How are you people? ... La forma de este capitulo es diferente, espero que lo entiendan.
Sábado
El cielo estaba despejado, la ciudad parecía un poco menos ajetreada ese día y en la radio decían que era un día perfecto para salir a la playa. Rachel deseo poder salir un rato, pero se había auto-impuesto no salir de aquella habitación hasta que todas sus cosas estuvieran ordenadas correctamente. Marissa había prometido que le ayudaría a ponerse cómoda en su nuevo departamento, pero la pelirroja siempre encontraba una excusa para escabullirse del trabajo. Esa mañana por ejemplo, Marissa puso la excusa de salir a buscar empleo y estaría bien, pero Rachel le había suplicado tomar el empleo que ya le ofrecía un amigo de la familia Berry, pero la pelirroja era demasiado obstinada, y Rachel se pregunto si era eso lo que le esperaba en su vida de casada.
"Marissa es perfecta" – le había dicho a Lena la mañana que se despidieron en Lima.
Lena seguía en el plan de odiar a Marissa, cosa a Rachel no le parecía nada, después de todo amaba a esa chica y no dejaría que nadie le bajara los ánimos con ella. Pero a veces cuando pensaba en Marissa y la maravillosa vida que tendrían, su cabellera roja se transformaba en rubia y sus ojos azules se volvían verdes; y aunque Rachel se obligaba a no pensar en Quinn al punto de querer volver a escuchar su nombre y quemar sus cartas, no podía sacarla de su cabeza, se había pasado semanas leyendo una y otra vez cada carta de la rubia.
Fue hasta muy tarde cuando Marissa llego al apartamento con una sonrisa de oreja a oreja, Rachel la recibió con un beso suave y comieron sobre la alfombra del apartamento, aun no tenían muebles aparte de la cama.
"Por esa sonrisa deduzco que te fue bien" – dijo Rachel sonriente.
"Así es, son pocas horas y la paga es muy buena" – le conto Marissa muy animada.
"¿Enserio?" – la morena estaba orgullosa de su prometida – "¿Y cuando comienzas?"
"Esta misma noche…"
"¿Dónde es ese trabajo exactamente?"
"En un bar…"
"¿Cómo mesera?"
"No, como bailarina" – dijo Marissa como si no tuviera importancia, Rachel casi se atraganta.
Mientras en otra parte de la ciudad Santana se preguntaba si la pizza aun era comestible o tendría que arriesgarse con la sopa del Deli que parecía aun más sospechosa. Miro a sus compañeras y ellas parecían sumergidas en sus respectivas lecturas, al parecer ella era la única en ese cuarto que se preocupaba por alimentarse, las otras dos al parecer habían perdido el apetito. Suspiro cansadamente y tomo un trozo de pizza.
"¿Cuándo saldremos a comprar comida decente?" – pregunto mientras se dejaba caer sobre su cama.
"No podemos arriesgarnos a salir de día" – contesto Clemence sin apartar la vista de su escritorio.
"Me siento como vampiro, justo en este momento creo que su sangre es más apetitosa que esta porquería" – se quejo la latina masticando trabajosamente.
"Este tipo puede ayudarnos" – dijo Quinn señalando su libro sin hacerle caso a Santana – "Su padre fue asesinado por Máximo y ahora él es policía"
"Ya lo contacte, no nos puede ayudar" – negó Clemence – "Necesitamos a alguien con mas poder"
"Entonces tal vez deberíamos reconsiderar a Emma…" – intento decir Quinn.
"No" – la corto la francesa – "Ya lo decidimos…"
"Tú lo decidiste" – tercio Santana acordándose del tema.
Emma Gray era una chica no muy mayor que ellas, pero heredera de una dinastía de estafadores, traficantes y casas de juego, así como bares y cadenas hoteleras a lo largo de todo el continente y algunas partes de Europa, la chica era inglesa y había mantenido una relación con Clemence, al parecer habían terminado mal por eso la francesa no quería nada con ella, a pesar de que Emma Gray podía serles de mucha ayuda.
