Discleimer: Los personajes ni la historia original me pertenecen. Créditos a su real autor.
I. I can't believe I almost went home
Mientras Obi-Wan sostenía entre sus brazos a su moribundo maestro, esa fue una de las pocas ocasiones en que se había sentido tan vulnerable y… desamparado. Los ojos de Qui-Gon perdían a cada segundo la luz de la vida, tornándose grises, tan opacos e impersonales como solo la muerte podría transformarlos. Obi-Wan sintió dolor, mientras su vínculo Maestro y padawan se hacía pedazos conforme pasaba el tiempo. Fue la primera vez, desde que se dio a conocer su casta a la temprana edad de doce años, en que su naturaleza Omega dominó completamente su ser. Sentía los ojos húmedos, más no las mejillas, mientras sus manos repasaban desesperadamente la piel ceniza de su Maestro Alfa.
Su relación con Qui-Gon no había sido una de las mejores. Obi-Wan tuvo que luchar durante años para destacarse por sobre los demás padawans al ser el único Omega masculino dentro de la orden. Entrenó día y noche, esforzándose para que alguien decidiera tomarlo como aprendiz antes de que fuera demasiado tarde.
Ser el único Omega de la orden era un peso que nunca había querido tener sobre sus hombros. Los Omegas solían ser esclavos, y muy pocos eran sensibles a la Fuerza, contradiciendo los argumentos que daban los Jedi para aceptar o proteger a los pocos Omegas que quedaban en la galaxia. En la orden Jedi solo había excepciones para la casta de los Alfas, -quiénes básicamente se encuentran en la cúspide de la pirámide social-, y Obi-Wan pensaba que solo por humanidad, para los Omegas también. Desde que en los últimos cien años la trata de Omegas en el Borde Exterior comenzó a aumentar, el pequeño grupo se vio reducido considerablemente. "Deberías sentirte orgulloso de lo que eres, Obi-Wan" le había dicho una vez su maestro, mientras Obi-Wan volvía de la sala de entrenamiento, magullado y denigrado por otros padawans debido a su infravalorada casta.
"Eres poseedor de una naturaleza que crea un vínculo más profundo con la fuerza que cualquier otra Beta o ser. Los Alfas y Omegas poseen una sensibilidad, un lazo sagrado que la fuerza les ha regalado." Obi-Wan no le contestó, "Ojalá la galaxia pensara de la misma forma que tú" habría querido decirle a su maestro. "La verdad es que ser un Omega es una molestia" porque si realmente fuese como su maestro le había dicho, entonces los Alfas no habrían abusado de su poder por sobre los Omegas, entonces en la galaxia no sería bien visto la caza y venta de Omegas obligados a ser simples esclavos, entonces nadie abusaría de ellos. Ningún Bruck Chun le escupiría en el rostro ordenándole que se arrodillara hacia él, porque era un Alfa. No tendría que aparecer ningún Quinlan Vos, otro Alfa, a defenderlo mientras su cuerpo temblaba tratando de apaciguar sumisamente el aroma de un Alfa enojado, que actuaba como una amenaza. Si Obi-Wan hubiera sido un Beta o hasta un Alfa, ninguna de aquellas humillaciones hubiera ocurrido. Qui-Gon no sabía de lo que hablaba, porque era un Alfa y no un Omega. Además, fue el mismo Qui-Gon quién no lo aceptó la primera vez que lo observó practicar contra Bruck Chun, pese a que Obi-Wan pidió que lo considerara como su futuro padawan. Tuvieron que acaecer una serie de circunstancias antes de que Jinn decidiera tomarlo.
Y pese a que su personalidad con la de su Maestro chocaban una contra otra, y al pedregoso camino que tuvo que recorrer para tener total control de su condición Omega hasta ese momento, Obi-Wan no pudo evitar sentir la pérdida de un Alfa en vez de un Maestro. Aquella naturaleza que él mismo catalogaba como sagrada, era la misma que lo estaba hundiendo en el abismo del dolor. "¿Qué haré ahora sin mi alfa?" escuchó sus pensamientos internamente, y él luchó por no prestarse atención a sí mismo. No hay pasión, solo serenidad, se repetía como un mantra mientras las lágrimas cálidas se vertían de sus ojos hasta volcarse en el rostro Qui-Gon.
