No me volveré a ir people, ya estoy de vuelta y seguiré publicando hasta el final de esta historia. :D
POV Santana
La pelirroja estaba en la puerta sin decir nada, me estaba desesperando su silencio, pero de alguna manera me reconfortaba que no dijera nada. Ella no hizo preguntas, ni una sola cuando le pedí su ayuda. Tuve que dejar mi jeep abandonado en un taller mecánico cualquiera. Marissa me presto transporte y dinero, con la promesa de que le pagaría todo.
Estábamos en una casa de campo que su familia tenia, estaba en pésimas condiciones, pero era un sitio en el que nadie me buscaría. Estábamos a kilómetros de cualquier indicio de civilización, ni siquiera tenia recepción telefónica, y mi único contacto con el mundo era un pequeño radio con muchaestática. Mire a la chica mientras ella le sacaba filo a su cuchillo, parecía muy concentrada en eso.
"¿Vas a cazar un jabalí o algo?" – bromee, ella no sonrió para nada.
"Es para tu protección" – me arrojo el cuchillo a los pies – "Cuando me valla, no quiero que dispares el arma que traes, podrías alertar a alguien de tu presencia y creo que eso es lo que menos quieres por ahora"
"¿Te irás? ¿Creí que te quedarías un poco más?" – de repente la perspectiva de quedarme sola en medio de la nada no me gustaba nada.
"¿Tiene miedo el niño mimado?" – ahora si le parecía divertido – "Te he dejado provisiones y mantas limpias para la cama, estarás bien. Yo tengo que volver con mi novia"
"¿Novia? ¿Te refieres a Rachel?"
"No es de tu incumbencia, ¿Acaso yo te pregunte de que te escondes?" – como siempre parecía tan hosca. Habíamos convivido por más de una semana, y no parecía que yo le cayera mejor al paso de los días.
"De acuerdo, y ten bien presente que solo te pagare si puedes mantener esto en secreto" – la amenace medio en broma medio enserio.
"Creo que eso es más que obvio" – contesto ella, se dio la vuelta y se fue.
La vi tomar su motocicleta y largarse del lugar. En cuanto se fue, asegure la puerta, corrí las cortinas de todas las ventanas y me arroje en la cama dispuesta a no moverme jamás de ahí.
Habían pasado diez días, diez días en los que no supe nada de nadie; ni de Britt, Quinn o Lindsay. Todavía tenia pesadillas con lo que había pasado aquella noche, y lo peor es que ya había sucedido dos veces. Por intentar cumplir mi venganza siempre salía lastimando a otras personas, esa vez fue aquella mujer que no conocía y su bebé, y ahora Lindsay.
Me hice un ovillo en la cama e intente no pensar en Britt, que era la cosa mas constante en mi mente, dentro de mis remordimientos ella era uno de los peores. Estaba segura que mi rubia había visto como Clemence y yo nos besábamos en el estacionamiento. Por eso se había marchado, no había ninguna otra explicación. Mordí mi almohada para no gritar, si tan solo hubiera ido a buscar a mi Britt en lugar de haber corrido a la casa de Clemence. Tal vez en este mismo instante estaría disfrutando de la compañía de mi rubia favorita y no encerrada en una choza miserable con el temor de que la policía me encontrara tarde o temprano.
POV Marissa
Cuando llegue a casa, para no perder la costumbre no había nadie que me recibiera. Seguramente mi madre estaría trabajando o tal vez se había vuelto a largar con uno de sus clientes, si era así, era seguro que no la vería por un par de meses. Y mi padre quizás se había embriagado en alguna cantina barata de la ciudad, no importaba, siempre y cuando no preguntaran por mi ausencia. Suspire cansada, subí a mi cuarto y me duche.
Cuando salí del baño, tome mi celular y marque el único numero que me aprendí de memoria, el único que vale la pena. Seguramente que ella haría muchas preguntas de mi paradero, pero ya me inventaría algo. Lo importante era reportarme con mi futura novia.