"Dijiste que los hombres de Máximo asesinaron a su hermano, me imagino que no le tiene precisamente cariño al tipo" – objetó Quinn, luego saco varios documentos – "Su dinastía de delincuentes es inmensa, ella puede ser la clave"
"Pero fue la muerte de su hermano lo que la hizo ser la única heredera de su padre, que sospechosamente murió hace dos años" – dijo Clemence moviendo la cabeza negativamente – "Emma no es la misma niña que conocí hace años, ahora es una reina criminal"
"No esta de más intentar" – continúo Quinn testaruda – "Algo de la niña que conociste debe quedar ahí"
Las oficinas se vaciaban a las 7:00 pm, los conserjes limpiaban hasta las 9:00 pm, y después de esa hora las chicas podían salir de su escondite, bajar por las escaleras de servicio y colarse para salir por el estacionamiento donde tenían un auto diferente cada noche (cortesía de los amigos de Clemence). Esa noche tomaron su auto a las 11:00 pm con rumbo desconocido, porque irían a buscar a Emma y no tenían ni idea por donde iniciar.
Domingo
Fue hasta la 1:00 am cuando dieron con Emma Gray en uno de sus tantos bares, al principio no los dejaron pasar, luego Santana comenzó a discutir con el guardia, luego estuvieron a punto de echarse a correr cuando las amenazaron con llamar a la policía, pero finalmente otro de los guardias reconoció a Clemence y al fin las dejaron entrar. Ese mismo guardia las condujo a una mesa especial desde donde se veía todo el escenario en el que varias chicas bailaban de forma erótica.
Se les acercaron algunas chicas ofreciéndonos bailes privados, Quinn solo se ruborizaba mientras Santana se veía a punto de aceptar, pero era Clemence la que las rechazaba a todas recordándoles para que estaban ahí. Y la razón de que estuvieran ahí se presento hasta cerca de las 2:00 am, Emma Gray llego hasta su mesa con un aire de superioridad que Santana desaprobó al instante y que a Quinn puso nerviosa, mientras Clemence le dedico una mirada curiosa.
"No esperaba volverte a ver rubia" – dijo Emma, era una mujer muy bonita con un corte de pelo demasiado corto y una mirada demasiado atrevida – "Pero que desperdicio ¿Dónde esta tu cabello rosa?" – a Rachel le encantaba el rosa, eso pensó Quinn.
"Emma, necesitamos tu ayuda…" – comenzó Clemence.
"Muchos necesitan mi ayuda, ¿Por qué debería dártela ti?" – la chica se sentó frente a Clemence y se olvido de las otras dos.
"Venganza" – dijo Santana, ni siquiera la miro, su mirada seguía clavada en la de Clemence.
"Justicia" – contesto la francesa – "Evan creía en la justicia y…"
"Y esta muerto" – terminó Emma – "Mi hermano era un estúpido, un delincuente que se sentía héroe, ¿Sabes que hacia en sus ratos libres?" – la rubia negó con la cabeza – "Repartía comida y ropa en los barrios pobres de la ciudad, como si eso los fuera a sacar de su miseria"
"Les daba esperanza" – tercio Quinn, la otra chica al fin pareció notar su presencia.
"¿Quién eres tú?"
"Una amiga" – contesto rápidamente Clemence, no quería que se revelara la identidad de Quinn – "Emma por favor, ni siquiera tienes que actuar personalmente"
"Mira Fleur, toma todo el dinero que te quede, búscate un país muy lejos de aquí y vive una vida feliz, si quieres también llévate a tus amigas y deja a los señores seguir con su guerrita" – luego llamo a una camarera para que les trajera algo para beber – "Disfruta la vida como yo lo hago" – le dio un trago a su bebida y señalo al escenario – "Mira, es chica es nueva y ya esta causando sensación ¿Quieres una sesión privada con ella?, vamos, a mi cuenta"
"Tú no entiendes nada" – dijo Clemence enojada. Santana tenía los ojos como platos al reconocer a esa chica nueva, era Marissa. Quinn por su parte tenia la vista clavada en su bebida, no se había dado cuenta de nada y Clemence estaba muy enojada para reconocerla – "Quiero recuperar mi vida, y ellas también"
"Pues suerte con eso" – Emma se encogió de hombros – "Yo no puedo…"
Escucharon un estruendo que interrumpió su conversación de golpe. La francesa creyó que era un petardo, la chica inglesa estaba segura que eran disparos. Quinn y Santana se levantaron para obtener una mejor visión del sitio donde provino el sonido y todas las personas en el bar incluyendo a las bailarinas miraban hacia la puerta donde una docena de hombres armados hacían su aparición. Emma hizo una señal con la mano y otra decena de hombres armados salieron de atrás de la barra para hacerles frente a los extraños.
"¿Cuál es el plan? ¿Fuego con fuego?" – Clemence seguía sentada.
"Fuego y dialogo" – contesto Emma.
