Capítulo 4: OER: Bautismo de sangre
Verano del año 2100 (250TM)
El aire es fresco y tranquilo, calmo y suave en su movimiento. Aun así, los valientes soldados perciben que este es denso y pesado, no es que lo sea, no. Es el miedo que avivado en sus corazones; es la tensión que mantiene sus músculos rígidos y recorre sus pieles con frio sudor. El sonido de los motores es ineludible, pero este no opaca todos los demás a los que los hombres y mujeres están pendientes en todo momento.
Marchan por el territorio enemigo, la tierra de los titanes, otrora parte de su reino, hoy dominio indiscutible de los demonios come hombres.
La compañía épsilon se ubica en el flanco izquierdo de toda la avanzada; y en la retaguardia de esa misma compañía se asignaron cinco pelotones. Armados con quince zorros de combate y una unidad de artillería pesada móvil, así como un vagón de suministros. El poder del acero y el fuego en nada alivia el miedo que sus integrantes contienen en sus pechos. Casi todos poseen nula experiencia enfrentado a los titanes.
—Aquí el capitán Hannes del grupo de la retaguardia informando. Ha pasado una hora desde el inicio de la incursión. No hay señal de titanes. Cambio —Con el radio en la mano el veterano de la guarnición del sur informaba al comandante de la compañía.
—Recibido. Ningún pelotón informa de avistamiento de enemigos. Seguimos avanzando, permanezcan alerta. Cambio y fuera —respondió la mayor Rico a través de la radio.
—Es extraño, ¿no cree, capitán? —dijo el soldado Jean quien conducía el vehículo en donde está el capitán—. Una hora y ni siquiera hemos visto a uno de esos monstruos.
—Si, es muy extraño. Los titanes son un misterio, soldado, siempre lo han sido.
—Por mi mejor, no me molestará llegar al muro María sin toparnos a esos monstruos —La sutil sonrisa en los labios de Sasha era muestra de su temor.
—No tendremos tanta suerte. Seguro que aparecerán cuando menos lo esperemos. Debemos estar alertas en todo momento, Sasha —Alegó Connie apostado en la ametralladora del vehículo.
El capitán no arengó. Guardaba para sí mismo sus meditaciones y temores, después de todo, como oficial al mando, dudar o titubear es muestra de debilidad e incapacidad. Respiró hondo y se reclinó en el asiento. De reojo observó el vehículo en donde se movilizaban Eren, Naxos y Armina. Se preocupaba por ese trio de muchachos como si fueran su familia.
El medio día llegó sin imprevistos y con este el momento de parar. En el centro de cada grupo se encontraba un camión de suministros, principalmente combustibles para los vehículos. El descaso marcó el momento para recargar los tanques con gasolina, para comer y estirarse. La tranquilidad era agradable, no había ningún ruido salvo el de las aves en el cielo, el de los soldados conversando y el vaivén de los árboles acariciados por los vientos.
Eren y los miembros de su escuadra, tras cargar el combustible de su vehículo, buscaron unas rocas donde sentarse para comer las raciones. Luego se les acercaron los miembros de su pelotón para reunirse. Pocos se conocían antes de esta misión, pero estaban bajo el mando del mismo capitán por lo que lucharían juntos. Eren, Reiner, Marco y Christa estaban de acuerdo en que era necesario fomentar la colaboración y, quizás, estrechar amistad entre ellos.
—Tu collar es muy bonito, nunca vi uno como ese antes, ¿qué tipo de piedra es? —preguntó la ojiazul de dulce voz apreciando el collar pendido del cuello de Eren.
—A mí también me gustaría saberlo —respondió él con una sonrisa—. La verdad no tengo idea, mi padre me lo obsequió hace varios años; solo sé que es una gema rara.
—Ya veo. ¿A qué se dedicaba tu padre? —continuó la rubia.
—Él era miembro de la Legión de Reconocimiento. Murió durante la defensa de Shinganshina.
La conversación pronto se truncó la tocar el tema de la muerte, mismo tema que todos han evitado desde que inició la operación. El silencio se hizo presente acompañado del sonido de galletas crujiendo y agua siendo ingerida.
Eren llevó su mano a su collar. Cuando tomó la piedra verdosa sintió, de nuevo, que esta estaba caliente y que emitía un fulgor verde que no era apreciable por la luz del sol.
