III. And i've been trying not to let you down.

La primera señal a la que Obi-Wan debió haberle prestado atención cuando Anakin cumplió los doce años de edad, tuvo lugar una mañana cuando su padawan llegó a la cocina dando grandes zancadas, enojado, y semidesnudo.

El olor fresco del té, en una mezcla variada de hierbas, se colaba por entre las fosas nasales del Omega. La taza de té expelía el cálido humillo que lo forzaba a tararear de emoción. Él solía disfrutar de momentos así, mientras los primeros rayos de sol se colaban por el ventanal del departamento, tiñéndolo todo de amarillo y tintes blancos, la luminiscencia del día entregándole brillo a la comodidad de su hogar. Obi-Wan bebió un sorbo de su taza humeante, sintiendo el caliente líquido raspar placenteramente su garganta. Su día había comenzando cuando el sol dormitaba, y él se dedicaba a meditar de forma matutina. Después de una necesaria ducha, él se había encargado de crear una infusión de hierbas mientras la tetera con agua comenzaba a hervir. Obi-Wan había pensado que sería una mañana tranquila, hasta que sintió a su padawan despertar. Escuchó como las sábanas de su propia cama caían rápidamente, con el golpe agudo del cuerpo de Anakin azotándose contra el suelo. Soltó un gritito que se vio ofuscado por diversos bufidos que produjeron un estremecimiento en la firma de la Fuerza de él. Lo habría dejado pasar, si no fuera porque Anakin se dirigió a la cocina como un torbellino a punto de consumir todo lo que estuviese a su paso.

──¡Ya esta es la tercera vez que me pasa esto en menos de un mes! ── Anakin exclamó, soltando gruñidos y haciendo rechinar sus dientes, totalmente ofendido y molesto. Obi-Wan no necesitó preguntar, solo se volteó a verlo y el muchacho estaba sin camisa, con los pantalones de su pijama llegándole por sobre las pantorrillas. El pequeño llevaba en sus manos la camisa como evidencia del hecho insólito que lo despertó de malhumor.

──Anakin, ve a vestirte, por favor. No seas incivilizado. Actúa con decoro.

──¡Me vestiría si tuviera algo con qué hacerlo, Maestro! ── estalló el pequeño, como si Obi-Wan hubiera dicho una estupidez. ──, ¡Toda la ropa que tengo, luego de unas semanas, empequeñece y ya no puedo usarlas!

──Estás creciendo, Anakin, es natural. ── contestó Obi-Wan, dándole otro sorbo a la taza con parsimonia, evitando burlarse de su padawan con una muy innecesaria risa. El cachorro disgustado, rodó los ojos. Aunque él tenía razón. Desde hace meses debía entregarle túnicas y ropas una talla más grande que la anterior a su discípulo. Anakin había comenzado a crecer demasiado rápido desde que dejó de tener once años de edad. Su rostro, aún redondo e infantil, junto con su aroma aún sin determinar, eran las pruebas de que Anakin seguía siendo un cachorro. Por supuesto, no pasaría mucho tiempo hasta que eso dejara de ser así cuando entrara a la edad madura. Lo único que pedía Obi-Wan era que su padawan no atravesara su primer celo siendo aún tan pequeño, no como le sucedió a él. Tenía la misma edad de Anakin cuando él lo hizo. No era inusual que muchos presentaran su casta a una edad muy temprana, pero la norma, o, más bien, lo ideal, era a los catorce o quince años. Pero solo los que se presentaban como Betas eran los últimos en identificarse, básicamente porque ellos no sufrían de un celo. Para Alfas y Omegas era distinto. Había actitudes y hasta comportamientos que podían inferir de qué casta sería una persona. Obi-Wan prefirió ignorarlas, hasta que se hizo demasiado tarde.

──¡No es natural!

Y con eso Anakin dejó la cocina, dirigiéndose hacia la ducha, pateando furiosamente las piezas de droide que solía dejar por los pasillos, como si ellas tuvieran la culpa de todo. El pequeño cachorro, sin embargo, tenía razón. No era natural, siempre y cuando pensaran en él como un Beta o un Omega.


