Ron corría por los pasillos desiertos de Hogwarts. Su respiración era superficial y entrecortada. Había corrido desde el campo de Quiddicht tras ver el patronus de Harry. Casi se desploma al llegar a unas puertas de roble macizo. Empujo el portón que cedió con un chirrido.
Entro saltando sobre un lobo que estaba frente a la puerta. Corrió hacia un grupo de personas que estaban ocultando una cama. Se oían gritos desde esa cama. Harry se volvió al oir la puerta abriéndose. Al ver a Ron se aparto de la cama dejándole espacio. Ron pasó como un rayo al lado de Harry y el resto de los Weasley y cogió la mano de su castaña favorita.
Hermione sudaba a mares. Su respiración controlada y profunda amenazaba con volverse tan errática como la de Ron. En el momento que noto la mano de Ron, la aplasto con la suya con tanta fuerza que le hizo lagrimear pero no la soltó.
Ron miro a los pies de la cama donde Ginny asistía el parto. Cada pocos minutos le iba dando instrucciones a Hermione que a pesar de los dolores las seguía a rajatabla.
Pasaron horas allí dentro o podrían haber sido minutos. Ron ya no era capaz de contabilizar el tiempo solo tenía una cosa en mente: Hermione. Ron le estaba acariciando la mejilla izquierda cuando oyó lo que sería para él el sonido más maravilloso del mundo. Un grito pero no era de angustia, no sabía describirlo pero le fascinaba. Entonces vio unos cuantos pelos pelirrojos envueltos en una manta que llevaba Ginny. Esta se lo dio. Unos ojos tan azules como los suyos le miraban fijamente desde las mantas. Allí estaba ella. Allí estaba su pequeña Rose, su hija.
Hermione se irguió un poco para verla. Ron la retuvo y se sentó en una silla para que ambos pudieran contemplarla. Rose alzo una de sus pequeños bracitos y agarro un dedo de su madre con toda su mano. Esta no pudo contener las lágrimas de alegría y su marido tampoco.
Alrededor de ellos todo eran felicitaciones y alegría. Erwin se acerco lentamente desde la puerta hasta la cama. Se subió de un salto a una silla y contemplo a la niña. Esta al verle salto el dedo de Hermione e intento coger con ambas manitas el hocico de pelaje gris. No llego a hacerlo. Un lince plateado apareció en la enfermería y una voz profunda surgió de ella.
- Están atacando el ministerio. Proteger Hogwarts.- La voz de Kingsley inundo la habitación y el lince desapareció. Acto seguido un rayo entro por la ventana y salió por otra llevándose a Erwin con él.
- Tenemos que ir no podemos dejar que esto se repita otra vez.- dijo Harry.
- Y si también atacan el colegio como ha dicho Kingsley, no podemos dejar desprotegido el castillo.- dijo la señora Weasley.
- Si acabamos con los atacantes en el ministerio no hará falta.- concluyo Harry alejándose de la cama y dispuesto a irse. Hermione también hizo el intento pero Ron se lo impidió.
- A donde crees que vas.
- Al ministerio con Harry.- le contesto molesta
- Estás loca, en tu estado no te vas a mover y si me tengo que quedar contigo para evitarlo lo hare.- atajo Ron
- Pero…- empezó Hermione.
- No hay nada más que hablar- concluyo Ron volviendo a centrarse en Rose que miraba a todos con curiosidad.
- Espera Harry, yo voy contigo puede que haya alguien herido.- Dijo Ginny. Harry hizo ademán de protestar pero al ver la cara de su prometida decidió salir de la habitación delante de ella.
Las llamas verdes refulgieron antes de que Harry y Ginny salieran de la chimenea con las varitas en ristre y dispuestos para atacar. Salieron despacio del hueco de la chimenea, mirando a ambos lados del vestíbulo del ministerio. Se quedaron boquiabiertos al ver en lo que se había convertido aquella enorme sala antaño reluciente.