—Recuerdo que hace años los soldados usaban un equipo diferente, ¿lo recuerdan? —comentó Connie para seguir hablando y alejar el molesto silencio—. Ellos usaban unas cajas de madera a los lados, sobre estas ponían los tanques de gas y creo que eran para llevar muchas hojas.
—Si, lo recuerdo. Ese era el DMT —continuó Marco—. Podían llevar unas ocho hojas consigo más las dos que tenían en las empuñaduras.
—¿Diez hojas? ¿Para qué tantas? —cuestionó Mina sorprendida.
—Es que eran diferentes —intervino Amy—. Las hojas de antes estaban hechas con Acero E, una aleación diferente: eran afiladas como las nuestras, pero tendían a quebrarse con facilidad después de un par de cortes.
—Vaya mierda —susurró Ymir por lo bajo, llevándose un codazo por parte de Christa.
—En el año 2090 se desarrolló el acero UE, que es el que usamos. Estas hojas no se quiebran, es extremadamente difícil que eso ocurra, por eso solo llevamos dos, aunque si por algún motivo llegaran a romperse o perder filo, en los zorros de combate hay más. Lo mismo pasó con el gas, por eso nuestros tanques son más pequeños: antes se usaba gas C, ahora es gas UC.
—Sabes mucho de estas cosas, ¿estudiaste en la Academia Militar de Mitra? —comentó con asombro Reiner.
—No, lo que pasa es que devora libros todo el día, por eso no tiene novio —terció Naxos provocando un rubor en las mejillas de Amy.
Mas rápido de lo que quisieron se terminó el descanso. Acudieron pues a guardar todo el equipo en el camión de suministros y a retornar a sus vehículos. Eren estaba enrollando una manguera cuando alguien se acercó a él para asistirlo.
—Me alegra verte en este grupo, Eren Jeager —Saludó el capitán Diomedes.
—Capitán Diomedes. Lo mismo digo —Entre los dos no fue difícil levantar la manguera y llevarla al camión—. ¿Cómo está su pelotón?
—Son espartanos —dijo con orgullo. Luego se limpió las manos y caminaron juntos a sus vehículos—, lo que significa que por dentro están temblando de miedo, pero por orgullo se niegan a mostrarlo. Al menos yo me siento así.
—Ustedes son muy curioso, lo digo con respeto. En nuestros libros de historia dice que ustedes fueron los primeros en enfrentar a los titanes y quien más tiempo aguantaron luchando contra ellos. Esparta, la Hacedora de Héroes, así la llaman los historiadores.
—Bueno, eso lleva verdad —sonrió Diomedes de forma nostálgica—. Pero esos héroes nacieron en Esparta, al filo de la guerra desde su alumbramiento. Nosotros somos espartanos nacidos en Paradis: no tenemos la misma mentalidad ni el entrenamiento.
—Pero llevas la sangre de esos héroes en las venas, ¿no? eso no se puede negar, capitán Diomedes —animó Eren colocando su mano en el hombro del espartano.
—Diablos…tienes razón, Eren Jeager. Por favor, no me llames capitán, creo que tenemos la confianza suficiente como para evitar formalismos.
—Estoy de acuerdo… Diomedes. No me llames Jeager, ese es mi apellido, solo dime Eren.
—Entendido… Eren. En fin, me agrada trabar conversación contigo. Cuando regresemos a Trost debemos ir a tomar un trago.
—Me parece una excelente…
De la nada y sin motivo Eren calló. Su rostro se tornó pálido y su respiración se agitó. Se llevó la mano al collar sintiendo como este aumentaba su temperatura y comenzaba a vibrar. Un susurro y una sensación por completo desconocida lo invadieron.
—Se acercan por el sur. Son muchos y están hambrientos —La voz no parecía venir de ningún lado, emanaba de la cabeza de Eren y solo él la escuchaba.
—¿Eren? —preguntó Diomedes al notar que este enmudeció y palideció.
—Titanes. Se acercan —musitó pávido, con un hilo de voz—. Por el sur, son muchos.
El miedo cundió en el semblante de Diomedes, tanto que no se detuvo a preguntar el motivo de que Eren supiera eso. Corrió de inmediato para cumplir con su deber. Advirtió mediante la radio a todos los soldados disponibles en el grupo.
