Hola. Gracias por leer. Espero sus comentarios, quejas y sugerencias xD
POV Quinn
Era el día. Era sábado. El día de mi tan esperado compromiso. No quería moverme de mi cama, esperaba solo morir entre mis sabanas. Escuche como alguien tocaba a mi puerta y mi reloj indico que eran casi las 8:00 de la mañana, lo que significaba que era hora de levantarse.
"Lucas, sal de la cama, te probaras algunos trajes" – dijo mi padre, sonaba emocionado.
Escuche como se alejaba de mi cuarto por el pasillo, en esos momentos lo que mas deseaba era tener un celular y poder hablar con Rachel. No sabia quien era esa tal Marissa pero lo que le había dicho a Rachel no era del todo mentira, sin embargo no podía evitar odiarla un poquito.
Baje a desayunar antes de empezar con la tediosa tarea de prepararme para la fiesta de compromiso. Mis padres no dijeron nada mientras comíamos, solo parecían felices, yo los miraba alternadamente como buscando un poco de compasión en sus ojos, algo que me dijera que ellos detendrían aquella locura, sin embargo en sus ojos no había nada mas que codicia.
Después de comer, mi padre me llevo arriba y me mostro uno por uno los nuevos trajes que me había comprado y uno mas regalo de Máximo con el escudo de la familia Pierce bordado y mis iniciales. Seguro que Lindsay estaba igual o peor que yo, mi amiga no me había dirigido la palabra en toda la semana, yo había intentado hablar con ella, pero ella parecía estar enojada conmigo, como si todo esto fuera mi culpa.
"Entonces ¿Cuál eliges?" – pregunto mi padre señalando con su mano a varios de los trajes.
"¿Ahora puedo elegir?" – dije sarcásticamente.
"Bueno en algo como esto, pues supongo que si" – dijo él sonriendo burlonamente, como si todo fuera un maldito juego – "Solo elige uno y pruébatelo."
Tome el que estaba más cerca de mi, era un traje color gris, camisa blanca y corbata plateada, me fui con él a mi habitación para ver si me quedaba correctamente. Cuando ya lo tenia puesto me di cuenta de que parecía un mafioso, me reí de mi misma y fue la risa la que desencadeno el llanto.
POV Santana
Britt seguía dormida, había sido una noche agotadora para ambas, habíamos hablado mucho acerca de nuestra relación y de lo casi imposible que se daría. Ella insistía en que yo ponía demasiados peros, pero ella no entendía aun la gravedad del asunto. La deje dormir por un rato mas y baje a hacer el desayuno para toda la familia, sin embargo mi madre ya se encontraba en esa tarea, mi padre había partido al trabajo desde hacia unas horas. Aunque fue un poco raro, le ayude a mi madre con la tarea de aquel desayuno, ella parecía alegre y se mostro encantada con mi compañía.
Cuando Britt se levanto y bajo a la cocina se sorprendió gratamente de verme con mi madre. Todas teníamos hambre por lo que comimos en un habitual silencio, pero Britt no dejaba de sonreír.
"¿Por qué estas tan contenta?" – le pregunte a mi amada después de un rato.
"Porque mi abuelo me hablo por teléfono y nos ha invitado a la fiesta de compromiso de Lindsay y Samuel, hace mucho que no teníamos contacto…" – casi me atraganto con la comida, no podía creer que Britt no se diera cuenta de lo que estaba pasando.
"Tu abuelo va a destruir la vida de mi mejor amiga y es precisamente hoy" – dije mirando a mi amada rubia e intentando hacer que comprendiera que el tipo era un maldito.
"Santana, esa no es forma de hablarle a tu prometida" – dijo mi madre mirándome duramente.
"Lo siento San, es solo que nunca creí que mi abuelo alguna vez volviera a entablar lazos con mi familia" – dijo Britt y me avergoncé de inmediato por mi actitud.
"Lo siento Britt, es solo que todo esto es horrible" – dije y mi madre me sonrió comprensivamente – "Mejor iré al taller, veré que tal va mi motocicleta."