La segunda señal, o las muchas señales a las que Obi-Wan no prestó atención, fue el comportamiento del cachorro hacia él. Bien sabido era que su discípulo tomaba una actitud excesivamente protectora con Obi-Wan, tanto que rayaba lo exagerado. Habían vuelto de una misión donde Obi-Wan había caído a un nido de gundarks y su padawan estuvo allí para salvarle la vida, aunque no salió ileso. En cuanto arribaron a Coruscant, Anakin llevó a su Maestro a la Sala de Sanaciones para que lo atendieran. No se separó, en ningún momento, del Omega, incluso cuando tuvieron que dar el informe de su misión al Consejo Jedi.

Mientras atendían a Obi-Wan, Anakin no quiso salir de la Sala, argumentando que era su Maestro y siempre debía estar con él, aunque Vokara Che ya le había advertido estrictamente que debía dejar la Sala mientras ella hacía su trabajo.

──No. ── respondió el pequeño, irritado. Pero la mirada desaprobatoria de la Sanadora no lo dejó objetar más.

──No se está muriendo, Anakin Skywalker. Está exhausto porque no lo dejas en paz. Déjame hacer mi trabajo y lárgate. ── la rudeza en el tono de voz de la Beta no fue lo que consiguió que el cachorro saliera de la sala, sino lo que dijo mucho después──: Ahora, padawan Skywalker.

Anakin estuvo tentado por enseñarle sus dientes en una respuesta salvaje, pero no lo hizo por el bien Obi-Wan, quién le estaba enviando vibraciones y mensajes tranquilizadores a través de su vínculo. Solamente por eso el pequeño dejó que ayudaran a su Omega. De otra manera, no lo habría permitido.


La última señal, aunque más escandalizadora para Obi-Wan que las otras, ocurrió un supuesto día cualquiera, el cual terminó siendo el día.

Era cerca del mediodía, su padawan en unas horas más tendría que ir a una de sus clases y Obi-Wan esperaba ir a el área meditativa de la Sala de las Mil Fuentes. Obi-Wan evitaba ir a esa área, aunque le encantara, únicamente porque las únicas Omegas de la Orden solían reunirse allí. La Sala de Las Mil Fuentes gozaba de unas hermosas cascadas y una alta cantidad y diversidad de flora cubriendo el lugar. Era un sector agradable para los Omegas, quienes se sentían innatamente atraídos a la naturaleza en general. Mimetizarse con las demás Omegas de la Orden no era algo que le agradara a Obi-Wan. Ellas eran el reflejo, en todos sus sentidos, de la casta. Compartir con ellas sería solo una tortura para alguien como él, que prefería hacerse el desentendido y fingir que, en realidad, no era un Omega.

Pero por mucho que lo intentara ocultar, Obi-Wan tenía muy presente lo que era. Siempre. Al iniciar y terminar el día, al sentir aquella necesidad de acercarse a sus congéneres. De buscar a quien darle cariño y amor. Lo sabía cuando dejaba su cuello expuesto para el cachorro por las noches, de acercarlo a su cuerpo en un abrazo protector como si Obi-Wan realmente fuera la madre de Anakin. Él siempre quería más, aunque no lo entendiera. Ser un verdadero Omega, se había preguntado alguna vez, ¿Qué significaba ser un verdadero Omega? Pero no quiso darle una respuesta porque no le interesaba saberlo. Nunca estuvo dentro de sus planes ser un Omega, de todos modos.

Anakin estaba cocinando, las largas mangas de su túnica arremangadas hasta los codos, dejaban su piel tostada al descubierto. El pequeño tarareaba una melodía mientras movía ágilmente el sartén con los vegetales sazonados con diversas especias, y Obi-Wan utilizaba su datapad, sentado en el sillón, alejado de la cocina porque él no cocinaba tan bien como sí lo hacía su padawan.

──¡Maestro! ── exclamó Anakin, sosteniendo con su mano diestra el mango del sartén, la otra, sostenía una cuchara de madera. Obi-Wan alzó los ojos hacia el pequeño. ──, ¿Puedes venir a probar esto?

──Claro. ── respondió Obi-Wan, irguiéndose desde donde estaba sentado. Dejó el datapad en la mesa de centro que tenían, mientras sus piernas lo acercaron a un lado de su padawan. El paso de los últimos tres años junto a Anakin lo notó apenas el hombro de él rozó su brazo. El cachorro estaba creciendo mucho más rápido de lo normal. Obi-Wan frunció su ceño cuando Anakin acercó la cuchara hasta su boca, insistiéndole con una sonrisa.

