos ojos permaneciendo con la espalda recta sobre la roca fría, notando que incluso respirar dolía.
¿Culparlo de que casi perdiera sus brazos? Sí. Eso hacía, lo odiaba con todas sus fuerzas y cada día más, porque de no ser por él en aquellos instantes estaría haciendo su arte en paz.
—Deidara.
El corazón le saltó dentro de su pecho, moviéndose por inercia ante el susto. Claro que mordió su lengua para no gritar adolorido, terminando de forma ridícula saboreando la sangre en su boca tras haberse roto.
—¿Qué, hn? —bisbisó sin aire.
Notó que el Uchiha mantenía sus ojos sobre él, analizando su estado.
Deidara quiso preguntarle demasiadas cosas; ¿por qué? Mikoto, Sasuke, Fugaku, Shisui, Mushu. Todo había desaparecido de la vida de Itachi, justo como él, ahora sólo quedaban los restos de aquél hombre sin remordimientos.
—Revisaré tus brazos.
—No, hn.
Deseó que Sasori estuviera allí. Que lo alejara porque él, dentro de todo, seguía deseando que lo recordase y la esperanza era un sentimiento inútil, que sólo hería.
Itachi estuvo a punto de replicar que ciertamente no era una petición, pero provocar al rubio era lo último que deseaba. Avanzó por los desniveles, consiente que el joven artista no podía moverse y tras arrodillarse frente a él comenzó a realizar la curación y masajes que Kakuzu había indicado.
El rubio estaba a punto de llorar, aquél dolor le era insoportable y que Uchiha fuera el responsable no ayudaba en lo absoluto, sin embargo, mientras más rápido se curase, mejor. Sus ojos se concentraron en la lengua de su mano libre, jugando con ésta mientras su mandíbula dolía por la fuerza aplicada. Trató de distraerse con algo más, cada vez le era más difícil evitar sus quejas y como una señal del cielo el viento sopló con extrema fuerza. Ridículo, basándose en el hecho que era un lugar cerrado y que apenas existía el oxígeno, pero allí estaba él, una vez más ahogado en el aroma de Itachi. Sintió la necesidad de ocultarse en su pecho y mostrarle un puchero que lograse hacerle sonrojar como tantas veces hizo cuando dormían juntos.
¿Cuándo Itachi se convirtió en el que viviera una mentira?
Apoyó la cabeza contra la pared, adorando aquél calor que le invadía.
—¿Estás bien? —preguntó el Uchiha, sorprendido por aquella reacción.
Deidara abrió los ojos, fijándose en el pelinegro y aquello desordenó por unos segundos el hilo de pensamientos que Itachi llevaba planteándose.
Luz, fue lo que vio. Pero él no merecía aquella sensación. Le observó indiferente y aquello caló en el rubio, si existía alguien que pudiera leer aquellos ojos era él. Sólo él lo conocía. Y era eso lo que más le molestaba.
—¿Terminaste, hn? —preguntó, como toda respuesta.
El Uchiha se enderezó.
—Tendré que esperar a Zetsu con la pomada que deberás colocarte —explicó, sin entrar a detalles.
Tomó asiento junto al rubio, logrando un escalofrío en el mismo. Cada vez se sentía más cansado y el calor en su cuerpo le estaba ahogando, Itachi parecía demasiado cerca, empeorando aquellos síntomas.
El Uchiha le observó de reojo, tanto silencio no era normal y de inmediato reconoció la razón; Deidara estaba pálido, apenas sus mejillas mostraban un tono rosado. Para asegurarse que estaba en lo correcto estiró su mano, apoyándola en la frente del rubio y de no ser porque dolía y apenas era consciente de su alrededor Deidara estaba seguro que habría golpeado aquella mano desinhibida que se paseaba de su frente hasta su cuello.
Itachi suspiró. La fiebre del rubio era demasiado alta y encontrarse en aquellas condiciones —en una cueva llena de humedad y frío—, no ayudaba.
Tras analizar la situación se colocó de pie. El rubio no logró obviar la presencia de Itachi, sobre todo cuando éste le tomó en brazos.
El dolor pudo más que la ira y sin poder evitarlo gimió, dejando caer sus extremidades.
—Deidara —llamó con firmeza al notar que el rubio estaba a punto de perder la conciencia—, necesito que pongas tu brazo izquierdo sobre tu pecho —el rubio negó. No podía sentirlo, le dolía.
Itachi maldijo por lo bajo. Sin esperar más creó un clon frente a él; Deidara imaginó que estaba alucinando y para cuando la copia de Itachi tomo su brazo el rubio se confirmó que sí alucinaba, todo a su alrededor se volvió negro opacando el dolor inhumano que sintió.
