Capítulo 65

Esa noche, mientras todos se estaban cambiando para salir a cenar fuera, Tema se hallaba en el baño recién salida de la ducha cuando vio entrar a Naruto. Boquiabierta, lo miró y preguntó:

—Pero ¿qué haces aquí?

Necesitado de ella, el policía se le acercó y, cogiéndola entre sus brazos, la besó con posesión, con deseo y desesperación, y, cuando el beso finalizó, declaró mirándola:

—Esto va a ser más difícil de lo que yo creía.

Ella sonrió. Ni en el mejor de sus sueños habría imaginado tener a Naruto así, y cuchicheó:

—Si alguien te ha visto entrar, te juro que...

No pudo continuar, puesto que Naruto volvió a besarla. E, igual que siempre ocurría, como lo deseaba se dejó llevar, hasta que él dijo:

—Vayámonos tú y yo solos esta noche por ahí.

Tema parpadeó. No había nada que le apeteciera más, pero, pensando en sus amigas, respondió:

—Imposible.

—¿Por qué?

Ella resopló y, consciente de que cada segundo era más complicado continuar con el engaño, explicó:

—Porque mi novio es Shisui, y no quiero que nadie piense cosas raras.

Naruto se impacientó y, dejándose llevar por un impulso, propuso:

—Escapémonos a Las Vegas y casémonos.

Bloqueada, Tema lo miró y Naruto palideció.

Pero ¿qué había dicho?

Ella parpadeó asombrada.

Aquello era ¡inaudito!

¡Naruto pidiéndole matrimonio!

—¿Qué has dicho? —preguntó.

Desconcertado, él se tocó el pelo y asintió.

—Sí. Hagámoslo. ¿Qué te parece?

A cada momento más sorprendida, ella negó con la cabeza. Hacer aquello no era buena idea, y menos con el engaño que había detrás de toda aquella historia, por lo que, sujetándose el corazón, murmuró:

—Gordunflas, no digas tonterías.

Según dijo eso, él respiró, y ella, consciente de su reacción, añadió, conteniendo los nervios que sentía:

—Te dije claramente lo que hay. Está claro que el sexo entre nosotros funciona muy bien, pero Shisui...

—Ni lo menciones —la cortó, celoso y desconcertado por lo que él mismo acababa de proponerle.

Ella sonrió, y Naruto, mirándola, siseó molesto por su rechazo:

—A mí no me hace gracia.

La joven suspiró y afirmó con una risa nerviosa:

—Lo siento por ti, pero a mí sí.

Aquel pasotismo...

Aquella manera de mirarlo...

Aquella negativa a casarse con él...

Aquella seguridad a Naruto lo descolocaba y, sin saber qué decir, la besó y, cuando el beso se intensificó y estaban ambos seguros de lo que iba a pasar, de pronto oyeron la voz de Dei, que entraba en la habitación y gritaba:

—¡Queen, ¿estás en el baño?!

Los dos se miraron.

Si entraba allí, los pillaría otra vez. Y Tema, empujando a Naruto, le hizo una seña con la mano y él se colocó tras la puerta mientras la joven la abría y salía a la habitación.

Al verla con la toalla alrededor del cuerpo, Dei cuchicheó:

—¡Qué bonita piel tienes, my love!

La joven sonrió y, cerrando tras de sí la puerta del baño, preguntó:

—¿Qué quieres, pesadito?

Rápidamente, Dei se sentó en la cama.

—Esta noche, Sasori y yo tenemos una cena.

—¿No cenáis con nosotros?

—No, queen. Tenemos un compromiso.

Tema asintió. El hecho de que ellos no los acompañaran complicaba la situación al tener que salir en plan parejitas con Hanabi, Sakura, Karin, sus chicos y Naruto. ¡Menudo marrón!

Estuvieron unos segundos en silencio, hasta que él añadió:

—Estoy crazy de los nervios por la party de mi cumpleaños; ¡sólo quedan dos días!

Tema sonrió. Conociendo a su amigo, no dormiría hasta después de la fiesta y, sentándose con él, indicó:

—Tranquilo. Todo va a salir de lujo.

—Lo sé, pero ¿y si algo sale mal?

