Irak. A sesenta kilómetros de Bagdad. El desierto se extendía infinito y mortal en cualquier dirección que se mirase. El sol ya hacia horas que se había posado en el horizonte sumergiendo en oscuridad aquella extensión baldía.

La 15ª división de marines llevaba tres horas de duro enfrentamiento contra una célula durmiente que había detonado una bomba improvisada delante del convoy. El apoyo se había retrasado y estaban resistiendo a duras penas.

Los fogonazos de los fusiles se mezclaban con las explosiones de las granadas de fragmentación. A unos cien metros de allí. Erwin observaba impasible el tiroteo. Acaba de llegar y estaba cansado. Debido a la naturaleza de su visita no podía llamar la atención y había tenido que correr mil setecientos kilómetros.

Con el atardecer su vista se había adaptado perdiendo la capacidad de apreciar los colores y creando un mosaico de tonos grises. Su visión nocturna se entremezclaba con la infrarroja permitiéndole ver mucho más de lo que podría hacer cualquier otra especie de ese planeta.

Oyó el silbido de las balas al zumbar a su lado. Balas perdidas que llovían sin ton ni son en una batalla a oscuras. Pero lo que le interesaba a Erwin era el sonido que se escondía debajo. El graznido de un cuervo.

Siguió el sonido hasta llegar a su origen pero ya no estaba. En su lugar veía la figura de un pequeño conejo blanco que trataba de huir de aquel infierno o eso era lo que parecía. Erwin ya tenía suficiente. Alzo la varita y paró en seco la barbarie que se había originado.

Todos los hombres estaban allí en la última posición que tenían antes de que Erwin lanzase el hechizo. Con un nuevo movimiento el desierto quedo vacio. Los soldados de ambos bandos habían sido transportados a un lugar neutral.

El conejo fue brincando hasta él hasta pararse a sus pies. Lo miraba de arriba a abajo con curiosidad. Tras ese escrutinio se alego un poco y fue creciendo hasta convertirse en una bella mujer de cabellos dorados. Unos ojos verdes parecían atravesar al licántropo que ni se inmuto.

- Has desmejorado mucho no Morrigan.- saludo abrazando a la mujer.

- ¿Has visto a que me he rebajado? A una guerra menor. Como hecho de menos la edad media. – rezongo triste.

- ¿Menor? Morrigan, esto tiene de todo menos ser una guerra menor.- refunfuño Erwin.

- No habrás venido solo por una discusión sobre las guerras.

- Los dioses sois muy impacientes para haber vivido tanto.

- Te recuerdo que en tu mundo solo quedan tres.

- Sigues en contacto con la Morrigan de mi mundo.

- Nos está vedado el poder hablar libremente sobre ello. Sé lo que quieres pero no puedo decirte nada del otro mundo, aunque seas parte de él.- concluyo con un deje de tristeza. Erwin agacho la cabeza visiblemente desilusionado.

- Es una lástima pero venia por otra cosa. Eres la diosa de la muerte. Necesito encontrar la forma de destruir un ejército en segundos.

- Ya sabes hacer eso. Leo te enseño bien.- dijo la diosa creando unos sillones con la arena y sentándose en uno. Erwin le imito.

- No es un ejército cualquiera. Sera creado. Con la poción clonadora.- AL oir esas palabras la actitud de cordialidad de Morrigan desapareció y se formo una de cautela que escondía el puro pánico.

-¿Estás seguro de eso? Esa poción no se puede realizar desde que fue prohibida. Aun recuerdo los estragos que causo su creador. Destruyo la Atlántida y a punto estuvo de destruir el reino elemental. Se necesitaría los poderes de un dios para afrontar las múltiples defensas que hay alrededor de esa pócima. No se puede hacer sin más.

- Pues Morgana ha averiguado la forma de convertirse en un dios entonces.

- ¿Morgana?- Morrigan frunció los labios al hacer la pregunta. Erwin asintió.- Lo siento mucho Erwin. Nos han prohibido involucrarnos en este asunto a menos que se cometa un desequilibro demasiado grande, pero no te preocupes hablare con Él sobre esto.

- Presupongo que ya lo sabrá. Circe, lo sabe y estoy al tanto de que es una de vuestras observadoras.- Morrigan sonrió ante el comentario.

- Ya sé porque Leo te tiene tanto cariño. Eres un chico astuto.

- ¿Chico? ¿A qué edad se supone que comenzareis a tratarme como un adulto?

- Aun tienes mucho que aprender y no tienes ni un siglo. Deberías estar contento de conocer a un dios.

- Y llevarme bien con ella.

- No te pases. Te encuentro interesante pero no soy mi contraparte.

- Así que la otra Morrigan te conto lo que le hizo Alina.- dedujo Erwin.

- Con pelos y señales. Aun hay veces que se queja de las heridas.- rio Morrigan.- Tienes una mujer muy celosa.

