Capítulo VII: El precio de la Vida

—¿P-pero cómo…? —preguntó Xavier, asustado y desconcertado.

—Perdóneme —pidió la mujer—. No pude hacer nada más. No tengo la suficiente fuerza lejos de estas cuatro paredes como para poder dominar cuerpos humanos llenos de vida, o si quiera tocarlos. Sólo pude coger tu alma antes de que le sirvieras de cena a la Oscuridad, con la única función de hacerla más fuerte. También pido perdón por no haber podido hacer lo mismo con el resto de tus amigos.

La pena y la culpa de su voz destrozaron al muchacho. No entendía por qué aquella mujer tenía tanta influencia sobre él, de una manera o de otra.

—No se disculpe, no pudo hacer nada más. —La mujer alzó la cabeza, y le dedicó una pequeña sonrisa de agradecimiento, que él correspondió gustoso—. Pero… ¿por qué ocurre todo esto? ¿Qué sucedió realmente hace siglos para que ahora ellos ataquen de este modo?

Hubo un pequeño silencio.

—Hace siglos, cuando aún estábamos vivos los cuatro, mis hijos cayeron gravemente enfermos por una enfermedad desconocida y difícil de tratar. Los médicos, que por aquella época no eran precisamente eficientes, no sabían qué hacer, y los dieron por casos perdidos, destinados a morir a temprana edad. Madre y yo lloramos desconsoladas por mis pequeños niños, que por entonces no llegaban a los tres años; no queríamos perder a un familiar más, después de la partida de mi marido al Más Allá.

»Una noche, Madre me preguntó muy seriamente si de verdad quería salvar a mis hijos, costase lo que costase. Yo, por supuesto, respondí ingenuamente que sí, sin imaginar qué tan alto sería el precio… Pero para entender el dolor y la impotencia que se siente al saber que tus pequeños niños van a morir y tú no puedes hacer nada para impedirlo hay que vivirlo. Por eso no pensé en las consecuencias que traería. Madre nunca llegó a contarme de primera mano qué ocurrió en su dormitorio, con los niños y ella dentro, pero a estas alturas no me cuesta mucho imaginarlo. Invocó a las Sombras, seres venidos desde el mismísimo Infierno para curar a mis niños y mantenerlos con vida… Pero a qué precio. Lo único que supe por aquél entonces era que, a la mañana siguiente, mis hijos salieron sonrientes, rebosantes de salud, y eso era todo lo que me importaba.

»Claro que una noticia así no pasa desapercibida en un pueblo pequeño. Nos acusaron de brujería durante años, y sólo nos mudamos cuando vimos que la cosa era seria, y pensaban matar a mis hijos y a nosotras, cosa que no permitiría. Viajamos lejos, un viaje que duró meses, hasta que por fin llegamos a Inazuma. Allí Madre me contó que ya teníamos casa, una de una vieja amiga suya que había fallecido. Yo ingenuamente la creí.

»Esta casa en la que está ahora no es más que oscuridad disfrazada de hogar. Es una auténtica puerta al Infierno. Ese era uno de los precios que había que pagar por la salvación de mis niños: Cuidar de un lugar por donde las Sombras y el resto de los Monstruos del Infierno pudieran pasar libremente para hacer sus maldades en La Tierra.

»Seguimos con nuestra vida normal en la nueva ciudad. Madre dijo que lo mejor para mis niños, que habían sido maltratados durante tantos años por otros niños, era hacer que estudiasen en casa, porque seguramente no se acostumbrarían al trato con otros pequeños de su edad. Obviamente yo volví a aceptar, pensando que era algo comprensible; una especie de trauma. Y así, con ellos estudiando en casa y pasando los días en ella, y Madre, enseñándolos y reclusa en la mansión con la excusa de que era muy mayor, tenían la cuartada perfecta para que la luz no los dañase como hace ahora. Yo era feliz, seguía con mi familia y nos habíamos acostumbrado fácilmente a vivir en aquella pequeña ciudad.