Parecía un campo de batalla. El suelo había quedado reducido a cráteres humeantes y escombros. Todas las ventanas estaban rotas y sus restos se desparramaban por doquier. La estatua que refulgía en el centro.
La estatua construida tras la caída de Voldemort donde se mostraban a todos los seres mágicos por igual, tanto los centauros, los elfos domestico y duendes como los magos eran representados como iguales. Ese símbolo de una nueva era yacía fundido en un amasijo de hierro candente en el fondo del estanque del que se había evaporado toda el agua.
Al lado de esa fuente vieron una figura enorme sujetando por el cuello a un hombre que no paraba de retorcerse e intentar zafarse de su atacante. A los pies de ambos había una pira de cuerpos que aparentemente carecían de vida.
Harry y Ginny se acercaron con cautela a esa figura. No dejaban de apuntarle en ningún momento. La figura se percato de su presencia. Soltó al hombre que cayó con estrepito. Al verse libre intento escapar. La figura previendo su movimiento hizo una floritura con la varita y el hombre volvió a caer esta vez atado de pies a cabeza.
Entonces la figura antes oculta por la penumbra de la sala encogió y se dio la vuelta mostrando a un Erwin cansado pero jovial. Harry y Ginny bajaron sus varitas.
- No os han enseñaron nunca a no fiaros a la primera.- dijo Erwin sonriente.
- No creo que nadie fuera capaz de arrancarte un solo pelo de la cabeza.- bromeo Ginny.
- Los que han atacado no parecían que se molestasen mucho en ser discretos, han dejado esto destrozado.- comento Harry mirando a su alrededor.
- En realidad sí que han intentado ser discretos, esto… bueno… en realidad se me ha ido un poco la mano.- admitió Erwin.
- Recuérdame no meterme nunca contigo. Y Kingsley, está bien.- pregunto Harry
- Perfectamente cuando llegue estaba conteniéndolos cerca de la segunda planta. Ahora debe estar retomando el control y enviando informes al Profeta y a la radio. Por suerte no ha escapado ninguno por lo que Morgana no tendrá ni idea de lo que ha pasado hasta que escuche las noticias.
- Seguro que ha sido Morgana.- pregunto Ginny.
- Según lo que he podido sacar de ese de ahí- dijo Erwin señalado el cuerpo envuelto en cuerdas- es seguro que ha sido ella. Ha dado un paso muy importante o al menos eso es lo que quiere hacer creer.
- Entonces no querían hacerse con el control del Ministerio.- pregunto Harry
- No os habéis dado cuenta de que salvo ese todos son inferís. Ni siquiera se ha molestado de traer magos. Solo estaba probando las defensas.- explico Erwin mostrando la pira de cadáveres sobre la que estaba. Bajo cojeando de ella y se acerco a ellos.
- Porque haría eso.- pregunto Ginny.
- Para afinar su plan, me imagino.- dedujo Erwin haciendo aparecer su bastón con la varita.- deduzco por vuestra presencia que Ron no permitió que Hermione se levantase de la cama.
- Nunca la habría dejado venir aunque no acabara de dar a luz de eso estoy seguro.- dijo Harry.
- Y si vamos volviendo para que Hermione deje de preocuparse.- dijo Ginny volviendo a la chimenea.
- Tienes razón a estas alturas debe estar arrancándose los pelos. Además quiero coger a mi sobrina en brazos.- Harry también se acerco a la chimenea.
- Os espero allí.- se despidió Erwin desapareciendo en una explosión de luz proveniente del techo.
La luz se disipo, la sala entera había sido reparada por completo dejando como única prueba de lo que allí había ocurrido una manta que cubría sin lugar a dudas los inferís en una esquina y apoyado en esta el mago amordazado a cuyas cuerdas se les había añadido unas pesadas cadenas.
Harry y Ginny contemplaron el cambio durante unos segundos antes de que unas llamas verdes los envolvieran. Al desaparecer estas se encontraban en el despacho de la directora.