—¡Titanes! ¡Se acercan titanes por el sur! ¡Prepárense!
La tensión estalló de inmediato; el miedo contenido por los soldados desbordó, propiciando que muchos simplemente se quedaran en shock. Los capitanes se mantuvieron firmes en sus deberes como portadores de la disciplina. Con fuertes palabras y ánimos lograron alentar a las tropas para que se prepararan.
Nueve zorros de combate se posicionaron en fila protegiendo el camión de suministros. Al mismo tiempo otros soldados se apresuraban, con piernas temblorosas y rostros timoratos, a armar los cañones móviles. El miedo, como buen combustible, consiguió que los soldados se armaran antes de tiempo.
Un silencio aciago se propagó, solo perturbado por el sonido de los motores inertes pero encendidos. Los rostros de los jóvenes eran la prueba de que ninguno estaba listo para lo que vendría. Se aferraban a las ametralladoras o los volantes; temblaban de pies a cabeza y muchos murmuraron palabras de fe de sus religiones suplicando el auxilio divino.
Por algunos momentos no ocurrió ni se vio nada a tal punto de que en cualquier momento se suscitarían insultos y alegatos en contra de Diomedes. Un momento antes de que uno de los cuatro capitanes hablara la tierra se sintió trepidar, y luego muchos pasos de gran tamaño aceleraron la vibración.
Sudor frio, manos temblorosas y mandíbulas tiritantes. Incluso el mas veterano de los capitanes allí presentes no logró escapar de las garras del miedo, pues todos eran soldados de guarnición.
Allá en la distancia, sobre una enorme colina empinada, se vieron llegar y su aura de muerte y destrucción se cernió sobre los soldados. Eran varios, ni muchos ni pocos, pero con solo ver sus titánicas siluetas era más que suficiente para sentirse en desventaja. Deambulaban desnudos como bestias, ausentes de la menor muestra de humanidad posible salvo las exageradas, casi ridículas, expresiones en sus grotescos rostros. Los había de diversos tamaños, desde cinco hasta veinte metros. Su paso era lento y pasivo, como animales sin nada que hacer salvo vagar. Cuando uno de ellos pudo distinguir la masa de humanos armados en la distancia todo cambió. Con un grito similar a un rugido el que avanzaba al frente incitó a los demás. Las burdas sonrisas de sus rostros se tornaron en semblantes serios o adustos y su caminata pasiva se tornó en frenética carrera.
Los soldados soltaron maldiciones y gemidos ahogados. Veían a la muerte acercándose a toda prisa haciendo temblar la tierra. todos los capitanes, quienes debían tomar el liderazgo, enmudecieron al ver a diez monstruos come hombres acercándose.
"Pero llevas la sangre de esos héroes en las venas, ¿no? eso no se puede negar"
Esas fueron las palabras que reverberaron en la cabeza del capitán de estirpe espartana. El valor y el orgullo pujaron con fuerza arrojando al suelo los temores. Recobrando el control de su cuerpo y de sus palabras este se levantó del asiento del conductor y subió por el armazón del vehículo donde pudieran verlo todos los soldados.
—¡Espartanos! —clamó a todo pulmón arrancando las mentes de sus hermanos de las garras del miedo—. ¡Llegó la hora de consagrar su sangre y su valor en la guerra de nuestros ancestros! ¡En la guerra de la humanidad! ¡Llegó la hora de luchar y ser llamados héroes! —Imbuido de mitos y relatos ancestrales y el valor de los que otrora enfrentaron a los demonios para proteger su hogar proclamó el grito de guerra bien conocido por los que comparten su sangre—. ¡No traigáis la deshonra retrasando la muerte! ¡Por Esparta y la gloria de los caídos, al ataque!
Con un ágil movimiento regresó al asiento para acelerar a fondo su vehículo en donde su escuadra, paralizada por esas fuertes palabras, pronto se contagió el valor del capitán. Y luego dos vehículos más, del mismo pelotón, lo siguieron a la batalla repitiendo los canticos de guerra.
