Hola gente, este es el capitulo final de este fic. El siguiente capitulo es un pequeño epilogo, espero que les agrade.


El sábado de la boda

El clima era perfecto para una boda, una boda lúgubre sin mayor alegría que la de celebrarse en un día tan lluvioso y nublado como ese. A Emma Gray no le importaba en lo más mínimo el clima o el hecho de que su vestido se fuera a arruinar con el agua, ni siquiera le importaba que Clemence Poesy llevara más de tres días desaparecida. Lo único que realmente importaba aquel día era salir con vida de aquella boda.

Su vestido no era adecuado para esconder ningún arma, pero la lluvia le daba el pretexto perfecto para usar una chaqueta en la cual podía esconder hasta una escopeta. Se miro por última vez en el espejo, cargo todas sus armas y toco el filo de sus cuchillos. Luego bajó a la recepción del hotel y ordeno que se realizaran los últimos preparativos para la boda que tendría lugar en tan solo una hora más en aquel hotel famoso precisamente por ser utilizado para bodas.

La inglesa esperaba que los grandes señores Pierce-Evans y Fabray no pusieran muchas objeciones, que se sentaran en silencio y que la tensión no fuera tan palpable al menos durante la ceremonia. Emma había perdonado a Máximo por secuestrar a su hermana y él la había perdonado por explotar su barco que supuestamente no fue una trampa. Pero Lindsay y Quinn eran la clave para terminar con su guerra de una vez por todas, no importaba lo que hubiera pasado antes, con que no se volviera a repetir todo quedaba perdonado.

Las chicas querían que su boda fuera lo antes posible, pero los que de verdad quisieron apresurarla al enterarse fueron los grandes señores, Emma tuvo menos de una semana para prepararlo todo, pero aun así nadie se podía quejar, todo había quedado maravilloso. No sería la boda del siglo, pero si no había ningún tiroteo hasta se podía dar por buena.

Al otro lado de la ciudad, en otro hotel de los gray menos lujoso, pero si más seguro se encontraba Santana, la latina se estaba preparando para partir a Londres. Tenía una pequeña maleta con ropa recién comprada, regalo de Emma; un arma cargada y un cuchillo escondido en su bota. Tenían que estar en el aeropuerto en menos de dos horas, viajarían en un avión comercial con nombres falsos, nadie tenía que saber que Elena Gray estaba saliendo del país, alguien podía lastimarla y eso era lo último que Emma Gray buscaba para su hermana.

"Es una lástima que te pierdas la boda de tu mejor amiga" – comento Elena mientras viajaban en un coche de los Gray rumbo al aeropuerto. Emma le había advertido que su hermanita no quería irse, bueno en realidad Santana tampoco quería, pero lo ocultaba mejor.

"Ella no es mi amiga" – soltó la latina recordando las palabras de Quinn. La rubia estaba más que enojada al saber de la boda de Rachel de otras personas, pero no de Santana, lo sentía como traición.

"Enamorado…" – murmuro Elena quedamente, se le quebró la voz – "¿Alguna vez te has enamorado?"

"No, nunca" – mintió Santana aferrándose al volante con más fuerza de la necesaria y acordándose de una cabellera rubia y unos inocentes ojos azules.

"Mientes" – aseguró Elena, la otra chica no contesto – "Lo sé por tu mirada… la extrañas"

"Quizás, pero eso no es algo que te incumba" – la latina comenzaba a hartarse de esa platica sin sentido.

"Lo sabes entonces, sabes cuánto duele cuando te separan de ese alguien…"

"¡Basta! No te llevare de vuelta, iremos a Londres y cerraras la boca" – finalizo una enojada Santana.

Durante el trayecto hacia la terminal la inglesa no dijo nada más y Santana se lo agradeció en silencio. Cuando al fin llegaron a su destino, Elena tenía los ojos llorosos y la latina recordó algo que le rondaba por la cabeza todo el día…

"¡Corre Santy!" – grito una pequeña rubia de no mas de 9 años corriendo por los pasillos de un gran edificio.

"¡Espera Britt-Britt!" – gritó una latina un poco mas grande caminando perezosamente detrás de la otra chiquilla.

"Llegaremos tarde Santy" – se quejo la rubia.

