Tres veces

La tercera vez

Desde 1945 hasta 2010

Era normal que Rusia tuviera ataques de ira y todos empezaban igual. Primero se la oía chillar, luego tiraba la taza de té, acto seguido la vajilla. Lituania y Estonia esperaban pacientemente a que todo el espectáculo acabara, y una vez los ruidos cesaban, se atrevían a entrar en el cuarto, Estonia recogiendo con cuidado todo lo que había roto por el suelo, Lituania llevándose a la chica, que siempre quedaba agotada después de su ataque de ira.

En el año 45, Rusia estaba feliz por estar con todos ellos, encima cada vez ganaba más territorios y tenía una gran influencia entre sus vecinos. Encontraron a alguien igual físicamente a Prusia en el 49, un niño descarado que se hacía llamar República Democrática Alemana. Su caso era un tanto especial, ya que tenía un hermano gemelo mellizo del que fue separado, una nueva Alemania, la Federal, también igual físicamente a aquella Alemania que siguió a Hitler hacia su destrucción. Crearon un muro entre los dos, que simbólicamente también partía Europa por la mitad. Hungría se quedó en el lado controlado por la Unión Soviética y junto con Rumania se hicieron cargo del niño a pesar de sus múltiples diferencias.

La casa de la Unión Soviética era enorme, la más grande que jamás alguien hubiera conocido. Dentro vivían ellos, llamados ahora Repúblicas Soviéticas y fuera, en sus propios terrenos, los estados teóricamente independientes, pero que en realidad dependían de los gobiernos títere que Rusia les estaba "recomendando". Todos estaban débiles y cansados, no se sentían con ganas de luchar, aceptando aquella imposición como parte de su destino. Además, parecía que estaban trabajando para poder hacer la vida de su gente más cómoda sin ningún otro tipo de aspiración. Rusia tenía razón, esto iba a ser distinto, por lo menos en apariencia.

Lituania no quería ser soviético, pero como todo lo que estaba haciendo últimamente, tenía que aguantarse y tragar mientras cogía las fuerzas suficientes como para volver a intentar ganar la independencia.

Un día, después de arreglar todo el desaguisado después de uno de los acostumbrados ataques de ira de Rusia, se encontró con Ucrania y Bielorrusia, cuchicheando en la segunda planta de la mansión dónde vivían.

–¿Sabéis que ha pasado esta vez? –preguntó el chico–. De estar contentísima por tenernos a todos en la misma casa ha pasado a estar así casi a diario desde hace meses y cada vez va a peor.

Ucrania miró a ambos lados, Bielorrusia se dio la vuelta y desapareció por el pasillo hacia su cuarto, como si no quisiera oírlo.

–Le han dado a Polonia.

Lituania no cambió la expresión, se había olvidado de él. Le era indiferente, a pesar del apoyo mostrado al poco de terminar la guerra.

–Les ha costado ¿no? –suspiró–. ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿8 años? Hay territorio y siguen hablando Polaco. La vida está volviendo a ese país.

–No sé qué ha ocurrido realmente, Lituania, pero parece ser que no ha sido como ella esperaba y no lo entiendo, deseaba a ese país con toda su alma. Ese cambio me resulta muy extraño, hace un año que le dieron la tutela y no hemos oído de ello hasta ahora.

Lituania frunció el ceño.

–Hace más o menos ese tiempo que empezó con sus ataques de ira.

–Ella le amaba –susurró Ucrania.

–Pues menos mal que ese Polonia ha muerto, si no estaríamos todos perdidos. Quería expandirse y le daba igual todo lo demás. Estamos mejor sin él.

Poco tiempo había pasado desde la invasión de Vilnius, y aún acumulaba mucha decepción y tristeza. Ucrania bajó la mirada como siempre solía hacer en estas situaciones, y sin decir nada, siguió los pasos de su otra hermana.

Letonia se encargaba del jardín, muy a su pesar. El clima no era bueno para ciertas plantas y Rusia estaba emperrada en hacer crecer girasoles en ese terreno o transplantar de los que había en el invernadero. Nunca conseguían agarrar bien, las pobres semillas terminaban heladas bajo la tierra, mientras que otras plantas que habían tenido la dudosa suerte de germinar, morían por culpa de la escarcha.

