Aquí el siguiente capítulo ^^ Muchas gracias a todos por vuestros reviews, enserio, muchísimas gracias a todos.
A la mañana siguiente, después de oir los refunfuños de Sam cuando las alarmas sonaron a las siete de la mañana, arreglarse, desayunar y pasarse una hora en el autobús, llegaron a un puerto donde tomarían en vaporetto, una pequeña embarcación que los llevaría por el Gran Canal de Venecia hasta la Plaza de San Marcos.
Freddie se apresuró a sacar su cámara de vídeo y las chicas las de fotos.
Entraron en el barquito Sam, Freddie, Carly, Taylor, Hayley, Gibby y Jeremy, acompañados por su profesora de Historia e Historia del Arte. Una mujer llamada Isabel, la profesora favorita del grupo que iba en el vaporetto a parte del de Filosofía.
La embarcación se puso en marcha y el joven que la conducía les dijo que podían abrir el techo para ver mejor la ciudad, pero que no se pusiera todos a la parte de atrás, que al menos dos fueran delante junto a el. En el caso de que no lo hicieran, acabarían todos en el canal. Y, no se sabe si por cosas del destino o de la velocidad de sus compañeros, que a Sam y Freddie les tocó juntos en la parte delantera.
Freddie P.O.V.
Hacía mucho frío, pero la verdad a nadie parecía importarle, ya que nadie llevaba chaqueta ni gorro. Sí, llevábamos capas y capas de ropa, pero nunca parecían suficientes. Brillaba el sol que se asomaba tímidamente a través de las nubes, pero aun así, los termómetros marcaban 6 grados de temperatura.
Saqué mi cámara y comencé a grabar planos de la ciudad, de mis compañeros, de mi incluso, hasta que el objetivo de mi cara se paró en Sam. Bajé la cámara lentamente para ver mejor lo que había visto en la pantalla de la cámara.
Sam estaba apoyada en la pequeña barandilla de seguridad con los ojos abiertos como platos y una sonrisa de oreja a oreja en la cara. Su pelo se movía violentamente debido al viento, y los rayos del sol hacían que los reflejos dorados de su pelo enviaran destellos que se colaban directamente en mis pupilas. Hipnotizándome.
Rápidamente levanté la cámara y capté esa imagen, no podía permitir que se perdiera y cayera en el olvido.
-Freddie – Dijo Sam de repente mirando a la cámara – esto es mejor que cuando nos hicieron la prueba de la silla temblorosa cuando participamos en el concurso para ir al espacio.
-Tienes razón, esto es muchísimo mejor.
-Chicos – Dijo Carly desde el otro lado - ¡Foto! – Gritó.
-Sí, dijo Sam – Foto Titánic. Yo soy Jack y Freddie es Rose.
Entonces se puso detrás de mí y me cogió por la cintura y yo, riendo a carcajada limpia por la cara del conductor del vaporetto al oir aquello, abrí los brazos imitando la famosa escena de la película.
-Esta foto va a pasar a la historia de las fotos más graciosas de todos los viajes del colegio – Dijo Carly.
Final P.O.V.
Poco tiempo después llegaron a la plaza de San Marcos, y… era carnaval. Nadie se lo había dicho, su viaje coincidía con el famoso carnaval de Venecia. Por todas partes se veían personas disfrazadas y tenderetes con máscaras.
Estuvieron deambulando un poco por la ciudad, recorriendo las callejuelas, grabándo vídeos y sacándo fotos, localizando lugares baratos donde poder comer…
-Oye, ¿y si cogemos un vaporetto y nos vamos a San Giorgio? Dijo Isabel que se veía Venecia desde el campanile. – Dijo Carly.
-Claro vamos.
Se acercaron a casi todas las estaciones de Vaporetto que había por San Marcos hasta que dieron con la correcta. Compraron en billete y minutos más tarde, estaban subiendo al campanile. Arriba hacía muchísimo viento y mucho frío, pero la maravillosa vista que había desde allí arriba, contrarrestaba la fuerza del viento y del frío.
-Señoras, señores e idiotas – Dijo Sam refiriéndose a Freddie con lo de idiota – contemplen lo que viene a ser una maravilla de la técnica.
Entonces Carly se acercó a ella y le susurró al oído:
-Contempla tú lo que es una maravilla de la técnica de verdad – Dijo señalando con disimulo a un chico de su misma edad moreno de ojos verdes casi tan musculazo como Freddie.
-A mamá le gustan esa clase de maravillas de la técnica – Dijo Sam con una sonrisa picarona.
Freddie simplemente rodó los ojos ante la reacción de sus amigas al ver al chico.
Volvieron a San Marcos para comprarse unas máscaras venecianas y puede que alguna cosa de cristal de Murano antes de ir a comer.
Carly se compró una mascara en forma de antifaz de color rosa con purpurina y una pluma al lado; Sam una igual que la de Carly pero en color negro y morado y Freddie una blanca y negra.
-Freddie, tú cómprate una que te cubra la cara entera, así nos ahorraras el tener que verte la cara todo el día. Al menos de ese modo al mirarte veremos algo agradable – Dijo Sam
-Yo también te quiero Sam – Respondió el chico en todo cansino.
-Bueno vamos a comer ya. Y por favor, dejad de pelearos, enserio, a veces parecéis un matrimonio.