──Adelante, Maestro.

El Omega movió la cabeza, negándose a responder en su juego infantil, mientras se ganaba un jadeo de disgusto, aunque Anakin en ningún momento dejó de insistir. Sin embargo, en un rápido movimiento Obi-Wan tomó de la mano a su padawan, llevándose una seta a la boca. La mordisqueó y engulló, sintiendo el agradable sabor en sus papilas gustativas. El gusto del vegetal era mucho más agradable que el olor, y Obi-Wan no pudo evitar soltar una suave exhalación.

──Está muy bueno. ── dijo él, luego de unos segundos. Apenas notó que aún sostenía el brazo de su discípulo, lo liberó de sus falanges. La sonrisa de Anakin se estrechó aun más, de pronto sus mejillas tiñéndose de un casi diáfano carmín. ──¿Qué le pusiste?

──Eso es un secreto, Maestro. Pero me alegra que haya quedado sabroso.

Anakin revolvió por última vez el sartén, hasta que bajó las manos murmurando que el almuerzo ya estaba listo. Los ojos de Obi-Wan lo observaron en todo momento, hasta que algo llamó su atención rápidamente. Los largos brazos de Anakin tenían una totalidad semi acanelada y la tierna piel expuesta brillaba gracias a la luz artificial de la lámpara que colgaba encima de sus cabezas. Caso contrario a lo que esperaba encontrar Obi-Wan, de una inocente piel privada de vello de un cachorro, los brazos de su padawan estaban cubiertos de oscuros vellos dorados. ¿Pelo?

──¿Eso es… vello? ── inquirió el Omega, pestañeando con incredulidad. No era un asunto de mucha importancia para cualquiera. Todos los hombres tenían vello corporal. Todos los hombres, menos los que nacían como Omegas. Él no poseía vello corporal, por mucho que hubiera querido, su propia dermis era suave y tersa, cálida y cremosa como todo Omega. Muy parecida a la sedosa piel de las féminas que se cuidan con ungüentos para tener un cuerpo perfumado y sedoso. Obi-Wan llevó las yemas de sus dedos para tocar el brazo de su padawan, sintiendo el cosquilleo del vello. Estaba tan concentrado en su tarea que le restó importancia a la piel erizada del cachorro.

──Ah, sí, empezó a salirme hace unos meses.

¿Meses? Repitió internamente el Omega, frunciendo considerablemente su ceño. Tuvo que obligarse a sí mismo soltar el brazo de su padawan y desviar el tema de conversación hacia la comida que había preparado, argumentando que tenía mucha hambre como para que siguieran con la plática. Anakin asintió y ambos comieron en silencio su almuerzo, de vez en cuando con el cachorro quejándose sobre sus clases aburridas y que no esperaba más para volver a aventurarse fuera de Coruscant cuando el Consejo se los ordenara. Obi-Wan estuvo de acuerdo, tragándose la pesada sensación que se había creado dentro de él al descubrir que Anakin ya no sería un Omega. Y por mucho que intentara autoconvencerse de que pudiera presentarse como un Beta, sabía que las probabilidades eran muy bajas.

Entonces la única opción que quedaba, era que se presentara como un Alfa. Era la opción más plausible y Obi-Wan no la quería ni siquiera pensar. ¿Anakin, como un Alfa? De tan solo preguntárselo, sentía como el pánico amenazaba con devolver la comida sobre su plato. La idea le traía un pavor inexplicable. Y tan pronto terminó con su comida y limpió los platos sucios, Obi-Wan escapó del departamento para dirigirse hacia la Sala de las Mil Fuentes en el Templo Jedi.

Durante todo el recorrido que hizo para llegar a su destino, en ningún momento Obi-Wan se sintió tranquilo, una cuerda parecía estar atada alrededor de su cuello, apretándose lentamente y dejándolo sin aire. El sudor se acumulaba en su frente a pesar del clima templado y se limpió la piel con la esperanza de que los nervios desaparecieran. Su tensión solo se disipó cuando atravesó las grandes puertas y el follaje, los árboles y la vegetación lo recibieron como una madre lo hace con el nacimiento de su primer cachorro. Obi-Wan inspiró profundamente, llenando sus pulmones con la diversidad de olores que inundaban la Sala de las Mil Fuentes. Sus músculos agarrotados se relajaron, pero el peso en su garganta y estómago seguía presente en él, que caminaba hacia el área de meditación. Mientras lo hacía no se percató de la presencia de alguien más, hasta que ella murmuró un bajo: ──Obi-Wan ── que lo hizo detenerse, para buscar a la persona que lo estaba llamando.