Salieron gateando de la chimenea y se pusieron en pie sacudiéndose el hollín acumulado. Se fijaron en la habitación que estaba exactamente igual que como recordaba Harry la primera vez que visito aquel despacho tantos años atrás. Los cachivaches plateados seguían escupiendo humo y en un armario a Harry le pareció ver el destello del pensadero. Lo único que había cambiado era la ausencia de Fawkes, el fénix de Dumbledore. Ambos dirigieron sus miradas al escritorio que se alzaba en el centro del despacho, Mcgonagall no estaba en él.
El despacho estaba a oscuras y totalmente vacío. Harry lanzo una mirada al retrato más grande. Albus Dumbledore dormía plácidamente en su sillón. Harry se fijo también en el que se encontraba justo al lado. El cuadro de Severus Snape solo mostraba un lienzo negro sin más detalles.
Harry se sintió aliviado al comprobar que Dumbledore estaba durmiendo. Eso solo podía significar que no ocurría nada importante en el castillo. Al menos nada importante que perjudique al colegio.
Una vez hecha la comprobación cogió la mano de Ginny y salieron del despacho rumbo a la enfermería. Caminaban con prisa para llegar lo antes posible para informar a los demás aunque ambos sabían que lo más seguro es que Erwin ya estuviese allí al no verse atado por la restricciones mágicas contra la aparición en los terrenos de Hogwarts.
Llegaron en un tiempo record al pasillo. Veían las puertas al final de este. Apretaron el paso para el último tramo cuando una corriente de aire les tiro para atrás. Las puertas que había delante de ellos desaparecieron convertidas en simples astillas no más grandes que un alfiler. Ginny vio volar a través de estas un gran bulto que choco con violencia contra la pared opuesta.
Se levantaron de un salto y corrieron sacando sus varitas que echaban chispas rojas otra vez preparadas para la acción. Justo antes de entrar oyeron gritar a Hermione.
- ¡NO TE ACERQUES A MI HIJA MONSTRUO!
Una luz morada salió inundo toda la enfermería y salió al pasillo como un torrente de agua. Inundando con su luz todo lo que estaba a su alcance. Un segundo después todo había pasado y la luz del mediodía se colaba por las ventanas.
Harry y Ginny se acercaron lentamente a la puerta. El interior de la enfermería estaba perfectamente lo único que había cambiado es que todos los ventanales habían estallado. Hacia la mitad de la sala vieron a Hermione durmiendo con Rose en se regazo. Ron en la silla donde le habían dejado con un ojo morado e inyectado en sangre y el labio roto mirando a su mujer y a su hija durmiendo como si no hubiera nada más importante en el mundo.
Los señores Weasley estaban sentados en una cama cercana. Fred y George miraban de un lado para otro como si no acabasen de comprender lo que pasaba. Percy, Charlie y Bill salieron por la puerta topándose con Harry y Ginny. No se detuvieron al verlos solo dijeron que iban a avisar a la Orden.
Ginny fue la primera en entrar. Fue derecha hacia su hermano y su cuñada. Harry la iba a seguir cuando oyó un crujido detrás de él. Al darse la vuelta vio un montón de astillas que formaban un gran montículo. Este se elevaba como si fuera un volcán a punto de estallar pero entonces las astillas cayeron cubriendo el suelo y mostrando el bulto que habían visto atravesar la puerta. Erwin ponía en pie delante de él sin ningún rasguño sin embargo tal y como pudo notar Harry, al hacer aparecer su bastón se apoyaba más en él que antes.
- He de reconocer que me he equivocado creía que no atacarían Hogwarts. Por suerte se llevaron un escarmiento.- dijo sin dirigirse a nadie en particular mientras entraba en la enfermería con Harry a su lado.
- ¿Quién nos ha atacado? ¿Inferís?- pregunto Harry.
