Había pasado ya una semana desde que Viktor Krum había sido encerrado en Azkaban por los asesinatos de unos muggles. Erwin había ayudado a encontrarlos antes de desaparecer para buscar a Morgana. Harry y los demás no tuvieron tiempo de preguntarle nada y prefirieron esperar a Erwin antes de volver a los habitos de antes de ganar la guerra salvo Hermione que estaba preocupada y se había encerrado en sus tiempos libres en la biblioteca para buscar toda la información posible de la aprendiz y enemiga mortal de Merlín.

Una tarde de sábado, Ron entro en la biblioteca enfurruñado llevaba sin ver a su esposa dos semanas y ya estaba llegando al límite. No tardo en encontrarla aunque estuviese llena la habría encontrado igualmente el sonido de su pluma al rasgar el papel era inconfundible por su velocidad.

Llego al fondo de la biblioteca y se metió entre las estanterías hasta una mesa oculta entre los libros. Allí encontró la melena castaña de su mujer pero poco más el resto estaba cubierto entre los numerosos libros y papiros, muchos de ellos rellenados hasta el límite.

Hermione no se dio cuenta de que Ron estaba allí, ni siquiera cuando este se sentó a su lado. Durante unos minutos Ron no hablo, solo observo la maraña de pelo en la que se había convertido la melena, ya de por si encrespada, llevaba dos días sin dormir y no parecía que tuviese intención de irse a dormir hoy.

Después de quince minutos trato de llamar su atención, sin ningún éxito. Se levanto y se puso detrás de ella. Acerco su cara a la nuca de ella y la beso. Hermione dio tal respingo que Ron acabo cayéndose de espalda. La castaña se dio la vuelta asustada y vio a Ron en él. No tardo ni cinco segundos en saltar de la silla a su lado.

Te has hecho daño Ron, lo siento mucho no te he oído y me he asustado.- se disculpo Hermione y ayudaba a Ron a sentarse en una silla.

Nunca cambiaras- recrimino divertido se le había pasado de golpe el enfado, cada vez que la veía literalmente le alegraba el día.- ¿Has encontrado algo?

Demasiado, la historia real se entremezcla con las leyendas y no sé como desentrañar todo esto para que sirva de algo. Y lo peor es que no entiendo cómo ha podido sobrevivir tanto tiempo. Morgana vivió hace mil años y solo se conoce a un hombre que viviese siglos.

Nicolás Flamel, pero ni él logro pasar de los mil años.- contesto Ron recordando la aventura de su primer curso.

Si y la piedra filosofal se descubrió siglos después de la muerte de Morgana. No lo entiendo.- Hermione se desespero.

Existe otra posibilidad, conocemos a alguien inmortal, tal vez Morgana también lo fuera.- dijo Ron para animarla.

Si ya pensé en eso pero no hay indicios de que Morgana fuera un Hombre Lobo.

Tal vez fingió su muerte después de que se transformase y por eso no se dice nada- teorizo Ron.

Y que ha estado haciendo los últimos mil años.

Dormir- bromeo el pelirrojo y tuvo efecto una sonrisa comenzó a aparecer en la comisura en sus labios y sus ojos castaños se cerraron al menear la cabeza de un lado a otro.

Tú siempre pensando en eso, es que no duermes suficiente.

Por fin sonríes llevabas días sin sonreír. Venga salgamos de aquí y vallamos a Hogsmeade con Harry y Ginny.

Pero es que sigo sin saber muchas cosas que podrían hacernos falta.

Deja de pensar en ello Hermi, espera a que llegue Erwin seguro que se ha ido para averiguar si es verdad.- dijo Ron levantando a la castaña de su asiento que crugio al verse liberado del peso que soportaba desde hacía días.

Pero…

Pero nada, llevas semanas sin hacerme caso, merezco algo de atención.- exclamo Ron pero su tono fue decayendo hasta convertirse en un lamento. Puso ojos de cordero degollado. Hermione no pudo decir que no.

De acuerdo- dijo arrastrando las palabras.

La cara de Ron se ilumino de golpe. Hermione le sonrió besándole la mejilla. La pareja salió de la biblioteca atrayendo la mirada de todos los estudiantes que había allí. Hermione se sonrojo ante sus miradas por suerte para ella, los pasillos estaban desiertos. Los estudiantes habían aprovechado el día para ir a Hogsmeade.

Fuera estaba lloviznando por lo que usaron uno de los túneles que salían de Hogwarts. Tras la batalla habían sido reabiertos pero por precaución solo los profesores sabían eso. Caminaron lentamente cogidos de la mano. El pasadizo estaba húmedo y el suelo estaba cubierto con una leve bruma. El techo de un tono rojizo estaba infectado de raíces como si fueran millones de telarañas. Tardaron unos veinte minutos en llegar al otro lado. Levantaron la baldosa que había por encima de sus cabezas y en un segundo estaban rodeados por estudiantes en la tienda de Zonko.

