A pesar de no existir el país, Lituania podía seguir sintiendo que Polonia continuaba viviendo. Su lengua no había desaparecido del todo, como pudo comprobar cuando le llegó una copia en polaco de la novela Pan Tadeuz por medio de Hungría. No sabía si lo que más le sorprendía era el idioma en el que le llegó o porque el autor, Mickiewicz, con nombre y apellidos indiscutiblemente polacos, había estudiado en la universidad de Vilnius. Se leyó sus obras y comprobó que, aunque habían pasado por todos los censores rusos habidos y por haber, el subtexto era tal que animaba a no darse por vencido y mantener la esperanza pasara lo que pasara. Además, sabía que desde Francia se podía escuchar a Chopin tocar polonesas y ahí donde antes vivieron, aún se escuchaba hablar polaco entre la gente.

Como si Polonia siguiera entre ellos de verdad.

Parecía que Hungría estaba haciendo un trabajo excelente. Casada con Austria, se decía que se encargaba de un chico dentro de su casa con tanto mimo que daba la impresión de tratarse de su hijo. Lituania no podía comprobar la veracidad de aquella noticia, pero esperaba que fuera cierta porque eso significaba que sus esfuerzos durante aquella nevada no fueron en vano.

Sobre Alba, intentaron localizarla, ya que viendo lo que estaba pasando con Polonia posiblemente ella también viviera. Su gente estaba ahí, junto con su idioma y sus costumbres, aunque más mal que bien, iba sobreviviendo. De la muchacha en sí aún no tenían ni una ligera idea de dónde se encontraba.

Él, mientras, aguantaba los castigos como podía. Decidió tener paciencia y mantenerse en pie hasta poder tener una oportunidad clara. Nadie en esa casa quería acabar como Alba, cuya vida ya era una incertidumbre. Pero muchos de ellos no temían la amenaza de Rusia y siguieron oponiéndose con toda su alma a desaparecer.

Al final se acostumbraron. Los latigazos no dolían, pero las revueltas no causaban efecto y terminaron trabajando silenciosamente intentando que el tiempo pasara lo más rápido posible hasta que pudieran aprovechar el momento en el cual pudieran ser libres.

Cuando llegó 1899 entró una nueva oleada de pánico en aquella gran mansión gracias a todas las habladurías sobre el fin del mundo por culpa del cambio de siglo y de Estonia, que a pesar de su seriedad, le gustaba divertirse asustando a los más pequeños. Se encontró a Courland agachado en el suelo y llorando y a Livonia temblando como una hoja a punto de caer en otoño. Su estado de nervios era tal que Estonia se tuvo que llevar al chico aparte y Lituania intentó calmar a Livonia una vez ella se fue a dormir, preguntándole sobre lo que le estaba pasando.

–Este es el último año de nuestras vidas ¿verdad? ¡Vamos a morir todos!

Lituania intentó no sonreír, fallando catastróficamente y Livonia le miró con odio detrás de sus enormes anteojos.

–Yo he pasado hasta por un cambio de milenio y sigo vivo, así que a ti no te va a pasar nada por un simple cambio de siglo.

–¡Pero estoy segura de que voy a morir y nadie me va a sustituir!

–No digas eso, sabes que no es cierto. Has vivido mucho a lo largo de este tiempo y mírame a mí, cada vez estoy más cerca de los novecientos años. Y ni una cana.

–No parece que tengas más de veinte. –Ella rió al final, aún muy nerviosa.

–Pero he vivido tanto que debería tener el pelo blanco solo por los disgustos. Livonia, no dejes que una mala sensación te amargue, simplemente cambiamos de año, nada más, ¿vale? ¿Y cuántos has vivido tú? Si has sobrevivido a tantos y no te ha pasado nada, ¿por qué deberías asustarte ahora?

–Sí, pero esto es distinto. –Ella no estaba segura, pero él se conformó. Lituania arropó a la muchacha y cerró la puerta con cuidado, apoyándose un poco en ella para suspirar después de sentirse un poco padre. Tendría que encontrarse con Estonia y comentarle algunas cosas sobre no asustar a Livonia y a Courland con tonterías.