- No tengo la más remota idea. No sé si te has fijado pero me han lanzado por los aires como si fuera un dardo. Y menos mal que me dio tiempo a transformar la puerta sino me veo sacándome fragmentos de la puerta hasta que las ranas críen pelo.
- Tan rápido ha sido.- inquirió Harry.
- Incluso para mí. Por suerte tenemos una bruja increíble. Has visto lo que ha hecho yo solo la oí gritar.
- Nosotros también la oímos gritar después lo único que vimos fue una luz morada muy intensa.- relato Harry llegando al pie de la cama de Hermione.
- Interesante. Un tipo de magia que no conozco.- murmuro Erwin derrumbándose en el suelo. Apoyo la espalda en la pared y cerró los ojos como si hubiera entrado en estado de trance.
- ¿Cómo se encuentra?- pregunto Harry a Ginny que en ese momento le curaba el labio a su hermano hasta que no quedo más que una fina marca blanca en contraste con el rosado.
- Bien, nada que no pueda curar. Ron es el único con heridas el resto parecen perfectamente.- concluyo Ginny.
- ¿Y Hermione?
- Durmiendo- contesto Ron antes de que Ginny abriera la boca- Estaba agotada, ha sido un día duro para ella.
- Para todos, amigo. Ha sido un día muy duro para todos- dijo Harry dándole unos golpecitos en la espalda.- Sabes que nos ha atacado.
- Ocurrió todo muy rápido. Aparecieron de la nada. Se acercaron a Hermione me lance contra ellos ahí fue cuando me hice esto- explico señalándose el labio- Estaba tirado en el suelo cuando oí a Hermione gritar y apareció esa luz. Cuando ceso esa luz habían desaparecido.
- Entonces no sabes que te golpeo.- pregunto Ginny.
- Solo que era enorme y que tenía la piel gris y tan dura como el acero. Casi me rompo la mano cuando le intente golpear.
- Minotauros- murmuro Erwin aun con los ojos cerrados.- Has descrito a los minotauros.
- Tenias razón los había reclutado.- dijo Harry.
- En efecto.
Días después la noticia del intento de asalto del ministerio y de Hogwarts corrió como la pólvora avivando antiguos miedos. La gente temía volver a casa y encontrarse con la marca tenebrosa. Ya que por razones de seguridad nadie había avisado al pueblo que sabían quien estaba tras los ataques. Haberlo hecho público implicaba ponerle cara al enemigo, una cara demasiada conocida por ser una de las brujas más poderosas de la historia antigua.
En el colegio todo continúo con normalidad. Hermione no se acordaba de nada al levantarse y decidieron no decirle nada para no preocuparla mientras estuviera débil por el parto y que prestase atención a su hija ya que estaban seguros de lo que ocurriría si se lo contaban.
El curso termino y Harry y los demás regresaron a Grimmauld Place.
El 31 de julio Harry bajo por las escaleras hasta la cocina donde para su asombro encontró a Erwin cocinando. Estaba tan atareado que ni se dio cuenta de que Harry había entrado en la sala. Se desenvolvía con una agilidad pasmosa y parecía disfrutar con esa tarea.
Harry se sentó y un segundo después vio aparecer un plato con una Snitch de color chocolate que flotaba en el aire con unas alas de caramelo translucido.
- Feliz cumpleaños Harry.- felicito Erwin sin darse la vuelta.
- Gracias. Y la snitch es un pastel imagino.
- Estas en lo cierto. Espero que te guste es la primera vez que uso magia con la comida.- explico Erwin.
- La primera, entonces antes cocinabas.
- En mi mundo si, aquí había perdido la costumbre. Como carezco de olfato no puedo saborear nada así que cocino y se me da bastante bien a pesar de ese problema. Es una forma de cubrir ese defecto.
- No tienes sentido del gusto.
- Del gusto si pero es el olfato el que da el sabor. No es tan malo tiene sus ventajas cuesta encontrarlas pero las tiene. Date prisa en comerte la snitch no se vaya a escapar.
