Capítulo 66

Esa noche, durante la cena, Naruto y Tema ni se miraron.

Cada uno estuvo a lo suyo, hasta que, horas después, en el local adonde fueron a tomar unas copas, el policía no pudo más, y, tras ver cómo un tipo se acercaba a ella para decirle algo al oído, se puso a su lado y ella, fijando la vista en él, preguntó:

—¿Qué haces?

Sin moverse, él echó una ojeada al tipo y respondió:

—Bastante tengo con Shisui como para soportar a otro gilipollas.

A la joven le hizo gracia su comportamiento y, encogiéndose de hombros, indicó:

—Y luego me llamas a mí rarita.

Instantes después, cuando Sakura y Hanabi regresaron de la pista de bailar con sus parejas, se los quedaron mirando, y Naruto, al ver sus gestos de desagrado, explicó:

—Ese tipo estaba siendo desagradable con Tema; ¿acaso no puedo ayudarla a ahuyentar a los moscones porque sea la prometida de Shisuicito?

Las chicas asintieron, mientras Sasuke y Konohamaru miraban hacia otro lado. Estaba claro que Naruto no lo estaba llevando bien.

Entonces Tema, con aparente tranquilidad, dijo dirigiéndose a él:

—Anda, venga. Por salvarme del moscón, te invito a bailar. A ver si así se fija en ti alguna churri pechugona de largas piernas y cambias esa cara.

Sakura y Hanabi sonrieron, les encantaba sentir a Tema fuerte y segura, pero entonces Naruto respondió:

—No soy un mono de feria para que me exhibas. Además, yo no bailo estas polladitas románticas.

Divertida, Tema torció el gesto y cuchicheó con chulería, dirigiéndose a sus amigas:

—Como mono de feria, no tiene precio.

Naruto parpadeó, miró a sus amigos y, cuando iba a contestar, ella, con el desparpajo que sus amigas le exigían con los ojos, exclamó:

—¡Creo que he visto a un amigo de Shisui!

Al ver cómo Hanabi y Sakura reían, el policía maldijo. Cuando se comportaba de aquella manera, Tema lo desconcertaba.

Segundos después se les acercaron Suigetsu y Karin, y esta última, mirando a Sakura, dijo:

—Tenías razón, el tipo del fondo es Tom Cruise.

Suigetsu sonrió y cuchicheó a su mujer:

—Pero mi churri sólo tiene ojos para mí.

—Por supuesto —afirmó Sasuke divertido, haciéndolos reír a todos.

Ignorando a Naruto, todos comenzaron entonces a hablar, y él se sintió fatal.

¿Por qué había desaprovechado la oportunidad de bailar con ella?

¿Acaso era tonto?

El tipo que segundos antes se había acercado a Tema volvió a hacerlo, e, incapaz de quedarse de brazos cruzados, Naruto la cogió de la mano con decisión y dijo alto y claro para que todos lo oyeran:

—De acuerdo, chulita. Salgamos a la pista y bailemos para que otras mujeres se fijen en mí y se mueran por bailar conmigo.

Quienes rieron ahora fueron Konohamaru y Sasuke, y, cuando aquellos dos se fueron, Hanabi cuchicheó:

—Qué creído se lo tiene Mariliendre.

—Y tanto —afirmó Sakura.

Una vez en la pista, lejos de sus amigos, comenzaron a bailar la canción You & I, de Avant, y Naruto, mirando a aquella que lo estaba haciendo comportarse como un crío, murmuró:

—Si ese tipo vuelve a acercarse a ti una vez más, le parto la cara.

Tema sonrió. Sentir que era protector con ella le encantaba, pero, mirándolo, repuso:

—Olvídate de partir caras, Gordunflas.

Naruto sonrió finalmente al oírla, y murmuró:

—Qué bien lo pasamos, ¿verdad?

Recordando los días pasados en Cádiz, donde fueron ellos dos sin problemas, ella afirmó:

—Sí. La verdad es que sí.

Él la miró. En sus ojos veía que todavía sentía algo. Quizá todo no estaba perdido, e insistió:

—Todo podría volver a ser así, si tú quieres.

Evitando mirarlo, o lo besaría allí mismo, Tema musitó:

—Corta el rollo, que te conozco.

De nuevo, la frialdad.

Cada vez que ella mostraba esa parte fría e irreverente lo sacaba de sus casillas, pero calló. Era lo mejor.

Naruto, viendo que el tipo del fondo seguía mirando a Tema, bufó:

—Ese gilipollas no tiene por qué acercarse a ti y decirte cosas al oído; pero ¿quién coño se ha creído que es?

—Tranquilízate. ¿Por qué estás tan nervioso?

La impaciencia al geo le podía. Aquella incertidumbre lo estaba matando, e indicó:

—Yo no soy tú. No tengo tu paciencia y...