"Está bien tener apegos, Obi-Wan, está en tu naturaleza"
"Pero no está permitido dentro del Código, Maestro, la orden no lo permite"
"Yo no obedezco a la orden, mi padawan, obedezco a la fuerza. Y, sin embargo, el código es distinto para Alfas y Omegas"
──Obi-Wan… promete…── la voz rasposa del Alfa calmó sus sentidos, bloqueó otros pensamientos. El Omega lo escuchaba atentamente mientras el hombre mayor comenzaba a perder peso entre sus dedos, como si estuviese a punto de desaparecer──: …promete que entrenarás al muchacho.
Anakin. Anakin Skywalker.
El nombre emergió desde lo más recóndito de su consciencia, pero Obi-Wan respondió de forma automática y sin ánimo, esperando unas palabras de consuelo que lo ayudaran a sobrevivir a su muerte. Algo, algo que le hiciera sentir que fue estimado por su maestro. Cualquier cosa del Alfa, pues su naturaleza Omega se lo estaba exigiendo. ──Sí, maestro.
──Él… es el Elegido, con él habrá… equilibrio. Entrénalo.
Y eso fue todo. Los ojos de Qui-Gon se cerraron, mientras se hacía uno con la Fuerza. Ninguna palabra de afecto, ningún otro consejo de su testarudo Maestro, ninguna frase de despedida destinada a un mísero Omega como él. Mientras sentía aquel puente romperse entre ambos de manera definitiva, Obi-Wan trató de tranquilizar su mente sobrepasada por las emociones inequívocas de un Omega perdido y desamparado. Si hubiera sido tan valioso para Qui-Gon, al menos le hubiera dicho algo más. Algo que lo hiciera… Obi-Wan suspiró, desplegando con toda la fuerza de voluntad sus pensamientos y emociones hacia la Fuerza, como un canal que pudiera drenarlo por completo antes de que sus propias feromonas fuesen capaces de asfixiarlo. Entonces, mientras pensaba en que debía conseguir supresores más fuertes para inhibir cualquier ápice de su verdadera naturaleza Omega, Obi-Wan se obligó a seguir la última voluntad de su maestro.
Entrenar y criar a Anakin Skywalker fue difícil. Obi-Wan no pensó que tener a cargo al pequeño iba a ser tan complicado. Mientras se veía reflejado en las lagunas azules que poseía Anakin durante el funeral de Qui-Gon, Obi-Wan solo podía ver a un niño asustado. No podía identificar si aquel espejismo era él mismo o Anakin. O quizás lo fueron ambos, temblando ante un futuro incierto mientras el fuego crepitaba; Obi-Wan preocupado por su falta experiencia, y Anakin por lo alejado que estaba de su madre. Pero él iba a cumplir la última voluntad de su maestro, y aunque no sabía cómo realmente hacerlo, siendo aún tan joven para convertirse en un real Maestro, Obi-Wan lo cumpliría. Se lo había prometido al Alfa. Por eso insistió con el Maestro Yoda en entrenar a Anakin, aunque la duda se hubiera cernido en sus propios pensamientos, él mismo levantando sus escudos para que nadie sintiera aquella pequeña alteración en la Fuerza.
Debía seguir el código, ser fiel a la Orden, sin apegos, ni emociones. Desligarse lo que más pudiera de su verdadera naturaleza, intoxicándose en supresores. Aunque la tecnología fuese bastante avanzada, aún no habían fabricado algún tipo de supresor lo suficientemente poderoso que inhibiera por completo los síntomas de un celo o que pudiera ocultar por completo su aroma dulzón de un Omega sin unión. Cualquiera que se acercara al sector donde se encontraba su glándula Omega podría reconocer su olor. Cualquier Alfa podría perder el control. Es por eso que Obi-Wan siempre se mantenía tan alejado de todo el mundo, tan reacio al acercamiento físico de cualquier Alfa, y con el tiempo, de cualquier ser. Era precavido y moderado, aparentando completa armonía con su interior y su cuerpo, aunque por dentro su condición lo mantenía trémulo, como si estuviese asustado del mundo, como si solo fuese un débil Omega y no un fuerte Jedi.
