Unos años más tarde decidió hacer caso a Hungría en cuanto a sus relaciones sexuales se trataba. Y parecía que le había dado el mismo consejo a Bielorrusia, por lo que pudo recordar de aquella primera noche.

El comienzo se ha difuminado en su memoria. Primero le ayudó a llevar el carrito de la comida a la habitación de Rusia y lo siguiente que recordaba era ella empujándole hacia su cama, para después sentarse a horcajadas encima de él.

Ni un beso, ni una palabra de cariño, ni nada.

No había sido tan terrible después de todo. Bielorrusia era guapísima y no tenía nada que ver con Polonia, así que no tenía que preocuparse por pensar más de lo normal durante el sexo. Solo al final, cuando se sentaba en la cama mientras observaba cómo la otra se vestía con rapidez para volver a su cuarto, le reconcomían las dudas.

–¿Por qué te acuestas conmigo si parece que no me aguantas?

–Eres la única persona con pene de esta casa que no me hace sentir como una pederasta en celo. Y tápate esas cicatrices que tienes, dan asco. La próxima vez déjate la camisa puesta.

La próxima vez, decía. Siempre había una próxima vez y, cuanto más tiempo pasaban juntos, más vacíos se sentían.

Un día escuchó de Estonia que le oyó decir a Ucrania que Bielorrusia estaba enamorada de Rusia desde que la liberó de su encierro, pero ésta era mujer y no podía satisfacerla como quería. Mientras la seguía por todas partes, se acostaba con Lituania maldiciendo su mala suerte. Los dos estaban haciendo lo mismo: buscarse un sustituto de lo que no podían tener. Bielorrusia se odiaba a sí misma tanto como lo estaba haciendo Lituania y vivir una relación a base de remordimientos y frustraciones no era lo mejor que les podía suceder.

Polonia no era tan voluptuosa, pero tenía su encanto. Su novio, al que todo el mundo llamaba "Este", era un tipo afortunado. En las reuniones siempre estaban juntos y se notaba una química especial entre ellos. Hungría parecía ya hecha a la idea, y volvía a hablarse con su ex-marido, aunque Lituania creía que era más la emoción de no poder estar con él que las ganas de volver a tener una relación seria, ya que Hungría no había salido muy bien parada al final de su matrimonio y pocas ganas tenía de repetirlo.

No entendía a las mujeres, pero tampoco le ponía mucho esfuerzo para hacerlo.

Al final, Bielorrusia se tiraba en la cama como si fuera un saco de patatas, con los pensamientos en otra parte, así que por consiguiente a él le empezó a pasar lo mismo. Por desgracia el cuerpo de una mujer tiene bastantes diferencias con el de un hombre, y la imagen que le venía en mente mientras se acostaban no era la que él quería. Intentaba no tocarla, pero tenía la sensación de estar con una muñeca imposible de satisfacer.

No era justo.

Hungría lo sabía, y tanto que lo sabía. Lituania no tenía idea de cómo esa mujer era capaz de enterarse de todos los chismes acontecidos en ese lado del telón de acero, como si fuera una gaceta andante, el radio-patio del comunismo europeo.

–Si el sexo con Bielorrusia es tan insatisfactorio, podrías haberte hecho un favor hace un tiempo y haberte acostado con Polonia.

–Polonia ya me dijo que tenía que seguir virgen hasta el matrimonio ya que eso es lo que sus jefes esperan de ella. Aparte de mentir, yo no creo que acostarme con ella hubiera sido una solución u otra excusa más para comerme la cabeza con mis problemas.

Hungría se carcajeó.

–Esa niña dejó de ser virgen hace muchísimo tiempo, Lituania, por supuesto que miente. Si hasta ella me lo dijo, que se ofreció a hacerte un buen favor y le dijiste que no. Luego a la hora de la verdad no hace nada, quiere demasiado a Prusia como para engañarle, aunque sabe bien cómo conseguir las cosas diciendo las palabras adecuadas.

–No es Prusia, es Alemania del Este –corrigió–. ¿Y eso no es ser un poco ligera de cascos?

