Pasar del rublo a otra moneda no fue una transición fácil. La gente se confundía cuando pagaba con talonas, pero por lo menos podía decir que era una moneda propia de la que estar orgulloso y no otra cosa más impuesta por la Unión Soviética. Mas tarde esa moneda se llamaría Lita, un nombre mucho más bonito y patriótico y, con ella, intentarían más adelante entrar en el mercado financiero con el resto de países.

Lituania se sentía libre, con problemas para poder salir adelante sólo, pero libre al fin y al cabo. La gente no estaba contenta, los ciudadanos rusos en su territorio tenían miedo de que su situación se irregularizara como estaba pasando en Estonia y Letonia. Lituania intentó mantener una política de integración junto con su jefe, quería (no, necesitaba) a toda costa que el resto de países europeos le miraran como un igual y tenía que hacer sus deberes a conciencia.

Una tarde de 1994 recibió una visita inesperada, Polonia se presentó en la puerta de su casa, con los ojos tan rojos como la nariz. Por haber estado tan ocupado hacía casi cuatro años que Lituania no sabía de ella y la poca información que tenía era gracias a los periódicos. Cuando supo de la unión de las dos Alemanias no tuvo valor de llamarla para prestarle ayuda, sabiendo lo mucho que "Este" significaba para ella. Que ella lo hubiera perdido le hacía recordar lo mal que lo pasó él mismo con las particiones y lo que menos le interesaba era revivir esa experiencia. Consolar no era su fuerte y temía que en realidad terminara haciendo daño a la chica sin quererlo.

Tampoco ella se dignó a llamarle o visitarle y eso le hacía sentir menos cretino. Aún así, abrió los brazos porque de verdad se alegraba de volver a verla y quería darle un abrazo fuerte.

–Ya me creía que te habías olvidado de tu vecino– le dijo jocoso, pero la chica no tenía ganas de seguirle el juego y él borró la media sonrisa de su cara.

–No se a quien contarle esto – le dijo ella entre balbuceos y él la dejó pasar.

–Te llevas genial con Hungría.

–Ella no sirve, no para esto.

Lituania frunció el ceño, acompañándola hasta el salón y sacando una caja con galletas que él mismo había hecho esa misma mañana para relajarse. Al rato regresó con una bandeja y dos tazas de té, y notó que la chica ya había dado cuenta de cuatro galletas y masticaba sin parar mientras lloraba desconsoladamente.

–Está vivo, Toris.

–¿Vivo? –Lituania se sentó en la butaca, justo al otro lado de la mesa. No se acordaba que ella se dirigía a él por el nombre humano desde la Ley Marcial.

De hecho siempre se refería a los demás por su nombre humano, algo que se consideraba de mala educación entre naciones.

–Prusia. Está vivo.

–Querrás decir Este.

Polonia se tapó la cara con las manos.

–No es la República Democrática Alemana, es Prusia, No es Ernest, se llama Gilbert. Lo vi en Alemania, Toris, haciendo footing por la calle con los perros de Ludwig. No me reconoció, pero si me preguntó si al final había dejado que me crecieran las tetas.

Lituania estaba sin palabras. Ella dejó de hablar por unos momentos, intentando tranquilizarse y respirando con fuerza antes de seguir.

–Ludwig me dijo que era un chaval que encontraron en un reformatorio de Berlín, que de pronto creció unos diez años de golpe. Ahora vive en el sótano de su casa. Reconoce a Eli, a Roderich, de mi no sabe mas que de aquel Polonia...

–Feliks.

–¿Se llamaba así? – Ella sonrió por unos momentos y le sirvió para que hablara con más tranquilidad –. Prusia está muy vivo en Alemania. Le recuerdan en las calles y en los monumentos, por eso ha revivido. No creo que Ernest tenga la misma suerte, muchos consideran su existencia como algo que aunque hay que tener en cuenta, es mejor no repetir.