"Esos patos no se irán a ningún lado" – dijo la latina – "Ahora toma mi mano, podrías resbalar y hacerte daño"

"No mientras tú estés conmigo Santy"

Abrió el maletero del auto casi robóticamente, su cerebro estaba en otro sitio, un sitio más cerca de New York que de Londres. Miro a Elena secarse las lágrimas y levantar el rostro altivamente, la chica tenía dignidad y más orgullo del que admitía.

"No iré a Londres" – las palabras de Santana salían de su boca sin ningún sentido para su mente, pero si para su corazón.

"Nos espera una boda ¿No?" – Elena comprendió enseguida.

"No podemos faltar…"

En Manhattan por otro lado, Rachel utilizaba hábilmente todo su kit de maquillaje para ocultar todos los moretones causados por Marissa, Lena no había vuelto y la pelirroja se lo había tomado como un permiso para maltratar mas a Rachel. La morena intentaba concentrarse solo en sus clases en NYADA y cerrar su mente a las cosas que sucedían en su hogar como a Marissa le gustaba llamarlo, Rachel sabía que estaba muy lejos de serlo.

"¿De nuevo ese collar?" – profirió Marissa con odio mirando la figura de su prometida en la sala – "¿Dónde está el que te regale?"

"Este es más apropiado para el vestido que traigo" – la pelirroja quería refutar, pero se dijo también que sería más divertido así.

Marissa tenía uno de los mejores autos de Emma Gray para que su llegada a la boda no pasara desapercibida, quería que Quinn Fabray la viera llegar de la mano de Rachel desde el momento en que pusiera un pie en el hotel, hasta la lluvia amenizaba la peor boda del siglo, eso mantenía a la pelirroja de buen humor. Después de ese día Rachel sería completamente suya, no habría nada mas que se interpusiera entre ellas, nada, incluso mandaría matar a Lena si fuera necesario.

Esperó a Rachel en el auto, la morena no tenía ni idea de a dónde iban, Marissa lo había ocultado premeditadamente, se dijo que si era una sorpresa seria aun más doloroso para Rachel.

Lindsay estaba muy nerviosa, era su boda, se le permitía estarlo. Los sirvientes de Emma le ayudaron a prepararse, su vestido era bellísimo y el de Quinn también, ella misma los había escogido. Tenía que concentrarse, ese mañana se acababa la estúpida guerra entre sus familias y ella seria la razón de la paz. Su abuelo estaría presente en la ceremonia y había prometido llevar a su hermano también, también estarían los Fabray, todo tenía que salir perfecto y los cálculos para ello debían ser precisos.

Lo único que mas deseaba era que Quinn no se arrepintiera de lo que estaban a punto de hacer, la rubia era la que se había mostrado más reacia a la idea, pero al final había terminado cediendo, porque se amaban, siempre se amaron.

Cuando Quinn entró al salón de eventos todos los ojos se volvieron hacia ella, eran unas cincuenta personas en todo el lugar, caminó con la cabeza alta hasta llegar junto al juez que las casaría, y tal como esperaba delante sentados en primera fila estaban los grandes señores Pierce y Fabray, sus padres le sonrieron.

Examino la cara de los invitados, algunos eran empleados del hotel o de la guardia de los Gray, pero la mayoría eran hombres armados de su padre y de Máximo respectivamente. Pero había alguien mas entre todo aquel mar de extraños y Quinn casi se echa a reír por la similitud de la escena, pero al mismo tiempo sintió como si alguien estrujara su corazón en un puño. Rachel estaba ahí, en una de las últimas filas sentada junto a Marissa.

Lindsay Pierce entro en la estancia con total elegancia y le sonrió levemente a su futura esposa, no miro a nadie, llego hasta Quinn.

"No te amo" – susurro la morena para que solo su interlocutora lo escuchara.

"Yo tampoco" – contesto Quinn.

Se hizo un silencio infinito. El juez se aclaró la garganta y comenzó a recitar los estamentos legales de aquella ceremonia. Lindsay le tendió la mano a Quinn quien la tomo titubeante, se miraron a los ojos y se dijeron tantas cosas que solo ellas podían entender, que solo ellas sabían.