–¿Cómo te crees que conseguí casarme con Austria? Aunque no me esforcé mucho y él ya me gustaba de antes, así que no cuenta. Por desgracia el mundo es machista y hasta que nos dejéis un poco de espacio, solo nos queda usar la mejor arma que tenemos, porque si os ofrecemos nuestras buenas ideas sin ser retorcidas luego vais vosotros y os quedáis con todo el mérito, como siempre. Además, pensaba que Polonia iba a tener más problemas, pero parece que sabe distinguir bien lo que le conviene y lo que no y tiene la cabeza en su sitio –dijo muy seria–. Pero yendo al grano, la cosa es que esa niña es muy valiente y no teme al gobierno comunista. Pero a la vez es caprichosa porque sigue siendo la mimada de América. ¿Has visto cómo la trata? Es una excusa mas para mantener eso que llaman "la guerra fría", ya que si nos mandan invadir Polonia, habrá guerra entre los dos bloques. Por nosotros en la misma situación la OTAN no movería ni un dedo, pero lo bueno es que ella va a aprovechar esta circunstancia por todos.

–¿Os estáis moviendo ya?

–Claro. Tú deberías hacer lo mismo. Podremos tardar mucho tiempo, pero necesitamos cambiar ya.

Pero la rutina de Lituania no cambió mucho. Se levantaba, ayudaba a hacer el desayuno y la comida, se iba al despacho a leer y firmar tratados, comía, volvía a firmar papeles, cenaba, Bielorrusia entraba en su cuarto, se dormía y vuelta a empezar. De vez en cuando alguien les visitaba, pero no era un suceso normal.

Este le caía mejor que Prusia, por lo menos. Y no le importaba decir lo que pensaba, aunque la jefa le mirara con esa cara de odio profundo y le mandara fuera a patadas. Aún así era otro niño mimado y parte del club de los intocables. Si Rusia quería que la guerra fría siguiera siendo una guerra de gallos, mas le valía seguir como hasta ese momento.

Checoslovaquia quiso arriesgarse antes de tiempo, pero le salió mal.


1968 fue el año de las revoluciones en Europa. Todo el mundo hablaba de paz, libertad de expresión, liberación de la mujer... y en Praga solo hubo desgracias. Lituania presenció cómo, cuando se suponían aliados, obligados a ayudarse mutuamente, otra vez debían atacar a un compañero

Polonia no quería participar pero no tuvo más remedio que hacerlo.

Por desgracia, no parecía que pudieran ver la luz. Había espías entre su gente y cualquier cosa era sabida antes por Rusia que por el resto. Bielorrusia empezó a plantearse también la independencia y Ucrania ya empezaba a movilizarse.

Unos años mas tarde nació Solidaridad.

Ajeno al partido comunista, era un sindicato pacífico originado en Polonia del cual ella estaba muy orgullosa, y que iban consiguiendo grandes cosas. Polonia se esforzaba todo cuanto podía, porque le habían asegurado unas elecciones democráticas al final de la guerra y ya era hora de ver cumplidas sus promesas. Cuando más tiempo pasaba, menos podían hacer en Moscú para parar aquel movimiento, aunque fuera una necesidad detenerlo porque hacía tambalear su poder, les amenazaba la derrota. Casi toda la población adulta de Polonia se afilió a Solidaridad y, poco a poco, podrían zafarse de la situación política que había tomado las riendas de sus vidas.

Era peligroso, pero no les importaba. Se sentían valientes, primero haciendo pequeñas cosas y, luego, aumentando el número de reuniones o de periódicos clandestinos, porque si seguían así, algún día conseguirían ser libres.

Letonia temblaba mucho más de lo normal, estaba siendo rusificado de tal manera que apenas recordaba su propio idioma, aunque intentaba mantenerlo vivo entre su gente. Lituania y Estonia eran más fuertes en ese aspecto y le ayudaban en todo lo que podían hablándole en letón cuando nadie más miraba.

Aumentó el precio de la comida y la gente estaba hambrienta.

En 1980 Polonia fue más lejos. Una huelga de ferrocarril taponó una importante vía hacia Moscú. La Unión Soviética no estaba contenta con eso, ni con los mineros ni con... toda la sociedad polaca, para ser sinceros. Lituania supo que se estaban haciendo llamadas secretas al jefe de Polonia tramando algo grande y eso lo confirmó cuando poco tiempo más tarde recibió un mensaje de madrugada y tuvo que presentarse en la frontera con Polonia, donde vio a Checoslovaquia, Este, Hungría y Rumania que habían llevado tanques, dispuestos a atacar en cuanto les dieran la orden.