Bant Eerin condujo una de sus manos hacia el hombro del Omega, y él correspondió con una sonrisa sencilla.

──Bant, no esperaba encontrarte tan rápido. ── el Omega no mentía. Este lugar causaba conflictos en su interior, pero su naturaleza era feliz estando aquí. Bant era una de las pocas Omegas con las que tenía afinidad. Incluso podría considerarla una de sus únicas amigas. Las demás Omegas de la Orden no se interesaban mucho en él; alguna vez intentaron acercársele, pero Obi-Wan las rechazó de la manera más irrespetuosa que se le pudo ocurrir en el momento. Pidió disculpas porque era lo correcto, pero muy en el fondo, no podía arrepentirse de su impulso. Interactuar con otros Omegas ejercía una inusitada presión en él, casi como si tuviese que cumplir con una norma. "Los Omegas son personas de tacto, de piel. Mucho más sensibles que otras castas, más emocionales" Claro que no, Obi-Wan era todo lo contrario. Porque antes de ser un Omega, era un Jedi. ¿Verdad?

──Y yo no esperaba encontrarte por aquí, querido amigo. Pero te siento… intranquilo, ¿estás bien?

La Mon Calamari acarició su hombro por sobre la tela de su túnica, y Obi-Wan no pudo responderle de inmediato.

Por supuesto que ella lo sentiría. Ella era tan receptiva tanto como él, porque ambos eran Omegas. De seguro su aroma estaba exponiendo la encrucijada de sus emociones. Entre ellos, los supresores no hacían efecto. Se trataba de un medicamente para controlar el ciclo de sus celos y mitigar, -reprimir-, sus instintos ante Betas y Alfas, y solo un poco entre los mismos Omegas. Pero él era un libro abierto para Bant, desde hacía mucho tiempo. La primera vez que llevaron a Obi-Wan a tomar una clase respecto a su casta, conoció a los demás Omegas de la Orden. En aquel entonces apenas eran diez Omegas dentro de las filas Jedi. Y la clase trataba acerca del significado de cada uno de sus impulsos, caracterización de su casta, apareamiento, vínculo, afectos, la composición biológica de sus órganos Omegas y más cosas que él no quiso seguir escuchando. Bant vio el disgusto de Obi-Wan en esa lección de vida. Y ella siempre, siempre adivinaba cuando algo andaba mal. Las feromonas de la Mon Calamari los envolvieron a ambos en una burbuja de calidez. Mientras ella intentaba enviarle vibraciones de cariño y protección, Obi-Wan elevaba aún más sus escudos para que ningún intruso, incluso ella, pudiera ver la angustia y el miedo que escondía.

──Lo estoy, solo han sido días agotadores. ¿Cómo te va a ti?

──Aunque no me asignen tantas misiones, no me puedo quejar. Sé que mi antiguo maestro acogió un nuevo padawan.

Obi-Wan sonrió sin gracia, entrecerrando sus ojos en una gesticulación sosegada, prestando total atención al rostro de Bant. Mientras ella hablaba, no dejó de acariciarlo. A los de su casta no les solían asignar muchas misiones, debido a los peligros que podrían atravesar en el exterior. Obi-Wan había tenido la suerte de que Qui-Gon no lo subestimaba y le insistía a los Maestros que Obi-Wan era igual de capaz que los demás. Gracias a él, el Consejo lo mantenía tan activo.

──¿Y estás bien con eso?

──¡Por supuesto que lo estoy! ── respondió ella──, Kit Fisto fue un buen Maestro. Solo espero que no haya desarrollado un extraño gusto por los Mon Calamari, supe que su nuevo padawan es uno también.

Mientras ella hablaba, Obi-Wan se quedó observando fijamente su rostro. Era redondo y femenino, pese a su especie Mon Calamari. Su piel brillaba y parecía tersa y suave como un algodón de azúcar. La apariencia de ella era tan agradable a la vista, tan encantadora y dócil, como toda una Omega, que hasta él era incapaz de dejar de mirarla. Obi-Wan sabía que proyectaba la misma presencia que Bant Eerin, al ser un Omega, aunque varón. ¿Así lo veían los demás? ¿Así lo veía Anakin? ¿Su apariencia era tan blanda como la de Bant? Obi-Wan negó con su cabeza, suspirando fuertemente y aspirando el olor de su amiga, que sirvió para incentivarlo a preguntar:

──¿Crees que pueda dejarme la barba, Bant?