Europa estaba al fin tranquila, podía descansar un poco. Entraron en el año 1900 sin ninguna complicación, sólo que no pudieron celebrar el comienzo de siglo por la cantidad de trabajo que tenían que hacer. Pero Livonia seguía aterrada.

Después de catorce años en los que surgió una calma poco usual, cada vez estaban más acostumbrados a vivir con Rusia y a ocuparse de sus tareas así que sus revueltas eran cada vez más espaciadas entre sí. Lituania, por su parte, estaba esperando el momento adecuado, pero ni su ejército de resistencia era lo bastante bueno ni la situación era propicia como para hacerlo. Tenía que ser paciente, y mientras el tiempo transcurría, había aprendido a tratar a Rusia adecuadamente para no salir herido como antes. Éste pensaba que ya le había amansado, pero estaba equivocado; Lituania seguía hablando su idioma y tenía sus propias costumbres, así que no iba a dejar que la rusificación de su gente le afectara lo más mínimo. No había pasado por todo ese sufrimiento para terminar siendo parte de Rusia y desaparecer.

Un suceso les sacudió de pleno: Estonia entró en la cocina con las noticias, asustando a todos los que estaban desayunando en una mañana hasta ahora tranquila.

–Ha pasado unos días desde que ocurrió esto, pero han asesinado al heredero del imperio Austro-Húngaro. –Todos le miraron expectantes, algunos, como Courland, con la cuchara llena de gachas a medio camino entre el cuenco y su boca–. Lo último que sé es que Austria ha declarado la guerra a Serbia y Rusia va a tomar partido también. Evidentemente, nosotros estaremos metidos en ello. –Lituania dirigió su mirada hacia él, atónito.

–Espera. No lo entiendo. Esto que cuentas es muy raro, ¿cómo no nos íbamos a dar cuenta de esto?

–Creo que Rusia hace un buen trabajo manteniéndonos al margen del mundo –le respondió Estonia – . Vamos a tener que luchar por nuestras vidas de nuevo. Enhorabuena, chicos.

Se hizo el silencio, solo interrumpido por los sollozos de Livonia, que ahora estaba segura que todo lo que estaba temiendo unos años antes harían realidad. Rutenia intentó calmarla, pero ya sabía que iba a ser en vano, pues ella también estaba aterrada, aunque no temblaba tanto como Courland.

–¿Sabéis qué significa esto?

La voz de Lituania hizo eco en la cocina. Los demás le miraron esperando la respuesta, Estonia sonreía de oreja a oreja pues ya había entendido que era lo que el otro estaba pensando.

–Esta es nuestra oportunidad –empezó a explicar al resto de la mesa –. Todos los cambios políticos más fuertes se realizan después de una guerra y esta promete ser grande. No sé vosotros, pero yo voy a aprovechar para salir de aquí.

Se miraron los unos a los otros, esperando a que alguien diera el primer paso para dar su opinión y éste fue Estonia, que se colocó a su lado y le dio una palmada suave en el hombro, para demostrarle su conformidad.

Lo que no sabían era cómo iban a hacerlo.

oOo

Después de varios meses de lucha, Lituania fue invadido por Alemania a la primera de cambio. No es que se dejara, a nadie le gusta ser invadido y él quería independencia ante todo, pero comprobó que iba a ser mejor tratado que en casa de Rusia. Por lo menos los latigazos se acabaron y solo pasó a convertirse en intérprete y secretario, tal y como si fuera un humano con un trabajo de lunes a viernes, y eso, a pesar de todo lo que estaba ocurriendo, representó un alivio. Alemania era un tipo serio así que por primera vez se sentía comprendido, además ayudaba en las tareas, algo que agradecía mucho. Se acostumbró a las luchas de cada día como quien se acostumbra a las cosas más simples, sin quedarle más remedio. Sabía que si seguía por ese rumbo lograría la independencia, solo tenía que aguantar y mantenerse informado, y la información que venía de Alemania era la mejor que podía tener: Querían resucitar a Polonia.