»Sin embargo todo se me vino abajo cuando empecé a ver que mis niños y Madre actuaban de forma extraña. Rehuían de la luz, tanto natural como de las velas (la única a la que pueden estar expuestos es a la luz de las llamas del Infierno, de donde han nacido); no comían, no bebían, y apenas dormían, sin contar que empezaban a excluirme de mi propia familia. Empecé a sospechar, a atar cabos, hasta que una noche lo vi. En el dormitorio de Madre, una puerta al Infierno abierta en el suelo. Vi a las Sombras saliendo de ella, jugando con mis hijos, saliendo por la ventana… Recogí todos los encendedores, todas las velas, todo lo que proporcionase luz, y me encerré en mi dormitorio. En ningún momento permití que la Oscuridad llegase a mi cuarto, no me atrevía. Tenía miedo. Supongo que me volví loca, o, al menos, todos los lugareños me tomaron por una.

»No podía seguir con esas vida eternamente, eso estaba claro. Así que decidí quemar toda la casa, con nosotros dentro, con la pequeña esperanza de acabar con la maldición. Pero no lo conseguí, como ya se habrá dado cuenta, joven Xavier. La maldición persiste, no importa cuántas veces queme la casa hasta los cimientos; lo único que consigo es aplazar su siguiente aparición durante meses, pero nada más. Y desde aquél día y hasta hoy, mi única misión es luchar por salvar las almas de os pobres insensatos que se atreven a entrar aquí, y si lo consigo, sacarlos vivos. Pero no es tarea fácil, y nunca consigo hacerlo bien.

»Esta es la verdadera historia.

El pelirrojo se quedó en silencio, asimilando toda la historia.

Desde pequeño siempre había creído que aquella mujer causó el incendio porque se volvió loca; desde siempre las gentes pensaban que la mala de la leyenda, la que acababa con la vida de los pobres excursionistas y gentes que se adentraban en el bosque, era ella, y sin embargo sólo se trataba de una víctima más, y de alguien que quería salvar, enmendar su error, el error de su familia. Una mujer con espíritu de justicia y bondadoso.

Se sintió culpable.

—No se preocupe por eso —dijo la mujer, con una sonrisa.

—Y ¿qué ha sido de Dave y de Claude?

Ella agachó nuevamente la mirada.

—Nada. Sólo han servido de sustento a las Sombras, pero no por ello han ido al Infierno, aunque tampoco al Cielo. Simplemente ya no están en ningún lugar, porque, hayan escogido lo que hayan escogido, sus intenciones han acabado por ser buenas, han demostrado tener el suficiente buen corazón como para no ir al Inframundo… Pero el morir a manos de las Sombras les impide ir a un lugar mejor. Han sido maldecidos en cierto modo.

Xavier se arrepintió de haber preguntado. Pero aún quedaba algo más.

—¿Hay alguna manera de salvar a Jordan y a Bryce?

. . . . . .

Los dos muchachos apegaron sus espaldas a la puerta, alejándose lo más que podían de esas criaturas infernales. Los dos niños se soltaron de las manos de su abuela y se movieron con rapidez hasta quedar a ambos lados de los dos jóvenes; su velocidad era tal que por un momento sus figuras se volvieron borrosas. Con eso sus esperanzas de salir vivos eran cada vez menores. La anciana se adelantó, sin borrar esa afilada y maligna sonrisa en su rostro.

—No seáis cabezotas —dijo con voz tranquila—. Sabéis que vuestro final ha llegado…

—¡No os acerquéis, Monstruos malditos! —ordenó el peli-plateado.

La anciana puso una fingida expresión de disgusto.