Desde que los gemelos Weasley habían abierto una sucursal de Sortilegios Weasley en Hogsmeade, Zonko había perdido gran parte de su clientela. Por suerte para ellos Hermione había obligado a los gemelos a cerrar su tienda dos sábados de cada mes para que los estudiantes fueran a Zonko. Ese día era uno de esos sábados. La tienda estaba a rebosar y les costó mucho atravesarla,cuando por fin estuvieron fuera se encontraron con un cielo azul y sin una nube cerca parecía que en el lapso de tiempo en el que anduvieron por el pasadizo se había despejado el cielo.

Ron y Hermione pasaron por las demás tiendas hasta llegar a las tres escobas. Esta estaba igual o más atestada que Zonko y para desgracia de ellos Harry y Ginny estaban en el fondo de la sala. Se sentaron en su mesa cinco minutos después y en el caso de Ron con un litro de cerveza de mantequilla encima, la mitad de los allí presentes habían derramado parte de sus copas sobre el pobre pelirrojo.

Has conseguido traerla, Harry te debo cinco galeones- dijo Ginny sonriendo. Hermione le lanzo un hechizo a Ron que quedo completamente limpio.

Como habéis podido apostar sobre nosotros- se escandalizó Hermione.

Vamos era una pequeñita.- se excusó Ginny.

Al menos has dejado la biblioteca por fin. Ron estaba desesperándose le hemos tenido que cortar varias veces el paso por que tenía intención de prenderle fuego a la biblioteca para hacerte salir.- dijo Harry

No creo que hubiera funcionado se habría quedado salvando sus adorados libros.- dijo Ron acariciándole la mejilla a Hermione.

Como me conoces.- contesto Hermione apoyándose sobre la mano de su marido.

¿Quién hubiera dicho que estos dos acabarían juntos? Aun recuerdo la cara que puso Ron cuando la conoció- dijo Harry a Ginny.

No se dice que los opuestos se atraen- dijo Ginny- Pues más puestos que estos dos no hay.

Oye enana que estamos aquí.- le gruño Ron

Ron, no la llames así- le regaño Hermione.

Ginny se levanto de su asiento y como un resorte Harry la siguió.

¿A dónde vais?- pregunto Hermione.

Ginny tiene que volver a Londres y el tren saldrá en unos minutos- explico Harry.

Os acompañamos- pregunto Ron. Hermione le dio un puntapié en la espinilla.

Ron me prometiste ir a ver la casa de los gritos.- dijo Hermione mirándole de forma extraña.

¿Cuándo dije yo…

Al venir hacia aquí- Hermione no podía ser más explícita por suerte para ella Ron ya lo había comprendido.

Es verdad, que se le va hacer hermanita no podemos acompañaros-

Sentados en su mesa vieron como Harry y Ginny desaparecían por la por entre la multitud. Por suerte para Harry la gente ya no le paraban continuamente para preguntarle cosas.

¡Que pocas luces tienes Ron!- exclamo la castaña.

Y yo que iba a saber.- se excuso

Se sobreentiende. Vamos, Ron, Harry hizo esto mismo miles de veces con nosotros.

¡Por Merlín! Corre Hermione escóndete viene Slughorn- murmuro Ron hundiendo la cabeza de su esposa bajo la mesa. Cada vez que se encontraban con Horace Slughorn tenían que pasar horas con él.

El profesor de pociones paso por su lado saludo a Ron y volvió a desaparecer entre la multitud. Hermione volvió a levantarse, a pesar de sentirse mal por su comportamiento y el de Ron no podía dejar de sentirse bien al no haber tenido que hablar con él. Con el paso de los años las historias de Slughorn se repetían continuamente contando anécdotas de hacía décadas al no encontrar nuevas incorporaciones a su club privado.

Deberíamos salir de aquí antes de que vuelva- dijo Ron levantándose.

Cinco minutos después atravesaban un bosquecillo rumbo a la casa de los gritos. El camino estaba enlodado y cubierto de hojas secas. El otoño había llegado y había convertido ese camino en un lugar increíblemente hermoso, delante de ellos tenían la puesta de sol que lanzaba destellos anaranjados. Los arboles soltaban una a una sus hojas marrones y amarillas como si estuviera lloviendo, al fondo las montañas comenzaban a cubrir sus picos con nieve. Era todo tan apacible. Sin embargo la mente de Ron no podía concentrarse en el paisaje ni en su mujer que tantas veces le dejo embelesado con su mirada. Estaba dándole vueltas a la conversación que mantuvo en la biblioteca.

¿Hermione?- pregunto en un murmullo temiendo que le oyera.

Sí, que ocurre- respondió Hermione mirándole- estas preocupado, se te nota.

He estado pensando en Morgana… Hemos pensado en la piedra filosofal y también en que fuera inmortal pero aun queda otra forma.- su voz fue perdiendo fuerza, recordando lo que había sufrido por eso mismo hacia unos años.

Ya lo sé Ron y esperaba que no te dieses cuenta.

