Hola. Bueno en realidad si sienten que la historia pierde su rumbo, lo siento. Por el momento es lo que hay :/ Bueno, gracias por seguir leyendo. Disfruten.
POV Quinn
"No te muevas" – me dijo Santana – "Aun estás débil"
"Pero al menos puedo alimentarme sola" – le arrebate la cuchara de las manos.
Mi amiga me conto que había dormido por cuatro días. Dos días nos mantuvimos escondidos en una ciudad cercana de mi prisión, pero ahora estábamos en New York. Clemence tenía contactos en esa ciudad, ellos nos consiguieron acomodar en la última planta de un edificio de oficinas, teníamos una vista increíble y era muy seguro, pero solo podíamos salir de noche.
Clemence y Santana se reunirían esa noche con informantes, gente que decía podía ayudarnos, que podía darnos unas cuantas pruebas en contra de Máximo. Yo no podía ir, tenia que quedarme para reposar.
"Puedo serles útil, puedo quedarme en el auto y todo" – le dije a Santana mientras comía a fuerzas la sopa – "No quiero quedarme mientras ustedes tienen toda la acción"
"Nadie puede verte o nos meteremos en más problemas de los que ya tenemos" – tercio Clemence totalmente seria.
Mi amiga y la rubia me explicaron que Máximo había hecho hasta lo imposible para retrasar mi juicio, y que me llevaría a la nueva prisión para asesinarme, así jamás podría probar mi inocencia. Pero lo del traslado también les dio a ellas una oportunidad para poder liberarme.
"Ahí tienes una televisión y por favor, aliméntate, lo necesitas" – finiquito Santana saliendo por la puerta.
"Volveremos pronto" – se despidió la rubia.
Las mire marcharse. Después de toda la información que me habían dado, lo único que quería hacer era dormir, pero al mismo tiempo esa estúpida información me quitaba el sueño y el apetito. Según Clemence, cuando la policía me aprehendió a ella también la detuvieron, pero los guardias de Máximo. Ella logro escapar y pudo pedirles ayuda a sus padres, pero estos al igual que los míos, se negaron. También intento contactar a Samuel, pero no obtuvo ninguna respuesta. Todo eso solo podía significar una cosa: nuestras familias habían iniciado su guerra y nuestros matrimonios ya no les servían de nada, por tanto nosotros nos volvíamos inservibles a los ojos de nuestros padres. Al parecer solo a Máximo le importaban sus nietos (Lindsay y Sam), pero Clemence y yo éramos solo un estorbo para nuestros progenitores.
Reí amargamente cuando Santana me dijo toda la verdad acerca de mi identidad, que no había peligro con que yo fuera chica, que mis padres me habían mentido para que vistiera como varón, solo para que pudiera casarme con Lindsay o en su defecto con Clemence.
Por otro lado, Lindsay había entrado en coma y aun después de todos estos meses, no había despertado o eso fue lo que le dijo Britt a Marissa quien le dijo a Sebastian que a su vez se lo comunico a Clemence, y esa era la única cadena de información que teníamos para con la familia Pierce-Evans. Claro que cuando pregunte la relación entre Britt y Marissa, ninguna de las dos quiso contestarme.
No supe en que momento me quede dormida, pero cuando desperté, la luz ya se estaba colando por la ventana. En el piso donde estábamos solo constaba de un cuarto cuadrado con un baño pequeñísimo con una puerta enorme, luego en una esquina había una cocina improvisada y una pequeña nevera, teníamos dos sillas y un escritorio gigante donde Clemence tenía innumerables documentos, y finalmente dos camas individuales con sabanas insuficientes. Ah si y unas cajas que servían de guardarropa, todas compartíamos la ropa de Clemence ya que era lo único que teníamos, Santana y yo habíamos decidido vestir normalmente, ya no como varones, de todas formas nos encontrarían vistiéramos como vistiéramos.
Yo estaba durmiendo sola, por lo que mire hacia la otra donde la rubia y mi amiga compartían, de hecho hasta se veían tiernas con Santana abrazando a Clemence, casi estuve a punto de recordarles que la una quería matar a la otra, pero no dije nada, las deje dormir en paz.
Mas tarde, la primera en despertar fue Santana, que al notar que ya estaba despierta y mirándola, se sintió un poco apenada.