—Eso no ha sido muy amable por tu parte, Withingale. Deberías aprender un poco más de mi nieto…

La atención de ambos jóvenes se centró esta vez en el niño. Su cuerpo empezaba a temblar; comenzó a desproporcionarse, sus colores empezaron a cambiar hasta tornar a la más oscura negrura. Al cabo de unos segundos, el niño ya no estaba. En su lugar había una esbelta y alargada criatura de oscuridad que daba ligeros temblores, en la cual sólo se podía distinguir unos ojos algo rasgados de color carmesí y una sonrisa lobuna del mismo color, que dejaba en claro las malas intenciones que tenía en mente.

Con rapidez y cual serpiente (Aunque una serpiente voladora), zigzagueando, aquella criatura se acercó a la pierna derecha del peli-plateado, en donde tenía la herida; se enroscó a su alrededor y presionó con fuerza. Bryce no pudo reprimir el grito que pegó; sentía que el contacto con aquel ser hacía arder su piel, hacía que la sangre le hirviese —Literalmente—, y le provocaba un dolor insufrible. Sus fuerzas cedieron cayó sobre su pierna derecha, justo antes de que aquella Sombra se desenroscase de su pierna y volviera a su anterior posición y forma. Jordan pudo agarrarle antes de que se viniese abajo del todo.

—¡Bryce!

—Estoy b-bien… —respondió entre dientes, intentando ponerse en pie.

La anciana rió a carcajada limpia ante aquellas palabras.

—Os daré una última oportunidad: ¿Queréis uniros a mí y seguir caminando por La Tierra o…?

—Ahórrate tus palabras, vieja bruja —espetó Jordan—. No cometeremos ese error de vender nuestra alma. Y saldremos de aquí con vida, eso te lo aseguro. No nos vencerás.

La anciana sonrió de medio lado, divertida por lo que decía el peli-verde. Murmuró un "Como quieras", y su cuerpo, al igual que el de los dos niños, comenzó a cambiar, volviendo a ser unas simples pero malignas Sombras temblorosas, con esos rostros carmesís brillantes, como sangre; al lado de la sombra de la niña cayó como un peso muerto su peluche, que siempre llevaba con ella. A sus espaldas, a través del gran agujero abierto en el suelo, las llamas se alzaron, imponentes; el calor era sofocante, sus frentes comenzaron a perlarse de sudor.

No sabían qué hacer. Aquellas tres Sombras se cernían sobre ellos, amenazantes, con claras intenciones de acabar con sus vidas. Ambos muchachos, en un momento de lucidez, les dieron la espalda a sus atacantes, concentrando toda su atención en abrir la puerta y escapar. El picaporte no cedía ni si quiera un milímetro, la puerta no se movía ni si quiera mínimamente a pesar de todas las veces que empujasen con toda su fuerza. Estaban adoloridos y agotados, sin esperanzas.

—Me niego a ser el almuerzo de nadie —dijo Bryce.

Ambos fueron a probar de nuevo, pero entonces, por debajo de la puerta, una luz blanquecina entró, iluminando toda la habitación y cegándolos. Las tres Sombras gruñeron de dolor; inmediatamente se escondieron de nuevo en el agujero vía al Infierno, y las llamas se hicieron más pequeñas, hasta apagarse del todo. La luz también se hizo menos intensa, y ambos pudieron volver a abrir los ojos.

No entendían nada, pero no iban a desaprovechar la oportunidad.

Por fin pudieron abrir de nuevo la puerta, para encontrarse de primer plano con Xavier. Ambos sonrieron ampliamente, y él les devolvió la sonrisa, alegre de verlos a salvo.

—¡Xavier!

Jordan se acercó a él corriendo, pero no sin antes cerciorarse de que Bryce se sujetaba al marco de la puerta; extendió sus brazos e intentó abrazar al pelirrojo, pues hasta entonces había creído que estaba muerto y la felicidad podía con él. Sin embargo, cuando fue a rodearlo con sus brazos, no tocó nada; abrazó al aire, literalmente. A ambos muchachos se les cortó la respiración. Lo miraron atónitos. El pelirrojo agachó la cabeza. Sólo entonces se percataron de que había algo diferente en él: Su cuerpo emitía un leve brillo, dándole un aspecto mágico.