Ella sonrió, burlándose inmediatamente de su amigo──: Te vas a ver tan guapo y lindo como ahora. Pero, ¿realmente podrías?

──Haré el intento.

Obi-Wan también lo dudaba. Pero estaba dispuesto a hacer lo necesario para conseguirlo. Estaba cansándose de parecer tan delicado y joven. Quizás con la ayuda de Vokara Che podría conseguir que su cuerpo, contra todo pronóstico, le regalara la suerte de tener en su rostro, vello facial. Incluso tal vez así, podría verse como un verdadero Maestro y Caballero Jedi.

Obi-Wan dejó que Bant lo guiara hacia donde se encontraban los demás Omegas de la Orden. Los nenúfares adornando el agua cristalina del lago que se formaba gracia a la cascada capturaban su atención de vez en cuando. Bant solía hablarle de su vida diaria, de cuánto tiempo pasaba en los Archivos del Templo, de cuánta ayuda ha prestado a los nuevos Omegas dentro de la Orden, porque se unieron dos nuevos pequeños. Ellos eran un grupo reducido en esos momentos, después de tantos años al fin habían ganado unos miembros; pero no eran más de quince Omegas dentro de la Orden de los Jedi. Obi-Wan había sido el único Omega que resultó ser adoptado por un Maestro Alfa. Usualmente a los Omegas los dejaban ser tomados por algún Maestro Beta, para evitar situaciones alarmantes.

Cuando se hubo unido para saludar a los pequeños iniciados Omegas, Obi-Wan se percató que seguía siendo el único Omega varón de la Orden.

¿Y quién sabe? Quizás también de la misma galaxia.


Anakin estaba a punto de salir del departamento cuando algo lo detuvo.

Sus ojos azules vagaron por la instancia, con la esperanza de encontrar la respuesta de su vacilación. Resultaba ser un día común y corriente, sino fuera por el escozor como huella del tacto de su Maestro. En aquel momento su rostro delató su respuesta, pintando de carmín sus mejillas y su rostro. No era la primera vez que su Maestro lo acariciaba. Desde que lo tomó como discípulo, lo que esperaba de él, siempre fue el afecto, fuera físico o no. Debió haber pasado mucho tiempo, suponía Anakin, para que Obi-Wan hubiera dado el primer paso aquella noche que lo encontró sollozando producto de sus pesadillas. Hasta antes de eso, su Maestro era esquivo, distante, frío. Incluso con el rastro de una estela dulce envolviendo su presencia delicada. Si se ponía a hacer memoria, el dolor de cuando Obi-Wan lo empujó lejos de su cuerpo, seguía intacto. Pero lo que ganó a costa de sus heridas de cachorro, fue mucho mejor. Poder dormir con su Maestro, tocarlo, abrazarlo, olerlo, era tan surreal como maravilloso.

Se sentía como si estuviese con su madre. Obi-Wan era un consuelo para el sentimiento que se había arraigado en él cuando dejó a su madre en Tatooine. No pasaría mucho tiempo para ir a rescatarla y traerla a Coruscant con él. Si existían excepciones para Alfas y Omegas dentro de la Orden y él resultaba ser uno de los dos, haría todo lo posible para que su madre estuviese bajo su techo junto a Obi-Wan, entonces así tendría a sus dos mad…

Anakin detuvo sus pensamientos apenas sintió un tirón en su coxis. De pronto él era más consciente del rastro que las yemas de los dedos de su Maestro dejaron en su brazo. Era la primera vez que se sentía diferente en respuesta a las caricias de su Maestro. Era tan distinto… que le asustaba. Poco a poco el pánico comenzó a ganar terreno, Anakin observó a su alrededor, sintiendo a la Fuerza arremolinándose por su cuerpo, fríos susurros rozando su oreja. ¿Qu-qué estaba pasando? Sentía la Fuerza fluyendo por las venas de su cuerpo estrepitosamente, dolorosamente. Un tirón, esta vez en su entrepierna, lo hizo trastabillarse hacia atrás. Anakin intentó ponerse rígido para no caer, el miedo surgió de él y no logró evitar que se filtrara en su expresión. Cuando llevó sus manos hacia su rostro, se dio cuenta de que estaba sudando y su piel tan caliente como si estuviese muriendo en fiebre.

