Las cartas estaban sobre la mesa. Los preparativos por los que había luchado tanto estaban concluidos. Morgana por fin estaba preparada para el paso final de un plan forjado en las profundidades de la historia.

Un plan con un milenio de antigüedad. Cada pieza estaba en su lugar y su contrincante estaba preparado para lo que sería un momento crucial en la existencia de Morgana. Si salía bien podría dar salida a sus sueños para el mundo.

Si salía mal lo mejor que podía pasar es que la matasen. Tenía muy en cuenta ambas posibilidades teniendo a un adversario tan capacitado como era este. Lo mejor sería no informar de su inminente despliegue pero habría sido un acto cobarde y sin honor. Honor una palabra interesante. El hombre carecía por completo de él pero se vanagloriaba de ser su estandarte.

Hoy día nadie prestaba atención a esa virtud olvidada, pero ella se veía obligada a hacerlo, obligada por una promesa baja a un hombre moribundo. Ojala no se hubiera acercado tanto a él. Acabo quemada. Su hermana le dejo muy claro que lo que estaba era enamorada pero no dejaba de ser una sensación sin sentido que había nublado su juicio hasta el extremo de tener que aguardar diez siglos para poder llevar a cabo su plan.

Merlín debía saberlo, tenía que saber que no incumpliría su promesa por eso se lo hizo prometer justo antes de morir por ella. Porque se interpondría entre ella y aquella flecha. Solo había conseguido algo de tiempo a la humanidad.

Recordaba perfectamente aquel momento, como ella había lanzado su primer gran ataque con su ejército recién reclutado. Como en medio del campo de batalla apareció Merlín para convencerla de que se retirara cuando sus tropas comenzaron a menguar ante el poderoso enemigo que tenían que enfrentar. Como un ballestero ingles la diviso a través del humo y disparo.

Merlín se puso en su trayectoria, la saeta le rozo el corazón, unos milímetros y la muerte habría sido instantánea pero el destino tenía otros planes. Morgana lo sujeto para evitar que cayera y se esfumo dejando a un moribundo contingente ante unos enemigos que no darían tregua.

Aparecieron en su castillo, en su habitación personal. Deposito con sumo cuidado el cuerpo de Merlín en el lecho. Examino la herida e intento volverse para traer las pociones pero la mano enérgica de Merlín se lo impidió. Le miro para amonestarle pero sus ojos no tenían replica. Se sentó en una banqueta a su lado y apretó su mano.

Merlín relajo la presa que tenia sobre ella y con el acopio de sus últimas fuerzas le susurro las palabras que cambiaria la vida de Morgana.

- No puedo detenerte, pero te pido que lo hagas, hazlo por mí, dales una oportunidad, ambos sabemos que te sobran motivos para hacerlo pero te lo suplico dales la oportunidad de cambiar, tienen la capacidad de hacerlo déjales intentarlo, dales tiempo. El tiempo nunca ha sido ningún impedimento para ti y la paciencia está entre tus virtudes. Dales hasta el cambio de milenio, déjales mejorar en ese tiempo.- susurro sin fuerzas el mago. Aspiro una bocanada de aire y la dejo escapar, guardo silencio durante unos minutos recuperándose levemente y esperando la respuesta. Morgana parecía meditarlo tan concentrada que parecía no ver nada más que ha Merlín.

- Te lo prometo- dijo al fin dejándose vencer por la moralidad sin sentido de su amado.- Tendrán un milenio para cambiar.

- Sabía qué harías lo correcto. Aun tengo una última cosa por decirte. Sé que nunca has creído en la adivinación pero he hablado con Rowena, ha tenido una visión. Alguien se enfrentara a ti en el futuro, alguien cuyo poder compite con el nuestro, estará rodeado de personas muy poderosas. ¿Serias tan amable de respetar las reglas de combate cuando te enfrentes a él?

- Veo que a pesar de que su hija le haya quitado esa diadema suya sigue teniendo un gran poder para poder ver eso.- ironizo la hechicera.

- Siempre has sido muy intuitiva verdad, creía que era el único que se había percatado.

- Habría que estar ciego para no darse cuenta.- digo la pelinegra echándose para atrás la larga melena, empezaba a albergar la esperanza de que no fuera tan grave la herida de Merlín.

- Godric y Helga no lo saben, ni siquiera Salazar.

- Son profesores que esperabas- sonrió Morgana. Después se puso seria.- Esta bien me atendré a las reglas será un combate con honor. Pero es lo último que te prometo.

- Siempre vi tu bondad Morgana aunque tú misma te hayas negado a verla, sabía que aceptarías.