"¡Lindsay no!" – grito una voz rompiendo toda armonía. Todas las miradas se clavaron en la entrada del salón donde una rubia empapada hacia su aparición y detrás aparecían otras dos mujeres importantes en la vida de Quinn, eran Clemence, Santana y Lena – "No te cases por compromiso, me amas y yo te amo…"

"Sáquenla de aquí" – ordeno Lindsay a los guardias de los Pierce, varios de ellos se acercaron a las recién llegadas, pero de la nada aparecieron una veintena de hombres armados.

"No me puedes sacar de aquí, ahora soy la única Poesy con vida y por lo tanto la reina de mi dinastía, ¿No lo ves? Ahora podemos estar juntas" – dijo la francesa tan desesperada que Quinn sintió lastima por ella.

Todos levantaron sus armas apuntándose los unos a los otros, Máximo Pierce seguía en su asiento indiferente a todo, él sabía que tenía muchos más hombres que los Fabray y los Poesy juntos. Russel Fabray en cambio comenzó a sudar, las cosas se pondrían feas y seguro que los Pierce no estarían de su lado. Lindsay escucho como alguien le quitaba el seguro a su arma y se sintió morir, Quinn a su lado estaba igual, pero era hora, el todo por el todo. Las dos hermosas novias con vestidos blancos y ramos idénticos sacaron sus armas de las flores, ambas apuntaron a sus respectivos familiares, y por un momento, la sorpresa se reflejo en el rostro de Máximo Pierce.

"¿Creen que asesinándonos terminaran con la guerra?" – dijo sonriendo altaneramente. Las chicas también sonrieron.

"¿Quién dice que queremos asesinarlos?" – intervino Quinn, ahora las miradas estaban clavadas en ellas, y las armas las apuntaban con más vehemencia.

"Mi nombre es Lindsay Pierce, mi padre fue Sean Pierce y por derecho de nacimiento soy la heredera de los Pierce-Evans" – recito la chica, alto y claro para que todos la escucharan.

"Mi nombre es Lucy Quinn Fabray, única hija de Russel Fabray y por derecho su única heredera" – la rubia hizo lo suyo, Máximo soltó una carcajada.

"¿Qué esperaban obtener con este teatro?" – el tipo se levanto y miro a sus hombres – "¿De verdad creían que mis hombres se pondrían de su lado?" – pero su sonrisa se borro cuando varios de sus hombres bajaron sus armas – "¿Qué hacen idiotas? ¡Dispárenles!"

¿De qué bando vinieron las bala? Nadie supo, pero dispararon. Se escucharon innumerables disparos, toda la estancia se lleno de pólvora y cartuchos agotados. Máximo se arrojó detrás de unas sillas, Lindsay y Quinn se refugiaron detrás de la mesa del juez. Pero la rubia no podía estar ahí, salto por encima de la mesa, tenía que asegurarse de que Rachel estuviera a salvo y tuvo que entrar al escenario de las balas erráticas que le pasaban rosando el cuerpo. Lena alcanzo a salir del salón y se fue a esconder hasta la barra de la recepción. Clemence recibió varios disparos, pero ninguno de gran importancia o eso fue lo que ella pensó, alguien se puso frente a ella como escudo y la saco del salón.

Marissa tomo a Rachel y la hizo tirarse al suelo justo a tiempo, la pelirroja se coloco sobre la morena para servirle como escudo, mientras disparaba con la otra mano. Sintió un dolor tremendo en la espalda media, luego otro en la pierna y finalmente un dolor que la cegó por un instante y luego nada. Cuando Quinn llego junto a Rachel, el cuerpo sin vida de Marissa la estaba protegiendo, la rubia se arrojó al suelo junto a la morena, tomo su mano y le dijo que todo iba a salir bien.

De pronto todo se detuvo, la mitad de los hombres estaban agotados y la otra mitad estaba en el suelo. Solo se apuntaban los unos a los otros, pero había miedo en sus ojos, al final Máximo sangraba copiosamente en el suelo, Russel yacía inconsciente a los pies de su esposa, Samuel sangraba en una esquina, Emma estaba herida y seminconsciente. Quinn se levanto del suelo y Lindsay salió de su escondite.

"¡Maldición!" – exclamó Máximo intentando detener su hemorragia – "¿Qué están esperando? ¡Lionel llama a una ambulancia!"