—Carajo, carajo, carajo —mascullaba entre dientes el joven Jean apostado junto a los artilleros. Se volvió sobre estos para increparlos—. ¡¿Qué carajos creen que hacen, idiotas?! ¡¿Qué esperan para disparar?! ¡Marco, tú tienes mejor puntería que nadie, te quiero a cargo del CMC-120! ¡Connie, Sasha usen los de CAC-60 y denles una buena roseada a esas malditas bestias! ¡Capitán Hannes, solicite por radio el apoyo de una unidad de blindados más cercana!
Los espartanos avanzaron al frente y pronto los demás vehículos los siguieron al fragor del combate, el cual comenzó con la descarga cuádruple de los cañones de 60mm, los CAC-60, cada uno con la capacidad de disparar cuatro proyectiles a la vez. La inexperiencia consiguió que de los ocho proyectiles seis fallaran y los otros dos solo consiguieron mutilar los brazos y piernas de un par de titanes. Caso diferente fue la detonación el poderoso cañón de 120mm, el CMC-120 que impactó de lleno en el pecho del primer titan dejando en su lugar tremendo agujero en donde hubo un corazón.
La primera baja de la batalla fue para los titanes.
Mas descargas de cañones, más brazos mutilados, pero ninguna baja más. Los cañones guardaron silencio, ahora el combate era a corta distancia.
Los vehículos maniobraban a gran velocidad sorteando las piernas, las patadas y los manotazos de los monstruos arrojaban tratando de atraparlos. Las ruidosas ametralladoras empezaron a liberar su metralla ardiente. Los únicos puntos vulnerables eran las rodillas, codos y ojos; disparar a otra zona no servía de nada.
—¡Este es mío! —Avisó Megara, la hermana mayor de Diomedes apostada junto a él.
Saltó del vehículo, disparó los ganchos de su equipo clavándolos en el hombre de un titan. Se proyectó con fuerza hasta ubicarse detrás en donde volvió a disparar los ganchos en la nuca de este para aproximarse a gran velocidad hasta pararse sobre su nuca. El metal silbó rasgando el aire. Un trozo de carne salió volando junto a una hábil mujer y un titán se desplomó sin vida sobre el suelo.
En el flanco, una escuadra de soldados luchaba sin atreverse a abandonar el vehículo. Un mal giro los hizo perder velocidad por unos momentos. Dos titanes no desaprovecharían la oportunidad. El primero se acercó pateando con fuerza el zorro de combate hasta volcarlo. De inmediato el otro se precipitó para atrapar en sus manos a dos de los soldados que escaparon despavoridos. Sus gritos de ayuda duraron solo unos segundos antes de ser engullidos por las bestias.
El cañón de 120mm volvió a detonar, era el más preciso. Aun así, era un disparo arriesgado. La bala pasó por encima de un vehículo que era perseguido por tres titanes. La detonación destrozó la cabeza de uno e hizo caer a otro.
—¡Es mi oportunidad! ¡Bertolt destrózale los ojos a ese hijo de perra! —Reiner, el rudo rubio, se preparó para lanzarse fuera del zorro de combate.
—¡Yo me encargo! —El solado de gran talle giró la torreta para soltar una andanada de balas sobre la cara del único perseguidor consiguiendo cegarlo.
Ymir, quien conducía, hizo un giro rápido y cerrado para darle al rubio la posición perfecta. Reiner salió disparado clavando solo un gancho en el cuello del indefenso titan de 20 metros. Giró frenéticamente en el aire hasta conseguir el ángulo perfecto. Retrajo el gancho ganando velocidad. El acero sonó en el aire y gigante monstruo se desplomó sin vida.
Los artilleros aguardaban el momento para soltar mas cañonazos. Su calma pronto se vio truncada cuando tres titanes de cinco metros corrieron hacia ellos a toda velocidad ignorando a los vehículos. Los soldados que operaban los cañones se intimidaron y uno de estos tomó la terrible decisión de dispar uno de los cañones cuádruples aun en contra de las advertencias y las órdenes de Hannes. El cañón rugió con fuerza. Aunque dos balas lograron destrozar las cabezas de los titanes que se aproximaban, las otras dos se precipitaron al cambo de batalla y una de esas dio de lleno en el frente de un zorro de combate haciéndolo volar por el aire y terminar inservible. Los titanes se dieron gusto atrapando y devorando de forma grotesca a los soldados heridos.