Sam y Freddie se miraron a los ojos al oir lo que había dicho su amiga y bajaron la vista rápidamente. La verdad es que se había creado una situación bastante incómoda. ¿Enserio parecían un matrimonio?
-Samantha Benson, ¡qué mal suena!
-Vamos Sam, no suena tan mal – Dijo Freddie
-Bueno… puede que suene bien – Admitió Sam – pero ahora no tengo edad para pensar en el matrimonio. Además, me casaría con cualquier otro Benson del mundo mundial, antes que contigo.
-Di lo que quieras, pero en el fondo me quieres.
-Sí, te quiero en el fondo…
Freddie abrió los ojos como platos al oir aquello.
-Te quiero en el fondo del mar como Bob Esponja – terminó Sam su frase, y se dio la vuelta bruscamente andando muy deprisa para llegar a la pizzería de la esquina que ya se divisaba desde su posición.
-Demasiado bonito para que fuera cierto – murmuró Freddie.
-¿Estas admitiendo que te gusta Sam? – preguntó Carly con una chispa de ilusión en sus ojos.
-Carly, todavía no has parado en todo el viaje, ¿cuándo piensas dejarme tranquilo?
-Cuando admitas que te vuelve loco doña estómago pozo sin fondo – dijo señalando a Sam que les llevaba varios metros de ventaja.
-No hay nada que admitir – Dijo acelerando el paso, cosa que hacía siempre que tenía algo que ocultar.
-Freddie – Dijo Carly muy seria poniéndose delante de él y frenándole el paso – mírame a los ojos y dime que no sientes nada por Sam. Solo hazlo y te dejaré en paz. Lo prometo.
Freddie miró a su amiga a los ojos durante unos instantes, abrió la boca para decir que NO le gustaba Sam Pucket, pero lo que salió de su boca fue…
-No puedo – Dijo bajando la cara.
-Lo sabía – gritó Carly victoriosa.
-No grites que nos oirá.
-Pero si está dentro del restaurante.
-Pero ya sabes que Sam oye lo que quiere oir, por muy lejos que estemos de ella.
-Calla tonto. Venga vamos a comer.
Se dirigieron a la pequeña pizzería donde acordaron que comerían y vieron que Sam ya estaba devorando su tercer trozo de pizza.
-Chicos, tenéis que probar esto, es un manjar de dioses.
-¿A mamá le guste no? – Dijo Freddie.
-No, a mamá le encanta.
-Un momento – saltó de repente la camarera – vosotros sois los del iCarly – Dijo hablando en inglés pero con un marcado acento italiano.
-Los mismos.
-Dios mío, no me lo puedo creer, adoro vuestro programa.
-Muchas gracias.
-La siguiente ronda de pizza corre de mi cuenta.
-Muchas gracias – Dijeron los tres a la vez.
Y así, tras meterse en el cuerpo incontables trozos de una, como había dicho Sam, deliciosa pizza, los tres amigos se encaminaron de nuevo por las calles de Venecia esperando que llegara el momento de ir al punto de reunión para ir hacia Florencia.
Y todo iba perfectamente hasta que se puso a llover a cantaros. Los tres amigos se dirigieron corriendo hasta el punto de encuentro y se refugiaron bajo el toldo de un restaurante cerrado.
-Maldita lluvia – Se quejó Sam.
-Estate tranquila, ya vienen por allí los profesores, así que no tardaremos en volver al autobús.
-Aún así, la lluvia es un asco, por su culpa no hemos podido montar en góndola.
- Sam, deja ya de quejarte – Dijo Carly.
-Te prometo que algún día te traeré a Venecia y montaremos en góndola todas las veces que quieras – le susurró Freddie a Sam al oído.
Sam lo miró y sintió que estaba sonriendo como una idiota, pero no podía evitarlo. Era demasiado tierno. Quitando el hecho de que le gustara, hecho que todavía le costaba creerse, era su mejor amigo, y cuando le decía esas cosas, o hacía cosas como la del avión, no podía evitar sentirse feliz de tener a su lado a un chico como Freddie. Incluso muchas veces tenía miedo de que se fuera, de perderlo, de que dejara de ser su amigo. Sabía que nunca se iría de su lado, pero no podía evitar pensar eso.
-Chicos, vamos todos al autobús – Dijo Isabel sacándo a la joven de sus pensamientos.
Subieron todos al autobús de nuevo, y se sentaron como el día anterior.
-No te atreverás a negarme que te gusta Freddie.
-Carly no empieces otra vez.
-Vamos, solo te faltaba comerle la boca hace unos minutos.
-Que no me gusta Carly.
-Dímelo a los ojos.
-No me gusta – Dijo muy segura de si misma.
-No puedo creerlo Sam. Las palabras dicen una cosa y los hechos dicen otras.
-Carly, lo siento pero en las próximas tres horas voy a estar demasiado ocupada.
-Pero Sam…
La rubia se puso los auriculares e ignoró a la morena. La verdad, estaba empezando a conocer la faceta pesada de Carly y no le gustaba lo más mínimo. Es más esa faceta iba a traer consecuencias. Consecuencias que llegarían esa misma noche.
Y… Hasta aquí el capítulo. Dejad vuestros reviews y espero de verdad que os guste. Gracias por los comentarios del capítulo anterior de verdad. ^^