Una de esas tardes que pasó a las órdenes de Alemania, Lituania preparó la cena y se sentó con él a comer. Esta vez venía sólo. Italia Veneciano, que a veces estaban tan juntos que parecía como una extensión del otro hombre, no estaba con él. Quería saber más sobre todo el asunto de Polonia y Alemania siempre parecía dispuesto a compartir lo que sabía, así que se aventuró a preguntar después de sacar el tema.

–¿Cómo puede ser eso? Si Rusia lo desintegró, yo mismo lo llevé moribundo a Hungría.

–Hemos mantenido vivo al Ducado con el pensamiento de hacerle volver, así que se convertirá en Polonia. Ahora mismo sigue con Hungría, porque Italia nos ha traicionado.

Esa noticia no era buena ya que sabía que Italia era un apoyo para Polonia. A lo mejor él podía ayudar, podía hacer que el Polonia de antes regresara a él.

–¿Puedo verle?

Alemania soltó un suspiro y miró el fondo de su jarra de cerveza.

–Sé algo de tu situación ahora, así que hazme caso. No creo que te guste estar con él, no tiene nada que ver con el Polonia que conocías. Creo que ha pasado por demasiadas cosas, Lituania. Hazte a la idea, aunque físicamente se parezca no le vas a tener de vuelta. Si no tienes esto claro, acabarás como Italia.

–¿Alegre, despreocupado y ligando con todo lo que lleve una falda? –preguntó usando un poco de ironía que hizo sonreír un poco a Alemania.

Italia parecía un tipo que vivía al máximo, nunca se había fijado si aquello era la superficie que escondía aspectos más profundos, se preguntó si estaría sufriendo por una situación parecida a la que él estaba atravesando.

–No creo que pase nada por hacerme amigo suyo de nuevo.

–Toda Europa sabía que no pensabas en él como un amigo, hasta yo, que he oído historias de Prusia sobre vosotros dos. Me sorprende que el mismo Polonia no se hubiera dado cuenta en su momento. Ten cuidado.

Lituania se mordió el labio inferior y apiló los platos antes de ponerse a recoger la mesa. Debía intentar ponerse en contacto con Estonia por lo que pudiera pasar porque él le mantenía informado sobre las zonas que no estaban ocupadas por Alemania y el resto de sus aliados. Lo último que le comentó fue sobre Livonia, que se sentía cada vez más débil y que nadie había visto a Rusia en semanas. Un tal Lenin estaba moviendo a las masas y eso estaba provocando cambios políticos bruscos. La fiebre de Livonia era demasiado alta, Courland tenía dolores de estómago y Estonia no podía lidiar con sus dolores de cabeza. Se avecinaban cambios pronto.

Lituania estaba expectante, sabiendo que algo iba a pasar. Él no sentía nada raro físicamente, y eso no le gustaba. Tenía miedo de ser el único que no pudiera alcanzar la independencia y se iba a esforzar todo lo que pudiera, sólo tenía que confiar y ayudar.

A pesar de eso, Alemania perdió la guerra.

Pero Polonia renació de sus cenizas.

oOo

Livonia desapareció de pronto, sin más. Permanecía en su cama con fiebres altas y cuando volvieron a entrar para ver cómo estaba evolucionado, descubrieron que había desaparecido dejando encima de la cama su camisón y sus pesadas gafas de metal. Los bálticos se pusieron en marcha para buscar un bebé como ella porque no querían perderla, pero no la encontraron. Livonia había sido borrada del mapa y los humanos ya estaban repartiendo sus territorios así que no podían hacer nada para pararlo. De pronto, en el espacio de un mes, Courland creció hasta parecer un chico de dieciséis años en el momento en el que los humanos le dieron parte de Livonia. Al pegar ese estirón le cambiaron el nombre a Letonia. Desconocía el motivo, comentó a sus otros hermanos bálticos que lo sentía como algo natural, él ya no sería Courland nunca más. Lituania no le dio mucha importancia, ya que a él mismo le había pasado aquello durante el tiempo que estuvo anexionando territorios unos siglos atrás. Formaba parte del crecimiento de una nación.