Me levante de la mesa rápidamente y salí de la casa con rumbo al centro de la ciudad. Mi motocicleta estaba en reparación en un taller bastante prestigiado, el único taller en que confiaba para tocar a mi querida compañera de aventuras. Estacione mi Jeep frente al taller y de inmediato note algo raro, estacionado ahí se encontraba un Mercedes Benz negro, me pareció un auto demasiado lujoso para cualquier habitante común de Lima.
Entre al lugar y me sorprendí enormemente cuando vi la Ducatti que tanta intriga me generaba. Parecía un poco magullada, quise acercarme para mirarla de cerca, pero me llamo mucho más la atención la chica que hablaba con el señor Hummel, una rubia preciosa, esbelta y con un leve acento francés. Sin querer me fui acercando y pude escuchar parte de su charla.
"¿Cuándo estará lista?" – preguntaba aquella rubia señalando la motocicleta.
"Bueno es difícil decirlo, sin las piezas que necesito… este tipo de piezas solo se consiguen en sitios privilegiados, ciertamente ninguno cerca de Lima" – dijo Burt un poco avergonzado – "Oh, buenos días Santiago ¿Puedo ayudarte en algo? ¡Finn!"
"Gracias señor Hummel" – dije sonriente, la rubia parecía algo molesta. El chico bobo salió de algún lugar del taller y siguió atendiendo a la chica no sin antes dirigirme una mirada asesina – "¿Qué tal va el amor de mi vida?"
"Excelente, el motor ya esta trabajando correctamente, solo le falta un poco de manicura" – dijo Burt mientras me conducía a otra parte del taller donde tenia los vehículos en reparación – "En cambio por esta, no creo poder hacer mucho, siento que es demasiado fina y cualquiera de mis instrumentos la estropeara mas de lo que ya esta" – se lamento Burt mirando la Ducatti.
"Es hermosa ciertamente" – dije contemplándola maravillada, estaba bastante dañada pero aun se alcanzaba a ver su belleza – "Seria increíble tener una de estas."
"Son bastante delicadas, yo prefiero algo mas… varonil, como tu Jeep" – bromeo el señor Hummel – "Vuelve mañana y te tendré lista tu motocicleta."
Estreche la mano de Burt y me dispuse a salir de ahí, pero una duda me inquietaba desde que entre al taller. Algo en mi cabeza me decía que esa chica era la misma que me había retado a correr, seguro que era ella, no podía haber dos motos iguales en Lima. Así que mi curiosidad pudo más que otra cosa y me acerque a donde ella seguía hablando con Finn.
"¿Qué quieres?" – me espeto el chico rápidamente y se alejó unos pasos de mi.
"No es contigo Hudson" – le conteste y me dirigí a la chica esta vez – "Me agrada mucho tu moto, creo que tal vez nos hemos visto en alguna parte" – la chica al fin me miro y pude notar en sus ojos que ella también me recordaba, fue un encuentro breve pero intenso.
"No lo creo, no lo recuerdo para nada" – note que se puso nerviosa y sus mandíbula se tenso, creo que no quería ser descubierta o algo así.
"No hay dos Ducattis iguales, menos en esta ciudad" – dije, segura de mi misma.
"No es mía, es de un amigo, solo le hago el favor…."
"Pero…"
"Deja a la chica en paz López, obviamente no quiere hablarte" – se burlo Finn. La rubia simplemente bajo la mirada.
Me fui de ahí. ¿Por qué la rubia me ocultaba su identidad? Si tan solo pudiera ver sus brazos desnudos, podría ver la herida que se había hecho, seguro que aun quedaban secuelas de eso, pero en fin, supuse que tendría que olvidarlo, finalmente no me beneficiaba en nada saber o no la verdad. A veces me odiaba por ser tan curiosa, pero sentía muy en el fondo que tenía que saber la verdad, por alguna maldita y oculta razón.