–Si eso que cuentas es cierto también lo es que en Roma vive el Imperio Romano, ya que mucha gente le ha visto – Toris se acomodó en su asiento, pensativo –. Y que Madre Grecia es quien da de comer a los gatos que viven en el Partenón, como otros muchos dicen. Yo pensaba que eran leyendas o invenciones y no les daba crédito cuando me lo contaban.

–No morimos si mantenemos viva nuestra memoria en la gente. ¿Por qué sonríes?

Lituania sentía cómo su pulso se aceleraba, tenía en las manos el poder de recuperar a su Polonia. ¿Los polacos echaban de menos la mancomunidad, tanto como para regresarle a la vida?

No. Ella se lo hubiera dicho y parecía que le había leído el pensamiento por la cara de comprensión que puso.

–Lo siento Polonia, sólo estaba pensando.

–Llámame Janina –le dijo –. Y si se lo que estás pensando. No, Feliks no vive en mi casa. De haber sido así, te lo hubiera presentado enseguida. ¿Tanto le querías?

Lituania no contestó a eso, siendo ésta respuesta suficiente para Polonia, que terminó visitándole todas las tardes para hacerle compañía.

oOo

–No me lo puedo creer ¡Tenías razón! ¡Hasta quiso retarme a un duelo de espadas!

–Lo peor de todo es que era un duelo de espadas usando los cuchillos de la cena. Dios mío ¡Nunca había visto algo igual! ¿Siempre había sido así? Tú le conoces desde hace siglos, ¡aún te la tiene jurada por lo de Grunwald!

Las fiestas de entrada en la Unión Europea eran épicas. Todos terminaron achispados, pasándoselo tan bien que no querían regresar a sus casas. Hasta Lituania, siempre amigo de volver lo antes posible para descansar, no quería que la noche terminara tan pronto.

–¡Me gusta esto de la UE! Y suena bien, tan bieeeen...

–Janina, estás borracha.

–¡Viva el vodka! ¡Viva el vino!

–¡Jajaja!

Dejaron a Letonia y a Estonia en sus casas, pero Lituania quiso acompañar a Polonia a la suya para que no terminara en la casa de Eslovaquia haciendo eses por el camino. Una vez llegaron, Lituania intentó encontrar las llaves en el bolso brillante de la chica y ésta se colgaba a su cuello, tarareando una canción que no entendía en absoluto.

–Ya está, entra y vete a dormir.

–No, entra conmigo, vengaaaa...

Ante la posibilidad de tenerla tirada en las escaleras ahogada en su propio vómito, decidió hacerla caso. La llevó en brazos hasta su cuarto (pesaba como un muerto, o mejor, como sus cuarenta millones de habitantes), le quitó los zapatos y la metió en la cama, arropándola como a una niña pequeña.

–Y métete conmigo, vengaaaa...

Lituania puso los ojos en blanco.

–Janina, estás como una cuba y no sabes lo que dices.

–Claro que lo sé.- Se incorporó como pudo y le miró con los ojos entreabiertos.- Tú y yo, esta noche, triqui-triqui. O ñaca-ñaca. O como se diga. Soy una chica soltera, sin compromiso y tú estás buenorro. Creo. Los trajes te sientan bien.

Jugaba con la corbata, como una niña que maneja una comba. Después de eso Lituania tendría que darle una buena plancha con almidón.

–No es que no quiera porque tu también estás buenorra, pero los dos nos vamos a arrepentir – rió éste.

–Tú te lo piensas, te espero con las piernas abiertas.

–Mira que eres soez cuando quieres – Y cuando la empujó contra la cama y la volvió a arropar, ella cerró los ojos para quedarse dormida en el momento.

Lituania sabía dónde estaba el cuarto de invitados, así que se dirigió ahí, se quedó en calzoncillos y se metió en la cama a dormir. Las borracheras de Polonia podían ser fuertes, pero por lo menos y esto no sabía cómo lo hacía, nunca se despertaba con resaca y por la mañana, como siempre, no mencionaba ninguna de las burradas que había comentado el día anterior.