Pocas veces salía el sol y, cuando lo hacía, todos iban corriendo al jardín para aprovecharlo.

Alguna vez veían a Rumania que se pasaba de visita, o a Checoslovaquia, que estaba más interesado en hacer pintadas en las paredes que en saludar a sus vecinos.

–Es la guerra –decía –. Vosotros conformaos con lo que tenéis, pero yo pienso salir de aquí.

La RDA, o Este, como le gustaba llamarse, era un chico muy apuesto que disfrutaba llevándose bien con todos. Tenía mucho carisma y en cierto modo resultaba adorable cuando intentaba ser más adulto y fallaba en el intento. Aparentaba unos dieciséis años, conservaba su pelo blanco y los ojos rojizos típicos de un albino. Seguía echando mucho de menos a su hermano, separado de él por una enorme frontera de metal y piedra.

Pero la vida no era tan terrible.

La gente tenía educación y empleo, una casa, muebles y, con suerte, una radio. Costaba conseguir un coche, pero podían comprarlo aunque fuera a base de mucho esfuerzo. Por lo menos la vida se daba con comodidades mínimas y, después de tanto tiempo en guerra, vivir tranquilamente era un lujo. Por supuesto, Lituania aún añoraba ser independiente y había gente que estaba trabajando en ello pero no sentía que fuera algo que tuviera que conseguir ya. Además, quería pensárselo muy bien viendo lo mal que le fue en el pasado, no sería tan malo tener un plan trazado.

De momento no quería que fuera inminente.

Aquel día era soleado y, aunque hacía frío, al no haber viento se podía estar afuera jugando con los demás. Lituania se colocó la bufanda un poco mejor y se alejó del resto para recoger un pobre girasol que no había sobrevivido mucho fuera del invernadero.

–Perdone, buscaba a la señorita Erzébet. Vine con ella y me he perdido en esta mansión tan grande.

Lituania no reconoció la voz, posiblemente fuera una asistente humana de Hungría ya que se dirigía a ella por su nombre humano.

–Creo que está dentro, si quiere puedo acompañarla. –Se incorporó y giró para encontrarse con el origen de los enfados de Rusia:

Polonia.

Era una mujer.

No debía tener más de quince años y físicamente era igual: el mismo tono de pelo (lacio, por debajo de los hombros), los mismos ojos... quizás la nariz un poco más fina, la cara algo más redonda. Mucho más bajita, era delgada, y la falda de tubo del uniforme no dejaba ver que tuviera mucha cadera.

Era preciosa. ¿El primer Polonia, también mujer, era así también?

No le extrañaba lo más mínimo el enfado de su jefa. Se preguntó hasta qué punto era importante para Rusia el género de Polonia, cuando a Lituania lo único que le importaba era buscar coincidencias psicológicas y físicas con el chico del que se enamoró.

–Me has dado un repaso con la vista, deberías ser menos descarado –comentó ella como quien habla del tiempo, mirándole directamente a los ojos, acción que Feliks nunca hubiera hecho en un primer contacto.

Y volvíamos a lo de siempre. Otra vez a mentalizarse y no hacerse ilusiones. Lituania mantuvo la mirada y le ofreció la mano.

–Soy la República Socialista Soviética de Lituania. –Ella le miró sonriente.

–Yo soy Polonia.

–Lo sé.

Ella apretó su mano con energía, con una sonrisa mucho más grande si cabe.

–¿Me parezco a él?

–¿Sinceramente? Espero que no.

–Algo me han comentado. De los tres Polonia, además. El primero era una chica como yo y el último se pasaba de prepotencia.

–¿Te han contado algo del segundo Polonia? –preguntó Lituania. Ella notó el interés.

–Que puedo confirmar que los rumores son ciertos. Erzébet me dijo que erais muy buenos amigos. ¿Lo echas de menos?

No quería contestar pero la respuesta era demasiado evidente.

–Por cierto, gracias –dijo él cambiando de tema, ya harto de ser la comidilla de toda nación nueva que aparecía–. Por reconocer mi independencia y devolverme Vilnius.