—X-Xavier… —murmuró el moreno.

—No hay tiempo para explicaciones —habló la mujer, apareciendo al lado del pelirrojo—. Tenemos que sacaros de aquí cuanto antes; ellas no tardarán en volver, y no tenemos el suficiente poder como para mantenerlas alejadas por mucho tiempo.

Jordan y Bryce —Este ayudado por el primero— los siguieron sin rechistar hasta otra habitación, asimilando de nuevo que, una vez más, les habían cortado las alas: Un amigo que parecía haber podido sobrevivir milagrosamente, no lo había hecho… Eso resultaba más cruel y doloroso que si simplemente no lo hubiesen vuelto a ver jamás.

Al entrar a la habitación, se sorprendieron por el "decorado". Esta vez no se fijaron en los muebles, si no en el resto de los elementos: Aquél dormitorio estaba lleno de encendedores, velas, lámparas, cualquier objeto que pudiese emitir luz; seguramente en aquella habitación estaría todo lo que pudiese iluminar de aquella casa —A excepción de la lámpara de araña de la entrada, aunque tampoco funcionaba.

Los guiaron hacia la ventana del cuarto.

—Tenéis que salir por aquí —dijo la mujer—. Este es el único lugar en el que las fuerzas de las Sombras se debilitan y las mías se fortalecen, con lo cual no podrán evitar que escapéis. Pero ¡tenéis que daros prisa! ¡No podré cubriros por mucho tiempo si invocan a La Sombra de su parte!

No se molestaron ni en preguntar, sólo por si acaso. Abrieron la ventana con esfuerzo, pues aún pesaba lo suyo, y echaron un vistazo hacia abajo. La caída era peligrosa, puesto que estaban en un segundo piso, pero quizá, si se conseguían agarrar al tejadillo, podrían llegar al suelo bien, dentro de lo que cabe. De allí lo siguiente sería echar a correr como si no hubiese mañana —Aunque si no lo hiciesen podría ser que realmente no lo hubiese para ellos.

—Nosotros os cubriremos —aseguró Xavier.

Jordan lo miró con pena, a la vez que súplica y culpa. No quería dejarlo allí, al fin y al cabo era su mejor amigo; pero sabía que no podía hacer nada por él. Estaba muerto, eso no se podía discutir. Pero era tan doloroso pensar así… Era tan doloroso pensar que tres de sus mejores amigos, tres personas que las que había crecido y vivido durante casi toda su vida habían muerto, que no se lo quería creer.

El pelirrojo sonrió.

—Dile a mi hermana y a Padre que los quiero, por favor.

El moreno asintió con la cabeza, con los ojos cristalizados. Luego se giró hacia Bryce, pero él ya no estaba a su lado; el peli-plateado estaba buscando entre todos los cachivaches que había en la habitación un encendedor que funcionase, y por fin lo halló.

—¿Qué haces? —preguntó el peli-verde—. ¡Tenemos que irnos!

—No. —El peli-plateado lo miró por encima del hombro—. Tienes que irte tú. —Jordan lo miró sin entender, a la par que asustado por su respuesta—. Yo me quedaré aquí, y entretendré a esos seres del Demonio. Quemaré la casa, como contaba la leyenda que hizo la madre… —Miró a la mujer—, lo que hizo usted.

Ella asintió levemente con la cabeza, totalmente de acuerdo con sus palabras.

—¡¿Qué? —chilló, alterado— ¡No! ¡¿Estás loco? ¡Ya han muerto Dave, Claude y ahora Xavier! ¡No voy a dejar que te quedes tú también aquí para servirles de cena a esa maldita vieja y sus dos niños del Diablo…! —Se interrumpió a sí mismo, dándose cuenta de lo que acababa de decir. Miró a la mujer, algo avergonzado—. L-lo siento…

Ella mostró una pequeña pero triste sonrisa, intentando decirle así que no pasaba nada.