Harry cortó por la mitad la snitch que siguió volando escorándose ambas partes en sentidos opuestos. Engancho con el tenedor una de las partes y le dio un bocado. Las alas de caramelo eran increíblemente dulces pero no empalagosas al igual que es pastel de chocolate que guardaba el equilibrio entre el cacao puro y el azúcar.
Después del primer mordisco el pastel desapareció en un segundo. Incluso Harry se sorprendió ante la rapidez con la que había acabado con aquel apetitoso pastel de chocolate.
Tras acabar el plato se elevo y llego al fregadero donde comenzó a fregarse solo. Erwin se dio la vuelta y le dio un paquete marrón antes de que el pelinegro se levantara.
Harry lo desenvolvió agradeciéndoselo a Erwin. En el interior descubrió una bota vieja y raída que se caía a trozos. Harry se extraño.
- Esto es… ¿Qué es?- pregunto Harry. Erwin soltó una carcajada como respuesta.
- Mi regalo, e incluyó el regalo de bodas.- ante la mirada atónita de Harry siguió- Es un traslador después de la boda con Ginny cogerlo al mismo tiempo e iréis a… ya lo averiguareis.- explico sonriendo.
Harry se levanto y le dio un abrazo. Al separarse Erwin le sonrió y volvió su atención a los ingredientes que se hervían en una olla. Harry guardo la bota y subió al dormitorio que compartía con Ginny. Aun dormía cuando entro por lo que no quiso despertarla y salió de la habitación tras poner el regalo en un cajón.
Mientras tanto Erwin seguía cocinando cuando noto que algo le tocaba la pantorrilla. Al mirar al suelo vio a la pequeña Rose junto a su pierna. Le miraba a los ojos. Erwin creía estar viendo el mar a través de esos pequeños y preciosos ojos.
- Pero que haces aquí Rosie.- dijo Erwin cogiéndola en brazos.- Vamos a llevarte con mami.- Erwin salió al pasillo cuando noto un pensamiento proveniente de la niña y no pudo contener una sonrisa.- Esta bien pero no te acostumbres.- tras decir esto dejo a Rose en la escalera y se transformo en lobo. Se tumbo dejando que la niña subiese a su lomo
Subieron hasta el tercer piso pasando por el cuadro de la madre de Sirius que les saludo al pasar. Entraron en el cuadro de Rose y al estar frente a la cuna la niña levito por encima de los barrotes hasta posarse grácilmente en el colchón. Se arropo sola para sorpresa de Erwin y se durmió.
Tras comprobar que estaba bien Erwin salió de la habitación cerrando la puerta y recordando a su vez otra pequeña pelirroja que estaría a punto de cumplir años. Unas pequeñas lágrimas surcaron su peludo hocico mientras bajaba de nuevo a la cocina.
A una decena de kilómetros de allí Morgana se encontraba dando vueltas en una sala totalmente iluminada por esferas de luz que danzaban por un techo demasiado alto para distinguirse si no hubieran estado las luces.
A su alrededor formando un círculo cerrado se encontraban más de una veintena de magos encapuchados. Los sucesos de los últimos meses darían a entender que Morgana estaría furiosa sin embargo estaba radiante de felicidad. Su plan estaba yendo por buen camino.
Morgana se paro en el centro de la sala e hizo aparecer un gran tablero donde aparecieron multitud de figuritas cada una representaban sus fuerzas. Los inferís habían desaparecido y los minotauros menguado pero el resto de su gran ejercito estaban aumentando de manera increíble.
Estaba tan inmersamente concentrada en sus planes que no noto que una mujer se la acercaba con cara de pocos amigos. Solo se dio cuenta de su presencia justo cuando la tenía detrás. Al darse la vuelta su sonrisa se evaporo y la sustituyo una mirada de desprecio pero en el fondo se distinguía el miedo.
- Hola Circe.