- Eres un viejo manipulador- bromeo pero algo le decía que esto sería lo último que iría de la única persona que había dejado entrar en su vida. No se equivoco unos segundos después la mano del mago perdió fuerza y se deslizo por el brazo de ella hasta chocar con el suelo. Sus ojos antes vivos y resplandecientes no eran más que dos gotas de cristal fracturado carente de toda chispa.

Morgana le cerró delicadamente los parpados y dejo caer una única lágrima por él. Fue la primera y la última vez que lloro por alguien.

Morgana volvió a la realidad encontrándose con la perspectiva de una batalla a punto de comenzar aun más sangrienta que la que acababa de recordar. A su lado su mano derecha se adelanto un poco mirando a las puertas del castillo. Ella hizo lo mismo. A través de los árboles y de sus huestes entrevió a su mayor enemigo en esa batalla.

Erwin estaba allí comandando a sus propias fuerzas, era evidente que no era la primera vez que enfrentaba este tipo de amenazas en la que le superan en número. Pero Morgana vio algo extraño en él. Con una floritura de varita consiguió unos prismáticos muggles. Un gran invento que le había sido de utilidad en el pasado.

Enfoco los binoculares y vio la sonrisa socarrona del licántropo. Ese simple gesto asustaba y enfurecía a la bruja por igual, por un lado le enfurecía que se lo tomase tan a la ligera por otro temía lo que pudiera haber tras esa sonrisa.

No tardo en entender el motivo.

Al otro lado, a las puertas del castillo Erwin dio otro paso más. Los licántropos se acercaban a una velocidad abrumadora. Estaban a quinientos metros, cuatrocientos, trescientos, se acercaban demasiado rápido y ninguno de los magos se atrevió a lanzar un hechizo sin que Erwin lo hubiese ordenado.

Ya estaban a menos de cincuenta, podían oir sus respiraciones rabiosas y ver sus ojos ansiosos por probar la carne que se les ofrecía, en un par de zancadas serian suyos. Entonces el licántropo alzo las manos como si los fuera a detener a todos simplemente con ellas.

- ¡ALTO!- grito Erwin y para asombro de todos los presentes la manada de bestias sanguinarias se detuvieron como si fueran presos encadenados al suelo. Todas las cabezas lobunas miraban a Erwin con las orejas gachas, tenían miedo de él.- Tumbaos- ordeno de nuevo y los licántropos obedecieron.- ¡Morgana podrías haber preguntado te habrías ahorrado la vergüenza!

En el límite del bosque prohibido Morgana vio como Erwin la miraba fijamente. La había localizado en el acto no tuvo ni que buscar. Su lugarteniente se puso en guardia levantando un escudo mágico por precaución.

- Así que era cierto- se dijo a sí misma.

- ¿Ha dicho algo mi señora?- pregunto la figura encapuchada.

- Nada que deba preocuparte. Empecemos con el ataque de verdad.

Erwin se acerco al licántropo más adelantado el que parecía haber resistido más de lo normal la orden directa. No tuvo que esperar mucho para reconocerle, estudio el campo mágico que le envolvía y descubrió el hechizo que le mantenía en su estado animal. Un gesto y Fenrir Greyback apareció ante sus ojos.

- Debería darte vergüenza Greyback. Conocí al verdadero Fenrir y tú no te acercas ni en pintura.- le recrimino Erwin negando con la cabeza. El mortifago se removió visiblemente agitado.

- ¿Cómo?

- ¿Cómo he hecho esto? Eso deberías preguntárselo a tu ama dado que ella conocía esa capacidad mía. Pero dudo que vuelvas a verla, y dado tu curiosidad te contestare. Yo soy un alfa.- respondió Erwin dejando aun más confundido a Greyback pero este no tuvo tiempo para replicar. Erwin se alego unos pasos y todos los hombres lobos desaparecieron en una explosión eléctrica.- Espero que Azkaban tenga sitio de sobra.

- ¿Desde cuándo puedes hacer eso?- pregunto Harry.

- Ya te lo explique cómo alfa que soy estoy por encima de ellos a nivel biológico deben obedecerme. Es algo que tienen grabado en lo más hondo de su ser. Al cambiar no solo les otorgan el poder animal sino que además se les aplica esa debilidad no tienen libertad de acción si yo no quiero.

- Eso es una crueldad- exclamo Hermione.

- ¿Sabes porque surgimos? ¿Por qué nos vimos obligados a evolucionar? Hace tres milenios los licántropos estaban al alza y los humanos estaban al borde de la extinción Entonces surgió el primer alfa, una imposición evolutiva es una simbiosis el alfa surgió para mantener el equilibrio logro detener los ataques. Después si quieres te cuento toda la historia pero de momento me preocupa más la guerra que acabamos de iniciar.- Hermione no dijo nada tampoco habría podido un rugido grave y profundo se lo habría impedido.