—Mírame —ordenó Bryce, a lo que él obedeció—, fíjate en mi pierna. Apenas consigo sostenerme de pie, no voy a poder salir corriendo, y sólo conseguiría retrasarte y hacer que esas Sombras o lo que quiera que sean nos maten a ambos. Tú estás en perfecto estado, puedes salir corriendo y llegar hasta Inazuma sin problemas. Yo me quedaré aquí, y los tres nos encargaremos de entretener a esas cosas. Tú sólo tienes que preocuparte por correr lo más rápido que puedas.

—No —murmuró, negando repetidas veces con la cabeza—. No voy a dejar que tú también m…

—Bryce tiene razón, Jordan —interrumpió el pelirrojo—. No queda otro remedio. Vuelve al Orfanato lo más rápido que puedas, ponte a salvo. Nosotros te cubriremos. Vuelve a casa y despídete de nosotros, por favor. Y no discutas más. Además, recuerda la leyenda… sólo uno vuelve con vida.

El moreno no se lo quería creer. No se quería creer que esa era la única solución, salir él solo de allí por patas, como un cobarde. Pero sabía que era cierto, que era lo único que podían hacer llegados a esa situación. Los ojos se le llenaron de lágrimas otra vez.

Se escuchó una especie de explosión. Hasta la habitación en la que se encontraban, llegó un calor insoportable, y un fuerte olor a azufre y a quemado: La puerta se había vuelto a abrir, y aquellas criaturas no tardarían en volver a por su comida. Tenía que salir de allí ya.

«Mucha suerte», fue lo último que escuchó de sus dos amigos.

El peli-verde salió al bordillo de la ventana, intentando no caerse.

Fuera, el ambiente era frío, desolador, con una brisa helada que desordenó sus cabellos verdosos atados en una coleta alta. La luna se mantenía en lo alto, y parecía no haberse movido apenas desde la última vez que la vio, antes de entrar al Infierno. En el bosque, todo parecía exactamente igual, ajeno a los hechos que habían acontecido en el interior de la casa que se escondía en él.

«Si tan sólo hubiésemos decidido dormir a la intemperie…»

La estructura de la casa se movió. Tenía que saltar, y pronto. Reagrupó toda la valentía que le quedaba y se adelantó un paso, dejándose caer. La caída fue bastante dolorosa, pero no le quedaba otra que tragarse el dolor y echar a correr como un loco. Corrió y corrió durante minutos que le parecieron horas, esquivando toda clase de elementos típicos en un bosque: Raíces sobresalientes, ramas caídas, piedras desprendidas de Dios sabía dónde… Sólo cuando creyó estar lo suficientemente lejos, se atrevió a hacer una parada y a mirar atrás.

A lo lejos, la oscuridad del cielo era teñida de un tono carmesí. Lo habían conseguido, habían quemado la mansión, todo había acabado. Él se había salvado, sí, pero a qué precio. Había dejado atrás a cuatro chiquillos que, a pesar de que no siempre se llevaba bien con todos, habían sido sus mejores amigos. ¿Con qué cara llegaría al Orfanato? ¿Cómo le diría a Lina y al resto que ellos habían muerto? No lo sabía, pero sí que sabía algo: Después de todo lo de aquella noche, lo mínimo que podía hacer por sus amigos era seguir corriendo y salvarse.

. . . . . .

Abrió los ojos con pesadez, una fuerte luz y unos chillidos lo despertaron. Lo primero que pudo ver fue lo que parecía un rostro, un rostro borroso. Parpadeó repetidas veces hasta que pudo apreciar los detalles: Pelo largo y liso de color azul oscuro, casi negro, ojos azules, piel clara, facciones femeninas y adultas. La reconoció al instante, y lo primero que supo hacer fue abrazarla con toda sus fuerzas.

—Jordan, menos mal que has aparecido —le dijo la mujer, devolviéndole el abrazo.