—Se está acercando —advirtió Sasha al ver al tercer titan que seguía corriendo.
—¡Ustedes dos, conmigo! —llamó Hannes a Connie y Sasha.
Los dos jóvenes se sorprendieron al ver al veterano correr a pie para encarar al monstruo. Igual lo siguieron al encuentro. Hannes se propulsó con el gas y disparó los ganchos a los hombros del monstruo, se precipitó sobre este hendiendo sus enormes ojos con el acero de las espadas. Sasha y Connie se propulsaron a la par consiguiendo cada uno cercenar una rodilla del titan para hacerlo caer. Una vez indefenso en el suelo no fue complicado para el capitán rebanarle la nuca y darle muerte.
Se escucharon un par de ganchos y el filo de unas hojas rasgando carne y aire. Connie miró sobre sus espaldas y atestiguó a otro de esos titanes caer. Jean se había apresurado a asistir a sus compañeros para evitar que la bestia los atacara por sorpresa. El entendimiento fue mutuo y el agradecimiento no se hizo faltar.
Los soldados pudieron regresar la mirada al campo de batalla y con gusto apreciar que el ultimo monstruo de aquella horda era abatido por dos espartanos de la escuadra de Diomedes. Cuando este gigantesco cuerpo cayó al suelo solo el vapor de los cuerpos occisos quedó en movimiento. Los soldados estaban paralizados, sorprendidos y horrorizados al vivir su primer enfrentamiento con los demonios come hombres. Los de corazón se bajaron de los vehículos para verter el contenido de sus estómagos sobre el suelo.
—Tranquila hija. Ese es el miedo saliendo de ti —comentó con comprensión Hannes dándole unas palmadas en la espalda a Sasha mientras esta vomitaba. Tomó su radio y se comunicó con los demás capitanes del grupo—. Reporte de bajas.
—Perdimos a dos escuadras y aun capitán, tenemos un puñado de heridos —explicó Diomedes tosiendo, denotando que el miedo también había salido de él.
—Entiendo. Recuperemos los cuerpos y traigan a los heridos al camión de suministros. ¡Felicidades soldados! Este ha sido su bautismo de fuego.
Lograron reagruparse y recuperar los cuerpos que fuera posible. Recién conseguían retornar la calma cuando un nuevo temblor se hizo presente en la tierra.
—Vienen más, y uno es diferente —Escuchó Eren el susurró misterioso.
Un escalofrió recorrió la espalda de Eren al escuchar. La gema en su pecho elevó tanto su temperatura que casi sentía que quemaba. No importaba por que el temblor en el suelo era más amenazador.
Al regresar la mirada a la colina todos los soldados se estremecieron. Allá, en aquella loma, se erguía portentoso un titan clase S, la clase más peligrosa conocida pues alcanza los 35 metros de altura y es poseedor de una fuerte y formidable constitución física. La sorpresa no culminaba allí. Sobre su frente, de lado derecho, brotaba algo similar a un pequeño cuerno; su expresión facial era menos exagerada y de sus ojos manaba un fulgor azul.
—Capitán Hannes —murmuró Jean con el rostro petrificado—. Dígame por favor que esos blindados están por llegar.
—Están a cinco minutos de nosotros.
—No sé si tenemos cinco minutos —agregó Diomedes tragando saliva.
Por si fuera poco, ese clase S era secundado por una docena de titanes de diversos tamaños. Bajaron de la colina corriendo a toda prisa, listos para atacar a los soldados.
El valor hizo falta de nuevo, pero Eren y Diomedes se adelantaron para retornar a los vehículos. Esta vez Hannes decidió ir al frente dejando a Jean al mando de la artillería. Con dos vehículos menos se lanzaron al ataque.
El combate inició de nuevo con la descarga de artillería. Los cañones cuádruples fueron más precisos y vapulearon a una tercia de enemigos. El cañón de 120 apuntó al clase S impactando en su costado derecho cercenándole un brazo sin lograr abatirlo.
Los vehículos hicieron su trabajo librando y moviéndose con agilidad entre los titanes para herirlos con la ametralladora y dejar vía libre a los soldados para la ejecución.
Dos vehículos más fueron atrapados por los titanes y sus tripulantes devorados de forma visceral. Los gritos de ayuda y dolor eran opacados por los rugientes cañones y los incesantes motores.