–América no está de acuerdo con esto –comentó Este–. Ya están haciendo llamadas, amenazando con echar a la OTAN encima de nosotros si entramos a la fuerza.

–Yo no sé qué piensan hacer si cumplen con la amenaza. Esto es una locura –le contestó Rumania, cruzado de brazos.

Casi no hablaron durante horas, mirando la frontera con miedo. Las horas se convirtieron en días, Lituania fue relevado primero por Estonia, luego éste fue relevado por Ucrania. Cuando regresó, un par de semanas más tarde, todo seguía igual. Bielorrusia le relevó esta vez.

En diciembre de 1981 retiraron los tanques y el resto de efectivos y la Unión Soviética regresó a casa con una invitada, manejándola de tal manera que parecía estar a punto de romperla en pedazos pequeños. Pero Polonia era mucho más fuerte y testaruda de lo que cualquiera podía imaginar.

–Te quedas con nosotros una temporada, a ver si ahora tienes ganas de jugar a ser independiente.

–¡Devuélveme a mi gente, zorra!

–Ucrania te acompañará a tu cuarto, vas a saber lo que es estar bajo una ley marcial. Te racionaremos la comida y no vas a poder salir hasta que a mí me dé la santa gana, ¿estamos?

Ucrania se acercó con cuidado a Polonia, cogiéndola con delicadeza de las manos. Ésta pareció tranquilizarse y la siguió por las escaleras con la cabeza muy alta y esa actitud desafiante de la que hacía gala últimamente sin ningún tipo de complejos.

–Y suerte tiene la muy puta, no podemos invadirla. Aún no.

Polonia se alojó en un cuarto cómodo, aunque sin lujos. Tenían órdenes de darle de comer tres veces al día pero no debían hablar con ella. Lituania era el que se levantaba mas pronto de todos, así que era el encargado de darle el desayuno. Entraba en el cuarto, la zarandeaba un poquito para despertarla, ya que a la media hora tenía que recoger su plato hubiera comido o no. Polonia nunca perdía la sonrisa, o por lo menos no cuando él la veía.

–¿Sabes algo de Ernest? –Lituania la miró sin entender–. Quiero decir, Este. Ese es su nombre humano.

Lituania negó con la cabeza, a la vez que dejaba la bandeja encima de la mesa. Tenía que vigilar también que comiera, no fuera a hacer alguna locura con la bandeja o los cubiertos.

–Le echo tanto de menos... Por cierto, no te he dicho cómo me llamo yo. Mi madre me puso Janina, como una tía abuela mía. ¿Cómo te llamas tú? ¿O eres tan mayor que no lo recuerdas?

Lituania la miró y con los labios le dijo su nombre. Ella rió.

–Acércate que no puedo verlo bien.

Éste se puso más cerca y formó las sílabas con sus labios con lentitud.

–To... ¿ris? ¿Puedo llamarte por tu nombre a partir de ahora?

Asintió.

Desde esa distancia podía ver las pequeñas pecas que adornaban el rostro de la muchacha, como le pasaba a su Polonia. Los ojos tenían la misma forma, el color era exactamente igual, con un verde más oscuro en los bordes. La piel era igual de pálida y se le debía estar notando en la cara tanto que Janina se dio cuenta enseguida de cómo le temblaban las manos.

–¿Me parezco a él? Hungría me ha contado cosas... Si quieres, a cambio de que me ayudes a salir de aquí, puedo darte algo –Lituania volvió a mirarle sorprendido–. ¡No me refiero a eso! Quiero mucho a Ernest, no podría engañarle de esa manera, pero en casa aún conservo algún recuerdo de aquella época que seguro apreciarás mas que yo. Me caes muy bien, pero no podría acostarme contigo.

Lituania lo entendía. Palabras son palabras, le dijo en una ocasión anterior, pero no quería nada de ella en ese sentido. Negó con la cabeza rechazando el recuerdo que le había ofrecido y una vez que ella terminó de comer, se fue.

Al día siguiente, le llevó pan recién horneado con las gachas del desayuno. Lituania se ganó un buen merecido abrazo y así ocurrió todos los días durante los siguientes dos años, después de los cuales la Ley Marcial fue levantada y Polonia pudo regresar a su casa.