Tal y como había hecho con el brazo del rubio, el clon acomodó la cabeza del mismo contra el pecho de Itachi. Sin más que hacer desapareció, dejándole el camino libre al mayor para salir de allí.
Sabía que estaban cerca de una aldea turística, el lugar que necesitaba sin correr el riesgo de que les identificaran. Le pareció un perfecto plan y con algo de prisa comenzó una carrera hacia el lugar, esperando no tener algún contratiempo.
Deidara abrió sus ojos lentamente. Su cuerpo entero se sentía pesado y su frente demasiado húmeda.
—Maldición..., estoy muerto —bufó al ver sólo oscuridad—, Dios santo. Itachi me mató.
Rió, torpemente.
El Uchiha retiró el pañuelo de su rostro, logrando que los ojos del rubio se cerraran al no poder acostumbrarse a la luz. Y al finalmente hacerlo se encontró en una habitación de madera. Demasiado hogareña para ser verdad.
—La fiebre finalmente bajó —mencionó—. Sobrevivirás.
Deidara se sonrojó con furia y se prometió no agradecerle.
—¿Dónde estamos, hn?
Itachi se alejó de la cama, tomando asiento en la silla junto a la mesa de noche, donde reposaba el libro que recientemente había estado leyendo. Observó con detenimiento la portada de cuero y las letras escritas en un color oro brillante.
—En una posada —respondió, finalmente.
Sus ojos encontraron los ojos del menor y notó que estaba dormido. Tomando el libro entre sus dedos se estiró hasta tocar su mejilla, comprobando que no tenía temperatura. Finalmente se rindió a leer para no ser víctima de las pesadillas.
Tobi saltó al escuchar la roca moverse, dando paso al rubio junto a Itachi. Cada persona presente en la cueva observó con sorpresa aquella escena. No era normal ver a Deidara tranquilo junto al mayor, ¡ni siquiera junto a él! El enmascarado se lanzó hasta abrazar a Deidara, quien, por supuesto, le esquivo.
Kakuzu se adelantó al notar que el rubio parecía mover sus brazos.
—¿Te duelen? —preguntó, alzando la capa del rubio para observar sus costuras.
—No, hn.
—Le dio fiebre —intervino, Itachi. Kakuzu asintió, comprensivo. El Uchiha caminó hacia Kisame, siendo seguido por las pupilas del rubio—, prepárate para partir al anochecer.
Para nadie pasó desapercibido que Deidara no apartó sus pupilas del Uchiha y al notar que todos le observaban dio media vuelta mientras murmuraba algo sobre entrenar.
Kisame trotó para pasar por la roca antes de cerrarse, asustando momentáneamente al rubio.
—¿Molesta mi compañía? —sonrió el espadachín.
Deidara le respondió la sonrisa con una más débil.
—Es bueno tenerla —comenzaron a caminar en silencio, hasta que su cabeza se canso del mismo—. Kisame-no danna—murmuró—, ¿por qué Uchiha es así...?
—¿Así? —respondió, sin observarle.
—La muerte de su clan..., su familia —murmuró con un aire triste—, su frialdad y prepotencia.
Kisame se sorprendió por unos instantes, para luego reír.
—Suenas como si hubieras conocido a un Itachi distinto —Deidara no respondió por lo que Kisame decidió continuar—. De Itachi-san conozco muy poco. Desde hace demasiados años no duerme bien, sus pesadillas son terribles, y que su hermano menor sigue con vida buscando matarlo. Itachi-san nunca habla de él, pero puedo asegurarte que aún le quiere.
El rubio suspiro.
No entendía aquello.
. × .
Itachi siempre había sido víctima de pesadillas. Sueños llenos de oscuridad donde el fuego del mangekyo le perseguía hasta consumirlo con lentitud.
La costumbre había podido con el dolor y cada vez que veía su piel arder, abrirse hasta que sus huesos se comenzaban a oscurecer, permanecía impasible. Porque ya no importaba, él había muerto aquella noche donde sus recuerdos fueron ocupados por su deber, por el bienestar de los demás, sobre todo el de su hermano.
Itachi no vivía más que por esperar el fin.
Cerró ambos ojos ante el ardor que le golpeó. Se apoyó en un árbol e inspirando algo de aire esperó a que sucediera.
Un río de sangre comenzó a correr por sus mejillas, comenzando en sus ojos, aquellos que le permitían volverse en un muerto-vivo. Para Itachi era psicología simple, mientras su técnica maldita estuviera activa él era alguien más, no importaba si eso le enfermaba.
Cayó de rodillas ante el fuerte mareo que le acompañó y tratando de tomar todo el aire que a sus pulmones no llegaba, se dejó caer boca abajo, llenándose en su propia sangre.