Lionel no se movió de su lugar. Nadie se movió, los hombres se miraron unos a otros, todos estaban cansados, tanto física como mentalmente. Por un momento, solo por un leve instante Quinn sintió pánico y se dijo que todo acabaría ahí. Ni siquiera sentía aquel miedo por ella, pero había una morena aferrada a su mano. En su cabeza pasaron mil imágenes borrosas, imperiosas. Recordó como Lindsey salía herida, cuando la llevaron a la cárcel, cuando despertó en el hotel y por sobre toda imagen turbadora estaba aquella cuando su mirada se cruzo por primera vez con Rachel.

"Lo siento Máximo, pero solo sigo órdenes de mi jefe" – dijo Lionel mirando a Lindsay, todos los hombres de los Pierce lo siguieron.

"¿Qué ordena señorita Fabray?" – era la mano derecha de Russel quien hablaba, Walker – "Nuestros hombres están cansados de jugar al ajedrez."

Y todo pareció funcionar correctamente por una sola vez en toda su vida, eso pensó Quinn mientras se levantaba del suelo con ayuda de sus hombres, ayudo a Rachel y la abrazo, la diva temblaba. Su padre estaba en el suelo y su madre había huido, seguro que Russel estaba muerto y a Quinn no le importaba ni siquiera un poco.

"Yo también estoy cansada" – contesto Quinn – "Es hora de ir a casa Walker"

Walker asintió, ordeno a todos sus hombres bajar sus armas y retirarse, le informo a Quinn que tenían un auto para ella esperándolos afuera y tenían que apresurarse porque la policía se acercaba, Quinn tomo la mano de Rachel, sin soltar su mano la condujo fuera de aquel salón de muerte, le dirigió una última mirada a Lindsay y a Emma, ambas asintieron y ese fue su único gesto de despedida. Todos los hombres comenzaron a bajar sus armas y a dispersarse.

"Es una broma ¿Verdad Lionel?" – dijo Máximo desde el suelo riendo histéricamente.

"¿Qué hacemos con él señorita?"

"De él me encargo yo" – dijo Sam acercándose, detenía su sangrado con una mano. Saco su arma y le apunto a su abuelo a la cabeza, lo miro a los ojos, por fin llegaba su venganza.

"La policía estará aquí pronto, apresúrate" – dijo Emma sosteniéndose en pie precariamente con la ayuda de su hermana que lloraba.

"Fui un padre para ambos ¿Y así me lo pagan?" – dijo Máximo tosiendo sangre.

"Es que eres nuestro padre" – murmuro Lindsay poniéndose al lado de su hermano – "Mataste a nuestro padre, a tu hijo y violaste a nuestra madre."

"Gracias por todo… padre" – articulo Sam con todo el odio que sentía, luego disparo.

Se acabó, es todo, fue lo que pensó Lindsay mientras su hermano la guiaba fuera de aquel salón, era el momento de ser feliz finalmente. Podría cantar en donde quisiera, podría viajar a donde quisiera, podría hacer lo que quisiera, al fin era libre y todo hubiera sido perfecto, sin tan solo… se imagino viviendo en parís con la mujer que amaba, proponiéndole matrimonio mientras miraban la torre Eiffel y teniendo ese final feliz que todos los cuentos de hadas prometen.

"Lo intente, de verdad lo intente" – musito Santana con sangre en las manos.

"Lo sé" – dijo Lindsay inclinándose para acariciar el rostro Clemence, aun estaba tibio.

"Nosotras no sabíamos nada de este plan" – dijo Santana con la voz quebrada. Lindsay no dijo nada, temía haberse quedado sin voz para siempre.

"Clemence te hizo heredera, por si algo pasaba" –dijo un hombre alto entregándole un sobre a Lindsay – "¿Cuáles son sus ordenes señorita Pierce?"

"N-no soy s-su jefa" – balbuceo la morena sin soltar el rostro de Clemence – "Ella lo es"

"¿Yo?" – preguntó Santana sorprendida – "No creo que…"

"Te lo ordeno" – Lindsay se puso en pie y fue imposible cuestionar su autoridad – "¡Lionel! Llévate el cuerpo de la señorita Poesy para que pueda tener los honores adecuados."

"¿Cuáles son sus ordenes señorita..?" – repitió el hombre alto pero ahora hacia Santana.

"Soy Santana y vamos a Lima… a casa."


(/odestafaberry)