- La otra Morrigan fue demasiado lejos en el coqueteo.- abdujo.- Bueno creo que ya he hecho todo lo que tenía que hacer. Si me dices que no podéis involucraros en esto estoy más tranquilo aunque siga estando presente la pócima.- dijo Erwin levantándose. El cielo se encapoto rápidamente formando nubes de tormenta.

- Encontraras la manera de contrarrestarla. Toda pócima tiene sus puntos débiles- dijo la diosa guiñándole un ojo. Erwin la sonrió a modo de despedida y desapareció en un relámpago.

- Así que ese es el lobo de la desesperación. Esperaba otra cosa.- dijo una voz detrás de Morrigan. Ella le contesto sin darse la vuelta.

- Los viejos como nosotros solemos pasar por alto a los más jóvenes aunque sean brillantes.- tras decir esto se convirtió en un cuervo y se alejo en la oscuridad. Un hombre alto y robusto la vio convertirse en un punto insignificante en la lejanía.

EL Gran Comedor se hallaba abarrotado de alumnos a la espera de las clases optativas del ED. Todos cuchicheaban impacientes por las clases. En ese momentos las puertas se abrieron de par en par y todos vieron al profesor Potter entrar.

Llego al centro de la sala. Y espero a que las conversaciones cesasen.

- El señor Solomon está de viaje y se ha retrasado a sí que hoy yo les daré las clases. En primer lugar me gustaría saber que os ha estado enseñando.- dijo Harry mirando alrededor. Vio una mano levantada.- Si, señorita Alison.

- El profesor Solomon nos ha enseñado técnicas de escudos avanzadas y también amplio los hechizos contra criaturas que usted nos enseño.- contesto la niña.

- En definitiva sabéis defenderos y tenéis un arsenal mayor cuando queréis pasar a la ofensiva.- todos asintieron.- ¿Os ha enseñado algún método de comunicación?

- El profesor Solomon dice que hasta que no sepamos discernir la capacidad del enemigo no nos enseñara esa clase de magia.- volvió a contestar Alison. Harry frunció el ceño.

- Así que no os ha enseñado.- empezó Harry.

- No, no lo he hecho- dijo Erwin entrando por la puerta.- Es la mejor manera de mantenerlos a salvo.

- Manteniéndolos aislados durante un duelo.- inquirió el pelinegro.

- Si no saben a qué se enfrentan solo pondrían en peligro a quien pidiesen ayuda. La mejor forma es huir.

- Y les has enseñado a hacerlo.

- Lo hare cuando cuente con Ron para la demostración. Además, de veras me estas criticando mi manera de enseñar. Llevo seis décadas preservando la paz mundial. Creo que tengo experiencia de sobra para hacerlo.- gruño Erwin mostrando los colmillos. Toda la sala estaba en silencio.

- No estoy diciendo que no seas capaz, dijo que es negligente.

- ¡Negligente! ¡Yo soy negligente! La…- respiraba agitadamente. Las pupilas estaban tan dilatadas que apenas se veía el azul de sus ojos.- Harry… atúrdeme… ¡YA!- le grito el licántropo. Harry no sabía que pasaba pero le hizo caso. El hechizo impacto en medio del pecho. Erwin se tambaleo ligeramente pero se mantuvo en pie.- Sera suficiente.- Alzo la mano y Harry se dio cuenta de que había petrificado a los alumnos antes de la discusión. Los chicos recobraron la conciencia sin percatarse de haber sido hechizados.- La clase de hoy queda suspendida. Descansen bien la próxima será doble para suplir la perdida.- dicho esto Erwin desapareció por la puerta seguido de cerca por Harry.

- Te encuentras mal.- pregunto preocupado.

- Los que se encontraran mal serán las personas que haya en un radio de cincuenta kilómetros sino encuentro a Ron.- dijo Erwin saliendo a los jardines. Bajo prácticamente corriendo al estadio.

- ¿Qué ocurre? ¿Y por qué necesitas a Ron?

- Por mucho control que parezca tener si el cansancio llega a cierto límite mi autocontrol se colapsa. Eso quiere decir que la parte animal podría asumir el control. Necesito algo que la distraiga de sus instintos naturales. Algo que haga que este concentrada en una única cosa. Y ahí entra Ron. El tiene las snitch para los partidos.

- Vas a perseguir una Snitch para no matar a nadie- dijo incrédulo.

- Está probado que cazar o correr no sirve de nada pero atrapar un objeto que no puedes comer sí. Es por experiencia.

Harry le seria observando los pequeños tics que le estaban consumiendo. Un temblor de la mano. Pequeñas sacudidas de la cabeza. En definitiva estaba muy alterado, más de lo que al pelinegro le gustaría ver al lobo.

Entraron como una exhalación en el despacho de Ron y tras una pequeña explicación de lo que ocurría el pelirrojo saco una caja llena de snitch. No estaba por la labor de negarse aunque pareciera absurdo no valía la pena arriesgarse.