Pequeños pasos llegaron a sus oídos. Era un caminar rítmico y liviano; podría reconocerlo donde fuera, Deidara caminaba hacia él y supo que le vio cuando detuvo abruptamente los pasos. Maldijo mentalmente la situación tan irreal por la que estaba pasando.
Los pasos reanudaron el ruido seco de la suela contra la roca, esta vez de forma más acelerada. Le sintió a su lado y pronto su cuerpo quedó boca arriba.
El aroma del rubio se combinó con el metálico de la sangre, ahogando sus fosas nasales.
Deidara comenzó a limpiarle el rostro, una y otra vez, sin embargo, su rostro permaneció lleno de tierra y demás. Tal vez esa fue la razón por la cual el joven artista le alzó en su espalda con demasiado esfuerzo. Comparó el recuerdo —cuando llevó en sus brazos al blondo— cayendo en cuenta que Deidara era realmente liviano.
No supo cuánto tiempo caminaron, demasiado concentrado en sus cavilaciones, hasta que el ruido de una cascada le despertó de su ensoñación.
Le sorprendió la amabilidad con la que el rubio lo colocó en el suelo y tras alejarse Itachi sintió el frío del agua limpiando su rostro y cuello con lo que parecía un pañuelo demasiado suave y que desprendía el olor de Deidara. Ahora podía sentirlo en lo más profundo de su ser y eso le molestaba. Algo en el rubio despertaba en él una sensación de protección y un ardor en su pecho que le hacía recordar antaño, pero él nunca tuvo hogar, nunca tuvo una familia.
Itachi había bloqueado aquello con el sharingan, ése lado de su cerebro guardaba celosamente la parte de su vida que sólo podría herirle, ya no recordaba por más que quisiera.
El rubio tomó la cabeza de Itachi, alzándola para deslizar sus piernas bajo ésta. Sin darse cuenta, mientras limpiaba su ya limpio rostro, comenzó a acariciar sus cabellos con suavidad.
El Uchiha despertaba en él un fuerte sentimiento de lástima. Recordar los días de felicidad le hacía anhelar que él no estuviera en ésa organización, en ése estado. Aún podía ver al Itachi Uchiha que tomaba su mano y se sonrojaba de vez en cuando.
Sonrió de medio lado al mismo tiempo que observaba la respiración de Itachi, comprobando que se había quedado dormido.
Sus ojos pesaban y sin darse cuenta terminó por imitarle. Aún en la orilla del claro, su cuerpo se inclinó, permaneciendo sentado mientras sus cabellos oros cosquilleaban en el rostro del mayor.
La luna alcanzó a ser la única luz y de no ser porque el viento comenzaba a bailar el cabello del artista, Itachi no habría despertado.
Sus ojos tardaron en acostumbrarse a ver la luz, por esa misma razón le costó notar el rostro dormido del rubio.
Permaneció en aquella posición, observando sus labios entreabiertos, sus ojos cerrados y su cabello rodeándole como un santuario. Tomó aire, ahora acostumbrado al calor de ése cuerpo, levantándose con lentitud. No imaginó que el rubio despertara de ésa forma tan abrupta. Le observó mirar en todas las direcciones y al reparar en su presencia un destello de conocimiento brilló en sus pupilas. Después, ése ardor que siempre mostraba en cada expresión de su cuero cada vez que le veía apareció, súbitamente, demostrándole que la relación entre ambos no había cambiado.
Desconocidos. Odio. Muerte.
Aquello le tranquilizó e inclinándose en el agua limpió su rostro con parsimonia, escuchándole colocarse de pie.
Ninguno de los dos habló, entendiendo —el Uchiha— por sobre el silencio que se habían pagado mutuamente un favor. Pero Deidara no lo había hecho por esa razón y mientras caminaba lejos de él, su mente le regañaba una y otra vez, rogando porque ése sentimiento lleno de cariño que había sentido por el Uchiha no resurgiera como un fantasma que le atormentaba; Itachi no era el mismo y no cumpliría la promesa de casarse, porque todas esas palabras eran juegos infantiles, eran hombres, enemigos, asesinos y nada más.
ddeiSmile: Pensé que nunca actualizaría. Ya que sus reviews siempre son importantes para mí, deseé crear una versión que no siguiera el ritmo del manga pero la idea que tengo para la trama la necesito de ésta forma. Si aún se sienten dudas sobre el estado de Itachi poco a poco todo se aclarará al igual que la relación entre Onoki y Deidara, pienso explotarlos. Gracias por los reviews y acá, abriendo un espacio ¿alguien sabe cómo borrar una cuenta en Amor Yaoi? xD Besos~