La vida volvía a ser simple y monótona y él se sentía tan feliz. Parecía que la única nación que no estaba contenta con su situación era Bielorrusia, que no paraba de acosar a Rusia allá a dónde fuera. Éste había crecido mucho, pero seguía siendo como un niño grande que quería tener amigos en todas partes y no entendía porqué resultaba tan intimidatorio. La culpa ya no la tenía él, sino su jefe y poco podía hacer el pobre para arreglar eso. Cuando necesitaba un poco de tranquilidad siempre se iba al sur, a España, a vivir por unos días en un clima templado mientras comía pipas directamente de un girasol.

Era cierto que había guerras, pero por una vez Lituania no las sufría de primera mano. Al disolverse el Pacto de Varsovia entró en la OTAN y al hacer eso debía ayudar con lo que podía, sobre todo tropas, pero no era tan horrible como aguantar invasiones y revoluciones en su propio territorio.

Ya estaba harto de eso y no lo echaba de menos. Y al resto de sus vecinos, sobre todo a Polonia, le pasaba lo mismo.

–¿Sabes? Quiero acordarme.

–¿De que?

Polonia seguía visitándole a menudo y a él no le importaba, ella siempre traía algún dulce y por lo menos siempre avisaba antes de llegar, para así él tener toda la casa preparada para la visita.

–Es rara esta sensación que tengo de saber toda mi vida como país sin haberla vivido.

–¿A que te refieres? Yo soy el primero, así que todo lo que recuerdo lo he vivido.

–Es como si hubiera leído todo mi pasado en un libro y me lo hubiera aprendido de memoria. Se fechas, datos, situaciones... pero no recuerdo sensaciones. Así como tengo fresco en la memoria el día que Solidaridad ganó las elecciones y cómo me sentí, no sé que sintió Feliks cuando le salvaste la vida en Grunwald. ¿Te hubiese gustado saberlo?

–¿Lo que sintió Feliks?

–Si.

Hubo un silencio incómodo entre los dos y ella decidió cambiar de tema, cuando él la interrumpió.

–Yo estaba aterrado. Pensaba que iba a perderlo. Él parecía tranquilo.

–Porque sabía que le ibas a rescatar.

–Eso no lo puedes asegurar.

–Seguro que fue así. Yo tenía esa clase de confianza con Ernest.

Otro silencio.

–Toris.

–Dime.

–Voy a por helado. ¿Quieres?

Las tardes eran tranquilas, las mañanas agotadoras, las noches solitarias.

Podrían haber estado juntos, de hecho todo el mundo lo sospechaba aunque no fuera así. Ella aún estaba de duelo y Lituania tampoco quería tener una relación con ese país. Eso no impedía que de vez en cuando ella se insinuara sin tapujos, sobre todo estando borracha, pero era sólo eso.

Palabras sólo son palabras, le dijeron muchas décadas atrás.

Lituania sabía que detrás de aquello no había nada más, por eso siempre se mantenía sobrio, para no caer y luego arrepentirse.

La carne es débil, le dijo Hungría una vez. Y tenía razón.

oOo

–¿Toris? Perdona que te llame a estas horas.

–No pasa nada, estaba trabajando. ¿Que quieres?

–Nada en realidad. Me levanté por la mañana y pensé que sería bonito llamar a todo el mundo.

–¿Estás de broma?

–No. He llamado a Eli, ahora te he llamado a ti y luego llamaré a Raivis y a Eduard... tengo ganas de hablar con vosotros.

–¿En serio? Oye Janina, ¿Te pasa algo?

–Eh, si. Se avecinan cambios, lo noto en el ambiente. No parece que vaya a pasar algo, porque nadie pide la independencia ni va a haber rupturas y que yo sepa no me van a invadir.

–Eso nadie lo sabe con el vecino que tenemos. O más bien con su jefe.

–Tienes razón. Pero se que algo va a pasar y quería hablar con todos antes de que ocurra y sea muy tarde.

–No es propio de ti ser tan pesimista.

–Bueno, alguna vez tendrían que venirme pensamientos negativos a la mente. Oye, tengo que dejarte, hay muchas llamadas que quiero hacer. Si puedo me pasaré por tu casa y hablamos mas rato ¿vale?

–Vale, nos vemos.