–No hay que darlas. No quería volver a cometer los mismos errores, mis jefes dijeron que era lo mejor para volver a comenzar de nuevo. Además... ¿sabes que se conservan retratos tuyos en el palacio de Wilanow?

–Polonia, deja al pobre Lituania en paz. –Hungría salvó el día. Se dirigió a ellos con paso rápido, separándolos un poco–. Ve al coche, nos tenemos que ir ya.

Polonia no replicó, así que obedientemente se dio media vuelta después de mirar a Lituania de arriba a abajo y salió corriendo hacia el coche. Hungría suspiró.

–Quería habértela presentado antes. Esa chiquilla es un caso y una descarada, tiene un pavo encima que no se puede aguantar. ¿Has visto cómo te ha mirado?

–Lo mismo he hecho yo con ella. ¡No me pongas esa cara! Es una versión femenina de Polonia y es la primera vez que la veo.

–¿Nunca la habías visto antes? A la primera Polonia –Lituania negó con la cabeza y Hungría prosiguió:–. Era exactamente igual físicamente, pero mucho más prudente en las formas, y mejor educada con diferencia. Esta niña de la que me tengo que encargar no piensa más que en chicos guapos. No puedo esperar a que vuelva a crecer y así se le quite la tontería de encima, así que ya sabes, las manos quietas que la carne es débil.

–Hungría, yo no voy a hacer nada con ella, es una cría. Y no es Polonia.

–Lo es.

–Sabes a lo que me refiero.

–Sí que lo sé. Pero no me fío de vosotros. Ella es joven, bonita, un poco idiota y está rodeada de lobos. Hasta dentro de unos años no la voy a dejar a solas con ninguna nación, ¿entendido?

Su postura amenazante era suficiente motivo como para hacerle caso y no volver a acercarse a Polonia nunca más.

Por lo menos Lituania no volvió a verla en una temporada bastante larga.

No era un secreto, América y la Unión Soviética se llevaban fatal. La primera se negaba a aceptar todas las exigencias de la otra, empezando por desconocer la anexión de Lituania y terminando por amenazar con hacer misiles más grandes.

Rusia, a la cabeza de la Unión Soviética, no se quedaba atrás. Y empezó a crear cohetes y naves y a entrenar pilotos y animales para poder conquistar el espacio.

–Mírales, si parecen crías compitiendo por ver quien tiene el mejor juguete.

Letonia miraba temeroso a quien había hecho ese comentario. El culpable, Estonia, se levantó las gafas apoyando el índice en el puente y carraspeó antes de seguir despellejando.

–No lo niegues, están enfrascadas en el juego de "y yo más". Al final nos van a matar a todos.

Pero en el resto del mundo se seguía haciendo una vida normal, al margen de aquellas chiquilladas.

Lituania se preguntaba si tenía cara de secretario, porque era siempre a él a quien elegían para tomar apuntes y acompañar en viajes. En el siguiente curiosamente fue acompañado por todos los que vivían en la Unión Soviética, extrañados por lo que estaba pasando.

Iban a Polonia.

Varsovia estaba diferente a como la había conocido. Paseándose por el centro, casi no reconocía las calles y se notaba que en otras había empezado la reconstrucción. Se la veía rota, pero levantándose poco a poco, orgullosa como el país. Desde luego hasta ese momento no pudo imaginarse lo que fue la guerra en ese país diez años antes.

Era mayo, el tiempo era agradable y Varsovia, aún así, era hermosa. Llegaron a la sala de conferencias y esperaron pacientemente en otra salita, más pequeña y confortable, a que la reunión diera lugar.

Ahí encontraron a Hungría, Rumania y Este, al que Hungría seguía llamando Prusia a pesar de todo, porque su nombre era muy feo y complicado. El chico ya no era tal, había crecido bastante, parecía ser incluso mayor que Lituania.

–Los demás están tomándose un café –informó –. ¿Habéis venido todos? Creía que solo con la gorda narigona era suficiente.

–¿Tú quieres que nos encierren o que? –le escupió Rumania. Este se encogió de hombros–. Un pacto para ayudarnos mutuamente... suena falso. No quiero saber qué va a salir de esto.