Por dentro, Obi-Wan sabía que no estaba preparado para entrenar al pequeño. Algo le decía que Anakin también lo pensaba, o que realmente sabía cuán temeroso se encontraba el Omega. Sus ojos azules, tan oscuros como las aguas de un profundo mar, cada vez que escrutaban su rostro, se encargaban de recordárselo. ──Concéntrate, Anakin. ── solía decirme Obi-Wan cuando el pequeño no dejaba de mirarlo tan fijamente que luego de unos minutos, lo comenzaba a incomodar. Si Obi-Wan hubiera prestado atención por aquel entonces, a lo solitario que en realidad se sentía Anakin a los nueve años, hubiera actuado de otra manera a como realmente lo hizo. Él y Obi-Wan habían creado su vínculo de Maestro-Padawan, y podía sentir la desilusión, el miedo y la tristeza de Skywalker, pero él decidió no hacerle caso, enseñándole que debía desprenderse de sus emociones y derivarlas a la Fuerza, porque eso es lo que dice el código. Obi-Wan era consciente de que el niño tenía apegos, venía de un hogar precario, pero amoroso. Anakin sabía lo que se sentía el amor, el tacto, la calidez de los brazos de alguien. Al lado de Obi-Wan, solo conocía la frialdad y la distancia.
Una vez intentó abrazarlo por la cintura después de un largo día de entrenamiento, mientras el Omega había sido enviado afuera por unas siete horas. Esa fue la primera vez que se había separado del niño por tanto tiempo. Encontró a Anakin quieto en el sillón, con las rodillas pegadas a su pecho, su rostro descansando sobre ellas, con su mirada fija en la puerta de la entrada del departamento que compartían ambos, mientras el sol terminaba ocultándose por completo, dándole la bienvenida a la noche. El Omega atravesó el umbral de la puerta, con su datapad entre sus manos, oliendo el aroma del niño desde los pasillos, un ligero toque agrio en su esencia aún sin determinar. Algo estaba pasando. Cuando su boca se abrió para preguntarle qué era lo que ocurría, puesto que debía ayudarlo a enviar esa mala energía a la Fuerza, Anakin se apresuró a su encuentro en torpes pero acelerados pasos hacia él. Sus pequeños brazos se cernieron por su cintura, proyectando la calidez, la ansiedad y necesidad por aferrarse al Omega. Obi-Wan podía escuchar los pensamientos que dominaban la mente de Anakin: "Te necesito, quédate conmigo. Te necesito. Eres lo único que tengo, no conozco a nadie más. No tengo a mi madre, quiero a mi madre, no te vayas, no me gusta estar solo", y entonces su condición Omega removió sus entrañas. "Debes cuidar a este niño", se escuchó a sí mismo.
Obi-Wan inmediatamente lo apartó como si su tacto lo quemara vivo.
──No puedes hacer eso. No está bien, Anakin. No está permitido. ── espetó bruscamente el Omega, su tono de voz un poco más elevado de lo normal. Frunció inconscientemente su ceño, apenas percatándose del temblor de los labios de Anakin, mientras lo observaba desde la distancia que el empujón había creado──: Los Jedi no tienen esta clase de relación. Si quieres convertirte en uno, debes dejar tus apegos atrás.
Anakin Skywalker no era tonto. Era intrépido, valiente y atrevido, aunque seguía siendo un niño. La inocencia en su mirada aún no desaparecía, pero sí enseñaba el dolor que le causaba la reacción de Obi-Wan. Era lógico que el pequeño intentara aferrarse a él, siendo que no tenía a su madre cerca, ni amigos, ni a nadie. Estaba solo en un nuevo lugar, los otros niños excluyéndolo de sus círculos. Obi-Wan sabía como se sentía eso, pero no emitía ningún comentario al respecto. Él mismo tuvo que pasarlo peor simplemente por ser un Omega. ¿Por qué deberí…?
──Lo siento, Maestro. ── dijo Anakin, en un susurro. Obi-Wan asintió aparentemente conforme con su respuesta, una extraña sensación posándose en la boca de su estómago. Una amargura inusual se apoderó de su lengua, sin embargo. No se sentía satisfecho al respecto, producto de su lado Omega. De pronto, cuando volvió a prestar atención a su joven padawan, Anakin lo estaba mirando fijamente en silencio, como siempre solía hacer. El pequeño abrió su boca vacilante, como si estuviese a punto de decir algo de lo que más tarde podría arrepentirse. Tal vez, en ese momento, debió haberse quedado en silencio──, solo que…
──¿Sí, mi joven padawan?
──Eres un Omega, Maestro.