La garganta se le secó como si hubiera caminado por el Mar de Dunas de Tatooine por horas. Inhaló profundamente en búsqueda de aire, justo cuando los pies estaban fallándole, un aroma se filtró por sus fosas nasales dilatadas. Un aroma familiar que emergió como un oasis en medio de ese desierto. Anakin permitió que la Fuerza que quemaba sus entrañas lo guiara hacia donde se concentraba aquel aroma.

La puerta se deslizó ante su presencia, mostrándole la siempre pulcra habitación de Obi-Wan Kenobi. Un omega. Omega. Anakin sintió como su boca comenzó a secretar más saliva de lo usual, sus colmillos comenzaron a arder, como si estuviesen próximos a caer para dar paso a unos más grandes. La fiebre, el calor, caliente. Omega. Lo vio. Allí. Allí estaba el aroma que tanto buscaba, que por tanto tiempo nunca había identificado. Anakin corrió hacia el edredón de la cama, hundiendo su nariz contra las blancas almohadas.

Era… fascinante. Adictivo. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? ¿Cómo no pudo notar el aroma de Obi-Wan antes? El aroma de su Maestro era una mezcla de hierbas frutales, con el toque dulce de la vainilla. Eso era. Eso era el aroma de Obi-Wan, vainilla. Esencia de vainilla. Tan dulce, ¿Qué sabor dejaría en su boca? Anakin lamió la tela blanca, su lengua raspando la textura de esta misma. Soltó un bufido plagado de molestia, dejando que sus feromonas se apropiaran de la habitación. No era lo mismo. Necesitaba al Omega…

Pero… ¿para qué?

La tierna mente del cachorro no pudo procesar lo que estaba pasándole hasta cuando sintió un doloroso y prominente bulto en sus pantalones. Su… su miembro, ¿cómo era que… que estaba así? El dolor lo atravesó como un rayo, arqueando su espalda por la fría y angustiosa sensación que recorrió su espina dorsal. Gimoteó asustado, una increíble ola de calor forzándolo a caer nuevamente contra las almohadas. Volvió a lamer la tela, pensando que con eso el aroma podría sentirse como un líquido que lo pudiera salvar de esta tortura, meciendo su cuerpo contra el colchón. El roce de las telas de su uniforme lo lastimaba.

Maestro, maestro, llamaba el cachorro a través de su vínculo. Omega, omega.

Te necesito.

Te necesito.

Te necesito.

Obi-Wan palideció cuando escuchó aquel murmullo. Anakin, dijo su mente. Su vínculo tembló con fuerza. Dolor, calor, incertidumbre. Miedo. Anakin estaba en peligro.

──Como te decía, Quinlan llegó esta mañana y ha estado buscándote por tu domicilio…

No siguió escuchando a Bant, porque tan pronto como aquellas palabras inundaron su mente, Obi-Wan desapareció como una bala de la vista de los otros Omegas. Solo tenía algo en mente mientras corría con prisa a través de la Sala de las Mil Fuentes. Pronto el flujo de gente se hizo molesto, dificultando su camino a cada gran paso que daba. Anakin, repitió, esperando que su padawan pudiera responderle, ¿Qué está pasando?, pero no hubo respuesta. ¿Habría sido un ataque? ¿Alguien había atacado a su cachorro? Obi-Wan gimoteó, como un Omega preocupado por su propio vástago. Aunque él no lo era. Skywalker era su discípulo, no su cachorro. Nunca lo sería. Solo que... era tan pequeño, tan pequeño como para que su lado Omega se apiadara de él e intentara protegerlo a toda costa, aun cuando ese cachorro en un futuro sería un Jedi.

Todo lo que pensaba Obi-Wan era en los mensajes de ayuda que estaba transmitiéndole Anakin, los mensajes de un cachorro. Mientras más se acercaba a su departamento, la preocupación crecía dentro de su pecho, como una pesada piedra. No era solamente un pequeño disturbio en la Fuerza. No se sentía como eso. Era peor. La energía que se concentraba en todos lados producto de la Fuerza comenzaba a volverse más densa mientras más se acercaba al departamento, al lugar que sabía que podría ubicar a su padawan. Lo más confuso de todo, es que el Lado Oscuro no estaba presente en esto.