Estonia se apoyó en el brazo de uno de los sofás.

–Posiblemente sea una manera de mantenernos dentro del redil. Bueno, con nosotros no hay problema porque ya estamos dentro. Pero vosotros... sois peligrosos si un día queréis independizaros.

Alguien entró sin llamar y todos se dieron la vuelta para ver quien era.

–¿Qué pasa aquí? Parece que habéis visto un fantasma –comentó Polonia cerrando la puerta tras de sí. Había crecido, parecía más alta y ya no tenía ese cuerpo de niña de hacía unos años.

–Por lo menos tú eres más guapa, ven aquí, anda –sonrió el albino nada más verla y ella le hizo caso, poniéndose a su lado. Hungría puso los ojos en blanco y se dirigió a Lituania, que estaba justo en el otro lado de la sala.

–Madre de Dios, tenía que haber dejado que te la beneficiaras ese día, Lituania –le susurró, llevándole aparte mientras los otros hablaban.

–¡Yo no me la quería beneficiar! Y era muy pequeña –le contestó él, sonrojado, mirando de soslayo a la muchacha que se apoyaba con familiaridad en el otro hombre.

–Ahora parece que tiene tu edad, así que ve a por ella, campeón.

Lituania tuvo una revelación, en cuanto Hungría le golpeó en el hombro como si fuera un gran colega de birras.

–¡Estás celosa!

–¡No lo estoy!

–¡Cómo que no! ¡Y tú eres una de los que me chillan cuando pienso más de la cuenta en Polonia, diciéndome que no me haga ilusiones! ¡Estás haciendo lo mismo! ¡A Este aún le llamas Prusia, por el amor de Dios!

–Shhh, baja la voz.

Lituania se quedó callado de pronto, con una expresión en el rostro de absoluto fastidio. Hungría se lo llevó a rastras a la esquina más alejada del cuarto, esperando tener algo más de intimidad.

–Ahora hablando en serio, Polonia es buena chica. Es alegre, atenta y muy guapa y ya no tiene la cabeza tan en las nubes, a Dios doy gracias. Por cierto, ¿hace cuanto que no te has dado un buen revolcón?

–No pienso hablar de estos temas –intentó zanjar el muchacho.

–Eres muy guapo y el uniforme te queda genial. Una sonrisa, un par de flores y la tienes en el bote.

–No, gracias. Si te molesta verla con el otro es tu problema, no el mío. Además, ella no me gusta. Fin del asunto.

La dejó con la palabra en la boca, y se dirigió donde estaban los demás justo a tiempo de ver entrar a Rusia.

–Solo quiero a mi secretario y a cada una de las repúblicas del pueblo. El resto puede quedarse aquí.

Salieron de la sala para meterse en otra de reuniones mucho más grande donde estaban todos los jefes de las naciones que se habían presentado. Estaban ocupados, mirando papeles, firmando documentos, aclarando los puntos más controvertidos de los mismos. Y estos eran demasiados. El miedo de Lituania era muy evidente y los estados satélites lo compartían. Eso era una trampa, una trampa que podría ser terrible.

Se firmó el llamado "Pacto de Varsovia" mediante el cual, todos los estados de acuerdo con él se comprometían a ayudarse los unos a los otros, con una doble intención que Hungría comprobaría un año más tarde, cuando durante una revuelta los demás fueron instados a atacarla "para asegurar la paz".

Estaban atrapados.

Hungría no tardó en recuperarse, pero el ataque dejó huellas en todos ellos. Se oían rumores, cuchicheos que se propagaban por todo el territorio. Rusia estaba descontenta con todo aquello y Lituania, sabiendo por dónde iban los tiros, intentó ponerse en contacto con su antigua jefa y amiga para que les ayudaran, con poco éxito, aunque las veces que pudo hacerlo tuvo una respuesta positiva.

No podía dejar que la situación acabara con ellos. En cualquier momento podrían ser atacados, u obligados a atacar a sus amigos, por mucha tranquilidad que hubiera en la superficie. América lo sabía de sobra, y tenía varios planes fantabulosos, hasta el día en que mataron a su jefe, durante un desfile. La cara de Rusia no podía ser de mayor satisfacción.