POV Quinn
"¿Estás listo hijo?" – escuche la voz de mi madre, me llamaba escaleras abajo – "Es hora de irnos, los Pierce nos esperan."
"Estaré listo en un momento" – me mire al espejo y arregle mi cabello, me veía perfecto en aquel traje.
Era hora, había decidido afrontar todo con la mayor dignidad y disposición posible, Lindsay lo hacia para que no dañaran a su exnovia, yo lo hacia por Rachel. Era lo que tenia que hacer, no podía retractarme ahora.
"Showtime" – le dije a mi reflejo.
Cuando baje por las escaleras, mis padres me esperaban con la sonrisa más amplia que jamás había visto antes, como si estuvieran muy orgullosos de lo que estaba a punto de hacer. A mi pesar sonreí forzadamente, mi madre me tomo del brazo y mi padre abrió la puerta para mostrarme a una docena de hombres vestidos de traje blanco y corbata dorada, todos hicieron leves reverencias con la cabeza y nos abrieron las puertas de la limusina que nos esperaba en la calle. Ahora de verdad ya no había salida.
El recorrido de mi casa a la mansión Pierce fue especialmente largo, silencioso e incomodo. Todo estaba contribuyendo para convertirse en la peor noche de mi vida. Mire mi mano, la cicatriz seguía ahí y me hacia recordar a Rachel, me hacia recordar que la amaba con locura. Una lagrima resbalo por mi mejilla. Tenía unas ganas casi incontenibles de gritar y salir corriendo. Sentí la mirada escrutadora de mi padre sobre mí. Y tuve que apretar los puños para no golpear a nadie.
Habíamos llegado, la mansión Pierce se levantaba sobre nosotros y me hacia sentirme mas insignificante de lo que ya era. Juro que sentí como un escalofrió recorría mi cuerpo de punta a punta y desee morir en aquel momento, pero me dije que estaba siendo demasiado dramática.
Un hombre elegante abrió la puerta de la limo y ayudo a bajar a mi madre. Respire profundo y baje detrás de mi padre. Cuando entramos al salón, quede deslumbrada con tanta luz y gente agrupada en un solo sitio, el lugar era enorme. La mayor parte de aquella multitud era completamente desconocida para mí, y seguro que yo era desconocida para ellos, porque nadie siquiera noto nuestra presencia al entrar. Sin embargo los sirvientes de Pierce si nos conocían y de inmediato me hicieron pasar a un cuarto vacío al lado del salón.
En ese cuarto, estaba Samuel sentado en una silla, tenía su cara entre sus manos y parecía rezar en voz baja. Cuando el joven que me llevo ahí cerró la puerta Samuel despertó de su ensoñación y me noto ahí, su cara se ilumino al verme, rápidamente se levanto para saludarme, llevaba puesto su mejor traje en honor a aquella noche tan horrible para mi.
"Que bueno que llegaste, ¿Estás nervioso?" – él parecía mas nervioso que yo, su cabello rubio estaba recortado y su inminente bigote estaba perfectamente afeitado, él estaba listo, yo no.
"Me siento bien, ¿Y Lindsay?" – mire a mi alrededor, solo estábamos nosotros dos.
"Lindsay y mi prometida están escaleras arriba terminando de arreglarse… es la primera vez que la veré, solo la conozco por fotografías" – confeso el rubio y sus manos en los bolsillos me indicaron que me equivoque, él tampoco estaba listo.
Nos sentamos en sillas contiguas en completo silencio. Ambos nos sumimos en nuestros pensamientos y desee que no fuera así, porque entre mas pensaba mas feo me parecía todo y mi mente me llevaba una y otra vez al mismo abismo llamado Rachel Berry.
Después de un rato, un hombre de la servidumbre llamo a Samuel, le dijo que ya era hora de que salieran los Pierce-Evans, el asintió, respiro profundo y me dirigió una sonrisa nerviosa. Lo vi marcharse y por primera vez en toda la noche, tuve un leve ataque de nervios. Pero escuche voces en el pasillo, se aproximaban a mi posición y fue por instinto que me escondí detrás de una cortina. Vi entrar a Lindsay junto con una rubia preciosa.