El cañón de 120 volvió a detonar intentado derribar el clase S, pero de nuevo falló el pecho y terminó destrozándole la pierna izquierda obligándolo a caer arrodillado.
—¡Es nuestro momento! —clamó Eren a los miembros de su escuadra—. ¡Naxos reviéntale los ojos!
Mina al volante se acercó a toda velocidad mientras el chico en la ametralladora dejaba ir toda la ronda en la cara del enorme titan reventando sus fulgurantes ojos azules. Una vez cegado Eren y Tomas bajaron del vehículo para lanzarse al ataque y acabar con la bestia.
Tomas fue el primero en lazar sus ganchos a los hombros de titan para proyectarse a su espalda. El movimiento y la propulsión fueron excelentes. Ninguno cotaba con un titan que apareció detrás del clase S para protegerlo, una conducta sin precedentes. El joven rubio terminó atrapado en el puño de ese titan. Sus compañeros apresuraron el vehículo para asistirlo. Eren disparó uno sus ganchos para atacar al titan que apresó a Tomas, olvidándose todos del clase S inerme.
Eren logró clavar lo ganchos en el hombro de su objetivo y se propulso con una potente descarga de gas. Naxos desgarró un desesperado grito y detonó la metralla para destrozar los ojos del titan y lograr que soltara a Tomas.
El titan, mostrando un nuevo y aterrador comportamiento, no devoró al rubio que clamaba por ayuda, simplemente cerró su enorme puño sobre este con todas sus fuerzas reventando por dentro el cuerpo del soldado, despedazando sus órganos y huesos, para luego estrellarlo con violencia contra el suelo.
Un titan nunca haría eso, ellos solo piensan en comer. Mina, Amy, Naxos y Eren no entendieron lo que pasó y se quedaron inmóviles; ellos en el vehículo y él en el aire.
Eren reaccionó cuando el titan tomó el cable. Podría tirar de él y asesinarlo, pero el chico reaccionó rápido cortándolo con sus espadas. Cayó al suelo de forma aparatosa. Se reincorporó tan rápido como pudo confrontando a la bestia que aun dejaba caer sangre de su mano derecha. Mina aceleró rodeando al enemigo, dirigiéndose a Eren para que subiera. El titan de nuevo mostró mayor inteligentica y logró interponer su pie enfrente del vehículo en el último momento. Aunque su extremidad fue fracturada y parcialmente cortada logró volcar el vehículo y dañarlo.
—¡Mi pierna! ¡No puedo moverla! —Decía la joven de coletas arrastrándose fuera del vehículo.
Naxos y Amy la ayudaron a salir de allí. Una sombra se cernió sobre ellos, era la mano de ese titan tratando de atraparlos. Un sonido metálico y sus ojos se pusieron en blanco. Eren, con un solo gancho se propulsó y le cortó la nuca. El enemigo se desplomó sobre el suelo.
—¡¿Están bien?! —preguntó a sus compañeros mientras se acercaba ellos.
—Eso creo, pero Mina está herida, creo que se rompió el tobillo —explicó Naxos ayudando a su compañera a mantenerse en pie.
—¡No entiendo porque ese titán actuó de esa manera! ¡¿Por qué no se devoro a Tomas?! ¡¿Por qué lo mató sin más?! —gritó Amy histérica.
—¡Amy! —Alzó la voz Eren y tomó su majilla para que lo mirara él—. Tienes que mantener la calma. Tenemos que seguir luchando.
Los ojos verdosos del chico actuaron como anestesia adormilando los miedos de su amiga, dejando que esta recuperar cierta calma.
Una sombra se hizo presente cubriéndolos. Sus ojos recordaron al titan clase S que estaba inerme hace unos momentos. Sus heridas se reconstituyeron y estaba listo para atacar, para atacarlos a ellos pues su fría mirada estaba fija en los soldados.
El cañón de 120 volvió a disparar logrando impactar en el abdomen. Lo hizo retroceder lo suficiente para darle tiempo de pensar a Eren y sus compañeros.
—¡Amy, saca a Mina de aquí! ¡Naxos vamos a matar a ese maldito monstruo!