Obi-Wan se paralizó. En el templo, en la Orden Jedi, no era ningún secreto que él era un Omega. Pero desde que había conocido a Anakin, ni Qui-Gon ni él mismo mencionaron algo acerca de su casta. Su aroma había sido en gran parte suprimido por los supresores que tomaba hasta tres veces al día, únicamente para mantenerse alejado de sus reales instintos. No debería sorprenderse, Anakin en algún momento lo descubriría. Pero jamás, hasta este momento, se había encargado de decírselo. ¿Tal vez otros niños lo habían comentado? No, no podía ser. Era casi tabú hablar de la condición de Obi-Wan. En gran parte porque la mayoría no estaba de acuerdo de que Obi-Wan fuese parte de los Jedi. ¿Entonces cómo?
──Sentí un olor hace tiempo, pero pensé que solo era por extrañar a mi madre. Pero tú, ahora, hueles así, hueles bien… siento tu aroma dulce, Maestro. Como el de mi madre. ──Anakin hizo una pausa──, ella también era una. Pensé que los Omegas Varones solo eran un mito, Maestro. Yo…
Por favor, Anakin, deja de hablar.
──Estás oliendo tan dulce, Maestro… ¿no es verdad que existen excepciones para los Alfas y los Omegas en la Orden?
Sí las hay. Él tenía razón. Solo que su maldita casta lo ha expuesto al pequeño y astuto Skywalker. En algún momento ocurriría, pero Obi-Wan no quería que fuera tan pronto.
──¿Por qué no puedes ser cariñoso conmigo si eres una excepción para la Orden? ¿Por qué no me qui-
──Basta. Aparte de tener esta condición, también soy un Jedi y fiel a la Orden, Anakin. El código existe por una buena razón, aunque haya excepciones para Alfas y Omegas. Y hasta que no te presentes como uno de los dos, no te proveeré de afecto. No estaría bien aquel vínculo si resultas ser un Beta. Mi condición está fuera de discusión, mi joven padawan. Es hora de preparar la cena.
¿Condición? Se preguntó internamente el pequeño, mientras observaba a su maestro desaparecer tras la puerta de su propia habitación. Obi-Wan dejó atrás su exaltación, buscando desesperadamente los supresores. Cuando encontró el frasco, se obligó a tragar dos pastillas con su propia saliva. No estaba dispuesto a seguir cediendo terreno a sus instintos, ni mucho menos al remordimiento que le trajo consigo su actitud frente a Anakin. No estaba bien, se repetía Obi-Wan, cerrando sus ojos mientras disolvía sus frustraciones a la Fuerza. Poco a poco los pensamientos y emociones de su padawan comenzaron a inundarlo y Obi-Wan lo silenció internamente, dejando que sus escudos se elevaran tanto de que no pudiera percibir, al menos por unas horas, el rastro de Anakin Skywalker.
Aquella ocasión marcó un cambio en sus vidas. Uno no muy bueno. Fue como haber encendido una llama que estaba lejos de poder apagarse. Anakin comenzó a comportarse de manera más atrevida, intensa y rebelde. Solía pasar horas y horas entrenando con las espadas de práctica hasta que caía el sol. Muchas veces tuvo que reprenderlo por enfrentarse a otros padawans, por no saber controlar sus emociones.
──Ellos hablan de ti, Maestro. ── le había dicho un Anakin de diez años de edad, con el labio roto y rasguños por el rostro. ──No quiero volver a escuchar aquellos comentarios.
¿Qué comentarios? Había querido preguntar Obi-Wan, pero se abstuvo.
──Sabes que no está bien que tus emociones te dominen. La ira es un camino al lado oscuro. Debes controlarte, mi joven padawan.
Anakin no lo miró, en cambio, mostró su espalda dirigiéndose a su propia habitación.
──Lamento que estés atrapado con un padawan como yo.
──Anakin.
