Capítulo 67

El día siguiente fue una locura para Naruto y Tema.

Durante el día se hablaron poco, aunque en algún momento intentaron encontrarse en algún rincón de la casa donde besarse como locos, y por la noche esperaron a que todos se durmieran para visitar la habitación del otro.

Tema, consciente de que estaba jugando a un juego muy peligroso, cada vez se sentía peor. Mentirle a Naruto era cada día más complicado, y temía su reacción cuando se enterase de la verdad.

Pero si de verdad él la quería como decía, ¿debía temer algo?

La mañana del cumpleaños de Dei, éste estaba como loco. El timbre de la puerta sonaba constantemente y no paraban de llegar ramos de flores y regalos.

—Por Dios —se mofó Hanabi—, pero si la cocina parece una floristería.

Feliz, él leyó la tarjeta del último ramo recibido y, dejándolo junto a los otros, cuchicheó:

—Es de Gerard Butler. ¡Me adora!

Al oírlo, Hanabi lo miró expectante, y él afirmó:

—Sí. ¡Vendrá!

Contenta, ella estaba dando saltos de alegría cuando Konohamaru entró y, al verla, preguntó:

—¿Qué te ocurre?

Divertida, la joven respondió, mientras le guiñaba un ojo a Dei:

—¡Estoy estirándome para la fiesta!

Konohamaru sonrió. Su chica era tremenda.

Entonces Sasori entró acompañado de Tema y Sakura, y Dei cuchicheó, mirándolo:

—Hola, my loveeeeeeeeeee.

Sasori le dio un beso en los labios a su amor. Dei lo era todo para él, y con una sonrisa cómplice, tras mirar a las chicas, anunció:

—Cariño, tu regalo te espera en la entrada.

Sorprendido, él se llevó las manos al cuello y preguntó:

—¿Tan grande es?

Sasori sonrió y, guiñándole el ojo, indicó:

—Ve y tú mismo lo verás.

Encantados, todos se dirigieron a la entrada, donde estaban Naruto y Sasuke, y Dei, al verlos, susurró con una sonrisa:

—Si me vais a hacer un striptease, please!, traedme una silla, porque creo que me voy a desmayar.

Todos rieron, y entonces Naruto, que tenía las manos a la espalda, las alzó hacia él, y Dei, al ver aquella bolita blanca de pelo, tembló y murmuró:

—¡Noooooooooooooooo..., que me lo comoooooooooo..., que me lo comooooooooooooo!

Ante él tenía el cachorro de pomerania blanco que siempre había deseado y, acercándose, se lo cogió con delicadeza a un sonriente Naruto.

—Ahora —indicó Tema— ya puedo contarte que lo que tú veías como un ligoteo entre Harry Goodman, el camarero, y Sasori no era para nada lo que imaginabas. Harry y su marido tienen dos pomerania blancos e iban a tener cachorritos, y Sasori se interesó por ellos para regalarte uno a ti.

Emocionado, Dei abrazó a su nuevo bebé y, mirando a Sasori, murmuró:

I'm sorry..., I'm sorry..., I'm sorry por pensar tonterías.

Su chico sonrió y, acercándose a su amor, volvió a besarlo. Luego, tocando la cabecita del cachorro, señaló:

—No te cambiaría por nadie, cariño. Y siento mucho que sufrieras esos días.

Enternecido por las palabras de Sasori, su amor y su pianista preferido, Dei lo abrazó y luego este último dijo:

—Es una bebita, a la que falta que le pongas nombre.

Marilyn... Se llamará Marilyn, en honor a la Monroe —afirmó él.

Pero, al abrazar de nuevo a la perrita, algo chocó contra su cara y, al mirar y ver lo que vio, se quedó perplejo; entonces Sasori lo cogió y, arrodillándose ante el hombre de bata dorada, declaró:

—Cariño, sé que estos días, rodeados de tanto amor, me has confesado algo que yo nunca imaginé, y por eso, y porque te quiero como nunca voy a querer a nadie, deseo preguntarte si me harías el honor de casarte conmigo y ser mi marido.

Eso fue una sorpresa para todos, y más para Dei, al que estuvo a punto de caérsele el cachorro de las manos a causa de la impresión.

Sakura, al ver el nerviosismo de su primo, se apresuró a cogerle a Marilyn. Dei, que nunca se quedaba sin palabras, se arrodilló junto a Sasori y, dejándose poner aquel anillo de diamantes tan espectacular, respondió sin dudarlo:

My love, ¡claro que quiero casarme contigo!

De nuevo, la pareja se abrazó con un «¡Ohhhh!» general de todos, que aplaudían encantados, mientras Naruto y Tema se miraban y sonreían. Sin duda, aquel momento se les quedaría clavado en el corazón.

Veinte minutos después, Dei seguía como en una nube.

Ya no le importaba su cumpleaños, ahora le importaba su boda, y estaba hablando sobre ésta cuando llamaron a la puerta y llegó el servicio de catering.

A partir de ese instante, todo se volvió un caos.

Histérico, Dei no paraba de dar órdenes con su Marilyn en brazos, mientras todos intentaban ayudarlo para que su fiesta, un año más, fuera todo un éxito.

A las seis de la tarde, una vez que estuvo todo listo, Tema entró en su cuarto para ducharse y, al hacerlo, comprobó que Naruto la esperaba dentro.

Un beso...

Dos...

Siete...