Entonces, ¿qué era? ¿Estragos de la Fuerza porque Anakin era el elegido? Pronto tendría respuestas. Pasó su mano cerca de la entrada donde yacía un identificador y dejó que la puerta se deslizara para poder entrar. El grito que iba a soltar llamando a su padawan murió en la punta de su lengua, cuando se enfrentó contra el olor de un Alfa en celo. Fue un golpe certero en todo su cuerpo. Como si hubiera chocado contra una pared. No, ¡no podía ser! ¡Anakin era muy pequeño para esto! ¡Era un niño! ¡Fuerza, era un niño, no podía…!

──Omega…

Sin embargo, aquel susurro lo paralizó todo. El error de Obi-Wan fue haber aguantado por tanto tiempo su respiración, porque cuando se vio obligado a inhalar, el olor de Anakin quemó todo el conducto, raspando venenosamente su nariz y garganta. La esencia de Anakin. Era una combinación varonil de una fragancia con tintes picantes de jengibre, el olor de madera ambarada de un roble, y almizclada. Atrás había quedado la esencia de un cachorro, atrás había quedado rezagado el aroma de la niñez en Anakin. Ahora era un Alfa deseoso de un Omega. De no haber sido por su fuerza de voluntad y de los medicamentos, para horror de Obi-Wan, había cedido a ese llamado.

──¡Omega! ── rugió Anakin y Obi-Wan sintió inmediatamente como sus piernas flaqueaban y se humedecía. Los mensajes de ayuda no eran de su cachorro, eran los de un Alfa. No puede ser, no puede ser. Era horroroso, Anakin solo tenía doce años. Obi-Wan reprimió las lágrimas mientras su padawan se levantaba furiosamente de la cama en la que ambos dormían. Él sabía que tenía que huir. Si se quedaba para observar a su padawan convertirse en un Alfa en todo su esplendor, entonces no podría evitar lo que sucedería. Luchó contra sus más bajos y primitivos instintos hasta que pudo cerrar la puerta. Antes de que esta se deslizara volvió a escuchar un rugido iracundo e insatisfecho de su padawan. Ingresó la clave para mantenerlo cautivo y tuvo que alejarse de la puerta, escuchando los golpes que le propinaba Anakin desde el otro lado.

──¡Déjame salir, omega!

Antes de seguir escuchando, sintiendo la humedad entre sus muslos manchando sus pantalones, Obi-Wan corrió lejos de allí. Levantó sus escudos para que su padawan no pudiera ordenarle con su nueva voz de Alfa. Si no lo hacía, entonces… lo perdería todo. El Omega reprimió un gemido, un inusitado calor dominándolo. Imposible… su último celo solo había ocurrido hace tres semanas atrás, ¿Por qué…? Debía dar aviso a la Sala de Sanaciones, al Consejo Jedi, a todo el maldito mundo. Anakin era un Alfa, se dijo, Anakin era un Alfa y él no podría ayudarlo. Necesitaba que alguien se hiciera cargo, necesitaba…

──¡Obi-Wan! ── escuchó como alguien se acercaba a su cuerpo. Él se volteó hasta encontrarse con los ojos castaños de Quinlan, ¿Quinlan? ¿Qué hacía él aquí? No importaba, no tenía tiempo para nada. Intentó recuperar el aliento, perdiendo el equilibrio. Los fuertes brazos del Alfa lo atraparon antes de que cayera. El moreno arrugó la nariz por el olor que envolvía al Omega. Una combinación de angustia y algo más perverso. ──¿Estás bien?

──Quinlan, Anakin… ── hizo una pausa. A estas alturas le costaba respirar──, Anakin… entró en celo.

El moreno frunció el ceño, el apretón contra de sus hombros se había intensificado. El Alfa se inclinó hacia él, buscando alguna herida, inspeccionando con su nariz su integridad física. Los Omegas solían despertar esa actitud en los Alfas. Muchas veces su propio Maestro Qui-Gon reaccionó así con él, es más de una misión.

──¿Es su primer celo?