El pesimismo era habitual en él, y Tema, encogiéndose de hombros, murmuró:

—Nada saldrá mal porque no lo vamos a permitir.

Dei sonrió. Necesitaba oír aquello y, bajando la voz, preguntó:

—¿Cuándo regresa Shisui?

—El mismo sábado por la mañana. Tranquilo, que estará aquí para la fiesta.

Encantado, el joven asintió y, mirando el armario de la joven, a continuación, dijo:

—Ese vestido negro que compramos para la party te hará estar ¡divina! Cuando te vea, Shisui caerá rendido a tus pies, ¡ya lo verás!

—Eso espero —contestó Tema algo incómoda al saber que Naruto estaba al otro lado de la puerta, posiblemente escuchando.

Su amigo se miró entonces sus impecables uñas y cuchicheó:

—Por cierto, ¿no ves un poco rarito a mi Batman preferido?

Sorprendida por su pregunta, ella repuso:

—¿Rarito por qué?

Dei sonrió. Su conversación esa tarde con Naruto le había dejado claras muchas cosas, y musitó:

—A ver, queen..., todavía no me has dicho qué hacíais él y tú el otro día cuando os pillé.

Al recordarlo, Tema se puso roja y, cuando iba a contestar, él se apresuró a añadir:

—Hay que decirle a Shisui que en la fiesta te besu...

No pudo continuar.

Ella, horrorizada porque dijera algo inapropiado, le tapó la boca, y su amigo, mirándola, parpadeó.

¿Por qué hacía aquello?

La joven resopló entonces y, bajando la voz todo lo que pudo, ordenó:

—¡Cállate!

Sin entender nada, Dei le retiró la mano de la boca y susurró:

Why? ¿Qué ocurre?

Sin poder mentirle en un momento así, ella señaló la puerta del baño y murmuró:

—Naruto está ahí.

—¿Otra vez?

—Sí.

Boquiabierto, Dei se levantó y después volvió a sentarse.
Miró a Tema, luego miró la puerta y, tras parpadear varias veces y hacer aspavientos con las manos, cuchicheó:

—¿Seguro que está ahí?

—Sí.

Oh, my God! —Y, sin necesidad de nada más, canturreó—: «El gato quiere gataaaaa...».

—¡Dei!

Y él, entendiendo lo que estaba ocurriendo allí, susurró:

—¡Khaleesi, no me digas que él y tú otra vezzzzz...!

Con gesto horrorizado por haber sido descubierta, la joven asintió, y Dei, levantándose de nuevo, dijo llevándose las manos a la cabeza:

—Por el amor de Diorrr..., pero ¿qué estás haciendo?

Consciente de que allí no podían hablar porque el otro podía enterarse de toda la mentira que tenía organizada con Shisui, Tema lo empujó hasta la puerta de la habitación e indicó:

—Vete y luego hablamos.

—Pero, queen!

—Vete —insistió ella y, levantando la voz, añadió—: De acuerdo, Dei, pásalo bien esta noche en la cena con Sasori y tus amigos.

Él, al ver la picardía de aquélla, repuso:

—Lo pasaré tan bien como tú, queen.

Una vez que Tema cerró la puerta de la habitación, oyó que se abría la del baño. Naruto asomó la cabeza y, mirándola, cuchicheó:

—Cierra con el pestillo.

Sin dudarlo, ella obedeció de inmediato, y el geo protestó:

—Pero ¿Dei siempre entra en tu habitación sin avisar?

La joven no supo qué decir, y él, acercándose, preguntó:

—¿De qué hablabais tan bajito?

Dándose cuenta de que había intentado escuchar, ella se apresuró a decir:

—Bah..., tonterías de Dei.

En ese momento se oyó un ruido extraño proveniente del armario y Naruto, mirando hacia allí, preguntó:

—¿Qué es eso?

Al ser consciente de que lo que sonaba era el walkie-talkie, ella murmuró:

—No sé...

Segundos después, se oyó en la habitación:

—Lady Gaga a Pichona, ¿estás ahí?

Boquiabierto, Naruto la miró, y Tema, sin saber qué decir, simplemente musitó:

—Es Hanabi.