"¿Qué?" – dijo fingiendo indiferencia.
"Nada" – sonreí, mi amiga se levanto de su cama y se sentó en la mía.
"Perdóname Quinn" – dijo ella en un hilo de voz, no me miraba, pero sabía que quería llorar – "Le dispare a tu mejor amiga e hice que te metieran a la cárcel, todo es mi culpa"
"Soy más fuerte que eso" – tenía un nudo en la garganta.
Todo ese tiempo que pase en la celda, las horas en que no pensaba en Rachel, me pasaba maldiciendo aquel día en el que todo salió mal. Y no lo niego, hubo días en los que culpe a Santana más que a nadie, pero ella no tenia la culpa, ahora lo sabia. Los únicos culpables eran Máximo Pierce, Jean Poesy y Russel Fabray.
"¿Cómo supiste lo que estaba pasando?" – pregunto Clemence desde su cama, no me di cuenta en que momento se despertó.
"El padre de Santana me llamó" – conteste acordándome de aquel día – "Dijo que intentarías hacer algo en contra de los Poesy" – mire a Santana – "Pero sabía que irías en contra de Clemence primero, así que le pedí ayuda a Lindsay…"
"Ella… ¿Ella sabía donde vivía?" – la francesa parecía contrariada.
"Sabia muchas más cosas de ti de las que crees, fue su idea que te buscáramos en tu departamento" – la rubia se sentó a los pies de mi cama y me miro maravillada – "Ella te quería Clemence"
"Me quiere" – corrigió ella.
No dijimos nada mas, yo misma me sentía culpable. La perspectiva de casarme con Lindsay para evitar todos estos problemas hasta parecía sensata y linda.
"Ese día, Lindsay me beso" – le confesé a Clemence mientras desayunábamos, sentía que tenia que decirlo para sacarlo de mi sistema.
"Yo bese a Santana" – dijo Clemence encogiéndose de hombros – "No hay rencores"
"Pero yo soy sexy, Lucas es un enclenque" – bromeo Santana.
POV Marissa
Lo admito, esa mujer era sexy, un poco madura para mi gusto, pero bastante agradable por así decirlo, pero desde su llegada, mi Rachel se había comportado de una manera extraña; evitaba hablar de la boda, no quería que nos quedáramos a solas y apenas dejaba que la tocara. Por eso el día que me quede a solas con la tipa, me propuse sacarle algo de información acerca de su identidad.
"¿Cuándo te vas?" – pregunte primero, ella tenia una cerveza en la mano y el control remoto en la otra. Los padres de Rachel y ella estaban cocinando.
"Me gusta Lima" – contesto ella con su acento ingles, no despego la mirada del televisor – "Además los señores Berry me contrataron como jardinero, supongo que me quedare una buena temporada"
"Que amable de parte de los Berry" – dije entre dientes, ocultando la ira que crecía en mí.
"Si, no es fácil conseguir empleo cuando acabas de salir de prisión" – se encogió de hombros despreocupada.
"¿Estuviste en prisión?" – mi ira se convirtió en sorpresa.
"Si, diez años" – me miro de forma burlona, no entendía nada, a menos que…
"¿Me ayudas a poner la mesa?" – me pidió Rachel asomándose de la cocina.
No me gustaba en la forma que la tipa me miraba, como si supiera algo que yo no, como si me subestimara, como si estuviera a punto de ganarme en algo.
"No me agrada esa mujer" – le dije a Rachel entre susurros mientras poníamos la mesa.
"¿Lena? Es agradable" – dijo ella restándole importancia al asunto.
"Acaba de salir de prisión ¿Por qué la ayudas?"
¿Por qué no?
La pregunta es ¿Por qué si? – nos miramos a los ojos un momento y sentí la tensión.
Creí que comenzaríamos a pelear, pero en ese instante entraron sus padres y llamaron a Lena para que pudieran iniciar con la comida, pero ya no tenia apetito. Me disculpe con los señores Berry y me largue de ahí. Tenía que buscar a Sebastian.
El chico tenía un departamento en el centro. Su edificio era de los de alta categoría de Lima si es que a eso se le podía llamar categoría. Guarde mi moto en el estacionamiento del edificio, me pareció raro no ver su motocicleta, tal vez no estuviera en casa. Cuando me abrió la puerta fue lo primero que pregunte.
