CapítuloI: La llegada.

—¿Estás seguro de que se llegaba por aquí, Claude? —inquirió extrañado un pelirrojo.

Era un joven de piel extremadamente pálida, pero no exactamente como la nieve; sus cabellos fogosos brillantes desordenados contrastaban con ésta. Sus ojos verdes jade miraban inquietos en todas direcciones, con el ceño levemente fruncido. Caminaba por el bosque casi a oscuras con sus cuatro amigos, pero no precisamente un paseo agradable

Según uno de ellos, por allí podrían volver rápidamente a Inazuma, pero llevaban ya casi una hora andando entre viejos árboles y raíces sobresalientes desde que habían decidido regresar al Orfanato, acompañados únicamente de una brisa heladora, que conseguía ponerlos aún más nerviosos si cabía la posibilidad. Aunque, por supuesto, tenían el suficiente orgullo como para no admitirlo.

—Pues yo pensaba que sí… —murmuró el nombrado.

Se trataba de otro muchacho pelirrojo de su misma edad, sólo que su tono de cabello era algo más oscuro. Era de piel clara, pero no tanto como su compañero de senderismo improvisado, con los grandes ojos de color ambarino. Comenzaba a sentirse algo arrepentido de haber querido hacer de guía.

—Yo te mato —masculló un tercero.

Tenía la piel algo morena, contrastando con sus cabellos plateados, cuyos mechones iban todos hacia el lado derecho. Sus ojos aguamarina enviaban una mirada de veneno dirigida única y exclusivamente a Claude, mientras se planteaba seriamente cumplir con su amenaza.

—Bueno, cálmate, Bryce —pidió otro muchacho.

Con la piel más morena, llevaba peinados sus cabellos verdosos en una larga coleta alta, dejando algunos mechones caer sobre su frente, y sus ojos eran negros como el azabache. Sus labios se torcían en una incómoda sonrisa destinada al peli-plata.

—Pero él tiene razón, Jordan —intervino el último. Era con diferencia el más alto de los cinco, de piel muy clara contrastando con sus largos cabellos negros, atados también en una coleta. Sus ojos eran de color naranja—. A saber en dónde estamos ahora.

—Muchas gracias por tu apoyo, Dave —comentó sarcásticamente Claude.

—De nada.

Por un momento pareció darle un tic nervioso en el ojo al oji-ámbar. El otro pelirrojo y el peli-verde compartieron una mirada, para acabar soltando un largo y pesado suspiro; parecían ser los únicos allí que no tenían instintos asesinos, al menos por el momento. Después de eso, los cinco cayeron en un incómodo silencio, en el que sólo se escuchaban sus pisadas y el viento jugueteando con las ramas. En el cielo, la luna estaba a punto de llegar a ser llena, y de tocar la medianoche. Los cinco, cada uno cuando se percató de la hora, empezaron a pensar alguna forma de que al llegar al Orfanato nadie desease matarlos por la tardanza, en especial Lina, que ya les había advertido sobre llegar pronto.

Después de varios minutos de andar, los cuatro escucharon cómo Claude, que iba en cabeza por varios pasos, se paraba en seco. Éstos se acercaron con rapidez, extrañados por la reacción de su amigo. Y al llegar a su vera, también sintieron que el corazón se les paraba y la respiración se les cortaba por algunos instantes, mientras se detenían en seco.

Ante ellos se alzaba una gran mansión muy antigua, en un pequeño claro entre el mar de árboles. Era increíble que a pesar de que su estructura parecía sumamente delicada, la gran casa siguiese en pie. Era de dos pisos, y se accedía a ella a través de un porche al que se subía por unos pequeños escalones de madera, de aguante dudoso. Los cristales de las ventanas, totalmente intactos y sin ningún rasguño, tenían una gruesa capa de polvo que dificultaba mucho su visión del interior. La estructura entera tenía marcas negras, como si hubiese sido víctima de un incendio.

Parecía sacada de una película de terror… o, más bien, de una leyenda de terror.

Los cinco muchachos habían crecido con esa entre otras historias; era uno de los métodos más comunes que tenían los mayores para hacer que los niños pequeños no saliesen de noche al bosque, asustándolos. Hasta entonces sólo les había parecido una estúpida e infantil historia inventada, pero ahora que tenían la réplica exacta de la casa fantasma, la sangre se les helaba en las venas.

—N-no puede ser… —murmuró el peli-verde, con los ojos como platos.

—Jordan, sí que puede ser —respondió el oji-jade—, tú lo estás viendo tan bien como yo.

—¡Pero si era una leyenda!

—¿Intentas decirme que esa cosa no es real? —replicó Bryce, girado hacia sus amigos mientras que con el brazo derecho extendido señalaba con el índice la gran mansión—. De la leyenda o no, eso existe, no existen los espejismos compartidos en mitad de la noche. —Se cruzó de brazos y volvió a encarar a la casa—. Pero esto no tiene nada de fantasmagórico, así que no te alteres.

—¿Intentas tú decirme que una casa aparecida de la nada no tiene nada de fantasmagórica? —inquirió en respuesta, sin dar su brazo a torcer—. ¡Porque es mi primera noticia de que alguien vive en una mansión en mitad del bosque a estas alturas del siglo XXI en los alrededores de Inazuma!