Obi-Wan apenas asintió. Desesperado, llevó sus manos hacia los antebrazos del Alfa, para que le prestara atención──: Anakin… ¡Anakin es un Alfa! ¡Debes ayudarme! ¡Debes llevarme a Vokara Che antes de que sea demasiado tarde! Yo… yo no puedo hacerme cargo de él. Informa… informa al Consejo sobre s-su… celo. Diles… diles que ya comenzó. Que alguien lo ayude, que a-alguien esté ahí para él… ── Obi-Wan comenzó a sentirse mareado──, por favor, Quinlan…

El Omega no necesitó de decir algo más, puesto que la desesperación y el calor comenzaban a poblar su cabeza como un virus. Quinlan aguantando su propia respiración, se comunicó con su propia padawan, Aayla Secura, para que ella se encargara de llevar a Kenobi con Vokara. Quinlan, por su parte, se encargó de informar al Consejo sobre el celo de Anakin Skywalker, y ellos deliberaron en que un Beta Sanador se haría cargo del padawan mientras estuviese padeciendo los síntomas de su determinada naturaleza. No fue sorpresa la mención de la palabra "Alfa" cuando le preguntaron a Quinlan sobre la casta de Anakin. Desde que se unió a ellos, todo Skywalker gritaba alfa, alfa, alfa a su alrededor. Como el protocolo lo dictaba, asignaron a un Beta para contener al padawan. No solo necesitaría de agua y comida por los próximos días, sino que también asistencia médica gracias al cambio de colmillos que atravesaría el pequeño al entrar a la edad madura.

──Mi pregunta es, Maestros, ¿Qué haremos con Kenobi? ── inquirió Mace Windu, observando a su alrededor. Quinlan estaba en total silencio al finalizar su reporte. ──, Kenobi ni siquiera pudo venir con nosotros, afectado por el celo de su padawan.

──No hubo incidentes, pese a ello, Maestro Windu. Es natural para los Omegas reaccionar frente al olor de un Alfa en celo. ── intervino Plo Koon.

──No esperaremos hasta que haya alguna clase de incidente, Maestro. Para eso Kenobi no debe seguir siendo el Maestro de Skywalker. ── insistió Windu.

──Kenobi una decisión, tomó ya. Maestro de Anakin Skylwaker, seguirá siendo. ── Yoda dejó en claro──, Difícil, sin duda, para Obi-Wan Kenobi, debe de ser.

──Pero Maestro…

──Quinlan Vos, retirarte, puedes.

──Gracias Maestros. ── el moreno hizo una reverencia, antes de salir de la Gran Sala del Consejo Jedi. Mientras se encaminaba hacia la Sala de Sanaciones, esperaba que su amigo estuviera bien. Su padawan lo encontró cerca a esas instalaciones.

Aayla Secura fue a su encuentro, sus grandes pestañas subiendo y bajando por la preocupación que destellaban sus ojos.

──¿Cómo está el Maestro Kenobi, padawan?

──Estable, informó la señorita Che, dijo que solo fue una respuesta natural debido a su padawan, pero Maestro, ¿Qué fue lo que ocurrió?

"La Orden Jedi, eso pasó" quiso contestar él, pero se mordió la lengua, en cambio contestó algo breve y Aayla no preguntó más. Quinlan a veces odiaba a la Orden. ¿Cómo era posible que no les enseñaban acerca de las diferentes castas hasta los trece años de edad a los padawan? ¿Cómo eran tan condescendientes con la información hacia los niños que los privaban del conocimiento de sus futuras naturalezas? Si el niño sufría de un celo antes de esa edad, entonces en ese momento se le hablaría de lo que ocurrió y lo que deparaba el futuro. Solo recién, en ese momento, serían educados. Pero antes de eso, atravesaban por el dolor a lo desconocido, el miedo, la angustia. ¿No eran esas emociones que llevaban al Lado Oscuro? ¿No era lo que la Orden Jedi profesaba no sentir? Entonces, ¿por qué? se preguntó Quinlan internamente, mientras atravesaba junto a su padawan las instalaciones de la Sala de Sanaciones, ¿por qué hacían pasar a los niños por eso? Él también tuvo miedo. Todos alguna vez, lo hicieron, cuando el mundo comenzaba a dar vueltas y todo dolía. ──Kenobi.

Obi-Wan le regresó la mirada, el cansancio reflejado en los socavones liliáceos bajo sus ojos ──Quinlan, gracias. ¿Qué dijo el Consejo?