"La vendí" – contesto mientras me invitaba a pasar – "Necesitaba dinero"
"¿Enserio?" – no me creía eso, jamás vendería su motocicleta por dinero – "¿No han hecho nada últimamente?" – y con nada me refería a algún robo – "Me preguntaba si…"
"No ya no hacemos eso" – me corto en tono seco – "¿Qué quieres?"
"Necesito dinero" – confesé sin rodeos.
"Pues busca un empleo, porque si quieres mantener a esa puta que tienes…"
Lo golpee en el rostro, se tambaleo y cayo de bruces al suelo. No permitiría que nadie insultara a Rachel, en especial ese idiota que decía ser mi amigo.
"Lárgate de mi casa" – intento levantarse, pero le apunte a la cabeza con el arma que llevaba.
"¿Dónde?" – le pregunte lentamente, me miro con odio pero señalo una gaveta.
No deje de apuntarle mientras sacaba los billetes del cajón.
POV Lena
La pelirroja le dio un beso suave de despedida, la morena se bajo de la motocicleta y le dijo adiós con la mano, mientras la otra se alejaba por la calle. Luego la pequeña morena camino hacia su casa, fingí que no estaba mirando y me puse a mirar las rosas. Cuando paso a mi lado me sonrió tímidamente. Seguí trabajando otro rato mas, luego Rachel me llamo para cenar.
"Todo está delicioso" – dije mientras comíamos, estábamos solas.
"Siempre dices que esta delicioso" – me reprocho.
"Bueno, es que después de diez años de comida de prisión hasta tu arroz quemado es delicioso" – bromee.
"No está quemado" – se defendió. Entonces note un bonito collar de perlas que tenia puesto.
"Tu collar es muy lindo" – lo señale con mi tenedor.
"Marissa me lo regalo…"
"Se ve costoso" – dije mirándolo fijamente.
"Ha conseguido un empleo"
"Me alegro por ella"
No dije nada mas, era obvio que no me creería si le decía que quizá ese collar fuera robado. Llevaba dos semanas fuera de prisión y ya tenia una semana en Lima, por lo que sabía, Marissa era de ascendencia humilde, no creo que tuviera dinero para comprar un collar así y dudaba seriamente también del anillo de compromiso. Pero no le diría nada a Rachel, seguramente creería que estaba en contra de la pelirroja para poder apoyar a Quinn.
"Dime una cosa Rach" – le dije mas tarde mientras mirábamos la televisión – "Hace mucho visite Lima con mi padre, tenia como once años; conocí a una chica entonces, se llamaba Eva o Gena, o algo así, recuerdo que era pelirroja y odiaba la suciedad…"
"Emma Pillsbury" – dijo segura de si – "Ella tiene OCD y es pelirroja"
"Emma, si, ahora lo recuerdo" – sonreí recordando a aquella chiquilla – "¿Vive aquí aun?"
"Si, trabaja en WM como consejera escolar" – dijo extrañada por mi declaración – "¿Por qué?"
"Mi primer amor, ella fue mi primer amor" – dije soñadoramente.
"Vaya, coincidimos en las pelirrojas" – bromeo la morena.
"Bueno eso en realidad es mentira" – dije mirándola fijamente, ella borro su sonrisa – "Creo que a ti mas bien te van las rubias"
"No" – no pudo sostenerme la mirada, prefirió volver a la televisión – "Emma está casada por cierto. Ahora es Emma Schuester"
"Oh" – la morena quería romperme el corazón como ella lo tenía ¿No? – "Quinn…"
"No" – me corto ella – "Me enamore de Lucas Fabray, y Lucas no existe, eso es todo"
"Entonces ¿Por qué estoy aquí?" – le pregunte, ella se levanto de su asiento y se dirigió a las escaleras – "Rachel, no te cases. Si no quisieras a Quinn, me hubieras echado de tu casa con todo y cartas, pero aquí estoy"
No supe si me escucho o no, solo escuche el sonido de la puerta de su dormitorio cerrándose estrepitosamente. Bueno al menos había entregado las cartas, eso fue lo que le prometí a la rubia, había cumplido, no era mi culpa si la morena no creía nada de lo que estaba escrito en ellas.