–América ha muerto, aunque no tardarán en sustituirlo. Da igual, a lo mejor el nuevo es más flojo y estúpido, si eso es posible.

Lituania se encerró en su cuarto para que nadie le viera, sin creer lo que estaba pasando. No quería lidiar con la muerte de uno de los pocos que le conocían de siempre y tener que volver a empezar.

Como con Polonia.

Ésta parecía estar afectada también. América le prometió protección ante cualquier posible abuso, era la niña mimada de la OTAN gracias a ser el país más perjudicado por la anterior guerra. ¿Eso cambiaría para siempre el tipo de política que estaban llevando? ¿Hasta qué punto podía afectarles? Esa noche el muchacho durmió mal, entre pesadillas producidas por la angustia de todos esos pensamientos. Pero por lo menos en los meses siguientes todo se mantuvo más tranquilo de lo que pensaba.

Al año, el partido comunista de Polonia hizo una gran fiesta para conmemorar el día nacional. Noviembre era un mes demasiado frío, así que todo se desarrolló dentro del edificio presidencial, en un acto sencillo, como entre amigos, dejando a sus jefes a un lado en actos oficiales. Por lo menos estaban tranquilos y más o menos podían hablar con libertad ya que toda la vigilancia se centraba en otros, por si había otro loco que quisiera "pasar a la historia" cometiendo un magnicidio.

A Lituania no le gustaban las fiestas. Realmente nunca le habían gustado a no ser que tomara un par de copas, entonces ya se animaba un poco más, pero tampoco era el alma del lugar, prefería estar sentado en una esquina, hablando tranquilamente y viendo pasar a la gente. Esta ocasión no iba a ser diferente, así que se dirigió a la zona de bebidas para tomar algo, aunque no conseguía decidirse ya que cualquier opción parecía tener bastante alcohol. Al final se decidió por un ponche de frutas.

–Espero que la fiesta sea de tu gusto. -La voz clara y dulce de Polonia le hizo regresar a la tierra. Y cuando se dio la vuelta dio gracias a que sus jefes les tenían prohibido a las naciones femeninas ir vestidas como las mujeres de los países capitalistas, porque aún con aquel sobrio uniforme oscuro, ella estaba muy bonita.

Malditas hormonas.

–Lo es –dijo, tomando un sorbo del ponche–. Muy austero, pero hace siglos que dejaron de gustarme las fiestas.

Aquellas fiestas en las que él arrastraba a su Polonia a bailar a los jardines para tener intimidad con él, cuando tomaba alcohol de más y se sentía con ganas de hacer algo divertido, haciendo morir de la vergüenza al otro chico. Esos tiempos que no volverán.

–Parece que no ha habido momentos para celebrar. Y es una pena que no pueda recordar nada antes de todo esto, pero todo el mundo habla de lo maravilloso que fue. ¿No sería hermoso que todo volviera a como era antes? A cuando erais felices.

–No puedo volver a esa época tan fácilmente. Además a ti te daría igual, tú no conoces otra cosa más que estos últimos años, solo hechos de los pasados. No puedes comparar, como hacemos nosotros.

–Pero viendo lo desgraciados que sois, quiero saber lo que es la verdadera felicidad.

–Es muy relativo –Lituania sentía cómo el ponche se le estaba subiendo a la cabeza y la lengua se le estaba soltando–. La felicidad verdadera es distinta dependiendo de con quien hables.

–¿Y cuál es la tuya? –preguntó, poniéndose delante de él, tapándole la visión del ponche. Lituania frunció un poco el ceño, pero la respuesta le vino muy rápido a los labios.

–Ser independiente. Y que tú no existieras. –Esa respuesta creó un silencio incomodísimo entre los dos. Ella bajó la cabeza y él se la acarició con cuidado. Su pelo era igual al de su Polonia, rubio, fino y lacio, tan perfecto que dolía en el alma–. No es por ti, solo que tú no te pareces a él. Eres demasiado abierta, muy insolente. Tu sonrisa no es la misma, ni tu forma de moverte.

