Erwin Solomon estaba tumbado a orillas de un pequeño lago. Las montañas que rodeaban el pequeño valle estaban totalmente nevadas. A espaldas de Erwin había un pequeño bosque. El sol estaba en su cenit.
Erwin salió de la duermevela y giro su cabeza. Allí estaba como una visión angelical. Su mujer de piel de alabastro. Su cabello pelirrojo se extendía como un manto de fuego sobre el césped. Tenía los ojos cerrados y su respiración era pausada. Erwin veía como su pecho subía y bajaba lentamente. Sentía más que oía su sangre fluir por las venas. Era una sensación que le tranquilizaba.
Su mujer noto como la observaban y abrió los ojos encontrándose con la mirada celesta de su marido. Le sonrió mostrando una hilera de dientes afilados como cuchillas y tan blancos que parecían poseer un brillo propio.
- Me encanta tu sonrisa- dijo Erwin mientras la besaba.
- A mi me encanta perderme en la inmensidad de esos ojos que tanto amo.
- Tendremos que hacer estas excursiones más a menudo.
- ¿Y eso?
- Quiero volver a escucharte decir esas cosas tan maravillosas.
- No sabía que fueras tan romántico.- dijo la pelirroja besándole en el cuello y dándole un pequeño mordisco.
- ¿Aun tienes hambre?- bromeo Erwin.
- No, solo es que me gusta tu sabor.- confeso- Nos damos un bañito.
- ¿No tendrás frio?
- Para eso te tengo a ti.- dijo pícaramente levantándose y tirando de su marido.
- Alina eres de lo que no hay.- Sonrió poniéndose en pie y empezó a andar hacia el lago. Pero algo iba mal, no le cuadraban las cosas. Se detuvo en seco. Alina siguió sin percatarse de nada y se metió en el agua hasta la cintura se giro y empezó a hablar a alguien que no estaba allí.- Mi pierna, no me duele. Y esto, esto ya ha pasado antes. Ya lo he vivido. Esto es un sueño.
Tras decir esto todo lo que había a su alrededor se torno borroso, desvaneciéndose como una voluta de humo al viento. Vio por última vez a su mujer que reía y lanzaba agua a donde debería estar él. No pudo evitar una sonrisa melancólica.
El valle fue sustituido por un patio semicalcinado. Erwin seguía atrapado por las enredaderas pero estas se habían secado y logro romperlas sin mucha dificultad. Entro en la casa como un autómata. Aun estaba algo conmocionado por haber visto a Alina aunque hubiera sido en un sueño, había sido muy real.
El salón en el que había estado esa noche aun seguía cubierto de cadáveres. El no había usado tanta fuerza por lo que era seguro que Morgana los había ejecutado. Paso por el centro de la habitación y noto un influjo inusual de energía. Se detuvo a examinarlo más concienzudamente. Un hechizo de invisibilidad bastante potente pero solo quedaban ligeras trazas de él. Lo que había oculto ya se lo habían llevado.
Examino toda la casa varias veces antes de enviar un patronus al ministerio. El gran león se lanzo en el aire.
Neville recogía todos los instrumentos que habían dejado los alumnos de su última clase del día. Estaba algo cansado, uno de los alumnos se había acercado a la tentacula venenosa y había tenido que llevarla corriendo a la enfermería porque era alérgica.
Coloco los rastrillos en el armario. A su espalda se abrió la puerta del invernadero. Neville se giro y vio a Harry sentado en una de las mesas.
- Hacia mucho tiempo que no estaba en esta posición.- dijo Harry.
- Pasamos el testigo a la próxima generación. ¿Estás nostálgico?
- No simplemente recordaba los viejos tiempos. En realidad venia a pedirte un favor. ¿No tendrás Branquialgas? Quiero dar una clase de defensa contra criaturas acuáticas.
- Estas de suerte el mes pasado comencé a cultivarlas. Supongo que no querías pedírselo a Malfoy.
- Ni loco, además no creo que vaya a hablar conmigo. Ha aprendido a comportarse.
- ¿Quién iba a decir que eso llegara a pasar?- pregunto sin esperar una respuesta. Se sentó al lado de Harry.- Para cuando es la clase.
- La semana que viene antes de que empiece el frio.
- Creo que podre tenerlas listas para entonces.
- ¿Vamos a comer algo?- pregunto Harry levantándose. Neville asintió y le siguió a los jardines.
-¿Qué tal va el asunto de Morgana?
- Estancado, Minerva hablo con Kingsley ayer. Los aurores no son capaces de seguir ninguna pista. Todas llevan o a una emboscada o a un callejón sin salida. Esa mujer está jugando con nosotros. La orden tampoco encuentra nada salvo algunos restos sin importancia. Es frustrante que sea tan buena. Es como volver a los tiempos de Voldemort.
