~Vampire Knight: Kaname Kuran/Yuuki Kuran/Zero Kiryuu.
~Tema: 'Valor' (770 palabras).
~Género: Romance. Drama.
~Clasificación/Advertencias: T. Spoilers de la segunda temporada del anime.
~Drabble: 29/96.
Matsuri Hino ©. Tabla (abecedario) Retos a la carta ©.
Summary: Si tan solo... debes escuchar.
~Vampire Journal~
Listen.
Si tan sólo tuviera el valor de decir la verdad.
Kaname asiente en silencio hacia la luna como si admitiera algo. Da un rodeo alrededor del sillón victoriano deteniéndose justo al frente de la chimenea para sentarse en él, se recuesta levemente con un semblante cansado. Aún en los tiempos más pacíficos siente que no puede dormir tranquilamente. Hay muchas cosas en su mente, hay muchas cosas que nunca explica… suele guardarse todo a pesar de que es bastante lo que le pesa. Kaname se lleva la mano a la mitad de la cara primero restregándose el pómulo con un poco de fuerza, después entierra sus manos en su cabello y suspira tenuemente, es casi un sonido entrecortado, agónico, el estrés que anida en su pecho después de años de sumarse cargas innecesarias.
Necesito valor para cambiar.
─Yuuki ─suspira él, añorándola, la vampira que por años extrañó y que curiosamente tuvo que alejarse una vez más después de haber prometido que nunca se separarían.
Se llevó la mano a la camisa desabrochándola lentamente, permaneciendo acostado. Repentinamente sofocado, repentinamente sofocado por la carga que llevaba. El segundo que pensó en ella fue suficientemente torturante como para oscurecer sus ojos hasta hacerlos irreconocibles.
Él no quería que ella peleara una guerra innecesaria.
Si tan sólo tuviera el valor de disparar.
Zero se miró en el espejo por segunda vez, el fulgor de los ojos brillantes, rojos y sangrientos le hace perder el equilibrio levemente. Él sonríe amargamente, porque le parece patético que aún tenga esas deliberaciones, el Zero del pasado nunca hubiera pensado algo así simplemente hubiera hecho lo que le enseñaron a hacer desde pequeño. Ese Zero está muerto, se fue el mismo día que Shizuka se fue con Ichiru, el día que perdió a sus padres por una estupidez de la Asociación, por una necesidad, por la venganza de un tipo que no valía mencionar.
Necesito valor para seguir.
Apretó los puños y rompió el espejo al frente suyo, los pedazos cayeron inertes como siempre había estado al sueño. Pequeñas gotas se escurrieron entre sus pálidos nudillos y él no pudo más que sentir asco, repulsión, desespero, odio. Mucho odio, toneladas de odio, ante una persona (era el mejor término para evitar el otro) que le había dicho que era una pieza más de su juego de ajedrez, una insignificante ficha en el tablero.
Un peón que desempeñaba un papel hoy y mañana desaparecía, siendo fagocitado por otra ficha más poderosa, más real, menos dubitativa que él.
La Bloody Rose reposaba en el borde del lavamanos, con el astro reflector iluminándole de aquel pálido resplandor, pero Zero no la había mirado desde que la depositó allí; no sabía quién era. Él nunca había tenido miedo de jalar el gatillo.
Si tan sólo tuviera el valor de decidir.
¿Por qué cada vez que pensaba en alguno de ellos tenía que terminar pensando en el otro? Sentía como si fuera infiel a sí misma al prometerle algo a cualquiera de los dos, porque sabía que no podía elegir. No así, como ellos necesitaban, ni remotamente parecido a como ellos querían que ella renunciara al otro. Ni siquiera podía pensar en ella separándose totalmente de uno de ellos, porque sabía que de alguna manera los volvería a ver.
Al principio había estado con Kaname, después conoció a Zero, luego al pasar el tiempo y sacar unas verdades a la luz había regresado con Kaname y ahora estaba en la Academia con Zero.
Necesito valor para vivir.
Cuando sentía que daba un paso importante de pronto aparecía un abismo interminable y ella había caído diez pasos atrás. Era como jugar serpientes y escaleras, cuando Yuuki había sacado el número par que la llevaba a una escalera al volver a tirar caía en una escalera que la regresaba al tiempo anterior de su primera jugada.
Era un paso que daba y deshacía continuamente, era un balanceo interminable entre uno y el otro. Se acomodó la falda mientras miraba por la ventana de la Academia, la luna brillaba en lo alto, poderosa y frívola ajena a todo lo terreno mientras ella se cuestionaba como es que el destino la traía al mismo lugar una y otra vez… ¿qué hilo manipulaba ella inconscientemente?
Hay valor, en mí.
Tres personas en mudas súplicas por una respuesta elevan su mirada al astro nocturno que se las devuelve cauteloso e impermutable; con la luz que él brinda se desprende una sensación helada que cala los espíritus de los que la admiran en un sutil escalofrío como avisándoles que las cosas están por diferir de su curso, que sólo deben escuchar.