Era increíble lo poco que se podían parecer los tres Polonias que llegó a conocer. Nunca abrazó al segundo, pero la muchacha tenía que ponerse de puntillas para pasar los brazos por encima de sus hombros, además apretaba muy fuerte, todo lo que le era posible, y terminaba colgándose con las dos piernas recogidas, como los niños pequeños. El primero, Feliks, casi no correspondía con fuerza porque, a pesar del tiempo que llevaban conociéndose, aún le daba vergüenza tener un simple gesto de cariño. Nada salía de él, sobre todo al comienzo.

Ella olía a él, pero desde luego no era lo mismo. Para nada.

Durante ese tiempo no se acercó a Bielorrusia ni ésta hizo ademán de ir a visitarle, aunque de vez en cuando las conversaciones que mantenían no eran para nada agradables, como si Polonia hubiera puesto un muro entre ellos dos, separándoles al fin, pero sin pretenderlo.

–¿Te follabas a la rubia?

–¿Estás celosa?

Si hablaban, nunca había alguien a su alrededor, aunque muchos supieran el tipo de relación que estaban llevando.

–No, me he dado cuenta que estoy mejor sin ti.

–Tenía que haberlo hecho. Tiene que ser bonito acostarse con alguien que te tiene un mínimo de cariño ¿verdad?

–O que va a pensar en otro, tal y como hago yo contigo.

No le contestó. Sería maleducado y cruel, como lo era ella con él. Los dos se separaron, cada uno a su cuarto, para no volver a estar juntos nunca más.

Se avecinaban cambios.

El ambiente estaba enrarecido, el tiempo transcurría, el sistema bajo el que vivían no podía estirarse más.

Su gente decidió actuar.

Mientras, desde fuera todo se veía como una gigante olla a presión a punto de estallar. Rusia se encerró en su palacete en Moscú sin dar explicación alguna. Primero, la información oficial les reveló que ella necesitaba un descanso, pero los rumores sobre sus fiebres altas y su debilidad dieron ánimos a los demás para independizarse y romper con todo. Se decía que su jefe estaba haciendo una serie de reformas para estabilizarla, pero ella empeoraba sin presentar el menor alivio. Hubo revoluciones y protestas de las cuales los periódicos occidentales hacían eco. El mundo se iba enterando de la tormenta.

El primero en dar el paso fue Checoslovaquia. No quería esperar más y, aunque todos sabían que una proeza de tal magnitud podía significar la muerte para dar paso a otro estado, se infundió de valor y se lanzó. Era 1989 cuando los estudiantes tomaron las calles de Praga otra vez, y otra vez los militares cargaron contra ellos. La gente, lejos de amedrentarse, siguió con las protestas. El pueblo consiguió hacer dimitir al gobierno, proclamándose las primeras elecciones libres después de mucho tiempo.

Ganaron con la Revolución de Terciopelo, como la llamaron.

Checoslovaquia terminó muy débil, pero satisfecho por su gente. Además, había encontrado un bebé especial, en un orfanato, al que la madre acababa de abandonar y él se estaba haciendo cargo. Era una niña que aún no tenía nombre. Años más tarde la coalición entre Checos y Eslovacos se rompió, dando paso a dos países independientes. Era 1993 cuando esa niña creció, haciéndose llamar Eslovaquia, haciendo que Checoslovaquia desapareciera y otro chico tomara su lugar. Por lo menos eran felices, el esfuerzo mereció la pena.

Hungría fue la siguiente. Todos sus jefes se reunieron para tomar una decisión y, así, hacer elecciones libres, después de que la Unión Soviética (muy a su pesar, se imaginó Hungría) le diera más independencia, retirando tropas del país. Se convirtió en una república y no desapareció al no tener los problemas de etnia que tenía Checoslovaquia. Después de toda la agitación sufrida, la revolución del 56 dio sus frutos, y pudo salir con libertad a darse una vuelta por Viena y por Berlín, Roma o Venecia, visitando a aquellos quienes no pudo ver durante 40 años.

Rumania no tuvo paciencia y asesinó a su presidente el día de Navidad. Al comienzo todo fue bien bajo el mandato de aquel hombre, luego se olía que el declive estaba cercano. Ceauşescu no iba a dejar su cargo con facilidad y él siempre mantuvo que no había otra opción.