—Hasta ahí llegó..., Pichona —replicó él, sin entender nada.

Horrorizada, la joven caminó hacia el armario y, cogiendo el walkie-talkie, lo apagó y, mostrándoselo, inventó:

—Nos gusta comunicarnos de habitación en habitación y hace tiempo nos compramos esto.

Sin entender, el policía asintió.

—Desde luego, qué raritas sois las tías.

Tema sonrió y, tirando el walkie-talkie en el armario, iba a añadir algo cuando él preguntó:

—¿Ése es el vestido black con el que pretendes deslumbrar a tu Shisui?

El retintín en sus palabras le hizo ver a Tema que el dolor de Naruto aumentaba por segundos, y respondió:

—Sí.

Él asintió, tocó la prenda y, dando media vuelta, dijo:

—Si pudiera elegir, preferiría que te lo pusieras para deslumbrarme a mí y que él no viniera a la fiesta del sábado.

Con cada palabra suya, Tema se hundía un poco más. Naruto se estaba abriendo en canal por y para ella, y ella debía hablar con Shisui y acabar con aquel teatrillo en cuanto lo viera. Sin embargo, consciente de que de momento no podía solucionar nada, susurró:

—Pero no puedes elegir. Y, antes de que digas nada más, te recuerdo que él es mi acompañante, no tú.

Irritado por pensar en aquello, Naruto levantó el mentón e iba a protestar, cuando la joven añadió fuera de sí:

—Es más, creo que deberías venir con una de tus churris. Eso lo facilitaría todo.

Atónito, él la miró.

Pero ¿qué estaba diciendo?

Y, desconcertado por encontrarse de nuevo con la frialdad de Temari, preguntó:

—¿En serio me estás diciendo que no te importaría que me presentara con otra mujer?

Tema fabricó una sonrisa. Aquello le importaba, y mucho, pero necesitaba tiempo para solucionar su problema, por lo que respondió:

—Te lo acabo de decir. Ven con alguien. Me parecerá bien.

Cuando él iba a replicar, llamaron a la puerta y se oyó la voz de Hanabi.

—Tema..., ¿estás ahí?

Naruto y ella se miraron de nuevo, y él protestó:

—Tu habitación está más concurrida que el camarote de los hermanos Marx.

La joven sonrió. Al no localizarla por el walkie, su amiga había ido directamente a su cuarto. Y, buscando una vía de escape, cuchicheó:

—Métete debajo de la cama.

—¡¿Qué?!

—Que te metas debajo de la cama ¡ya!

—No me jodas, mujer.

Tema resopló. Aguantar a Hanabi si la encontraba con él allí sería demasiado.

—No me jodas tú a mí y desaparece debajo de la cama —gruñó.

Aunque molesto, Naruto hizo por fin lo que ella le pedía y, una vez que estuvo escondido, Tema abrió la puerta.

—¿Por qué cierras la puerta? —preguntó Hanabi, entrando en el cuarto.

Ella miró a su amiga y, conteniendo los nervios que sentía, respondió:

—Porque Dei se cuela en él sin importarle si estoy vestida o no.

Hanabi sonrió. En eso tenía razón. Y, mirándola, señaló:

—Tienes el walkie apagado, Pichona.

Tema se puso en alerta. No quería que hablara sobre el tema delante de Naruto, y enseguida preguntó:

—¿Qué vas a ponerte esta noche?

—El vestidito azulón que me compré el otro día, ¿y tú? —respondió Hanabi.

—El plateado que me regaló Dei —comentó ella, fingiendo normalidad.

—Uoooo, chica... —exclamó su amiga—, ¡esta noche te piropean seguro!

Ambas rieron, y entonces Tema, pensando qué hacer para sacar a Hanabi de allí, expuso:

—Pasa conmigo al baño porque tengo un problemón.

—¿Qué problemón?

Aparentando agobio, Tema explicó:

—Tengo dos maquillajes de distinto tono y no sé cuál ponerme.

Su amiga la siguió encantada, y cuando cerraron la puerta, Naruto salió de inmediato de debajo de la cama y, sin hacer ruido, regresó a su cuarto, consciente de que Tema lo estaba pisoteando a base de bien.