Aún así tenían esperanzas de ver a Livonia en alguna parte, aunque al poco tiempo Estonia creció hasta superar en altura a Lituania gracias a otro reparto de territorios. Los humanos le habían dado el resto de Livonia a él y ya existía el modo de recuperarla. Estonia, al contrario que Letonia, mantuvo su nombre y no notó nada raro en él, ni en sus recuerdos. Aprendieron que cada caso era especial, dependiendo de cómo era la nación y las circunstancias políticas que la rodeaban. Que todo fuese como una especie de lotería impredecible en cada uno.

Lituania, por su parte, recuperó sus territorios al fin, no a costa de otro país más débil. Esta consideración le provocaba remordimientos, porque sabía que Letonia y Estonia no estaban muy conformes con la desaparición de Livonia, pero arreglarlo quedaba más allá de lo que podían hacer.

Como la muerte de Rusia.

Nadie le vio desaparecer, todos estaban demasiado felices por haber recuperado su independencia. La última vez que se le vio con vida fue junto con los Romanov y, al tiempo, después de todos esos rumores de asesinatos, aquel famoso Lenin estaba siendo acompañado por una niña con el pelo rubio ceniza y ojos violáceos que no paraba de crecer a un ritmo impresionante. La empezaron a llamar República Socialista Federativa Soviética de Rusia, un nombre muy complicado que venía a decir que ella era la nueva Rusia, quisieran los demás o no.

De pronto, y como si esa niña fuera la plaga, todo el mundo supo que había que mantenerse alejados de ella. La habían encontrado siendo un bebé, así que criada bajo la tutela de su propio jefe no iba a ser bueno para sus ideas. Su rostro era bello y recordaba mucho al de Alba, pero esa sonrisa que siempre lucía era heredada del anterior Rusia y a nadie le transmitía tranquilidad. Decidieron ignorarla aunque de todas formas qué iba a hacerles, ya eran todos independientes, y regresaron a sus nuevas casas después de recordar a Livonia y a Courland en una pequeña ceremonia. Letonia temblaba porque tenía la sensación de que era su propio entierro y al final tuvieron que calmarle entre todos, como si fuera una gran familia.

Se sentía tan bien eso de ser libre.

Lo primero que hizo Lituania nada más entrar en su nueva casa fue tirarse encima de la cama para dormir de un tirón todo lo que no había dormido en décadas. Cuando abrió los ojos era de madrugada, así que calculó que había dormido doce horas seguidas. Se tapó con las mantas hasta la cabeza y no se levantó hasta el día siguiente al mediodía, dando gracias a ese bendito dieciséis de Febrero y odiando profundamente el diecisiete cuando tuvo que salir de casa y ponerse al día con todas sus nuevas responsabilidades como nación. Iba a tener mas trabajo que en casa de Rusia pero al contrario de lo que le pasaba con éste, no le importaba hacerlo porque era para su propio bien. Además, cuanto antes terminara con todo lo importante, antes tendría un día libre para comprobar si el Ducado de Varsovia de verdad había sobrevivido tal y como le dijo Alemania, que en ese momento estaba demasiado ocupado trabajando para pagar la deuda por la guerra. Le costó un par de meses tenerlo todo listo y cuando su jefe le dio el tan esperado permiso se puso su mejor ropa y se dirigió corriendo hasta la casa de Polonia, que a primera vista tenía un aspecto austero y gris.

Por lo menos estaba entera, así que suspiró aliviado.

Antes de llamar, miró un poco entre las rejas del jardín. Parecía que acababan de arreglarlo ya que había muchos árboles jóvenes y el resto de plantas estaba a punto de florecer. Entre todo aquel verde pudo ver una figura que se movía atareado por aquel lugar, poniendo mucho empeño en todo lo que estaba haciendo.