¿Qué vamos a hacer? Con Voldemort ya fue difícil imagina lo que nos costaría encontrarlos ahora.- Ron estaba desesperado y ni siquiera se dio cuenta de que había pronunciado el nombre de Voldemort, Hermione si que se dio cuenta y no hizo más que intranquilizarla.

No te flageles Ron seguro que los Horrocruxes no se descubrieron hasta después de su muerte- mintió Hermione que sabía perfectamente que fue Circe quien los invento más de un milenio antes de que Morgana naciera.

Espero que tengas razón- dijo Ron tranquilizándose.

Mira Ron ya hemos llegado- dijo Hermione señalando la casa de los Gritos para cambiar de tema.

Y si volvemos por aquí al castillo.- propuso Ron que también quería dejar de pensar en todo aquello.

Es una buena idea.

Entraron en la casa no sin antes posar sus miradas en la plaquita dorada que permanecía en el marco. La placa rezaba "En Memoria de Severus Snape, Un gran mago y Leal amigo". Harry fue quien pensó en ello y el que puso la placa. Solo había un puñado de personas que conocieran su existencia pero una de ellas era el mismo Snape que a pesar de estar arrinconado en su cuadro se enteraba de más cosas de las que parecía. La primera vez que vio a Harry después de enterarse no dijo nada pero no pudo evitar sonreír aunque a su rostro no le quedase bien esa expresión de alegría. Ya no veía al hijo de su peor enemigo sino al hijo de su mejor amiga, la mujer de la que estuvo enamorado toda su vida y por la que dio su vida. No se lo dijo a Harry pero este lo intuía. No se llevaron tan mal después de aquello pero no pasaron de la formalidad.

La casa seguía destrozada pero se habían levantado numerosos encantamientos para mantenerla en pie. Se metieron por la rendija por la que años atrás Harry observo por última vez a Snape vivo y a Voldemort. Este túnel estaba seco y el aire enrarecido pero no les importo. Al salir por el otro lado les asombro que el sauce boxeador estuviera tan quieto hasta que vieron que Neville tomaba notas a su lado. Se acercaron a él para preguntar.

A cientos de kilómetros de allí una figura escondida en la sombra lanza una copa de oro contra una pared. El tigre albino se relamió las zarpas ausente a la ira de su ama. El encapuchado no estaba realmente asustado prácticamente estaba de rodillas para que su ama no notara su presencia

La figura salió a la luz que permitía filtrar una cortina carcomida. Era una mujer alta que irradiaba ira, sus ojos de un blanco lechoso estaban entrecerrados. Su respiración agitada, rápida y superficial estaba acorde a sus pensamientos que bajaban de un lugar a otro sin posarse mucho tiempo en algo en concreto salvo cuando pensaba en Viktor Krum.

Maldito niñato estúpido. A estropeado todos mis planes simplemente por ver a esa dichosa mujer.- escupía las palabras como si fueran venenosas. Agito la varita de su mano derecha despidiendo destellos multicolores que al chocar contra las paredes las hicieron derretirse convirtiéndose en rocas candentes semilíquidas.

Mi señora aun no saben nada de nuestros planes- intento calmar su súbdita encapuchada.

Saben que estoy aquí estúpida, eso es suficiente con ese maldito chucho que tienen no tardaran en encontrarme aquí. Muy bien Prepara a los otros nos vamos de aquí. Tiefter ya sabes que hacer.- El tigre albino dejo de lamerse y salió de la sala con un trote que tenía más de militar que de animal. La encapuchada también salió de la habitación, arrastrándose aun por el miedo.

Morgana volvió a sentarse en su sillón ocultándose de la luz. No estaba contenta y era normal sus planes aun estaban en sus primeros estadios y no iba a arriesgarse a intentar salvarlo de Azkaban pero tampoco iba a dejarle que desvelase todos sus secretos.

La prisión de Azkaban era la prisión de magos más segura del mundo mágico, solo un puñado de magos habían logrado escapar en toda su historia y solo uno lo logro sin ayuda. Por eso Viktor Krum no pensaba en escapar al menos no mientras estuviese allí. Planeaba una huida rápida en su trayecto desde allí al ministerio para su vista.

Oyó pasos fuera de su celda, no le sorprendió. Después de que Harry Potter venciese a Voldemort, los Dementores fueron encerrados en las salas más profundas del ministerio. Ahora eran los aurores los encargados de la seguridad de la prisión. Los pasos se detuvieron y tras un fogonazo de luz verde que se vio a través de los resquicios de la puerta se oyó como el guarda cayó pesadamente en el suelo.

La puerta quedo destrozada por una explosión, Viktor no vio nadie solo sombra sobre sombra. Krum se acerco lo más lenta y silenciosamente posible al lado contrario de la habitación. Tenía un presentimiento de que no habían venido a salvarlo. No se equivoco.

Me has obligado a abandonar mi hogar Krum. Me debes algo a cambio.- La voz de Morgana sonaba fría y cortante. Krum tembló de miedo. Ante la luz verde que brillo de golpe Viktor cerró los ojos y levanto sus brazos cubriéndose. Su último movimiento en esta vida.