- Al menos Morgana no mata Muggles.
- No, solo magos, e intenta hacerse con el control. En realidad es una gran persona como no me había dado cuenta antes.- ironizo Harry.
- Te está afectando.- afirmo Neville.
- Es como volver al pasado. Sin volver realmente ya que Morgana se está encargando de que los ataques sean discretos cuando quiere.
- Estas diciendo que quiere hacerlo todo bajo cuerda,… ¿Ese no es Erwin?- pregunto Neville señalando a un hombre que se acercaba desde la entrada a los terrenos.
- Si creo que es él. Ayer no fue a la cena y esta mañana no ha aparecido.- dijo Harry encaminándose hacia Erwin que ya estaba a una veintena de metros de ellos.
- Da igual en qué mundo este. La burocracia sigue siendo de una lentitud mortal. Creía que me moría de viejo.- dijo Erwin al ponerse a la altura de los otros dos.
- ¿Dónde te has metido?- pregunto Harry.
- Le hecho una visita a Morgana.
- ¡Estarás de broma! ¡En que estabas pensando para ir tu solo podríamos haberla detenido!- exclamo Harry.
- ¿De verdad lo crees Harry? Hazme caso todo el que me hubiera acompañado estaría muerto. Consiguió mantenerme a ralla durante todo el combate y acabo atrapándome gracias a uno de sus seguidores. No voy a pecar de falta modestia, mis poderes compiten con Voldemort y Dumbledore, eso es un hecho, y Morgana fue instruida por Merlín sus conocimientos de magia antigua son más extensos de lo que imaginaba. Os diré una cosa yo soy discípulo del maestro de Merlín y aun así no he podido derrotarla. Lo entendéis, no tenéis capacidad de combate.
- Vale, vale. Puede que tengas razón pero aun así podrías habernos dicho algo.
- Os habrías interpuesto.
- Harry, él tiene razón- le corto Neville antes de que el pelinegro respondiese.- Nunca le habríamos permitido ir solo.
- Está bien. Pero al menos podre preguntarle como la localizo ¿No?
- Desde que llegue he adquirido la mitad de los satélites que hay en órbita, y he pirateado el resto. Los reprograme para que detectasen las auras mágicas. Como sabéis la magia es una clase de energía. Y por lo tanto deja residuos. Mi red de satélites lleva años escaneando el planeta y ayer termino de hacerlo. Encontré una anomalía. Las energías en sus niveles más bajos sigue siendo detectada pero había un punto en el que no se detectaba nada. Es decir que habían desplegado un hechizo poderoso de encapsulamiento impidiendo que saliese nada de magia. No fue difícil suponer que Morgana haría algo parecido ya que en el Medievo los magos se encontraban mutuamente buscando sus auras. Esa tradición se perdió pero Morgana la tiene presente. Mi idea era investigar un poco y me encontré con una reunión. No podía desaprovechar la oportunidad y ataque. Un golpe contundente si se me permite decirlo ya que Morgana mato a todos sus lugarteniente por inútiles.
- ¿Los mato?- pregunto Harry. Neville estaba algo desorientado por la explicación de Erwin.
- No estaban a la altura de sus expectativas. Por cierto me envía recuerdos para ti Harry.
- ¿A mí? Si no la conozco.
- Ya pero ella a ti sí. Te guarda algo de rencor por acabar con Voldemort.
- ¿Es que era su aliado o algo así?- Erwin rio ante la pregunta.
- No exactamente, tiene más que ver porque era ella era quien lo quería matar.
- Es que ni entre ellos se llevan bien.- dijo Neville.
- ¿Bueno y has encontrado algo útil?-pregunto Harry.
- La fuente de la eterna juventud. O al menos una parte. Era lo que usaba para seguir viviendo con un poco de suerte no tendrá acceso a la verdadera. Y descubrí un aura extraña, tengo el presentimiento de que está fabricando la poción clonadora. Si es cierto estamos en un problema.
- ¿Qué hace exactamente?- pregunto Harry.
- Crear un ejército idéntico a la persona que la toma. Si Morgana la tomase estaríamos perdidos.
- Y que vamos a hacer.
- Esa poción se prohibió hace dos mil años. Tendré que hablar con Dumbledore.
- Vamos contigo.- dijo Harry. Los tres entraron en el castillo.
Ron y Hermione paseaban con Rose por la orilla del lago. La pequeña daba saltos y reía señalando las ondulaciones que provocaba el calamar gigante. El cefalópodo parecía disfrutar de la risa de la pequeña ya que se acercaba más a la orilla sacando los tentáculos de vez en cuando.