Pero el pequeño no lo escuchó, o no quiso hacerlo. No fue hasta una noche en que Obi-Wan volvió a dejarse llevar por su instinto Omega. Él había hecho un buen trabajo instruyendo durante un año a Anakin a levantar sus escudos mentales para que nadie pudiera atravesar y dominar su mente. El pequeño resultó bastante habilidoso con la manipulación de la Fuerza, la práctica con la espada, pero no al meditar. Empero, Anakin en menos de seis meses ya era capaz de cubrir sus pensamientos y emociones de él. Obi-Wan no pudo volver a leerlo como solía hacerlo antes. Hasta que una noche, cuando él terminaba de meditar, a altas horas de la madrugada, una extraña sensación oprimió con angustia su pecho. Buscó con la Fuerza a donde se encontraba esa perturbación, y fue la misma que lo guió por la oscuridad del departamento hacia la habitación de su padawan. Escuchó unos sollozos cuando abrió la puerta y descubrió a un Anakin temblando en su cama, con los labios atrapados y mordisqueados por sus dientes de manera dolorosa.
──Lo siento, Maestro… yo, dejaré de llorar. Fue una p-pesadilla. S-solo necesito un momento… un momento p-para ha-hacer lo que me enseñó. Lo s-siento, Ma-Maestro…
Había terror en su mirada, en su firma de la Fuerza, y dolor. El Omega no pudo soportar aquella visión de su padawan. Su estómago se revolvía mientras más se daba cuenta de lo que había provocado su propia aspereza y frialdad con el pequeño. Obi-Wan pensó que el único que estaba atrapado con el otro, era Anakin. Atrapado con un Maestro que no estaba a la altura de entrenarlo. Qui-Gon habría hecho un mejor trabajo que Obi-Wan. Qui-Gon era fiel a la Fuerza, y él, en cambio, a la Orden. Únicamente porque rehuía de su propia naturaleza. De lo humillante y espantoso que fue su primer celo, sus instintos, su propia esencia. Solo quería ser un Jedi, no un Omega, varón y Jedi a la vez. Pero no podía. Al final del día, Obi-Wan había nacido como un Omega. Así lo había querido la Fuerza, le habría dicho Qui-Gon alguna vez. "Entonces, ¿serás mi Alfa, Maestro?" quiso preguntarle en alguna ocasión a Qui-Gon, guiado por sus instintos. Jamás lo dijo ni se atrevió a volver a escucharse a sí mismo, por vergüenza propia. Obi-Wan no era débil, era fuerte. Pero más fuerte fueron su naturaleza y compasión, los cuales lo llevaron a acercarse a la cama de Anakin. Su corazón se rompió aún más cuando el pequeño intentó escapar de su cercanía, como si Obi-Wan volviera a apartarlo como aquella vez que lo empujó lejos, creando una distancia entre ellos y haciéndole daño.
──Estoy aquí, Anakin. No estás solo. Te ayudaré.
Entonces algo raspó su nariz. Era su propio aroma llenando la habitación de su padawan. Aquello causó un efecto inmediato en el pequeño. Anakin arrastró su cuerpo hacia él totalmente embriagado y adormecido. Obi-Wan solo pensaba abrazarlo y ayudarlo a volcar su miedo en la Fuerza. No esperaba que la osada nariz del pequeño se inmiscuyera por su esternocleidomastoideo, hasta caer tentativamente por su cuello, y sumergirse en el lugar donde estaba su glándula Omega. La intrusión fue inesperada. Anakin inspiró tan profundamente que Obi-Wan soltó un suspiro, un tanto incómodo, sintiéndose como si pudiera desaparecer.
──Anakin.
Y la respuesta fue un ronroneo por parte del pequeño. Con parsimonia el terror junto al dolor fue mermando, hasta que solo existía tranquilidad en su vínculo, en la Fuerza, en sus corazones. Obi-Wan sostuvo el cuerpo de su padawan, hasta percatarse de que él se había quedado profundamente dormido. Esa noche Obi-Wan no pudo volver a su cuarto, puesto que los brazos de Anakin se lo impidieron. Extrañamente la incomodidad pasó a segundo plano mientras la cabecita rubia de Skywalker le hacía cosquillas en la mandíbula, la cara redonda descansando en su glándula Omega. La Orden, por supuesto, nunca podría enterarse de esto. Pero si lo hicieran, ¿sería mal visto? ¿estaría prohibido? Como había dicho Anakin, ¿No existía algún tipo de excepción siendo Obi-Wan un Omega? Obviamente él no se atrevería a comprobarlo. Por eso, al día siguiente, Obi-Wan fingió que lo que ocurrió la noche anterior en realidad no fue importante. Casi como si nunca hubiera pasado.