—Cállate y disfrutemos de la música —lo cortó ella.

Durante varios segundos, bailaron en silencio la sensual y divina canción mientras evitaban mirarse a los ojos para no besarse, hasta que Naruto, resoplando, murmuró:

—Yo no valgo para esto.

—¿Para qué?

—Para disimular.

Tema sonrió. Durante años, ella había tenido que valer para eso y para mucho más y, cuando notó que las manos de él la pegaban por completo a su cuerpo, lo detuvo e, intentando frenar el momento, cuchicheó:

—Eh, para...

—Joder, ¿por qué?

Haciendo un esfuerzo sobrehumano, la joven respondió:

—Porque que tú y yo lo pasemos bien en la cama no quiere decir que las cosas vayan a cambiar.

Al oír eso, el geo la miró.

—Yo no comparto, Tema. Tienes que decidir si estás conmigo o con él.

Ella no respondió. No podía. Pero él insistió:

—Y me toca las narices que Shisui sea tu acompañante en la fiesta de Dei. ¿Por qué no les dices que ahora estás conmigo?

Ella tampoco compartía, pero, dispuesta a que él aprendiera a recibir de su propia medicina, replicó:

—Porque no estoy contigo.

Ceñudo por lo difícil que se lo estaba poniendo a pesar de lo mucho que se estaba dejando pisotear, Naruto preguntó:

—¿Lo dices en serio?

—Sí.

—¡¿Sí?!

Tema resopló y, al ver que sus amigas los observaban, contestó:

—Vamos a ver, Naruto. El sexo entre nosotros es increíble. Me has dicho cosas preciosas que nunca pensé que serías capaz de decir, pero de eso a que estemos juntos... ¿No crees que va un mundo?

A él se le estaba acabando la paciencia, y siseó:

—¡Joder! ¿Me estás rechazando de nuevo?

—Estoy siendo sincera contigo, nada más.

Al policía le faltaba sólo un segundo para saltar por los aires cuando Tema, con una frialdad que le salió del alma, murmuró:

—Naruto..., te recuerdo que esto es lo que es.

Según dijo eso, con el corazón a mil, regresó junto a sus amigas. Al ver cómo él se quedaba con gesto hosco en medio de la pista, ellas sonrieron y, cuando Tema llegó a su lado, Hanabi le preguntó:

—¿Qué le pasa al troglodita?

La joven, con la boca seca por lo que había tenido que decir, dio un trago a su bebida y, mirando a aquéllas, que la observaban, indicó:

—Que se cree el rey del corral, cuando tan sólo es un pollo más.

Hanabi y Sakura sonrieron. Sin duda Tema lo estaba haciendo fenomenal. Enfadado por las palabras de aquélla, Naruto regresó con sus amigos y, al verla hablando animadamente con las chicas, se apoyó en la barra.

—¿Qué ha pasado? —le preguntó Sasuke.

Naruto dio un trago a su bebida y respondió:

—Que yo no tengo paciencia para esto. Eso es lo que ha pasado.

Su amigo sonrió, y Konohamaru, que lo había oído, dijo mirándolo:

—Amigo..., la paciencia no debe faltarte para conquistar a una mujer. No puedes pretender que Tema olvide todo lo que ha ocurrido de un plumazo. Ellas tienen un estupendo ordenador de última generación en la cabeza que hace que no olviden nada de lo que les dolió en el pasado.

Sasuke asintió. Konohamaru tenía más razón que un santo y, viendo a su mujer cuchichear con aquéllas, preguntó al notar que Tema los miraba con disimulo:

—Naruto, tú ya le has dicho lo que sientes por ella, ¿verdad?

—Sí —respondió él, omitiendo lo de fugarse a Las Vegas.

—Pues entonces mi consejo es que le des tiempo —añadió Sasuke—. Ella decidirá.

El geo asintió.

El tiempo, la paciencia y sus sentimientos lo estaban descabalando como nunca en su vida, por lo que decidió hacer caso de sus amigos y no volvió a acercarse a Tema.

Esa madrugada, cuando llegaron, una vez que la casa quedó en silencio, Tema sintió que necesitaba estar con Naruto y esperó a que él fuera a su habitación.

Pero el tiempo pasaba, pasaba..., pasaba, y él no acudía.

Recordar las cosas que le había dicho aquel día abriendo por completo su corazón la tenía totalmente descolocada, y decidió ser ella la que diera el siguiente paso. Así pues, sin dudarlo, salió de su habitación y fue a la de él con sigilo.

Al entrar, lo halló sentado en la cama. Sus ojos se encontraron, y él dijo:

—Si no hubieras venido en cinco minutos, iba a ir yo.

Ella sonrió y, caminando hacia el hombre que adoraba, se tumbó sobre él, y con mimo y deseo se hicieron el amor.