Naruto Copyright © Masashi Kishimoto
!advertencia: ninguna.
De juegos infantiles►
—ddeiSmile—
XII: De juegos y—dolor.
Itachi supo cómo reaccionar, siempre había sido así y más ante una situación tan ridícula, porque no encontraba razones, no necesitaba analizarla, sólo le sorprendía y de cierta forma decepcionaba que realmente había estado en lo correcto..., porque tal vez Deidara era estúpido. No, tal vez no, lo era. Así de simple. Y lo había creído así desde el instante en que supo que se dejaba llevar por esa emoción tan ridícula como lo es el amor por su arte. Sí, Deidara era estúpido.
Igual que él.
¿No era de estúpidos esperar por la persona que más se ama sobre la tierra para que éste le asesinara? Rendirse era de estúpidos y ahí estaba él, primero en la fila; cansado, con cien años que pesaban sobre sus hombros. Demasiadas guerras, demasiadas vidas y recuerdos que mantenía en su pecho, hundidos en el pantano que era su corazón.
Sentado en aquél pedestal se planteó la opción de recordar mientras su mirada se nublaba, pero por sólo un segundo todo se ajustó, su alma, su corazón, pudo ver, ver a Sasuke entrar. Aquello despertó en él un alivio, una paz que estranguló su garganta y murió en un pensamiento.
Finalmente sería libre.
·
·
No podía correr más a prisa, su cuerpo no lograba moverse a la velocidad que ansiaba, el dolor no le permitía coordinar los pensamientos y las acciones. Su cabeza era un desastre y estaba seguro que algunos huesos aún no regresaban a su lugar. Sentía los músculos entumecidos, tal vez por haber permanecido tres días inconsciente en un montón de rocas, tal vez porque había logrado tensar cada uno de sus tendones. No había reparado en su estado, apenas pudo levantarse salió de aquella cueva húmeda y asquerosa en la que había luchado por no morir bajo el cuidado de una anciana con mal aliento y la manía de tirarle agua fría en la cara. Sin importarle razones sabía que estaba vivo, eso significaba que Sasuke también y que sin duda alguna el pelinegro buscaría a Itachi, el estado del Uchiha mayor no le permitiría soportar mucho más y eso sólo significaba que terminaría por entregar su vida. Y él no lo permitiría.
Sintió su pie fallar, tropezando con una rama del árbol al que había saltado e inevitablemente cayó al suelo. Gruñó al sentir como todo su peso se centraba en la diestra, rompiéndole la muñeca, ¿o es que ya estaba en ése estado? Lágrimas se acumularon en sus ojos mientras intentaba levantarse.
—¿Por qué haces esto? —se preguntó ahogadamente—... Él no te recuerda, no lo merece.
Trató de tomar aire con desesperación, al sentir una corriente de nauseas amenazar su cuerpo, haciéndolo temblar mientras una capa de sudor frío cubría su frente. Estaba matándose lentamente por alguien que no se interesaba por sí. Que masoquista podía ser aquél pensamiento y sin embargo no podía evitar el comenzar a arrastrarse hacia la oleada de chakra que acababa de golpearle. Lo reconocía, aquél era el chakra de Itachi, el mangekyō sharingan.
Tomó aire, sosteniéndolo en sus pulmones y con la mente cegada ante el dolor extremo que recorrió sus extremidades, se colocó de pie.
Correr parecía imposible pero no se detendría, no estando tan cerca. Sin pensar en más que la necesidad insana de alejarlo de todo aquello corrió con todas sus fuerzas; recordando, convenciéndose que estaba haciendo lo correcto, prometiéndose que salvaría a Itachi así como él lo había salvado cuando eran pequeños. Le obligaría a recordarlo y haría que cumpliera la promesa que le hizo a toda costa.
El plan había tenido dos fallos desde el principio—uno, no tenía la fuerza para sacarlo de allí; dos, Sasuke no permitiría que se lo llevara.
Pero su cabeza había sido un caos desde el momento en que batalló contra el Uchiha menor, esos detalles no le habían pasado por la mente hasta que entró en aquél universo alterno, porque eso le pareció, un mundo aparte donde dos hermanos batallaban hasta la muerte. Sin dudarlo detonó una de sus bombas, sabía que con ello perdería una valiosa cantidad de chakra que necesitaría para salir de allí a toda velocidad. Itachi se encontraba en un estado deplorable. Debió haber preparado aquella batalla por largos años para poder saber los acontecimientos y los pasos que seguiría de forma inconsciente, una batalla de aquella magnitud había terminado por desatar su enfermedad dejándolo totalmente indefenso.