Ron tomo a Hermione de la cintura y la condujo a un gran roble. Se sentaron apoyados en su base. Ron empezó a acariciar el pelo de la castaña mientras ella se inclinaba en su pecho. Ambos miraban embelesados a su hija.
- Pensaste alguna vez que tendríamos una hija tan guapa.- dijo Ron.
- No podría ser de otro modo teniendo un padre como tú.- contesto Hermione rozando sus labios con la nariz del pelirrojo.
- Y cuando este en el colegio tendrá tu cerebro. Será la brujita más bella e inteligente de la historia, después de su madre por supuesto.
- Y no te preocupa algo eso. Que sea tan guapa.- comento Hermione.
- ¿Por qué iba a preocuparme?
- Hombre una chica guapa atraerá a muchos chicos. Y no creo que sea tan tonta como su madre que se fue a enamorar del único que no la hacía caso.
- Yo si te hacía caso, es que, no creía que tú te fueras a fijar en alguien como yo.
- Ron, ya dejamos ese tema zanjado. No te menosprecies más, eres una gran persona y siempre has estado a mi lado. Entraste en un bosque lleno de acromantulas para salvarme y te enfrentaste a Bellatrix, que chica puede decir eso de su marido.
- Siempre sabes que decir.- comento Ron mientras la besaba. No vieron como Rose se elevaba en el aire y lanzaba chispas de colores en dirección al calamar que cambiaba de pigmentación en contraste con las luces como si estuvieran en una pequeña batalla de espectacularidad. Cuando se separaron Rose ya había descendido y el calamar se había marchado atraído por alguna extraña criatura.- Rosie ven- llamo Ron, la niña se acerco a sus padres con una sonrisa de oreja a oreja.- ¿Quieres ir a ver a Hagrid?
- Si, si quiero el tío Hagrid es muy divertido, es mi segundo tío favorito.- grito feliz la pelirroja.
- ¿Y quién es el primero?- pregunto Hermione conociendo la respuesta.
- ¡El tito Erwin! ¡Es el mejor!- exclamo Rose.
- Sera mejor que no te oigan tu tío Harry y tu tío George.- dijo Ron sonriéndole a su hija.
-¿Por qué?
- Porque se sentirán tristes de no ser los primeros.
- Pero es que a mí me gusta el tito Erwin, tío George es muy infantil- ante el comentario de la niña Ron soltó una sonora carcajada. "Mi hija de tres años piensa que su tío es muy infantil"- Y tío Harry es aburrido, tía Ginny es más divertida que él.
La pareja se alejo riendo del lago.
Morgana se sentó en la butaca de su nuevo escondite. Esta vez había suplido todos los fallos de seguridad. La casa estaba totalmente oculta del mundo sin llegar a estarlo. Aplico la teoría de esconder las cosas a simple vista.
Su segunda al mando acababa de irse en busca de los reemplazos de sus hombres perdidos. Ahora se había quedado sola con la persona con la que menos quería estar.
- Sabes Morgana, pensaría que te has vuelto honrada de repente si no supiera que eso es imposible. Así que porque le dejaste con vida.- dijo Circe Apoyándose en la repisa de la chimenea.
- Curiosidad. Es un chico interesante. Conoce las antiguas reglas. Se merece el trato de un anciano.
- Si no recuerdo mal, mataste a todos los ancianos hace dos siglos.- comento jocosa.
- Pero respetando el código.
- Esa es tu opinión. Pero al dejarlo vivo has perdido el acceso a la fuente y has corrido el riesgo de morir al trasladar la poción.
- El estanque estaba perdiendo sus facultades, solo le quedaban un par de baños. Tenía que reabastecerlo de todas formas.
- Es tu plan, no puedo intervenir por ninguna de las partes pero sigues siendo mi hermana. Ten cuidado con ese hombre, presiento que es más de lo que parece. Y está rodeado por magos muy poderosos. Los mismos que derrotaron a Tom Riddle.
-Estas preocupada por mí. Cuanto llevas sin ir a la fuente.
- Fui el año pasado. Morgana estoy aquí como mera espectadora, pero recuerda lo que pasara si te excedes.
- Lo tengo muy presente, no necesito que me lo recuerden y menos tú. Estoy demasiado cerca. No voy a cometer el error de enfadarle.
- Eso espero Hermana, realmente eso espero. Por tu propio bien. Tengo que irme.
- No vuelvas demasiado pronto.- espeto Morgana levantándose del asiento, Circe ya había desaparecido.- Entrometidos.- murmuro mientras fijaba su vista en el caldero humeante que había en el fuego.