El peli-verde recordó todo. Entonces no había sido un sueño. Había ocurrido de verdad.

Rompió a llorar en su hombro, sin poder evitarlo.

—¿Dónde están los demás? —preguntó Lina, alejándolo delicadamente de su cuerpo, mirándolo con seriedad a la vez que con preocupación. El peli-verde no pudo responder—. Jordan, respóndeme, por favor. Llevabais casi dos semanas desaparecidos en el bosque, ¿dónde estabais?

Jordan no supo qué decir, pero por dos motivos: El primero porque no le salía la voz, las palabras se le atascaban en la garganta, y la segunda por la sorpresa del tiempo que llevaban fuera. ¿Dos semanas? ¿Pero no había sido una sola —aunque eterna, todo había que decirlo— noche?

. . . . . .

Desde aquella experiencia, Jordan no volvió a ser el mismo que era. Estaba apagado, y se había vuelto más desconfiado; se comportaba de maneras extrañas, y finalmente fue llevado al psiquiatra, donde le diagnosticaron Escotofobia, miedo a la oscuridad. Se negaba a pasar por sitios que tuvieran la más mínima sombra, y nunca se separaba de su linterna; jamás dormía si no era con luz. Los médicos no pudieron hacer nada por curarle, y él tampoco era muy cooperativo.

Siguieron buscando al resto de muchachos, pero la búsqueda finalizó cuando, un día como de costumbre, mientras Lina y compañía intentaban sacarle información a Jordan, este miró a la mujer y dijo un simple: "Xavier me pidió que te dijese que te quiere, a ti y a padre". Con simplemente eso, todos dieron por entendido que estaba muerto, al igual que el resto. La policía acusó a Jordan de ser el asesino, pero los médicos lo "excusaron" con que «estaba loco.»


*Escondida bajo la cama, asoma la cabeza, temblorosa*
¿V-voy a morir por darle este f-final al fic-c...?
*Todavía temblando, sale de debajo de la cama, mirando a todas direcciones*
Bueno, como sea. Yo me quedo aislada en mi bonito y seguro (más me vale) cuarto.
Quiero aclarar que lo de Las Sombras no sé si es verdad o no; yoooo me las he inventad-...

Esperen,
¡¿HE MATADO A BRYCE?
¡Noooooooooooooooo! ¿Por qué? ¿Por qué cuernos me dejaron hacerlo? ¿No tuvieron ya suficiente con las
muertes de Dave, CLAUDE y Xavier? [Lo siento, yo también tengo mis preferencias~] Soy una asesina a_a
¡Policía! ¡No fue Jordan! ¡Fui yo! ¡YO! ¡Arréstenme y condénenme a cadena perpetua! (?
Pero que sepáis que si han muertos ellos y SÓLO se ha salvado Jordan ha sido por VOSOTROS. Asesinos.
¿Recuerdan la encuesta que hice al inicio de la historia sobre sus dos personajes favoritos? Bue', puessss la cosa quedó así: Dave y Claude no recibieron NI UN solitario voto (*Forever Alone*), y por ello han muerto los primeros; Xavier y Bryce quedaron empatados en el segundo/tercer puesto, y jordan se proclamó el favorito de todos.

¡Bueno! Esto ha llegado a su fin.
Gracias por acompañarme en esta mini-locura tan fielmente, de verdad, me han alegrado el verano~ (L)
Con este hacen un total de siete capítulos, más un Prólogo, siendo mi primera historia acabada y contando con más de 5O comentarios de personas maravillosas [pelota, pelota, LOL]; eso sin contar con todos los que la habéis agregado a favoritos.
¡ MUCHíSiMAS GRACiAS A TODOS, ESTE ÚLTiMO CAPíTULO VA DEDiCADO A TODOS VOSOTROS !
Espero que se lo hayan pasado tan bien como yo a lo largo de esta locura :)
[...Okey, admito que eso sonó cruel...]