Era Polonia pero a la vez no. Podía distinguirlos sin problemas a pesar de que físicamente eran iguales. El cabello tenía el mismo tono de rubio oscuro, aunque el de este Polonia lucía mucho más corto. Los ojos eran preciosos, con la misma forma y el mismo color, pero la mirada, distinta, aunque no podía precisar qué le faltaba. La forma de caminar también difería bastante, así como la manera de coger el cubo o cómo se agachaba para ver los tallos más bajos.

Lituania por fin comprendió a qué se refería Alemania con lo que le dijo unos años atrás, con lo de no hacerse ilusiones porque la vista podía engañar al sentido común, o cuando Estonia y Courland le comentaban eso mismo unos cuantos años atrás. Pero él era lo suficientemente maduro como para separar a los dos Polonias, así que tragó saliva y entró en el jardín.

–¡Hola!

No se dio la vuelta, pero le había escuchado claramente, así que le estaba ignorando. Carraspeó un poco y lo volvió a intentar.

–¿Pietrek?

En ese momento se giró de inmediato y así Lituania comprobó que era el antiguo Ducado de Varsovia. Se alegró al ver que había sobrevivido a aquella noche. Se encontró esperando un abrazo como le hubiera dado el antiguo Polonia, pero recordó que ahora era un extraño para este muchacho. Sostenía unas pequeñas tijeras de podar en una mano y en la otra una flor marchita.

–¿Lituania? Bienvenido a mi casa. –La voz era la de Polonia, el tono no. Era más maduro, muy decepcionante porque hacía las distancias muy evidentes –. ¿Que? ¿Me parezco mucho?

–No, puedo ver las diferencias claramente –contestó, sin poder ocultar la decepción en el tono de su voz.

–Vaya. Esperaba que no fuera así. Quería saber si las historias que cuentan por ahí son ciertas.

–¿Qué historias?

Polonia se incorporó, sacudiéndose tierra de los pantalones.

–Decían que te llevabas demasiado bien con el anterior Polonia.

–Era mi mejor amigo –Asintió Lituania, que intuía a qué se refería exactamente ese chico. Alemania ya lo habló con él, "toda Europa lo sabía".

–Pues entonces espero ser un buen amigo tuyo también. –Volvió a sonreír, subiendo solo un lado de la boca.

Polonia le invitó a entrar en su casa, mucho más pequeña y discreta que antes pero en cierto modo Lituania sabía que no iba a vivir en el palacio Wilanow eternamente. Mientras tomaban el té tuvo tiempo de pensar. Como ya le había dicho antes, podía ver las diferencias con el anterior Polonia muy claramente; parecía como si quisiera desmarcarse empezando por detalles visuales como era el corte de pelo. Su forma de actuar también era muy distinta. Pero a parte de eso, había algo más importante de lo que carecía, y era de aquella inocencia que tanto le gustaba en el otro chico. Todas las naciones independientes querían descansar y ser felices con su nueva situación, pero parecía que Polonia necesitaba hacer mas cosas, ser más grande. Eso era muy peligroso, así que esperaba que el nuevo jefe del chico le pusiera freno o sus vecinos lo iban a pasar muy mal.

No quería tener que ser él quien tuviera que pararle los pies.

Cuando pasó un tiempo prudencial durante el cual no hablaron de nada trascendental, se disculpó porque tenía trabajo que hacer y no podía quedarse mucho tiempo, algo en lo que no mintió. Y cuando llegó a su casa se encontró en la puerta esperando a una chiquilla de no más de catorce años, con el pelo rubio por debajo de los hombros y los ojos violetas. No era una niña humana, era Rusia. Lituania se vio en la obligación de entrar con ella y ofrecerle algo de merendar. Una vez se sentaron, la pequeña le miró curiosa, demasiado sonriente como para irse de ahí sin algo a cambio.

–Así que tú eres Lituania. Mi jefe me ha hablado de ti. Y de cómo te independizaste del anterior Rusia. Supongo que estarás orgulloso de haber ayudado a matarlo.