Tal vez aquello había sido una ayuda de Jashino algo parecido, porque de lo contrario Itachi habría sentido su presencia imposibilitando que lograra golpearle en la nuca hasta dejarlo inconsciente. Por supuesto que él también era un ninja capaz, había entrenado todos esos años para derrotar a al Uchiha y finalmente sus frutos habían salido a relucir, después de todo, aún con aquél estado, podía asegurar que Itachi habría intentado asesinarle de haber llegado por su espalda sin cuidado alguno.
Trató de correr lo más rápido que pudo y al notar que su estado estaba llegando a ser tan pobre como el del Uchiha decidió que era hora de utilizar su última cantidad de chakra.
Introdujo la diestra en la poca arcilla que le quedaba, suspiró al notar que ahora la vista se le nublaba mientras masticaba toda la arcilla, si Sasuke llegaba a intentar detenerlos, estaría perdido. Rogó al cielo porque su plan funcionara y tras formar unos sellos creó una ave de arcilla que moviendo la ala terminó por alzar a Itachi en su lomo, esperando a que el rubio saltara sobre sí. Deidara se aferró al cuerpo frío del Uchiha, más que todo para aferrarse a la conciencia y sin más partieron vuelo a toda velocidad.
Necesitaba apresurarse y sabía dónde conseguiría que salvasen a Itachi.
El ave volaba con tal rapidez que el rubio necesitó ocultar su rostro contra la espalda del mayor y por unos instantes recordó cuando aún eran chiquillos y sin dudarlo buscaban en abrazo del otro al dormir. Algunas noches, recordaba mientras se aferraba más a él, el Uchiha le había dado la espalda, obligándole a abrazarlo en aquella posición, jamás olvidaría la sensación de su pequeña pegándosele al pecho, siempre había parecido demasiado grande pero ahora sintió que le era imposible de abrazar.
Y ansiaba poder hacerlo.
Sumergido en sus pensamientos no notó qué tan cerca estaban y menos aún cuándo habían entrado a la zona de Iwagakure, sólo fue consciente cuando el ave aterrizó en la torre del Tsuchikageque había llegado a su destino.
Podía sentirlo caminar a prisa hacia el lugar y sin dudarlo bajó del ave, lamentablemente sus piernas ya no podían con su peso y cayó boca abajo al suelo justo en el momento en que un grupo de ANBU le rodeaba.
—Qué mierda habrás hecho mocoso.
Aquella voz le hizo estremecerse y volvió a sentir nauseas, por esa razón sus ojos se humedecieron, porque se sentía mareado.
—Viejo —susurró, temiendo alzar el rostro, pero necesitó hacerlo y justo como pensó..., sucedió—, por favor, sálvalo.
Sintió el calor de padre que Ōnoki siempre le había regalado y que tanto había extrañado. Le escuchó resoplar y pudo ver en su mente el rostro que hacía cuando soltaba ése gruñido tan característico en él cuando le llevaba algún animal herido.
—Llévenlo con Mizuho, ¡rápido! —gruñó.
—Viejo —le detuvo antes de continuar escuchando, intentando no insultarlo por gritar—..., para poder salvarlo necesitan operarle.
Sintió que alguien lo alzaba en brazos y aquello le incomodó, sin embargo aquello era más digno que permanecer en el suelo. De inmediato el ave de arcilla desapareció y aquello liberó una presión en su cuerpo que le hizo gemir de dolor.
—Sí, sí, ya cállate y pierde el conocimiento de una vez, estás más muerto que vivo —gruñó.
Deidara apoyó la cabeza contra el pecho fornido que lo sostenía para poder cerrar los ojos, su cabeza comenzaba a doler aún más al tratar de visualizar su alrededor, pero antes de poder descansar tenía que asegurarse de entregarle al anciano el libro. Con la muñeca que tenía rota buscó entre su capa, ignorando la tensión que recorrió los músculos del ANBU, hasta tocar la tapa de cuero que forraba su cuaderno, tirando de éste con dolor.