La inglesa camino hasta donde estaba la acción. Un hombre de los extraños se adelanto y le apunto a la cabeza, todo se puso tenso entonces, se apuntaron los unos a los otros, pero nadie disparaba aun, en cuanto alguien lo hiciera se armaría el se puso los lentes oscuros que llevaba y el gorro de tela que le cubría hasta las orejas, se acercó lentamente para poder escuchar.
"…es lo que quiere" – iba diciendo el hombre.
"Que se pudra, ya teníamos un trato" – dijo Emma que ahora también tenia un arma.
"Pues ya no es suficiente" – dijo el tipo – "Quiere más dinero."
"No…"
Mas tarde nadie sabría decir que bando había disparado primero, pero cuando comenzó ya nada pudo pararlos. Santana y Clemence se sorprendieron refugiándose debajo de las mesas, mientras Quinn tuvo que saltar precipitadamente detrás de la barra entre vidrios rotos y el sonido ensordecedor de las balas. Escucho gritos de mujeres y un dolor agudo en la cabeza.
Emma tiro una mesa y se refugio detrás, una bala le rozo el hombro y profirió una maldición, se movió de lugar para quedar detrás de la barra, miro a Quinn mas allá que luchaba con la sangre que le emanaba de la frente. Volvió a cargar su arma y le tiro la que traía de repuesto a la rubia, la chica se lo agradeció con un asentimiento mientras se quitaba los lentes oscuros. De pronto había silencio, la inglesa se levanto solo lo suficiente para notar que había perdido. Todos sus hombres habían caído y aun quedaban cuatro enemigos en pie.
Se levanto, arrojo su arma y levanto las manos.
"Me rindo" – dijo con voz apagada – "Tengo el dinero en mi despacho…"
Los hombres se distrajeron mirando a Emma lo suficiente para que Quinn pudiera dispararle a uno de ellos y Santana a otro, los otros dos que quedaron se vieron confundidos y una bailarina que estaba detrás de ellos los apuñalo al mismo tiempo. Emma quiso gritar pero ya todo estaba hecho, no había vuelta atrás.
"Tienen a mi hermana" – dijo a nadie en particular – "Y ahora seguro que la van a matar, teníamos un trato, treinta millones y me la entregarían el martes… el martes"
"Lo siento, no sabíamos" – balbuceo Clemence mientras se acercaba a ella.
"Dijeron que el martes… martes" – se le quebró la voz y comenzó a llorar.
Lunes
Rachel se porto comprensiva con lo del empleo, estaba a punto de hacer uno de sus típicos dramas, pero no dijo nada, quiso apoyar a su prometida lo mas que pudiera, pero el domingo en la mañana cuando Marissa llego con cortes de vidrio en la cara y en los brazos, la morena le suplico que dejara el empleo, la pelirroja se negó y alego que ahora le pagarían el doble por haberle salvado la vida a la dueña.
"Ya tenemos dinero para ir a la playa" – había dicho animadamente la pelirroja.
El lunes en la madrugada se presento sin ninguna herida nueva, más bien con un cheque de mil de dólares regalo de la dueña por su valentía y la noticia de que la había ascendido a asistente personal. Rachel se alegró por un momento ya que al menos su novia ya no se desnudaría para los extraños, pero seguía teniendo serias dudas acerca de la seguridad de ese empleo.
"Te lo dije, eso del tiroteo fue un evento fortuito y aislado, no volverá a pasar" – aseguro Marissa mientras desayunaban.
"¿Podremos ir hoy a la playa?" – pregunto Rachel ilusionada, al fin había terminado de acomodar todo el departamento y se merecía un día lindo como recompensa.
"Mañana, es que anoche trabajé hasta tarde y me siento cansada" – se excuso la pelirroja – "Y hoy no trabajare, Emma me dio la noche libre, mañana estaré mejor"
"De acuerdo, mañana será" – dijo Rachel que también se sentía un poco cansada.
Después de desayunar volvieron a la cama.
Emma las cito muy temprano ese día, por lo que tuvieron que salir de su refugio mucho mas temprano aun, antes de que alguien llegara al edificio. Santana se quejo de eso por todo el camino rumbo a la casa de la inglesa. Quinntenía un parche en la cabeza que ocultaba la herida provocada el domingo por un vaso roto, Clemence conducía y no dejaba de repetirles que esa podría ser su gran oportunidad.