Un gran dragón se alzo sobre los arboles del bosque prohibido lanzando una llamarada azul. La bola de fuego cruzo el aire estrellándose contra el césped a escasos centímetros de Erwin. Tras el primer dragón hicieron su aparición otros dos más pequeños.

Se mantuvieron estáticos en el aire como si esperasen que ocurriese algo. Por debajo un grupo de magos flanqueados por minotauros y dos sendos basiliscos encapuchados. Con un golpe de varita las capuchas que envolvían los ojos mortales y ambarinos de las sierpes desaparecieron.

- Cerrar los ojos- grito Hermione.

- Al castillo, yo me ocupo de las lagartijas- ordeno Erwin con un antifaz cubriéndole el rostro. Los magos de alrededor obedecieron como pudieron llegando a la escalinata con grandes dificultades al no poder abrir los ojos. Una vez dentro cerraron la puerta. –Ahora veremos si tenías razón Alina y tengo ese oído tan bueno que decías.- murmuro para sí mismo. Amplio su frontera audible percibiendo hasta el más mínimo murmullo del aire.

No tardo en descubrir el sonido de las pulsaciones de los dos basiliscos, rápidas controladas, el pulso de un depredador a punto de atacar, por encima de ellas se escuchaba más claramente los dos corazones de cada dragón. Potentes, fuertes sin un momento de descaso.

A su lado el sonido casi imperceptible de la veintena de magos quedaba eclipsado como insectos ante un dios.

En el interior del castillo Harry y los demás aguardaban ansiosos en el vestíbulo. No podían oir más que el tenue aleteo de los dragones. Una tranquilidad absoluta parecía reinar. Entonces el suelo tembló de golpe y Harry oyó la voz aguda y penetrante de los basiliscos que maldecían con furia.

La puerta de entrada se astillo visiblemente cuando un hechizo impacto en ella pero permaneció inmutable sin ceder ni un centímetro de terreno. El segundo hechizo no se hizo esperar y este si logro mover ligeramente la puerta.

Hermione se puso a trabajar enseguida levantando escudos protectores sobre el portón, Mcgonagall y Flitwick la imitaron reforzando sus escudos a medida que ella los creaba, pero no lograban crearlos con rapidez ya que en el exterior por cada escudo levantado derruían tres.

Al final cedió del todo y los hechizos zumbaron por encima de sus cabezas. Las puertas destrozadas a ambos lados del quicio fueron franqueadas por los morganianos. Harry lanzo una bombarda al techo derribando parte de él sobre un grupo que intentaba entrar dividiendo en dos a los enemigos.

Hermione luchaba codo con codo con su marido pero los superaban en número y los estaban obligando a retroceder hacia las escaleras. Ginny y Luna al verlos fueron en su ayuda atacándolos por detrás. Ginny petrifico a uno alertando a los demás que tuvieron que atender a ambos atacantes y permitiendo a Hermione y Ron recuperarse y contraatacar. Harry luchaba junto a Neville contra otro par de enemigos.

A unos metros de allí entre el polvo que había levantado el derrumbe se encontraba la mano derecha de Morgana, una bruja tan poderosa como perturbada. Por primera vez en años retiro su capucha dejando ver una larga melena enmarañada de un color antaño lustroso y ahora convertido en un gris plomizo recordando una tarde nublada. Su rostro estaba hundido, su piel tan blanca como el alabastro estaba pegada al hueso, tirante y elástica. No parecía contener ni un ápice de carne, como si solo quedase la piel para cubrir un esqueleto mortecino.

Sus ojos marrones oscurecidos por la edad escrutaban el campo de batalla. Su mirada escudriñadora como la de una víbora buscaba sin parar hasta que encontró lo que buscaba. Una mujer regordeta que luchaba incansable defendiendo a su hijo y a su nuera. Una mujer que le había quitado lo más importante de su existencia condenándola.

Desenvaino su varita de nogal exacta a la que le habían robado años atrás. Apunto con precisión a la espalda de la mujer y lanzo su hechizo. El rayo verde surcó el aire yendo directo al blanco. Fallo. Hermione vio el maleficio y se interpuso en la trayectoria aun sabiendo lo que le deparaba ese acto. El rayo se disipo en su pecho y la muchacha cayo laxa al suelo.