–Pero soy una mujer, podrías acostarte conmigo y nadie te juzgaría. De hecho este es mi palacio, sé dónde podemos estar sin que nadie nos moleste –añadió bajando la voz con picardía. Era evidente que quería tomar ventaja de la situación de alguna manera y que a pesar de la insinuación no estaba dispuesta a pasar a mayores.

–Pero tú no eres él. Yo no sería feliz.

Ella soltó una carcajada.

–Yo tampoco. No estás mal, pero no eres mi tipo. Y mi religión me lo prohíbe, desgraciadamente por ser mujer esperan cosas de mí que tengo que acatar sin chistar. Y acostarme con otros sin haberme casado antes sería una deshonra para ellos.

–¿Y porqué me ofreces sexo tan fácilmente?

–Las palabras son palabras y ya. Por eso mis jefes y la iglesia no me van a mirar mal, solo tengo que recitar un par de Padres Nuestros para mantenerlos contentos, además, en esta sociedad machista que me ha tocado vivir las cosas son más fáciles cuando eres así. Sí, mucho comunismo y mucha igualdad, mucha religión en la parte que me toca, pero al final pueden más dos tetas que dos carretas, ¿no crees?

Lituania se sonrió y tomo otro sorbo del ponche.

–Quizás Hungría tenga razón.

–¿Y necesites un polvo?

–¿De qué habláis vosotras? Me creía que ese tipo de conversaciones eran típicas de tipos duros con pelo en el pecho y un ancla tatuada en el hombro.

Polonia rió, el otro la miró bastante avergonzado.

–Creo que mi verdadera felicidad la encontraré cuando sea independiente y pueda formar una alianza con ese torpe de ahí –dijo señalando al alborotador Este, que no paraba de hacer bromas soeces con Bulgaria–. ¿Tu estás con nosotros?

–¿Perdona? –preguntó Lituania sin entender.

–Que si estás con nosotros. Ya sabes.

La forma de guiñarle el ojo daba a entender el verdadero significado de esa frase y que toda esa conversación era una forma simple de llamar su atención y nada más. Lituania, con un porcentaje de alcohol bastante elevado en la sangre, asintió con la cabeza, pensando en aquella posibilidad de poder empezar de nuevo.


Sobre las notas historicas, son temas mucho más modernos que os sonará sin duda.

La Guerra Fría se desarrolló entre la Unión Soviética y Estados Unidos. No fue en realidad una guerra sangrienta, pero en cierto momento se compitió más por ver quien ganaba en armamento y en carrera espacial. Siempre he pensado que esto, más que tensión sexual, era una pelea de chiquillos para ver quien tiene el juguete más grande.

Con la Guerra Fría se formaron dos bandos. Uno el de la OTAN, el otro el Pacto de Varsovia. En teoría esto servía para defenderse de los posibles ataques de los otros, pero en el caso del Pacto de Varsovia se usaba el ejército para oprimir a los países miembros. Hungría fue atacada siguiendo este procedimiento, y Polonia más adelante estuvo asediada por los países miembros en el año 81.

En la Unión Soviética existían los países miembros y los países satélites. Los miembros que aparecen en Hetalia son Rusia, Ucrania, Bielorusia, Estonia, Letonia y Lituania. Los Satélites que aparecen en Hetalia son Hungría, Polonia, Alemania del Este, Bulgaria y Rumanía (Es curioso pero normalmente en el fandom a Hungría se la aparta como país satélite). He hecho que los miembros vivan en la misma casa y los satélites fuera.

Terminando el tocho, muchas gracias por seguir leyendo y sobre todo, por todos los reviews y seguimientos a pesar de lo lento que este fic está actualizando. La tinta de escritora la tiene Alega, que es el alma cándida que me corrige las faltas y Mireyan, quien se leyó la historia hace más de un año y me animó a publicarla.

Respondiendo a Twinotakus, y creo que esto es útil para el resto de lectores y por eso no respondo en privado, esta historia es un Universo Alternativo, así que tengo plena libertad para hacer lo que quiera. En este caso las naciones nacen y mueren y me parecía interesante que las encarnaciones no fueran exactamente iguales, incluso en el género. De hecho esa es la base más importante de este fic y por eso lo estoy escribiendo ;D

Cualquier comentario es bienvenido y recibo con amor los jamones ibéricos.