Polonia fue fabulosa. Solidaridad se convirtió en un partido político y el régimen comunista no pudo retrasar más las elecciones que prometieron 40 años atrás. Polonia echó al partido comunista del gobierno en cuanto perdieron las elecciones y formó el suyo propio. Todo fue muy sonado, y en cuanto pudo, en enero de 1990, declaró su independencia.

Las acciones de sus vecinos le dieron valor a Lituania. Si los estados satélites podían hacerlo, él también. Se unió a las revueltas en Vilnius. Desde Moscú intentaron impedir que esto se supiera, pero Lituania fue a un paso más adelante. A pesar de que el ejército soviético tomó la torre de televisión de Vilnius, una pequeña estación de Kaunas mandó información y señales en varios idiomas que fueron captadas en Suecia, quien a su vez lo distribuyó al resto del mundo. La imagen de la Unión Soviética en el resto del mundo iba desmejorando. Lituania alegó que su anexión fue ilegal y tenía todo el derecho de ser independiente. Esa noche en Marzo, subió a su cuarto, hizo maletas y se fue de aquel lugar donde estuvo tanto tiempo viviendo. Estonia y Letonia no le detuvieron, confiándole que se unirían a él. Islandia reconoció su independencia ese mismo día.

Su casa en Vilnius estaba fría, sucia y se caía a pedazos por no haber podido cuidar bien de ella, pero durmió como un lirón y mejor que en décadas.

La locura gobernó en los meses siguientes. La ola de independencia se fue propagando, aunque en el corazón de la Unión Soviética, Rusia, se negara a reconocerles como países independientes. Estaban tan preocupados por sus propios problemas que no se percataron del que el caramelo más sabroso de todos estaba a punto de escapar.

Alemania del Este estaba muy cansado, pero su gente se sentía muy cómoda ahí donde estaba a pesar de todo. Existían protestas, sobre todo porque había familias separadas por aquel muro, porque en la otra Alemania se vivía mejor, pero no eran tan sonadas como en el bloque soviético. Hasta esa noche en la que escuchó un error que cambiaría su vida para siempre.

Durante una rueda de prensa sobre nuevas medidas a tomar por el gobierno, un periodista preguntó si se podía pasar libremente entre las dos Alemanias y, entre balbuceos, contestaron que "sí". Fue el inicio del caos. Miles de alemanes del este pasaron al otro lado del muro, muchos saltando, otros rompiéndolo. Los guardias no hicieron nada y desde Moscú intentaban pararlo, pero ya no era posible.

Polonia recibió una llamada de Este esa misma noche, borracho de cerveza y cantando junto con su hermano. En cuanto las celebraciones acabaran iría a verla y alcanzarían la verdadera felicidad. Fue la última vez que Polonia supo de él y, al año siguiente, el país se unificó en una sola Alemania, en el cuerpo de su hermano Ludwig.

Pero todos estos cambios debían estallar por alguna parte. Letonia, Estonia y Georgia ya eran independientes junto con Lituania, pero aún quedaban otros países en espera, e incluso no todos estaban de acuerdo con las reformas. Además, ocurrió algo insólito: aún estando en pie la Unión Soviética, nació otro país físicamente igual a un viejo conocido de los bálticos. Un joven Rusia proclamó su independencia junto con su nuevo presidente, mientras su hermana moría sufriendo fuertes dolores, como si le estuvieran arrancando el alma del pecho.

Lituania recibió información de América, le pedía mantenerse en alerta porque querían hacerle regresar a la fuerza. Sus temores fueron confirmados cuando en agosto hubo un golpe de estado en Moscú, y América volvió a ponerse en contacto con él para ayudar en lo posible, ya que Estonia, Letonia y Moldavia se habían opuesto con firmeza.

–Bielorrusia apoya el golpe. No sé qué le pasa a esa chica, ¿no podrías hablar con ella?

Lituania negó con la cabeza, aunque el otro no podía verle a través del teléfono.

–He oído que Rusia se parece a su hermana, a quien mantienen con vida a duras penas, y encima es un chico. A lo mejor piensa que es ahora cuando puede estar con él.