Emma las recibió aun medio dormida en el comedor de su casa, las invito a desayunar fruta, café y pan recién horneado. Tenían meses sin comer decentemente, Santana comió todo con avidez, la francesa mantuvo la compostura pero no podía negar que todo estaba delicioso, Quinn solo esperaba jamás volver a probar la comida de prisión.
"Según lo que me dijo Rachel" – Rachel fue el primer nombre falso que se le ocurrió a Quinn – "Su informante dice que un gran cargamento le llegara a Máximo en la madrugada del día martes. Estoy segura de que mi hermana viene en ese cargamento"
"Afíef" – corroboro Santana con la boca llena – "Así es, ¿Cuál es el plan?"
"Entrar, sacar a mi hermana y matar a quien sea que me lo impida" – dijo la inglesa rápidamente.
"Fácil de recordar sin duda" – reconoció la latina – "Pero ¿Qué hay de nosotras?"
"Una vez que Elena este segura, atrapare a Máximo; le sacaremos la verdad acerca del paradero de tu amada Lindsay" – señalo a Clemence con su tenedor – "Luego hare que ordene limpiar el registro criminal de tus amigas y finalmente lo matare, nombraremos herederos a Samuel y Lindsay de toda su dinastía…"
"Y todos vivieron felices para siempre" – dijo Clemence irónicamente.
"Suena fácil si" – admitió Emma – "Porque la parte difícil será atraparlo"
"¿Qué tenemos que hacer?" – Quinn estaba más que dispuesta a arriesgar lo que fuera.
"Ayudarme a liberar a mi hermana mañana" – la inglesa miro hacia la pared que tenia a su izquierda – "Ella es la única familia que me queda, Elena es mejor que esta vida, tengo planeado mandarla de vuelta a Londres para que tenga una vida normal, mi hermana se merece eso y mas" – suspiro y miro a sus interlocutoras una por una – "Ustedes son las únicas en las que confió para que me ayuden a liberar a mi hermana, sé que a ustedes no las pueden comprar, ni mucho menos me traicionarían"
"Lo haremos" – dijo Santana dejando de comer por un momento, se puso seria – "Cuenta con nosotras"
"Definitivamente" – apoyo Quinn.
"No te fallaremos Emma" – aseguro Clemence.
Martes
Por fin podía visitar las playas legendarias de New York, no era un día tan soleado como hubiera querido, pero algo era algo, además Marissa iba a su lado muy contenta. Caminaron por la playa tomadas de la mano sin prisas, tendieron sus toallas a unos diez metros de la orilla.
"¿Trajiste el bronceador?" – pregunto Rachel rebuscando en su bolso.
"No, no creí que fuera necesario ¿Con que te vas a broncear? ¿Con las nubes?" – dijo la pelirroja despreocupada. Entonces por arte de magia el sol comenzó a colarse por las nubes.
"¡Marissa!"
"Está bien, iré a comprar uno" – dijo ella de mala gana.
Rachel se dedico a observar las idas y venidas de las olas mientras esperaba a su prometida que iba refunfuñando en su camino hacia la tienda, a veces la pelirroja era demasiado despreocupada, en eso pensaba la morena cuando de la orilla le llego un resplandor dorado.
La curiosidad pudo con ella, se levanto de su lugar y fue hacia ahí, había pedazos de madera chamuscados que eran remolcados por las olas hasta la orilla, y un poco enterradas en la arena había unasgafas negras y enredado a ellas un collar que era el que desprendía el brillo dorado, era de oro y estaba todo enredado, eso fue lo que le ayudo a conservar el dije en forma de corona que tenia.
Rachel lo levanto y lo libero de las gafas, fue entonces que se dio cuenta de que el colgante no era una corona, era una estrella de cinco picos, sintió como el alma se le caía a los pies cuando al mirar al reverso el grabado era L.Q.F.. Ese collar era el que ella le había dado a Lucas hace ya casi diez meses, pero ¿Qué hacia ahí? Su única pista eran trozos madera quemada.
"Lo tengo" – ni siquiera noto cuando Marissa llego a su lado – "Oh genial, hasta aquí llegaron los guijarros"
"¿De qué hablas?" – trato de sonar indiferente mientras en su pecho su corazón estaba a punto de salirse.
"Vi las noticias esta mañana, al parecer hubo una explosión en los muelles de Longsword" – señalo hacia un punto invisible en el mar – "Creo que es por allá, pero no estoy segura… ¿Por qué lloras Rach?"
"Recordé cuanto amo el mar" – mintió mientras apretaba contra su pecho el collar dorado.
(/faberryodesta)