—Bueno, tú también cálmate, Jordan —pidió Dave, poniendo su derecha sobre el hombro del peli-verde—. Quién sabe, quizá es alguna antigua casa abandonada, tampoco hemos explorado los bosques como para negarlo —trató de tranquilizar—. De cualquier modo, es igual. Tenemos que volver al Orfanato cuanto antes, por nuestro propio bien.

El peli-verde soltó algo a medio camino entre suspiro y bufido, y enviándole una última mirada fulminante al peli-plateado, se deshizo de un brusco movimiento de la mano de Dave y se dio media vuelta, volviendo sobre sus pasos, deseando encontrar de una vez el camino de regreso. El oji-jade y el peli-negro fueron ipso facto tras él, mientras que Bryce se quedaba allí parado intentando calmar sus nervios.

—Anda que tú también —masculló Claude.

—Yo también ¿qué? —inquirió el otro entre dientes.

—Sabes perfectamente que las leyendas de terror no nos gustan, ni si quiera a ti, y en especial a Jordan… Por una vez podrías haber procurado responder con un tono más amable para variar, ¿no crees, Don Frívolo? —preguntó, ganándose una mirada envenenada de Bryce.

—Mira quién fue a hablar —replicó, encarándolo—. Por tu culpa nos hemos perdido, así que cierra el pico, que eres el que menos derecho tiene para reclamarme nada, so listo.

Así comenzó otra de sus tantas peleas, mientras iban a reunirse con sus tres amigos. Por otro lado, en éste pequeño grupillo intentaban calmar a Jordan y pedirle que no se lo tomase tan mal, y lo consiguieron con facilidad; aunque su postura ante la aparición de la casa no había cambiado demasiado, a pesar de que Dave le había insistido en que no podía ser la misma que la de la leyenda.

—Por favor, Shavier, Dave, decirme que vosotros sabéis por dónde volver —suplicó el peli-verde.

Los dos pararon en seco; al mismo tiempo, miraron al contrario, esperando que él tuviese la respuesta que a él le faltaba… Bueno, que ninguno de los dos conocía el camino de regreso a casa. Y la noche se estaba poniendo cada vez peor, pues el frío se iba haciendo cada vez más notable, hasta el punto de arrancarles algún que otro castañeo de dientes y algún escalofrío. Y si no volvían pronto a Inazuma, deberían dormir a la intemperie, con el grave riesgo de coger alguna pulmonía. Y los cinco, ya reunidos, lo sabían perfectamente.

—¿Y si… no encontramos el camino de regreso? —preguntó Jordan.

—No tendremos más remedio que dormir en la mansión de antes —respondió Claude. Dio un pequeño respingo al ver las miradas de sorpresa, horror y psicópatas de sus amigos—. ¡No me miréis así! ¿Qué? ¿Preferís dormir bajo un árbol, con todos los animales que rondan por el bosque, y con un 99,9% de posibilidades de coger tal resfriado que no podamos salir del Orfanato durante casi meses? Llamadme loco si queréis, pero yo no estoy dispuesto a tener una piedra por almohada.

El más alto de los cinco soltó un suspiro, mientras agachaba levemente la cabeza, como en señal de derrota.

—Por mucho que me duela darle la razón, estoy de acuerdo con Claude —dijo.

—¡EEH! —protestó el pelirrojo.

Poco después de eso, y para el disgusto de los cinco, el grupo entero se dirigía de vuelta a la casa que conseguía helarles la sangre sólo con verla, con los ánimos aplastados y casi arrastrando los pies, con la intención de llegar lo más tarde posible. Pero para su sorpresa llegaron antes de lo planeado, como si la casa los hubiese seguido de cerca. A todos se les pasó esta misma idea por la cabeza, haciendo más complicado que las suelas de sus zapatillas de despegasen del suelo.

Entonces el más alto reparó en un detalle.

—¿Quién es esa chica? —preguntó Dave, mirando en dirección a la muchacha.


¡Buenos días/tardes/noches a todos! :D
Muchas gracias por sus reviews *.* Estuve a punto de llorar de la emoción al recibirlos :D
Respecto a la historia... tranquilos todos. Es apta para leer de noche. Al menos hasta el capítulo tres (o eso espero uwu), que planeo subirlo el domingo, antes de irme de vacaciones; iba a unir el uno & el dos, pero salía muy largo y teniendo tan poca cosa pss... ._. Os dormiríais a la mitad 8D & de paso aquí os presentaba sus nombres humanos en el doblaje (no son feos, ¿no? O_o). De cualquier modo, de nuevo mil perdones uwu

Antes de que nadie quiera adivinar quién es la chica, os lo aviso: Jamás la adivinaréis. ¿Por qué? Porque no sale en la serie; no cogí a ninguna de la serie porque no se me ocurría a quien -w- Pero de cualquier forma, no volverá a salir, así que tampoco es muy importante la muchacha 8D Es como un extra de las pelis de Hollywood (?)

Quizá salgan un poco fuera de carácter, pero eso es porque... bueno, no diré nada *risa macabra*.
También quería agradeceros por votar ayer :D


Tanto Inazuma como los sexys capitanes alienígenas son de Level-5... para la suerte de ellos. MUAHAHA.