- ¡NO!- grito Ron con desesperación como si se tratara de un hechizo para volver atrás en el tiempo. Corrió hacia ella atrayéndola hacia él, acaricio su pelo encrespado sin acabar de creer lo que había pasado, a su alrededor nadie parecía haberse percatado de lo sucedido y seguían luchando sin cuartel.

Las lagrimas de Ro no parecían tener fin y el no era capaz de verlo, sabía perfectamente que nunca podría dejar de llorarla. No quería seguir, no quería luchar ni siquiera vivir, no podía plantearse vivir en un mundo sin ella. Sabia lo egoísta que era al no pensar en Rose pero estaba seguro que Harry y Ginny la cuidarían y si no siempre quedaba Erwin. Era algo absoluto que no se veía con fuerza de evitar, iba a morir ya fuera a manos de otros o propias pero moriría ese día era el plazo máximo que se permitiría estar alegado de Hermione. Pero aun no, aun había algo pendiente.

Miro con odio a la maga que había hecho eso, la reconoció en el acto pero su cerebro estaba colapsado y no iba aparar a preguntarse cómo podía estar allí. Corrió el trecho que los separaba con la varita en guardia, la hechicera no pareció dar indicios de querer huir es más parecía que miraba divertida a Ron como si fuera una locura enfrentarse a ella.

- No me importa como lo has hecho pero te juro que esta vez no vas a volver.- grazno Ron al borde del llanto de nuevo pero esta vez de pura furia.

- Te he librado de la sangre sucia deberías estarme agradecida- comento jocosa Bellatrix Lestrenge.

Erwin se zafo de la dentadura mortal del basilisco al tiempo que lanzaba una onda de energía contra un dragón rojo que le intentó arrancarle una pierna de un coletazo. Los cadáveres de los otros tres monstruos yacía a su alrededor semiconsumidos por el fuego o con una lanza clavada en el pecho.

- Me estoy hartando de tus mordiscos, culebra obesa.- gruño Erwin limpiándose la sangre de un lametazo. El antifaz creado hacia unos minutos ya estaba cubierto de sangre azul y verde salpicada de acido aliento del dragón.

Su vestimenta había dado paso a una armadura brillante en un principio y que a esas alturas del combate estaba agujereada, hundida y rota en muchos puntos. No llevaba casco le habría impedido escuchar bien quitándole el ultimo sentido que le quedaba para poder luchar.

Un chasquido y Erwin estaba a diez metros del suelo lanzado por el hocico del basilisco. El licántropo estaba ingrávido a merced de sus contrincantes pero pudo esquivar la envestida del dragón que trato de utilizar su ventaja en su campo predilecto. Se agarro con fuerza a la cola escamosa pero el acero no tenía la fricción suficiente para mantenerlo sujeto.

Se estaba acercando con peligrosa celeridad al final del reptil alado cuando sus garras atravesaron los guanteletes hincándose en la dura piel. El animal rugió de dolor y trato de arrancarse esa molestia dando bandazos de un lado a otro sin otro resultado que su propia automutilación.

Erwin se mantuvo el tiempo suficiente para hacer lo que quería y se soltó cayendo en picado sobre el basilisco. Sus botas pesadas aplastaron el cráneo reforzado del rey de las serpientes. El dragón por su parte se estrello contra los arboles del bosque prohibido. Su sangre se había convertido en hielo y su cuerpo se petrifico y cristalizo.

El licántropo se desabrocho el antifaz y lo arrojo sobre el cadáver yaciente del monstruo. Bajo del montículo de sangre, vísceras, huesos y músculos en los que se había transformado la sierpe.

Unos pasos y volvió a salir disparado hacia el aire esta vez la causante era Morgana que había entrado a escena. El licántropo cruzo los cien metro que les separaban del castillo y acabo en una de las torres, la que se usaba como dormitorio del profesorado. Erwin se levanto quitándose a manotazos las esquirlas de cristal.

Contemplo la habitación un segundo para averiguar dónde estaba, lo que encontró lo dejo petrificado, era la habitación de Rose y la niña estaba en una esquina mirándole con curiosidad.

En la ventana noto la presencia de Morgana. Se dio la vuelta despacio intentando que no viera a la niña. Sus brazos ya estaban envueltos en una telaraña de electricidad preparada para escudar a la hija de Ron y Hermione. Morgana le miraba con respeto pero se notaba que aun se sentía superior a él. Ella también estaba cubierta por un aura de fuego. Parecía no necesitar varita al igual que Erwin.

Morgana alzo su mano dispuesta a lanzar su primer ataque cuando fue expulsada con brutalidad por la ventana a la vez que se formaba un escudo azulino alrededor del licántropo y la niña.

Morgana se estrello contra el suelo una decena de metros más abajo quedando totalmente licuada por el golpe.