"…Olvídalo Clemence, entiende que se acabó, ya no hay salida" – iba diciendo Lindsay adelantándose a la otra chica que la tomo por el brazo y la obligo a mirarla, mi amiga parecía bastante nerviosa.
"No lo olvidare, no se ha acabado y claro que hay salida" – dijo la rubia con un claro acento francés – "Aun podemos escapar, solo tienes que pedirlo" – la rubia se acercó a centímetros de la boca de mi amiga, casi suelto un gritito de sorpresa, ¡era ella! Ella era la exnovia de Lindsay. Mi amiga casi parece ceder a la propuesta, pero de inmediato recupero su compostura habitual.
"No" – era una negación seca, tajante, casi pude escuchar un corazón rompiéndose en pedazos – "Amo a Lucas, quiero estar con él, lo conozco desde siempre y… es un hombre."
"No digas eso, di lo que sea, menos que me dejas solo porque él es hombre" – soltó la rubia, su voz temblaba, estaba a punto de llorar.
"Tu y mi hermano serán muy felices…"
"Señorita Pierce" – una señora asomo la cabeza por la puerta – "Ya es hora, todos la están esperando."
Pude ver claramente como la rubia articulaba en silencio un Te amo, Lindsay mantuvo su cara y su postura regia, dio media vuelta y se soltó violentamente del agarre de la otra chica. La puerta se cerró tras Lindsay y escuche los sollozos de la rubia que cayó rendida sobre una silla de ahí. Quería salir de mi escondite y decirle algo reconfortante, pero si lo hacia ella se daría cuenta de que había escuchado todo y no quería mas problemas.
No paso mucho cuando otra persona fue a buscar también a aquella rubia, ella intento recomponerse, tomo algunos minutos, se miro al espejo y fingió la mejor sonrisa que jamás había visto. Cuando ella dejo la habitación al fin pude salir de mi escondite. Me arregle el cabello y el traje, faltaba muy poco para que también me llamaran ahí.
No alcanzaba a procesar lo sucedido, recordaba que Máximo había insultado a aquella rubia tachándola de corriente, pero esa chica no parecía para nada corriente y no me parecía lógico que Máximo dejara que su nieto se casara con la exnovia de su nieta que al parecer repudiaba. Pero todos mis pensamientos fueron interrumpidos cuando al fin me llamaron para salir. Camine hasta la puerta y me dirigieron a una especie de escenario.
"Tengo el honor de presentarles al miembro final de esta magnifica alianza familiar… Lucas Fabray" – escuché que anunciaron, los aplausos no se hicieron esperar y para cuando subí al escenario las luces de las cámaras me deslumbraron, pero tuve que sonreír y poner mi pose de modelo barato.
"Buenas noches" – fue lo único que dije al micrófono, Lindsay me llamo con la mirada, me acerque a ella.
"Felicidades a las dos parejas…" – siguió diciendo el presentador. Los cuatro estábamos de pie de frente a toda la gente reunida ahí, me sentía un perro en exhibición. Note como la rubia nos miraba de reojo, Lindsay parecía incomoda.
"¿Estás bien?" – le pregunte en voz baja acercándome a su oído.
"Bésame" – susurro también a mi oído y todo mi cuerpo se estremeció.
"No puedo…"
"Solo hazlo…"
"No…"
"Si"
Me tomo del cuello y me beso, no pude detenerla, se suponía que nos amábamos. Otra vez los aplausos se hicieron escuchar. Cuando nos separamos mi cara ardía, mire a mi alrededor, los ojos de la rubia estaban llorosos, y el presentador seguía diciendo algo, pero mis oídos y mi cerebro no conectaban, mire a la multitud y mi mundo se cayo a pedazos. Porque entre todo aquel mar de rostros desconocidos estaba el único rostro que me importaba en el mundo…
"Rachel…"
(.diannalopez)