—Entrégale esto al doctor —susurró y cuando sintió que alguien lo tomaba se permitió caer en un sueño profundo, rogando que alguien le ayudara a mantenerlo a su lado.
La inconsciencia duró tres días más.
Cuando abrió los ojos sentía su cuerpo liviano y supo que se debía a que estaba en su antigua cama, ¿cuánto tiempo había pasado desde la última vez que se hundió en su mullida almohada? Aún se sentía cierto aroma a polvo y aquello le hizo cosquillas en el pecho, al parecer nadie había vuelto a entrar en aquél lugar y eso le dejaba un sentimiento de pertenencia, como si estuviera recuperando algo que jamás le había pertenecido, ahora podía asegurar que lo apreciaba más y se excusó tras el hecho de casi haber muerto, todos los años que vivió en aquél lugar deseó con todas sus fuerzas el abandonarlo y ahora regresaba a él con un sentimiento de necesidad, prometiéndose tratar de mantenerlo como suyo. Varias máquinas permanecían conectadas a su cuerpo, siento ellas el único sonido de la habitación.
Entonces reparó en un cuerpo que apoyaba la cabeza en los brazos, dormitando en su cama. De inmediato reconoció quién era y se sorprendió.
Al parecer ella sintió que era observada por lo que poco a poco se reincorporó, encontrándose con los ojos cielo. El rubio notó que una emoción se abría paso por sus orbes y no supo cómo reaccionar ante aquello, sobre todo porque pronto la alegría se vio interrumpida por las lágrimas que comenzaron a correr por sus mejillas.
—… Dei-kun —sollozó— ¡oh, estás aquí de verdad! Parecías sólo un ángel dormido —murmuró mientras hipaba, escondiendo su rostro tras sus manos. Deseó hablarle pero su garganta ardía, la sentía ceca y aquello le hizo quejarse, llamando la atención de la peli-naranja— ¿Qué sucede? —preguntó, alarmada, levantándose para mirar los aparatos a su alrededor—, ¿te duele algo?
El rubio negó suavemente, llevando su mano hasta la garganta. Ella entendió de inmediato y apresurándose caminó hasta la mesa de noche que se encontraba en la pared frente a la cama. Habían cambiado la posición de sus pertenencias para poder acomodar la maquinaria y aquello logró capturar su atención, fijándose que cada uno de sus juguetes e incluso la ropa que solía tirar en el rincón permanecía en aquél lugar.
Kasumi llegó a su lado, ayudando a colocar el pitillo(1) en sus labios y mientras bebía el agua ella sonrió, observando sus hermosas facciones que recorrían la habitación con interés.
—Tsuchikage-sama no quiso que movieran tus pertenencias…, esto es un secreto entre tú y yo ¿de acuerdo? —murmuró, logrando que el rubio clavara sus pupilas en ella—, cuando creía que nadie le veía regresaba aquí a observar todas tus cosas, era su forma de creer que regresarías, que sólo era otra noche en vela en la que estabas jugueteando por allí, repasaba mentalmente un regaño como solía hacerlo cuando no le hacías caso y luego lo susurraba al viento —Deidara notó como las lágrimas se arremolinaban en los ojos de la mujer, mientras intentaba que su voz no se quebrara—. Todos te extrañamos tanto, Dei-kun.
Finalmente dejó de beber, ella tomó el pitillo delicadamente para alejarlo de sus labios y antes que regresara hacia la mesa de noche para depositar el vaso el rubio se animó a pronunciar aquellas palabras.
—Kasumi —susurró, aún con la voz rasposa—, lo siento, hn.
Ella lo observó con adoración, Kasumi había sido la madre que jamás tuvo, cada vez que hacía algo malo recurría a ella para que interviniera entre el viejo y él…, al finalizar la disputa entre la peli-naranja y el Tsuchikage el rubio solía acercarse a ella y abrazarla, murmurando contra su pecho un dulce 'Kasumi, lo siento, hn', logrando que ella le regalara justo lo que se había inclinado para darle.
—Bienvenido a casa, Dei-kun —susurró, depositando ése beso que tanto había extrañado en su frente.
El rubio desvió la mirada al sentir que sus mejillas se coloreaban y fastidiado esperó a que ella se alejase, la observó colocar el vaso en la mesa de noche y entonces regresar a su puesto sin borrar esa sonrisa llena de luz.