–No creo, tiene unos doce años –informó América–. Además, hasta para ser tan joven, es demasiado infantil y solo responde a su nombre humano así que no esperes que te haga caso si no le llamas Iván. Si piensas en él como alguien que puede atraer a Bielorrusia, me temo que no va a ser posible a no ser que ella intente que crezca de golpe gracias a anexiones. Además no te preocupes, creo que lo tenemos todo bajo control.

–¿Creo?

–¡Confía en mí! ¡Yo soy el héroe!

Lituania colgó el teléfono mirando a los otros dos bálticos y Moldavia, que por sus caras, estaban tan preocupados como él. Pero gracias al cielo, todo terminó pronto y por los lloros histéricos de Bielorrusia supieron que la Unión Soviética se había desmantelado dejando como heredero a Iván, quien reconoció la independencia del resto de países abriendo así una nueva etapa para todos.


Notitas:

Os recomiendo leer mucho sobre esta época en Europa, fue un auténtico caos. Unos cuantos apuntes rápidos:

Como ya explico, hubo revoluciones en toda la zona, la de la antigua Checoslovaquia fue de las más sonadas, aunque nunca tan brutal como lo que pasó en Polonia.

Casi nos cuesta una guerra.

Polonia creó un sindicato que luego se convirtió en partido político, llamado Solidaridad. Casi todos los adultos estaban afiliados y poco a poco iban ganando poder. ¿Cuál era el problema para el gobierno comunista?

A Polonia se le garantizó unas elecciones generales libres y en 40 años eso aún no había pasado. Los USA estaban echándoles el ojo, más que nada querían tener una excusa para empezar otra pelea, ya sabemos que aún nos encontrábamos en plena guerra fría. Para acallar esto, desde el partido comunista se decidió invadir Polonia con los ejércitos del Pacto de Varsovia, pero una invasión significaba darle carta blanca a la OTAN para atacarles.

Al final se decidió dejar a parte la invasión para no crear más problemas, e imponer una ley marcial, racionando alimentos y controlando a la población. La visita del Papa Juan Pablo II a la zona sentó mal al partido comunista, pero no pudieron hacer nada para evitarlo o se encontrarían con una población muy católica enfurecida al extremo.

Total, en resumen, al final los polacos consiguieron sus elecciones libres y ganó solidaridad, echando al partido comunista del gobierno (que estaba controlado por la URSS, btw)

La unión de las Alemanias fue causada por un error. En una entrevista preguntaron a un miembro del Politburó sobre el paso de ciudadanos de una zona a otra y él dijo que se podría hacer… de inmediato.

Como podéis imaginar, en realidad no era así. Así que la gente se dedicó a cruzar el muro de un lado a otro para ver a sus familiares, a pasarlo por encima e incluso a tirarlo.

Sobre Rumania, fue bastante menos anecdótico y más sangriento. Entraron en el palacio presidencial y se cargaron al presidente y a su mujer.

Y Lituania, Estonia y Letonia, empezaron con la Revolución Cantada, con una gran cadena humana que cruzaba los tres países. Aunque quizás el caso más sonado fue el de la torre de televisión de Vilnius.

Los independentistas intentaron hacerse notar, ya que en la política del gobierno estaba incluso la segregación racial en contra de los ciudadanos Lituanos. Las protestas empezaron a ser tan grandes que el ejército soviético decidió invadir la capital.

Hubo gente que se encerró en la torre de televisión, mandando señales de auxilio porque estaba claro que el gobierno ruso iba a callar cualquier información sobre la invasión. Por fortuna, en una pequeña estación de Kaunas la gente pudo ponerse en marcha, llamando a todo el mundo que pudiera ayudar, retransmitiendo en varios idiomas a todo el mundo. Una televisión en Suecia se hizo eco de la noticia y empezó a retransmitir en directo todo lo que estaba pasando, las amenazas del ejército soviético incluidas. Murieron catorce personas, todos menos una persona, gente de a pie, estudiantes o trabajadores.

Ya queda poco para terminar este fic, solo dos capítulos. Espero que os esté gustando, muchas gracias por los favoritos y seguimientos y por el review a Koko. Me alegra mucho que te esté gustando :D

De todas formas es ahora cuando me doy cuenta que este sitio me está quitando las líneas de separación entre escenas D: voy a tener que retocar todo el fic desde el principio.