Volví a mirar la televisión, seguían con la noticia de las cuatro prófugas, al parecer habían recapturado a una de ellas, mostraron su cara y se me helo la sangre, esa chica era Grecia Hoster, una de las chicas con la que trasladaron a Quinnhacia Santa Rosa. Pero no podía ser, porque en las noticias hablaban de otras prisiones y además mencionaban que solo eran cuatro chicas las reclusas que viajaban en el camión, mientras que con Quinn viajaban cinco en total. A menos que estuvieran ocultando cosas, eso significaba que Quinn estaba libre.
POV Santana
Un informante, otro informante. Llevábamos tres semanas en New York y no teníamos nada. Clemence estaba segura que esa ciudad encontraríamos las pruebas para derrocar a Máximo, ya que después de todo ese era el lugar donde se habían cometido todos los fraudes, pero aun no teníamos nada y me estaba desesperando.
"Me quiero largar de aquí" – le dije un día a Quinn mientras afuera llovía a cantaros.
"¿Por qué?" – pregunto ella medio aletargada por el sopor de la tarde.
"Esta ciudad solo me trae malos recuerdos, aquí murió mi hermano…"
"Y aquí conociste a Britt" – me interrumpió mi amiga.
"Eso también, lo mío con ella se acabó y estar aquí me hace pensar en ella cada minuto de cada día" – confesé dolida.
"Bueno la razón de que pienses en ella cada minuto no es New York, en realidad creo que se llama amor" – mi amiga me sonrió como descubriendo el punto – "Esa es la misma razón de que no deje de pensar en Rachel ¿Crees que ella aun me ame?"
"No… bueno es decir, no lo sé" – balbucee intentando no meter la pata, aun no le decía acerca de la boda de la morena con Marissa.
"Espero que le hayan llegado mis cartas" – mi amiga miro al techo soñadoramente – "Si las lee se dará cuenta de todo, ahí le explico de mi inocencia y de cuanto la amo. Ya verás que Britt también entiende"
"Solo le hecho daño a esa rubia" – suspire cansadamente – "Creo que ella preferiría jamás haberme conocido"
Ahora estábamos en una banca a la intemperie, hacia frio y sentía cierto nerviosismo por ver que sucedería en tan solo unos momentos. El informante dijo a las tres de la mañana al norte de central park, faltaban diez minutos para la a mi lado derecho parecía imperturbable mientras Clemence a mi izquierda se removía nerviosa. Era la primera vez que mi amiga nos acompañaba pero aparentaba más experiencia que la francesa y yo juntas.
"Creo que es ese" – dijo Clemence señalando a un bulto gris a unos veinte metros de nosotras.
Nos levantamos las tres al mismo tiempo y caminamos la distancia que nos separaba de la figura negra más allá. Él o ella no se movió, cuando estuvimos a una distancia prudente note que el tipo o la tipa llevaba una mascara negra.
"Máximo recibirá un gran envió el próximo martes a la una de la mañana en los muelles de siempre" – dijo el tipo, su voz me decía que era hombre, aunque la hacia sonar mas grave de lo que en realidad era.
"¿Qué quieres a cambio de la información?" – pregunto Clemence, todos querían algo.
"Solo que me dejen asesinar al tipo cuando llegue el momento" – dijo con cierto resentimiento, pero su voz flaqueo.
"Tendrás que hacer fila, todos tenemos cuentas pendientes con Máximo" – dije amargamente.
"No creo que tus cuentas se remonten a mas de 17 años ¿O si?" – su voz, yo conocía esa voz.
"Tendrás el honor de asesinarlo, cuando llegue la hora" – aseguró Quinn.
El tipo asintió y se fue por donde vino. Mire a mi amiga con el seño fruncido esperando una respuesta para lo que dijo, Clemence parecía tan confundida como yo, Quinn se encogió de hombros y comenzó a caminar rumbo a nuestro auto. Una vez dentro del auto, la curiosidad pudo conmigo.
"¿Qué demonios Fabray?"
"Si él quiere hacerlo, que lo haga San" – contesto mi amiga.
"Pero ¿Por qué?" – ahora era Clemence la que preguntaba.
"Porque Máximo ha lastimado a Sam mucho mas que a todas nosotras juntas…"
"¿Sam?"
"¿Ese era Samuel Pierce?"
"Pierce-Evans" – corrigió Quinn.
(/faberryodesta)