Pero Anakin, tan indómito como había demostrado ser, se lo recordaba en cada ocasión cuando inconscientemente se acercaba a su Maestro en búsqueda de su calor y su aroma. Gracias a esa noche, los piecitos de Skywalker se arrastraban a la cama de Obi-Wan, argumentando que tenía pesadillas y que, por favor, lo dejara olerlo para calmarse. El Omega no pudo resistirse a esos ojos manipuladores y Anakin básicamente se salió con la suya cada vez que tuvo la oportunidad. Obi-Wan temía que Anakin pudiera verlo como un reemplazo de su madre. Ser un Omega acarreaba tener un inherente sentido maternal, o paternal. Querer cuidar de otros, querer tener cachorros, ser poseído y dominado por un Alfa. O eso fueron los rasgos que leyó de los viejos escritos ocultos en un sector recóndito de la biblioteca del Templo. Así se había sentido cada vez que inevitablemente el aroma de su Maestro alguna vez llegó hasta su nariz. Esos vergonzosos pensamientos se acrecentaban aún más cuando llegaba su celo y debía refugiarse en sus habitaciones, los Alfas próximos debían dejar los departamentos cercanos para evitar una catastrófica situación con un Omega en celo.
──No te acostumbres a esto, joven padawan. ── dijo Obi-Wan en una noche, mientras Anakin restregaba por completo sus mejillas, su frente, su cara por la glándula de Obi-Wan, empapándose del aroma que emanaba.
──Sí, Maestro.
Pero era obvio que Anakin no le haría caso. Cada noche Anakin irrumpía en su habitación, colándose entre las sábanas y obligándolo a enseñar su cuello al pequeño para que pudiera descansar en paz. Obi-Wan lo permitía porque su lado Omega así lo quería, y porque no quería volver a ver a su pupilo en la situación tan desastrosa que había sido mirarlo temblar del miedo y la angustia. Pero la necesidad de atención que tenía Anakin hacia él, iba en aumento. El pequeño no solo se contentaba en la privacidad de su departamento compartido. También comenzó a seguirlo como un polluelo sigue a su madre por los pasillos del Templo. Obi-Wan ni siquiera podía meditar tranquilo y a solas cuando lo intentaba en las áreas verdes del Templo, porque su padawan estaba ahí, incluso si tenía otras lecciones con los demás Maestros de la Orden. Anakin ni siquiera se detenía cuando había otras personas estaban presentes, ni siquiera cuando veían al Maestro Yoda. El Maestro Windu solía demostrar su desaprobación hacia el comportamiento de su padawan, recalcándole que debería darle total atención y corregirlo. ──Sigues siendo un Jedi, Kenobi. Que no se te olvide. ── eran las palabras de Mace Windu. Anakin parecía percibir aquel rechazo y el pequeño se enroscaba más a Obi-Wan, buscando con su menuda mano los dedos de Obi-Wan para entrelazarlos descaradamente frente a Mace Windu, como si con eso pudiera provocarlo. Obi-Wan se tensaba apenas sentía el toque del pequeño y los ojos del otro hombre se crispaban por aquella respuesta infantil. La aprensión entre su padawan y el Maestro Windu era mutua.
Por culpa de ese intercambio impulsivo por parte de Skywalker. El consejo Jedi lo convocó a una reunión a la Torre Sureste del Alto Consejo, el tema principal: si Obi-Wan realmente era apropiado para estar a cargo de la formación de Anakin Skywalker. En medio del gran salón, Obi-Wan se mostraba en paz con la Fuerza que ninguno de ellos podría haber identificado la tensión que comprimía su pecho.
──Obi-Wan no puede hacerse cargo del muchacho, siendo un Omega, expone a Skywalker a un vínculo afectivo.
──Los Omegas están permitidos dentro de nuestra Orden, Maestro Mundi. ── Plo Koon contestó.
──Obi-Wan puede ser un Jedi, pero no debería tener un padawan. Es un riesgo si se presenta como Beta.
──Con su debido respeto, creo estar calificado para hacerme cargo de mi padawan, Maestros. ── Obi-Wan alzó su tono de voz por sobre la discusión que acaecía. ──, mi Maestro, Qui-Gon, me encargó esta tarea únicamente a mí. Él, si no me hubiera considerado apropiado para su entrenamiento, en su último aliento habría dicho otras palabras. Él pensó en mí, pese a mi condición de Omega. Si mi padawan se presenta como, incluso, un Omega, entonces no habría nadie más correcto que yo para guiarlo.