Polonia colgó el teléfono y Lituania se quedó con el auricular aún en la oreja, mientras terminaba de teclear un párrafo de un informe y de pronto, se acordó de Livonia y de cómo esta temía por su propia muerte.

Pero no podía ser ¿verdad?

Dejó el inalámbrico en su sitio y siguió a su trabajo, hasta que volvió a recibir otra llamada una hora mas tarde, Era Letonia.

–¿Si?

–Lituania ¿has hablado con Janina?

Estaba nervioso, pero era un estado natural en él desde hacía un par de siglos y algo que no iba a cambiar de una forma fácil.

–Si, hace, no se... una hora y algo. ¿Por?

–Es que estaba hablando con ella, me ha dicho adiós de pronto y se ha quedado callada.

–Habrá terminado la conversación.

–No creo, no ha colgado. Voy a su casa ahora mismo, si quieres te recojo. He avisado a Hungría pero creo que va a tardar un poco mas, está en casa de Austria.

Lituania volvió a acordarse de Livonia, sus trenzas, sus grandes gafas y sus miedos. Su cara de tristeza cuando estaba tan enferma. En su ropa colocada encima de la cama cuando su cuerpo desapareció.

–No hace falta, ya voy para allá.

Quizás solo era una falsa alarma y no había pasado nada. Podrían ser tantas cosas que no se sentía tranquilo en su casa. Salió cogiendo sólo una chaqueta para abrigarse en esa mañana de Abril y se metió en su viejo coche, conduciendo todo lo rápido que pudo hasta la casa de Polonia y cuando llegó, llamó a la puerta.

Nadie contestó.

–¿Janina?.- Volvió a llamar, sin obtener respuesta. Su teléfono móvil sonó, era Estonia –. Estonia, no tengo tiempo ahora, estoy en casa de Polonia.

–¿Te ha abierto? -parecía ansioso, como si tuviera la misma terrible premonición que él –. ¡Tira la puerta abajo ya!

Lituania escuchó un ruido y miró hacia atrás. Letonia bajó de su pequeña vespa, corrió hacia él y una vez allí los dos golpearon la puerta todo lo fuerte que pudieron y la tiraron a patadas.

La casa no estaba silenciosa, la televisión de la sala estaba encendida, pero a parte de eso no parecía haber nadie.

Los dos buscaron por la cocina, las habitaciones y volvieron a la sala. Miraron en el jardín, en el cuarto de baño, volvieron a la sala de nuevo.

–No está.

–Miraré en el piso de arriba – Dijo Letonia, antes de desaparecer por las escaleras.

Lituania se apoyó en la pared mirando lo que había a su alrededor, nunca se había fijado antes. La decoración era simple pero con buen gusto y las paredes blancas parecían recién pintadas. Se dirigió a unos marcos que había colgados de la pared al lado de una mesa auxiliar, dónde estaba el teléfono. Eran fotos de Polonia y Este, o fotos de ella haciendo el idiota con Hungría. Había una suya que no recordaba cuando se la tomó, aunque creía por el fondo que era la casa de Serbia, en su cumpleaños, hacía muy poco tiempo.

El teléfono era antiguo, de madera y metal, y estaba descolgado, con el auricular colgando a pocos centímetros del suelo. Cuando fue a recogerlo, pisó algo y miró hacia abajo.

Era un montón de ropa apilada. Una blusa blanca, unos pantalones vaqueros de pitillo, un par de zapatillas de andar por casa... y un sujetador de encaje azul con unas bonitas bragas a juego. Era como si la persona que llevaba eso puesto hubiera desaparecido de pronto dejando caer la ropa al suelo.

Lituania dejó de respirar a la vez que sus sentidos se hicieron más agudos.

En la televisión habían interrumpido la programación para dar una noticia de última hora.

oOo

El entierro fue multitudinario, todo el mundo lloraba la muerte del presidente. Lituania en cambio tenía los ojos secos.

En toda su vida había conocido a tres polonias y había vivido tres muertes a través de ellos. De la muerte del primero aún sufría en silencio, el segundo le dio igual, incluso se alegró aunque no lo mencionara en voz alta y la tercera no merecía morir y menos de esa manera tan injusta.