–Yo no maté a nadie, las circunstancias hicieron que desapareciera. –No quería pasar por el mismo tipo de conversación una y otra vez. Tratar con gente que casi no conocía y ocultaba sus verdaderas intenciones no era de su gusto, aunque aparentaran ser adolescentes con cara de no haber roto un plato en su vida.

Lituania en el pasado había roto vajillas enteras.

–Sí, posiblemente. –Tomó un sorbo de té, igual que si estuviera jugando a las casitas–. ¿Tú no tomas nada?

–Acabo de tomar té en casa de Polonia, no tengo hambre.

–Es una lástima. Está bueno. –Volvió a tomar otro sorbo – ¿Tú te acuerdas de Alba Ruthenia?

–Sí, claro. Estuvo viviendo conmigo en la época de la mancomunidad. ¿Por qué lo preguntas? Desapareció después de una revuelta, la culpa la tuvo el anterior Rusia.

–Ahora se llama Bielorrusia, sigue siendo la Rusia Blanca.

–¿Está viva? –Mostró interés y Rusia se rió un poco.

–Sí, nunca murió realmente, la tenían hecha prisionera, así que la salvé y le di un nombre nuevo. Ahora está viviendo en mi nueva casa.

–¿Volvemos otra vez a lo mismo? –A encerrar a la gente en contra de su voluntad, quería decir sin hacerlo en voz alta.

–No, ella está conmigo porque quiere. Y en mi casa no vamos a cometer el mismo error dos veces seguidas, vamos a vivir todos juntos sin pretender que nadie se una a mí completamente. Nos vamos a llamar Unión Soviética, ¿qué te parece?

Lituania no contestó, siendo la mejor respuesta que podía dar. Ella no pareció darle importancia.

–Pero no quiero unir a Bielorrusia de momento, tengo otros planes para ella. ¿Sabes? Es muy guapa, como una muñeca de porcelana. Y dulce, conmigo es encantadora. Me preguntaba si querías ocuparte de ella.

Lituania aguantó la risa.

–Hablas como una casamentera y no eres más que una niña.

–Tengo años suficientes como para hablar como una humana casamentera. Y quieras o no, vas a formar una unión con ella.

Golpeó la mesa con la taza de té, quebrándola. Lituania la miró asustado, dándose cuenta de pronto de lo que estaba pasando. Después de esa última guerra no iba a haber ningún tipo de paz y cuando al día siguiente entró Bielorrusia en su casa y se encerró en su nuevo cuarto, supo que las cosas no iban a ser tan fáciles.

Físicamente era igual a Alba Ruthenia, y se suponía que psicológicamente también lo era si le pasó igual que a Letonia, que solo cambió su nombre. Su piel era demasiado pálida, el pelo muy largo y casi albino. Vestía con ropas oscuras y llevaba un lazo en la cabeza. Parecía la adorable y callada chica de siempre a simple vista, pero no era así; Un día le rompió los dedos de una mano sólo porque él quiso ayudarla a fregar los platos. Otro día le atacó con un cuchillo de cocina. Polonia le visitaba de vez en cuando y se horrorizaba al ver el espectáculo que era Lituania con las dos manos vendadas y ella intentando matarle.

De todas formas, estaba contenta de estar viviendo esa situación; Rusia no paraba de visitarla para decir lo orgullosa que se sentía de ella. Bielorrusia estaba pletórica y feliz, a pesar que después de tanto tiempo rusificando el territorio las circunstancias la habían vuelto inestable.

–Parece que le gusta estar aquí pero a ti no te aguanta. –Polonia se ofreció a vendarle los dedos de nuevo y no lo hacía con mucho cuidado. Tampoco parecía importarle.

–Yo no sé qué quiere, incluso le he dado la capitalidad a Minsk. Pensé que esto al final podía beneficiarme, pero me está dando más dolores de cabeza que otra cosa. – Lituania miraba sus dedos destrozados y Polonia ponía los ojos en blanco.