El campo de Quiddicht ya estaba completamente vacío. Los entrenamientos habían terminado hacia horas. En un último esfuerzo Erwin mantuvo la forma humana hasta que Ron lanzase las tres snitch.

Las esferas doradas batieron sus alas transparentes desapareciendo en segundos de la vista. Erwin se fijo en el cielo atento a cualquier movimiento, se transformaba rápidamente en un lobo. Acabo a cuatro patas acechando el espacio que había sobre su cabeza.

Una de las Snitch paso zumbando junto a él haciendo que este saltase tres metros en el aire y diera una pirueta. No llego a tocar suelo. Sus patas musculosas se impulsaron en el vacio como si fuera de hormigón aumentando en altura.

En tres saltos ya se encontraba a la altura en la que estarían los buscadores durante un partido. No paraba de moverse ni un momento bajando y subiendo en el aire. Atravesando el estadio de lado a lado.

Harry que había sido el buscador más joven buscador de Hogwarts tenía dificultades para seguir el ritmo endiabladamente veloz que llevaba el gran lobo gris. No podía imaginar como algo tan enorme podía moverse tan rápido. Sin embargo la Snitch era demasiado pequeña y ágil como para dejarse atrapar.

Paso una hora tras otra. El sol empezaba a decaer. Algunos alumnos y profesores que habían visto el movimiento en el campo de juego se habían congregado en las gradas para ver el espectáculo.

Erwin ya había atrapado dos de las Snitch. Harry tenía en la mano los restos que habían quedado. Dos alas deformadas y un caparazón hundido y mordisqueado. Sin embargo se había dado cuenta de que el licántropo ya no se esforzaba demasiado, estaba jugando como lo haría un cachorro.

Al final se lanzo los veinte metros que le separaban del suelo atrapado la última Snitch entre sus dientes. La mordió antes de escupirla y tirarse en el suelo. Se quedo tumbado en el césped totalmente inmóvil. Ron se acerco lentamente a él seguido de Harry. Al llegar a su lado oyeron la profunda respiración. Se había quedado dormido.

- Esto es algo que no se ve todos los días.- comento Ron intentando levantar a Erwin- Uf, ¡Imposible! Tendrá que pasar la noche aquí.

- Ron, tengo que recordarte que eres mago.- le dijo Harry.

- Se me había olvidad- dijo desviando la mirada.

- Lo querías dejar aquí tirado a que si.- dijo Harry frunciendo el ceño.

- Hombre, dicho así parece algo malo. Pero imagínate que se despierta en la puerta de Rose. De todas formas no creo que le importe.- argumento el pelirrojo.

- Vale, pero se lo dices tú cuando despierte.- contesto Harry alegándose con Ron y dispersando a los alumnos.

- Lo que os voy a decir ahora no podrá salir de estas cuatro paredes. No solo es un secreto sino que además si se llegara a saber el mundo se desmoronaría.- comenzó Erwin. Habían pasado tres días desde que se durmió en el campo de Quiddicht. Estaba en una pequeña sala con Hermione, Ron, Harry y Ginny. Los cuatro asintieron.- Todos sabéis que la humanidad nació hace unos veinte o treinta mil años, lo que no sabéis es que junto a ellos surgieron, una segunda especie, una especie con un poder tal que podrían alterar el rumbo del universo si se lo propusieran. Durante un tiempo convivieron con los humanos que lo veneraban como a dioses. Pero la humanidad se volvió demasiado peligrosa para sí misma y para los demás por lo que los dioses decidieron pasar al anonimato. Desde entonces cuidan a la humanidad desde las sombras. Manteniendo el equilibrio. Bien hasta aquí la clase de historia. El problema viene cuando se involucran de forma activa. Decantándose por un bando u otro. Eso no se ha dado en siglos. Pero dado la situación actual llegue a pensar que estaban detrás, por suerte, y aquí vienen las buenas noticias es que esta vez no se van a involucrar, al menos no en nuestra contra. Y existe la posibilidad de que intervengan contra Morgana.

- Si existen esos dioses porque no intervinieron cuando Voldemort se alzo.- espeto Harry.

- No pensaras que actúan directamente dando la cara. Son más sutiles, pero también más crueles. Ellos fueron los que utilizaron a Trelawney y la indujeron para crear tu profecía. Eso acabo con Voldemort la primera y la última vez.

- Entonces por eso murieron mis padres por seguir las directrices de unos dioses.- se pregunto Harry.

- No Harry, ellos murieron por protegerte. Ya lo entendiste una vez, esa profecía no se refería a ti.- le explico Erwin palmeándole la espalda.

- Eso es muy revelador e interesante pero de que nos sirve contra la poción de Morgana.- pregunto Ron después de unos minutos de silencio.

- Aun estoy en eso pero es bueno saber que no han tomado partido. Significa que aun tenemos algo que hacer.