"Hola hermosa" – dije en cuanto me contesto – "Te preguntaras donde he estado, pero eso no importa, lo que importa es que estoy de vuelta y muero por verte"
"¿Marissa?" – su voz sonaba rara desde el otro lado, sonaba cansada – "Yo también quería verte, he estado muy sola"
"Bueno ya no te preocupes, voy a tu casa ya mismo Rach" – quería animarla y cuanto antes mejor – "Llegare en un momento, te quiero"
"Yo también te quiero"
Clemence siempre estuvo ahí conmigo, cuando todos los demás tenían miedo de acercarse por mi enfermedad, a ella no le importo y me ayudo a encontrar una forma de contrarrestarla. Aun ahora seguía tomando esos medicamentos que nunca me habían fallado, solo aquella vez en esa fiesta, pero esa era otra historia. Sabía que Clemence le tenía mucho aprecio al chico López, no sabia porque, pero cuando él me pidió ayuda, no lo dude ni por un momento, y lo hice por la rubia, no por el tonto niño mimado amigo de Fabray.
No tarde mucho en llegar a casa de Rach. No es que viviéramos cerca ni nada, pero mi emoción por verla era tal, que conduje lo más rápido posible. Realmente no sabía como iba a reaccionar mi querida morena después de que la dejara por casi dos semanas, ella era tan susceptible y dramática, que seguro que me armaría un lio. Pero no importaba, nada importaba, siempre y cuando pudiera estar junto a ella.
Cuando llegue a su casa, me acomode el cabello y me mire una y otra vez en el espejo de mi motocicleta. Luego me puse un poco nerviosa, pero camine hasta su puerta para tocar suavemente el timbre. Me mecí sobre las puntas de mis pies, mientras esperaba a que alguien abriera la puerta, mi mano se dirigió instintivamente al bolsillo donde tenia un par de píldoras, no las necesitaría hasta dentro de otro par de horas, pero siempre llevaba unas cuantas conmigo.
Fue uno de los padres de Rachel quien me recibió sonriente. Ese era al que yo llamaba el buen papá, el otro era el malo, ya que uno siempre estaba sonriendo, mientras que el otro me dedicaba miradas asesinas, como si me quisiera sobrepasar con Rach o algo así. De todas formas, los dos hombres me caían muy bien.
"Hola Marissa, hace un buen tiempo que no te veía por aquí" – dijo el buen señor Berry – "Pasa por favor, Rachel te está esperando arriba"
"Hola señor Berry, bueno ya vendré más seguido" – conteste un poco cohibida.
Entre rápidamente y subí las escaleras de dos en dos, toque a la puerta de su recamara, pero nadie contesto. Toque un par de veces mas, pero no obtuve ninguna respuesta. Decidí abrir la puerta, esperaba que no hubiera nadie ahí. Pero la razón de que no me contestara, era que se encontraba completamente dormida sobre su cama, se veía hermosa e inocente a partes iguales. No quise despertarla, me senté junto a ella y aparte un mechón de pelo que le cubría parte del rostro. Más de cerca pude percatarme de que se veía un poco demacrada, con ojeras, tal vez no hubiera dormido en unos días, pero ¿Por qué?
"¿Marissa?" – estaba despertando, me miro extrañada – "Creí que te habías ido para siempre, ¿Dónde estabas?"
"Jamás me iría sin ti, no importa donde haya estado, lo importante es que estoy aquí contigo" – acaricie su rostro, mientras ella se sentaba e intentaba acomodarse el pelo – "Rach, disculpa si te incomodo, pero ¿Qué sucede?"
"Nada" – volteo el rostro, creo que quería llorar – "No tenía a nadie con quien conversar últimamente, me sentía muy sola, solo eso"
"¿Por qué? ¿Y tus amigos?"
"Ellos no lo entienden" – seguía sin mirarme – "La única que me entendía era Britt, pero ella está muy deprimida ahora y tu estabas fuera, tan solo necesitaba a alguien con quien hablar sobre lo que está pasando"
"¿Qué está pasando?" – Rach me miro extrañada, como si yo estuviera bromeando – "De verdad, no sé que esta pasando, acabo de volver"
"¿Enserio?"
"Te lo juro" – ella pareció creerme, busco el control de su televisor y lo encendió. Cambio varios canales hasta que lo dejo en uno donde un noticiario mostraba la cara de una chica rubia y decían cosas, pero no puse atención, solo fruncí el seño– "¿Qué es eso?"