No era la mejor idea, pero el fulgor iracundo en los ojos de Eren era prueba de que no estaba dispuesto a discutir. Amy logró soportar el peso de Mina y se echaron a correr, lo más que podían, con dirección al puesto de artilleros. Eren y Naxos corrieron en direcciones opuestas para tomar distancia y atacar por los lados. Una táctica simple y muy usada. El primero se proyecta captando la mirada del titan, este atacará los ojos. El segundo esperará la distracción y buscará la nuca. Una táctica tan vieja como sencilla, pero olvidaron que algo no estaba bien con esos titanes. Naxos fue el primero. Se proyectó rumbo al rostro de su enemigo apuntando a sus ojos.
Con un simple manotazo el monstruo golpeo el cable logrado desbalancear al soldado y que perdiera su anclaje. Se precipitó sin control al rostro del titan siendo atrapado por sus fauces por la mitad.
—¡Naxos! —gritó Eren viendo a su mejor amigo entre los dientes de la bestia. Disparó su único cable para acudir en su auxilio.
Una vez más la bestia resultó más inteligente, logrando interceptar el gancho en la palma de su mano atrapando el cable. Eren fue obligado otra vez a cortar el cable para evitar ser presa del enemigo. Al levantar la mirada escuchó el último grito de Naxos antes de que los dientes afilados de la bestia lo bifurcaran por la mitad y su torso fuera escupido sin interés.
El tronco sin vida de Naxos fue a dar al suelo, justo en frente de donde Mina y Amy corrían. Prorrumpieron sendos gritos de horror y cayeron al suelo al ver el ver la horrida escena. Los ojos de Armina fueron testigos de la cruel muerte que segó la vida de su amigo. Cientos de recuerdos infantiles y alegres acudieron a su mente al acercarse de rodillas a este imaginado burdamente que aún podría hablarle.
—Naxos, Naxos, ¡Naxos háblame!
—¡Amy! —gritó Mina, quien no podía caminar, alertando a la rubia de un titan de 5 metros que se acercaba ellas.
La rubia no podía reaccionar: estaba en shock tratando de hacer reaccionar a su amigo muerto. Se escuchó un disparo de gas y una veloz silueta rebanó la nuca del titan haciéndolo caer. Eren, sin ganchos, logró apuntar y matar a la bestia de forma excepcional.
—¡Mataste a Naxos, maldito hijo de puta! —Los verdes ojos del soldado estaban fijos en la bestia de 35 metros que caminaba hacia ellos con tranquilidad.
El rostro del joven soldado estaba fruncido como nunca; una rabia inhumana colmaba sus venas de odio y ansias de matar. Su expresión era indescriptible.
—¡Armina! ¡Vamos a matar a esa maldita bestia! ¡Prepárate!
—P-pero Eren… Naxos —Sus piernas con dificultad la pusieron de pie, temblaban como gelatina.
—¡Esta muerto! ¡Nuestro Naxos está muerto y esa bestia es la culpable! —vociferó furioso—. ¡Tenemos que matarlo! No tengo ganchos, pero puedo propulsarme para distraerlo.
Ella no respondió. Su cuerpo se movió de forma lenta y torpe empuñando sus espadas. Eren la miró de reojo y creyó que lucharía a su lado sin importar el miedo. El soldado, guiado por la ira, se propulsó a toda velocidad liberando una cantidad de gas exagerada. Pero Amy no lo hizo, no pudo, su cuerpo estaba inmovilizado por el miedo y sus manos no respondieron. Cuando Eren se percató de eso, era demasiado tarde.
Con un solo objetivo del que preocuparse no fue difícil para el clase S atraparlo en su mano, aunque Eren logró rebanarlo un par de dedos en un intento fútil por escapar. Presa de esa enorme mano pudo ver los fulgurantes ojos azules del titan y su rostro. Un escalofrió lo recorrió al escuchar al titan hablar
—Te tengo, Sin Nombre. Eres mío —dijo el titan con una tenue voz.
—… ¿Que? —musitó Eren con los ojos desorbitados y el corazón casi detenido.
El titan abrió la boca y engulló al muchacho por completo, cerrando sus fauces de inmediato para que nada pudiera salir y todo en su interior muriera. Después de eso miró a las dos jóvenes soldados y las ignoró. Giró y con una simpleza a aterradora se alejó del campo de batalla corriendo.
—Eren… ¡Eren!