—Kasumi —llamó en un susurro, ignorando el dolor que aún raspaba sus cuerdas vocales—, ¿dónde está el viejo?
La peli-naranja suspiró.
—Ya sabes, es el Tsuchikage, seguramente se pasará por aquí a eso de la medianoche —rió mientras cerraba su ojo derecho, en un guiño lleno de picardía—, él cree que no me doy cuenta pero sé que te ha visitado todos los días. Realmente nos tenías preocupada —suspiró.
—Aún no entiendo cómo es que sigo vivo, hn —murmuró, como toda respuesta. Kasumi asintió ante sus palabras.
—Yo misma me encargué de curarte, la verdad es que lo que me sorprendió fue que tuvieras tantos puntos de chakra rotos y que aún así hubieras podido traer a ése chico —susurró—, tu cuerpo no tenía heridas profundas, ni un solo hueso roto a excepción de tu muñeca. Pero tus puntos de chakra eran un desastre, necesité mucha ayuda para poder abrirlos.
El rubio parpadeó sorprendido, recordando con terror el estado en el que había traído a Itachi.
—¿Y cómo está Itachi? Kasumi, quiero verlo —la peli-naranja lo observó con una insana curiosidad que brilló en sus ojos.
—Ése es el Uchiha ¿cierto? —preguntó, entrecerrando los ojos—, el mismo Uchiha que vino para el festival y con el que te fuiste a Konoha, ¿cómo es que se encontraron y cómo llegó a ése—
—Respóndeme —gruñó al interrumpirla.
—¡Esos modales! —regañó suavemente, para luego suspirar—, yo analicé el libro que dejaste ¿lo hiciste tú, cierto? Lo sospeché por el desastre que era, por suerte siempre lograba descifrar tus garabatos —rió, divertida hasta que notó la mirada severa que el rubio le dedicaba. Reviró los ojos pensando que en momentos como aquellos el rubio se parecía en demasía al Tsuchikage—, lo cierto es que detallaste correctamente el accionar del sharingan. Gracias a eso pude notar lo que le sucedía y comprendí cuál era la solución, imagino que sabes lo que significa ¿estoy en lo correcto? —el rubio asintió—. El procedimiento se llevó a cavo adecuadamente, claro que hasta allí no queda su recuperación, necesitará no sólo aceptar su nuevo tipo de vida sino que además su cuerpo aún tiene demasiados daños en ciertos órganos, ya sea por batallas o por el mismo poder del sharingan.
—Es decir que se necesita un tratamiento, hn.
—Exacto, psicológico y físico.
—Pero sobrevivió, ¿está bien? —preguntó, con cierto temor en sus palabras.
—Sobrevivió, sí, pero aún no está bien. Es fuerte y logrará recuperarse si cumple con el tratamiento.
—¿Ya despertó, hn? —ella negó suavemente y aquello le tranquilizó—, ¿puedo verlo?
—¿Qué? —Kasumi alzó ambas cejas, sin comprender sus palabras del todo— ¿estás loco? Tú no terminas de recuperarte, ¿cómo propones ir hasta el hospital? Por como progresas estoy segura que te recuperarás en tres días más —sonrió, ampliamente— y si mis cuentas son correctas él despertará para entonces. Su chakra aún es muy bajo y por el daño que tiene en su cuerpo necesitará más días para poder comenzar a recibir el flujo necesario, sólo entonces podremos comenzar a regularlo. Para que se le dé de alta se necesitará más o menos un mes.
—Un mes —repitió él, sintiéndose extrañamente cansado.
—Tú también tienes que descansar, sabes a la perfección que para cuando salgas de la cama tendrás muchos problemas que afrontar.
El rubio asintió, permitiéndose cerrar los ojos, aumentando el cansancio en su ser. Sabía a lo que se refería, tenía que arreglar demasiados asuntos, con Ōnoki, con la aldea y luego con el mismo Itachi. Eso sin contar el problema que se ganaría con la aldea oculta entre las hojas, tener al Uchiha escondido en aquél lugar era un delito y aquello le hizo estremecerse, o tal vez fueron los suaves dedos de Kasumi acariciando sus cabellos, no estaba seguro, lo cierto era que su pecho comenzó a pesar ante el estúpido sentimiento de agradecimiento que el viejo estaba sembrando en él.
Pensó que hacía demasiado tiempo atrás alguien se había preocupado por él y ésa persona había sido la misma que ahora se encontraba protegiéndolo.