"Es Lucas"
"Es una chica…"
"No, es Lucas, mira bien" – señalo una vez más a la pantalla. Llevaban a la chica con esposas y otras dos personas iban con ella, eran los padres de Lucas, y la chica era… sin duda era Lucas, pero en chica.
"¡La chica del bar!" – exclame recordando la colmena, Rachel asintió – "No puede ser, no pudo engañarnos a todos"
"Su disfraz era muy bueno" – mi morena comenzó a reírse histéricamente para luego romper a llorar.
La abrace. No pude apartar mi vista del televisor, ni siquiera cuando cambiaron a otras noticias. Quería reírme, era demasiado bueno para ser cierto, de hecho hasta pensé que bien podía escribir la historia y venderla para que la hicieran telenovela mexicana. Pero contuve mi carcajada, porque sabia que ella estaba sufriendo, no podía decirle cuan feliz me hacia que por fin Lucas Fabray estuviera fuera del juego.
POV La compañera de celda
La chica rubia con el cabello corto, era muy bella, lastima que se pasara la mitad del tiempo llorando y la otra mitad hablando de una tal Rachel. La escuchaba atentamente, aunque pocas veces me importaba lo que decía, creo que la chica estaba un poco loca.
"Sé que mi padre me sacara de aquí" – dijo la rubia poco después de que apagaran las luces, ella dormía en la parte de arriba de la litera.
"Tu padre está en prisión igual que tu, me lo dijiste ayer ¿Recuerdas?" – no tenia ganas de comenzar a escuchar sus delirios.
"Lo sé, pero encontrara la manera, lo sé" – note como se movía nerviosa y el colchón hacia ruiditos – "En cuanto Lindsay despierte, ella dirá la verdad y todos sabrán que solo fue un accidente"
"Tan solo llevas unos días aquí niña, ¿Tan horrible te parece? ¿Tan rápido te quieres ir?" – bromee, ella sonaba desesperada, yo solo quería dormir.
Al siguiente día, ella se quedo dormida hasta que abrieron las puertas de nuestra celda para que pudiéramos salir a desayunar. Ella era una de las chicas más jóvenes de la penitenciaria, además muy bonita y para rematar, su caso estaba causando polémica por todos lados. Por eso cuando salíamos al patio o a otras áreas comunes, todas las miradas y las pullas eran dirigidas hacia ella. Y yo prefería adelantarme para no tener que sufrir a su lado rondas de burlas. Tal vez también fuera por eso, que la rubia prefería pasarhoras y horas en la biblioteca.
"Lena" – me llamó ella esa mañana, me senté en su mesa, justo frente a ella – "Odio los espárragos, a Rachel tal vez le gusten"
"A veces, deberías dejar de hablar de Rachel" – le dije, de nuevo todas las miradas del comedor estaban sobre ella – "Mejor deberías pensar en lo mucho que necesitas a un gran abogado"
"Tengo un gran abogado" – se defendió ella – "Mi padre tiene una firma de abogados trabajando para él"
"¿Enserio? ¿Y donde esta esa firma?" – ella no contesto, miro su plato como si fuera vomito y vi como estrujaba su tenedor con tanta fuerza que creí que se haría daño – "No me hagas caso, solo bromeo. Ya estuve muchos años aquí"
"Lo lamento…"
"Déjalo niña bonita, pronto saldré de este infierno" – comencé a comer lentamente y ella removió un poco la porquería que nos habían servido esa mañana – "Esta delicioso"
Pasaron días, y los abogados de su padre no aparecieron. Pasaron semanas, y la tal Lindsay no despertaba. Pasaron meses y su caso dejo de ser noticia, mientras ella se hacia mas pequeña cada día, casi no comía y se pasaba las noches leyendo libros de leyes, supuse que pensaba defenderse sola en su juicio, un juicio que tan poco llegaba. A veces creía que la chica que estaba frente a mi no era sino un fantasma de otra chica que ya no existía mas. Poco a poco dejo de hablar de Rachel, y el día que vio en la televisión que sus padres fueron absueltos de todo cargo y que estaban libres, se derrumbo. Ya ni siquiera leía libros, ya ni siquiera fingía que algo le importaba, se fue.
"Lena, ¿Qué día es hoy?" – pregunto una noche, justo cuando cerraban nuestra celda.