De nuevo, muchas gracias a todos; espero que nos volvamos a ver en otros fics :)
Me voy a cortar las venas con una galleta, el rotulador no funcionó a_a "Bryce, nooo, Bryce..."


Lo único que me pertenece es la trama, Las Sombras (?, la casa maldita y la familia Tanaka;
el resto es de Level-5 [Ojalá jamás sepan lo que he hecho con sus personajes], a excepción del Infierno,
que, supongo, pertenece al... ¿Cristianismo?


Epílogo: La maldición nunca termina

—Y ahora ¿por dónde? —preguntó el joven.

Era el más alto de los cinco muchachos que iban en el grupo. Era de piel morena, la cual contrastaba con su pelo blanco crema algo largo con un mechón acabado en tres picos sobre la parte izquierda de su frente, de orejas puntiagudas y alargadas y ojos de color rojo.

Se detuvieron en una especie de cruce: una bifurcación del camino, cortesía de los árboles del bosque. Miraron en todas direcciones, en busca de alguna pista, alguna señal o algún detalle que les hiciese recordar el camino de vuelta a casa. Empezaba a anochecer, y la Luna traía consigo oscuridad y, sobre todo, frío, mucho frío, que les congelaba los huesos.

—Creo que era… —El chiquillo vaciló. Era algo más bajo que el primero, de piel clara y pelo blanco crema peinado en puntas, cada una hacia un lado distinto; sus ojos eran azules celeste, y en su mejilla derecha tenía una fina cicatriz en diagonal— por allí —Señaló el camino de la derecha.

—¿Estás seguro, Kick? —preguntó otro, más calmado. No se llevaban demasiada altura. Era de piel clara como la nieve, con un extraño peinado castaño que dejaba caer dos mechones algo rizados a ambos lados del rostro, y sus ojos eran verdes claritos—. Lleváis casi todo el camino tomando el camino de la derecha, vamos a acabar dando vueltas en círculos.

—Diam tiene razón —apoyó un cuarto.

Este era el más bajito de todos, aunque tampoco por demasiado. Tenía la piel ligeramente morena, con el cabello largo liso de color morado acabado en puntas que tiraban hacia arriba, y una especie de banda negra alrededor de la frente, tapándosela; sus ojos eran almendrados.

—Pues tomaremos el camino de la izquierda… —dijo el último chico, arrastrando las vocales.

Era casi de la misma altura que el primero, con la piel clara. Los mechones de su cabello castaño claro tiraban hacia la izquierda en forma de ondas, y tenía una banda roja y blanca alrededor de la frente que dejaba en sombras sus ojos azules claros.

—Qué ánimos tienes, eh, Nepten —comentó Kick.

—Bueno, pues hacia la izquierda —dijo el primero.

Los cinco se dirigieron al camino elegido, con andares rápidos a la vez que pesados. Empezaban a cansarse, y no creían poder encontrar el camino de vuelta al Orfanato en poco tiempo, sin contar que estar de noche en aquel bosque no les gustaba nada; no eran especiales cobardes, pero desde lo que le pasó a sus amigos hacía un par de años… Bueno, que a nadie le gustaría estar en la misma situación, y ellos desaparecieron también una noche, en ese mismo bosque escalofriante. Nadie comentó nada de los hechos, pero todos pensaban en ellos, y no podían parar de preguntarse si les acabaría asando algo por el estilo…

El peli-morado se detuvo.

—Eh, ¡mirad, chicos! —atrajo la atención de todos—. Allí, ¡una casa!

Todos miraron en la misma dirección, encontrándose con una mansión de dos pisos, cuya estructura no parecía precisamente de fiar. Se encontraba en el centro de un pequeño claro en mitad del mar de árboles. La Luna llena brillaba desde lo alto, observándola y cuidándola, bañándola con su luz blanquecina.

—¿Creéis que allí vivirá alguien? —preguntó Diam.