──¿Qué pasa si Skywalker se presenta como un Alfa, Kenobi? ── la voz de Mace Windu replicó, el eco resonando por toda la amplia sala. ──, ¿Realmente crees que un Omega sería capaz de controlar a un Alfa? Él sería de la raza más indómita de la galaxia, capaz de eclipsar y dominar todo un sistema.
¿Realmente sería capaz de controlarlo? ¿De mantener la distancia con Anakin, profesando una sana y convencional relación Maestro-Padawan? En algún momento tendrían que romper su vínculo. ¿Sería realmente Obi-Wan capaz de detener aquella tormenta? Él también lo dudaba, pero no dejó que suposiciones nublaran su juicio. No puede abandonar a Anakin, aunque al principio hubiera querido hacerlo. Él, en el fondo de su ser, sabía que no era un buen Maestro. Pero nadie, ni siquiera el mismo Anakin, podría saberlo.
──Qui-Gon era un Alfa cuando me acogió bajo su manto, y sé que se puso en duda su posición y nuestra relación cuando me aceptó. Pero hoy soy el resultado de su buena enseñanza, del control que tengo sobre mi condición y del honrado Alfa que fue mi Maestro.
──Distinto es, ── el Maestro Yoda añadió a la conversación── Cuando un Alfa el Maestro es, a un Omega como Maestro.
Obi-Wan se forzó a no bajar su mirada mientras Yoda lo inspeccionaba con la Fuerza. Los Omegas son sumisos por naturaleza, pero Obi-Wan siempre ha sido distinto a su casta. Sabía de lo que hablaba el Gran Maestro Yoda. Los Alfas se encontraban en la cúspide de la pirámide social por razones de peso. El último escalafón, tristemente, eran los Omegas. Los Omegas no pueden sobrevivir sin los Alfas, y los Alfas necesitan de los Omegas para perpetuar la herencia de sus genes. Los Alfas tenían un escalofriante y genuino poder por sobre los demás, pero sobre todo con los Omegas. Un Alfa era capaz de someter a un Omega con tan solo utilizar un tono de voz, con una mirada, una señal. Los Betas podían resistírseles solo hasta cierto punto, puesto que los aromas y sonidos no estaban impregnados con aquella fuerza de la que tanto se habla. Anakin, si se convertía en un Alfa, tendría poder sobre él. Podría hacer lo que quisiera con Obi-Wan, incluso si no tuviera la intención. Los Alfas de la Orden estaban sometidos a un entrenamiento distinto. Tendría que pasar años y años de entrenamiento para llegar a ser un Alfa como Qui-Gon, quien a veces no podía luchar contra sus instintos cuando olfateaba el aroma de Obi-Wan.
Si Anakin terminaba siendo un Alfa, sería un peligro para Obi-Wan.
──Pero si tan seguro estar, Obi-Wan Kenobi, el entrenamiento de tu padawan seguir, podrás. De acuerdo con que sigas su entrenamiento, yo aún no estoy. ── muchos Maestros asintieron ante la última frase. Obi-Wan arrugó el entrecejo──, un buen Omega, eres. En el entrenamiento del muchacho, con cautela has de proceder. Dominado por tu propio padawan, podrías ser.
──Gracias Maestro.
Él hizo una reverencia, despidiéndose del Alto Consejo Jedi, con un mal presentimiento rodando por su cabeza. ¿Dominado por su padawan? Todo apuntaba que, si Obi-Wan daba un paso en falso con Anakin, por el lado oscuro podría ser consumido. Obi-Wan, mientras atravesaba la sala de entrenamiento donde estaban los demás padawan y miraba a Anakin ganar cada una de sus pequeñas batallas, realmente deseaba en el fondo de su ser, que Anakin fuera cualquier cosa menos un Alfa. Pidió a la Fuerza que le diera aquel regalo y paz, únicamente para que la futura casta de su padawan fuese más fácil de sobrellevar. Para él, el Consejo, y toda la Orden Jedi. Pero estaba ciego con sus propios deseos. Todo en Anakin gritaba que iba a ser un Alfa.
Y así fue.
Esto fanfic es un dark fanfic. Habrá comportamiento tóxicos e insensatos en post de la trama. Acciones y actitudes cuestionables por parte de Anakin y demás, están avisados. Solo espero que no lo odien y les guste.