Kasumi observó con cuidado los músculos del menor, sonriendo cuando finalmente sus labios se entreabrieron, dando paso a la respiración calmada y suave que llevaba observando los últimos tres días. Se aseguró que todo estuviera en perfecto estado y entonces salió de la habitación, dirigiéndose hasta la cocina de la antigua casa donde había vivido el pequeño. Su cuerpo pesaba pero necesitaba hablar con el Tsuchikage, así que, realizando un sello para dejar un clon en el lugar, se despidió, dirigiéndose hacia la torre principal.
El cansancio mental no le permitió hacer el recorrido normal por lo que decidió saltar hasta el balcón, introduciéndose por la ventana tras tocar un par de veces, anunciando al mayor que se encontraba allí. Ōnoki no le dirigió la mirada, concentrado en firmar unos cuantos papeles, así que decidió comenzar a hablar.
—Dei-kun ya despertó —anunció, esbozando una sonrisa—, al parecer se recuperará rápido.
—Claro que lo hará —bufó el peliblanco—, ése mocoso es imparable.
Kasumi sonrió ante su comentario, continuando con sus palabras: —Bueno, como decía —murmuró, recordando con cierta diversión que el rubio también le había interrumpido de una forma similar—. Preguntó por su amigo y le conté lo sucedido, ¿ya ha pensado qué hará con ambos, Tsuchikage-sama?
El aludido alzó la vista de los papeles, para luego dejar caer la pluma que sostenía entre sus dedos.
—No permitiré que encierren a Deidara —afirmó, frunciendo el ceño—, el problema será ése otro mocoso, ¿es el mismo que conoció cuando era pequeño?
—No me lo confirmó —respondió como un suspiro cansado—, pero estoy segura que lo es.
—Sí lo es quiere decir que no es cualquier persona, Deidara no permitirá que lo envíe a Konoha.
Ella alzó sus ojos caramelo, curiosa.
—¿Le ha respondido la Hokage? —Ōnoki se limitó a asentir— ¿cree que lo que dijo Mizuho sea verdad? Después de todo sólo existen dos Uchiha sobre la tierra, dos sobrevivientes y no más. Si éste es el mayor quiere decir que ése Naruto, el protegido de la Hokage, querrá vengarse.
—Y estaría en todo su derecho —bufó—, es un asesino.
Kasumi llevó su pulgar hasta sus labios, mordisqueándose la uña, pensativa.
—Pero ambos conocemos a Deidara-kun, no estaría con alguien despiadado ¿no cree, Tsuchikage-sama? Tal vez esto tiene una historia por detrás.
—Lamentablemente no la sabemos, Kasumi.
—Por eso es que hay que esperar —pidió ella—, si le avisa a la Hokage que aquí está el Uchiha vendrán a llevárselo de inmediato y eso… —detuvo sus palabras, desviando la mirada—, eso alejaría a Dei-kun, de nuevo. Lo mejor es esperar, mantenerlos escondidos.
—No —gruñó, el mayor—, comenzaré a arreglar la situación de Deidara, cuando él esté mejor tendrá que darme razones, mientras tanto ése Uchiha no está en mi aldea.
Kasumi asintió.
Deidara se sentía observado, algo que odiaba tremendamente pero sabía que se abría los ojos no podría explotar a la persona que lo observaba y corría el riesgo de ser Kasumi, así que lo menos que deseaba era que ella se sintiera mal por su temperamento. Había hecho demasiado —no es que él fuera un caballero, Dios sabía que eso le importaba demasiado poco— y no era tal calidad de basura que descargaría la frustración de haber permanecido medio día en cama con ella.
Finalmente se cansó, abrió los ojos y los guió con cautela hacia la esquina de la habitación donde se encontraba un ANBU alto y fornido de ojos color ámbar.
¡Gracias! Un candidato perfecto.
—¿Qué coño miras, hn? —gruñó. El ANBU pareció no moverse pero el rubio era bueno detallando su alrededor, notó que se había tensado; ¿cómo se había dado cuenta que lo estaba viendo si tenía la máscara? Se preguntaba el ninja. El rubio era muy susceptible para ésa clase de cosas. Al igual que sentirse ofendido cuando no le respondían— ¡te hablo a ti, imbécil!