Después de la misa, acompañó a su jefa al coche y le dijo que necesitaba pensar, que regresaría mas tarde. Ella lo entendió y le dio un abrazo antes de marchar a Vilnius.

–Lituania –era Hungría quien le llamaba bajando con rapidez las escaleras de la catedral, vestida con un bonito traje negro –. ¿Me acompañas a dar un paseo?

–Claro – Asintió y se puso a su lado, caminando con lentitud por la calle.

–El país no ha desaparecido. Polonia sigue siendo Polonia.

Lituania no había tenido tiempo de pensar en eso. Se dio cuenta que poco le importaba en esos momentos.

–¿Entonces ha nacido otro como nosotros? –preguntó con indiferencia.

–Lituania, eres un poco denso a veces. Me pregunto cómo será esta vez el nuevo Polonia. Parece que lo han encontrado hace unas horas, en un hospital infantil en Varsovia. De pronto escucharon un estruendo y uno de los bebés creció de golpe y porrazo unos veinte años. Se lo encontraron desnudo, en el suelo y con todo su peso aplastando el cuco dónde estaba durmiendo. La madre está siendo tratada con tranquilizantes.

–Si esta situación no fuera tan terrible, me reiría y todo –miró a Hungría, que asintió con una gran sonrisa.

–¿Sabes? No podía odiarla por estar con Este y nos llevábamos muy bien en realidad porque al fin y al cabo, sabía lo que estaba haciendo y era muy buena chica. Además era muy valiente. La voy a echar de menos un montón.

Lituania observó como ella se arropaba con el chal y ocultaba su rostro con su melena.

–En un par de semanas o un mes podremos visitar al nuevo o a la nueva Polonia. Estoy cansado de ver a mis amigos marcharse y tener que volver a hacer amistad con ellos.

–Yo igual. Duele ver que tienen su físico, pero en realidad no son las personas que conocías, su mente es distinta por completo.

Volvieron a quedar en silencio, sin detenerse en ningún momento. Lituania se paró en seco y ella se dio la vuelta, dejando ver su rostro empapado de lágrimas.

–¿Hace unas copas?

–¡Encantada!

Y los dos se encaminaron al pub más cercano, a tomar unas cervezas de cebada para recuperar fuerzas y así salir adelante un día más.

Notitas notitas:

La moneda provisional después de la independencia de Lituania se llamó "Talonas", pero luego pasaron a las "Litas" enseguida, que es la moneda actual.

Una vez cayó la Unión Soviética, los ciudadanos rusos se encontraron desamparados en Letonia y Estonia. En Letonia la situación era grave, pues ahí habían hecho las autoridades una limpieza étnica bastante importante, de hecho gran parte de la población actual es de Rusia, así que las leyes contra la ciudadanía rusa fueron muy fuertes. Lo mismo pasó en Estonia, pero en Lituania, conscientes que así no podrían unirse a tratados internacionales, hicieron unas leyes mucho más permisivas con la minoría rusa que los otros dos países.

Todo el mundo que haya leído Hetalia conoce la batalla de Grunwald (o Tannenberg) ;D si no es así, podéis buscar las tiras en Hetalia Archives, es una de las pocas tiras serias y épicas.

La OTAN es la Organización del Tratado Atlántico Norte y, durante la guerra fría, era la antítesis del Pacto de Varsovia. Ahora, en simple y corto, es una organización militar que manda tropas a países en guerra o usa territorios de sus asociados para poner bases. Información más certera y en largo la podéis encontrar en internet.

El accidente del presidente pasó un par de años atrás, así que es un suceso muy reciente del que podéis encontrar información por todas partes o posiblemente os acordéis.

Muchas gracias por los favoritos y los reviews y espero subir el último capítulo pronto. Además tengo que hacer modificaciones al resto de capítulos, pero nada importante, solo de estilo.

Nos vemos en el último capítulo (AL FIN) muchas gracias por la paciencia al seguir con este fic :D