—Si vive alguien debe de ser alguna vieja de esas —respondió Nepten—. Pero dudo que nadie quiera vivir allí. ¡Mírala! Parece que se vaya a caer en cualquier momento, al mínimo toque.

—Pues reza para que no se nos caiga encima —dijo el primero—. Es esto o dormir fuera para acabar enfermos en cama durante meses.

—Teque tiene razón —apoyó Kick—. Nos guste o no es el único sitio en el que podemos pasar la noche. Mañana reanudaremos la búsqueda del camino al Orfanato, no será tan malo. Sólo no te pongas a dormir debajo de ninguna lámpara ni cerca de muebles inestables y listo.

. . . . . .

—Los conocéis, ¿verdad? —preguntó una peli-azul.

La muchacha observaba a los cinco jóvenes discutiendo el hecho de dormir o no en aquella mansión a través de una de las ventanas del segundo piso; la ventana de la habitación de la señora Tanaka. El cuerpo de la chiquilla estaba cubierto por un brillo blanquecino, otorgándole un aspecto Celestial, al igual que los cuerpos del pelirrojo y el peli-plateado que la acompañaban. Estos dos últimos, a diferencia de la chica que no tenía expresión alguna en su rostro, miraban al grupo apenados.

—Sí —respondió el de ojos jade—. So… Eran —se corrigió— nuestros compañeros en el Orfanato, y unos buenos amigos.

La joven soltó un pequeño suspiro. Sabía lo que eso significaba.

—Perdón —se disculpó el peli-plateado—. Con esto estamos haciendo que tu descanso eterno se aplace cada vez más y más.

La muchacha esbozó una pequeña sonrisa, y se giró hacia los dos muchachos, que no despegaban la vista de sus antiguos amigos y compañeros.

—Tranquilos. Imagino que esta será la última vez. —Luego se giró hacia el dormitorio en sombras, donde se materializó la imagen de la mujer de la casa, otorgándole algo más de luz al lugar. Entre sus manos guardaba una linterna, y sus labios estaban curvados hacia arriba ligeramente—. Deseadles suerte; al menos más de la que tuvimos nosotros…

Agarró la linterna que portaba la mujer y se desvaneció en el aire. Los dos muchachos observaron cómo la joven se materializaba discretamente en el pequeño jardín, empezando ya con el plan de siempre, que se repetiría una y otra vez a lo largo de los siglos hasta que la maldición acabase: Entregarles algo que diese luz, en este caso una linterna, y avisarles discretamente de la oscuridad. Igualito a lo que ocurrió con ellos.

—Buena suerte, chicos… —murmuraron, antes de desvanecerse en el aire, apenados.


¿Qué? ¿Cómo les queda eso?
Ya dije que habría Epílogo (Espero que eso de poner la nota de autor en "mitad" no esté prohibido ni nada;
si es así, lo siento), y uno (espero, al menos) que no se esperaban.
Ya sé que dije que no volvería a meter a la chica X esta, peroooo... Ya está metida (? 8D'
Los dejaré con la intriga (? de saber quién rayos se salva en esta tandilla de pobres desgraciaíllos'
Aunque dudo que eso les quite el sueño x'D

Por si no lo sabéissss... (yo y mis cutres descripciones 8D)
El primero, Teque, es Ryuuichirou Segata "Zell".
El segundo, Kick, es Shigeto Atsuishi "Heat".
El tercero, Diam, es Hiromu Miura "Diamu".
El cuarto, Metron, es Satoshi Mutou "Metron".
Y el quinto, Nepten, es Natsuhiko Netsuha "Nepper".

Lo dicho, paz y amor, muchas gracias y hasta la vista~
PD: Ahora son siete capítulos, un Prólogo, un Epílogo... Okey, okey, ya me voooooyyyy.


Estos pobres chiquillos que se salvan de la tortura no son míos, son de Level-5;
aquí todo lo molón es de esos desgraciados... ¡me las pagarán! *inserte aquí risa malvada*