El rubio lo vio moverse por unos segundos, tal vez dudando lo que respondería, al final Deidara supo por qué lo había pensado dos veces.
—Intentaba descifrar si eras mujer.
Su rostro se contrajo en furia.
—¡Agradece que estoy postrado en ésta cama por tres días, idiota, hn! —gruñó fuera de sí, aquello le sacaba de quicio— ¡más hombre que tú soy, maricón!
El ANBU no se volvió a mover y antes que pudiera volver a gritarle la puerta se abrió, dando paso a la figura del Tsuchikage.
—Pensé que no tenías garganta —bufó—, tus gritos de gato herido se escuchan por todo el pasillo, mocoso.
—¡Pero es que éste idiota-!
—Éste idiota —le cortó el anciano, moviendo su mano como una silenciosa señal para que el aludido avanzara. Así lo hizo, retirando entonces su máscara—, será tu escolta de ahora en adelante.
—¿Escolta, hn? —frunció el ceño.
—Sabes tú situación, mocoso idiota. Por supuesto que ya la resolví…, a medias. No se te está permitido salir de la aldea y ya que no puedo encargarme de vigilarte he puesto al capitán del escuadrón número doce y el mej-
—No me interesa, anciano.
Ōnoki abrió sus ojos a más no poder.
—¡Mocoso insolente! —gritó, ignorando la puerta que se abría dando paso a una somnolienta Kasumi— ¡me aprenderás a respetar, pequeño imbécil!
Deidara sonrió, malicioso al escuchar sus palabras.
—¿Pequeño? Creo que ya sabemos quién es el único enano en ésta habitación, hn.
Ōnoki podía tener muchos puntos a su favor y la paciencia no era uno de ellos. Tal y como Deidara cuando se respectaba al poner en duda su sexo, el Tsuchikage perdía los estribos cuando su tamaño se veía en medio de una conversación. Aquello lo sabía a la perfección la recién llegada peli-naranja, así que, viendo que el rostro del mayor comenzaba a colorearse en un rojo lleno de furia, empujó suavemente al ninja junto a ella, indicándole que comenzara a presentarse.
—Yo… —todos clavaron la vista en él, así que la opción de retroceder quedó descartada, aclaró su garganta y continuó—, mi nombre es Mizuho Aki, capitán del escuadrón número doce en la división de inteligencia.
—Dei-kun —sonrió, Kasumi—, él es uno de los mejores ninjas médicos en la aldea. Fue el encargado de operar a tu amigo.
Mientras el ANBU se presentaba Deidara lo detalló, fijándose en su complexión delgada, su rostro se mantenía tranquilo aún cuando su cuerpo estuviera rígido y su expresión fuera severa, sus cabellos llegaban a sus hombros en un tono café mientras que sus ojos brillaban en marrón claro, aquél uniforme favorecía.
—¿Itachi, hn? —frunció el ceño. Mizuho desvió la mirada hacia Kasumi, quien asintió y seguido él lo hizo por igual.
Ōnoki no perdió de vista aquella reacción y supo que ése Uchiha representaría demasiados problemas.
—Bien —habló tras unos segundos de silencio el Tsuchikage—, él se encargará de vigilarte y por supuesto te tocará pagar una sentencia. Ya que intercedí podrás cumplirla en una casa que se ha escogido, bastante cerca de la torre de los Kages.
—¿Qué sucederá con Itachi, hn? —preguntó el rubio—, por ahora esperaremos a que despierte, entonces nos encargaremos de pensar qué hacer ¿entendido? Por ahora él no existe.
Deidara suspiró quedamente, asintiendo a las palabras del anciano con cierto alivio. Sabía que Ōnoki le ayudaría, eso era suficiente para poder estar en paz y aquello hizo que el peliblanco se retorciera en su interior, ¿qué tanto podía significar aquél pelinegro para el rubio? Deidara jamás habría reaccionado de aquella forma, ignorar lo que significaba lo peor para él—la falta de libertad, sólo por saber que ayudaría a ése hombre.
Continuará.
!βeta r: no está beteado.
(1)Pitillo: Pajita, absorbente, bombilla, caña, sorbete, carrizo, sorbeto, popote o calimete (¿)
ddeiSmile: ¡Ajá! ¿Cuántas están aliviadas de saber que los dos se salvaron? Odio crear personajes, los maldigo Kasumi y Mizuho(?)