"Martes" – conteste extrañada por su repentino interés.
"Quiero decir, dime la fecha exacta" – su voz estaba exenta de sentimientos.
"Martes 3 de julio del 2012" – mire mi reloj para asegurarme – "¿Por qué?"
"Hoy debía haberme graduado" – rio amargamente – "Wes me dijo que me graduaría con honores y que seria la envidia de todos mis amigos" – escuche como se incorporaba en la cama y sacaba algo debajo de su colchón – "Fue mentira, no me gradué y claramente no tengo amigos"
"¿Qué es eso Quinn?" – intente desviar el tema para no entrar en un tema escabroso.
"Cartas, solo cartas" – se bajo de la litera y se sentó conmigo en mi cama. Encendí mi lámpara, para mirar decenas de hojas dispares – "Algunas son para Lindsay, otras para Santana y hasta para Clemence, pero la mayoría son para…"
"Rachel" – termine por ella, ya que al parecer le costaba pronunciar ese nombre – "¿Por qué no las enviaste?"
"Lo hice" – me mostro los sobres rotos – "Cuando me di cuenta de que no me dejarían hablar por teléfono, empecé a escribir cartas, pero tampoco las querían enviar. Le pague a un guardia que dijo que podía entregarlas, le di todo el dinero que mi padre me dejo el primer día" – mire todos los sobres rotos, eran demasiados – "Hace unos días, el guardia fue despedido y otro guardia me devolvió las cartas, solo para burlarse de mi ingenuidad"
"Lo lamento Quinn, los guardias son lo peor de aquí" – apague mi lámpara por si algún guardia se acercaba a inspeccionar.
"Quiero que me hagas un favor" – sentí su mano sobre mi mano, estaba muy delgada y su tacto se sentía débil, ya no le quedaban fuerzas – "Quiero que le entregues las cartas a Rachel, sé que saldrás en unos días. En cambio yo seré trasladada a otro sitio, pero tú puedes dárselas"
"Quinn…"
"No, por favor. Escucha, al menos alguien tiene que creerme y ella tiene que saber que la amo más que a nadie, que nunca quise hacerle daño y que soy inocente" – la rubia estaba temblando.
"Lo hare…"
Esa noche me di cuenta de que ya no tenia ninguna esperanza de salir, si era traslada solo significaba que la habían encontrado culpable y que se iría a una prisión de máxima seguridad. Y esa chica inocente y frágil que había llegado a mi celda no tenia forma de sobrevivir en una prisión así, y ella lo sabía. Solo me preguntaba si ella misma pensaba acabar con su miseria, me pregunte si estaba pesando en… suicidio.
En la mañana, yo fui a desayunar, mientras que ella se quedo arreglando un pequeño equipaje. Cuando volví a la celda mas tarde, ella ya no estaba. Debajo de mi colchón estaban las cartas que tenia que entregar, la curiosidad pudo conmigo y las saqué, leí unas cuantas.
No espero que respondas, no es esa mi intención, solo quiero que sepas y que leas cuanto me importas…
El bebé de Britt debe ser hermoso, dile cuanto me alegro por ella…
Te vi en las nacionales, estuviste increíble. Me alegro muchísimo por su primer lugar…
Finalmente nada importa, solo tu Rachel. Te juro que no pienso en nada mas, tú eres la única razón de que siga en pie…
Me encantaría volver a escuchar tu voz, no sueño con otra cosa…
Me dejaron quedarme con la estrellita que me regalaste, siempre la tengo conmigo, igual que a ti, siempre contigo Rach…
Mire las cartas otro par de veces mas y sentí una punzada en el pecho. Sentía lastima por esta niña, porque eso era, solo una niña. Una niña que ahora estaba perdida, y aunque entregara las cartas, ella ya no tenia ninguna salvación, sabia que por su estado últimamente, lo único que ella estaba deseando, era morir. Y no la culpaba. Acusada de intentar asesinar a su prometida y además un sinfín de fraudes por lo de su identidad de chico/chica. Sus padres fueron acusados de eso, pero ellos ya estaban libres, ella no. Nadie se había molestado en visitarla, ni en escribirle o llamarle, estaba sola, sola…
(/faberryodesta)