Esa unión no duró más que unos meses y Lituania se sintió libre cuando terminó, porque Bielorrusia volvió corriendo al lado de su "hermana mayor". Arregló la casa, tiró el mobiliario roto que no tenía solución y durmió de un tirón durante horas una vez que se acostó en el sofá y se relajó, dando la bienvenida de nuevo a la tranquilidad y la monotonía.

oOo

Historia taim!

- Adam Mickiewicz es conocido por todo el fandom lietpol. Fue un poeta Polaco, nacido en territorio bielorruso, muy famoso por su poema Pan Tadeuz. Este poema se hizo famoso precisamente por ser una vía de escape a la opresión y dar ánimos para salir de aquella situación de opresión. Empieza con la frase "Oh, Lituania, mi país".

- Siempre ha habido muchas paranoias con los cambios de siglo, milenio y determinadas fechas, de hecho ahora mismo tenemos el ejemplo con el calendario Maya y el fin del mundo en 2012. He querido jugar con eso mismo para el año 1900, y el miedo de Livonia a desaparecer. Y creo que Estonia es de esos que las matan callando y todo el mundo le toma en serio aunque hable de tonterías.

- Livonia desapareció y los territorios fueron repartidos entre Estonia y Letonia, más o menos. La mayor parte se lo quedó Letonia. Se dice que la última persona que sabía livonio murió hace poco, así que ahora es una lengua perdida. Bebía de las mismas raíces que el letón y el lituano.

- La gran guerra que se desarrolla en este capítulo es la Primera Guerra Mundial. Empezó con el asesinato del heredero del imperio Austro-Húngaro a manos de un radical serbio que se oponía al régimen. Esto se consideró como la peor de las provocaciones, y Austria declaró la guerra a Serbia. Los demás países vieron una oportunidad estupenda para expandir territorios bajo la excusa de querer enmendar todos los errores. Esta guerra y sus consecuencias con el castigo a Alemania por perderla llevarían a la Segunda Guerra Mundial.

Muchos países se independizaron y Polonia reapareció en los mapas.

- Sobre la breve unión de meses entre Lituania y Bielorrusia, irónicamente y a pesar de lo que todo el mundo puede pensar gracias a hetalia, los lituanos no tenían ganas de formar algo así al poco de recuperar la independencia. Y los bielorrusos en cambio, estaban felices.

Si quería hacer esto un poco más hetaliano, he dejado lo que dicen los libros de historia pero que Bielorrusia no aguanta a Lituania por su carácter. Desde luego la unión beneficiaba mucho a Bielorrusia.

- El palacio Wilanow es un precioso edificio que se puede visitar en Varsovia y que recomiendo si vais alguna vez a esa ciudad. De hecho, tiene un museo sobre la época en la que se construyó y todos los años posteriores a las particiones.

- El 16 de febrero de 1918 es la fecha de la primera independencia de Lituania.

- De aquella la Unión Soviética constaba de varios territorios, entre los que se encuentra Bielorrusia y Ucrania. Empezaron con sus ideales comunistas en cuanto se deshicieron de los Romanov.

Rusia, el personaje que he presentado, es la parte mentalmente inestable que tanto le gusta mostrar al fandom, y no es para menos. El gobierno tenía muchas ganas de expansión y de control total en la gente y eso se debe reflejar en el personaje. Creo que aunque las ideas de un gobierno no suelen representar en muchas ocasiones a la totalidad del país, en este caso era interesante hacer una excepción.

- Polonia resurgió como un nuevo estado, pero el jefe de estado, un polaco nacido en Lituania llamado Piłsudski, quería formar de nuevo la mancomunidad. Los lituanos no estaban de acuerdo con ello y eso traería consecuencias desastrosas.


Y eso es todo. Como siempre, muchas gracias por leer e interesaros, y a Alega y Mireyan que me están ayudando un montón con el fic.

Siento la falta de actualizaciones, pero aunque el la historia está completamente escrita, necesita un beteo intensivo y quiero que este fic tenga los menores fallos posibles. Cualquier duda y sugerencia serán tomadas en cuenta :D