Besarse se había convertido en lo más deseable del mundo, y él la miró y dijo, sabiendo que en breve Shisui estaría allí:

—Decidí abrirte mi corazón porque vales la pena. Eres sincera, cariñosa, noble... Eres lo mejor que me ha pasado, y tengo una gran necesidad de compartir un futuro contigo. Yo no puedo ofrecerte diamantes, ni yates, ni casas en Aspen o en Canadá. Pero sí te prometo magia, cariño, felicidad y, si no es así..., espero que me abras la cabeza. —Ambos sonrieron, y él añadió—: Ahora sólo quiero que lo pienses, que lo valores, y que, cuando aparezca Shisui, tengas muy claro si lo quieres a él o me quieres a mí.

Boquiabierta, ella lo miró. El romanticismo era algo que nunca habría esperado de Naruto, pero, tras lo que había dicho, estaba claro que era romántico, y mucho.

Segundos después, tras un último beso, él murmuró:

—Ahora te dejo. Te veo en la fiesta.

Y, dándole otro rápido beso, se fue dejando a Tema sin palabras.

Después de ducharse, la joven se alisó el pelo con la plancha de Dei y se puso el vestido negro que habían comprado tiempo atrás y, al ver que se le ajustaba como un guante, sonrió.

Sin dudarlo, se colocó unos pendientes grandes y el collar de piedras rosáceas que su amigo le había regalado y, en cuanto acabó, se miró en el espejo y, contemplando el bonito anillo que llevaba en el dedo, susurró:

—Hoy es la noche. Tiene que ser la noche.

Nerviosa, tras acabar de maquillarse, se puso sus zapatos negros de tacón y, cuando salió del cuarto, se cruzó con Sasuke, que, mirándola, silbó y musitó:

—Madre mía, Tema, ¡estás espectacular!

Con una sonrisa, la joven se lo agradeció y, guiñándole el ojo, prosiguió su camino.

Los invitados comenzaron a llegar y, encantada, ella ayudó a Dei y a Sakura a recibirlos.

Haber estado aquellos últimos meses viviendo allí había hecho que ya conociera a muchas de aquellas personas que entraban en casa y la saludaban con auténtico cariño.

Naruto, por su parte, tras darse una ducha que lo ayudó a templar sus nervios, y escuchar divertido las correrías de Idate con la chica con la que había estado en los últimos días, se vistió con un pantalón gris claro y una camisa negra.

Estaba mirándose en el espejo cuando Konohamaru entró en la habitación y los tres comenzaron a hablar de sus cosas.

Una hora después, cuando el trío bajó a la fiesta, la casa estaba llena de gente, y Idate murmuró, al ver a unas preciosas chicas:

—Madre mía..., qué muñequitas.

Konohamaru y Naruto sonrieron, y Sasuke, acercándose a ellos, comentó:

—Esto va a ser una locura. Lo estoy viendo.

Todos rieron y entraron en el salón, donde la música sonaba a todo trapo y gente de lo más variopinta se divertía mientras reía, bailaba y comía.

Hanabi y Sakura se reunieron entonces con los chicos, y la primera, mirando a aquellos cuatro armarios empotrados, afirmó:

—Ole y ole, ¡que viva el producto nacional!

Naruto, sorprendido de que su piropo lo incluyera a él también, iba a decir algo cuando Hanabi matizó:

—Y, sí, tú también estás incluido, Mariliendre.

Konohamaru sonrió junto a su amigo mientras la abrazaba. Le gustaba saber que su chica, por una vez, era amable con aquél.

Pero, de pronto, Hanabi pegó un chillido y Konohamaru, mirándola, preguntó:

—¿Qué ocurre?

—¡Gerard Butlerrrrrrrrrrrrrr! —gritó encantada.

A escasos metros, el guaperas del cine americano entraba con un regalo en las manos, y Sakura, consciente de lo que su cuñada sentía por aquél, dijo agarrándola:

—Ven. Te lo presentaré.

Konohamaru iba a decir algo cuando Hanabi le explicó:

—Ahora vengo, cariño. Ve tomándote una copita.

Molesto por aquello, él se disponía a protestar, pero Sasuke, divertido, comentó dándole un empujón:

—Tranquilo..., es un tipo muy majo y no habrá problema.

Konohamaru asintió e, intentando entender que era el actor preferido de Hanabi, afirmó:

—Dejaremos que alucine un rato antes de que regrese a la cruda realidad.

Divertidos, los cuatro se dirigieron entonces hacia una barra, donde pidieron algo de beber; de pronto, Naruto se fijó en una chica que había sentada al fondo del gran salón, dándole la espalda, mientras hablaba con un grupo de gente.

Aquel cuerpo...

Aquel vestido...

Aquella figura...

Aquel pelo...

La boca se le resecó al darse cuenta de que era Tema. Sólo con lo que veía ya intuía que estaba preciosa.

Con delicia, recorrió con la mirada aquella espalda que el escote del vestido mostraba, y se excitó al pensar en cómo se lo quitaría mientras sus manos recorrían su sedosa piel.

Estaba atontado mirándola e imaginando cuando, de pronto, ella se puso en pie y, levantando los brazos, se abrazó y se besó con el recién llegado, que no era otro más que Shisui.

Naruto se puso tenso de inmediato.

Sintió el impulso de ir a partirle la cara, pero, en vez de eso, se quedó donde estaba y, refrenándose, observó cómo Tema reaccionaba ante aquél, y su cabreo aumentó al ser consciente de cómo se cogían de las manos y hablaban entre risas.

Estaba agarrándose al borde la barra cuando Sasuke, que lo miraba a su lado, musitó:

—Tranquilo, y cambia esa cara.

Naruto cogió aire y le hizo caso, pero, en cuanto aquéllos desaparecieron de la vista de todos, le entró un no sé qué por el cuerpo y, cuando se disponía a seguirlos, su amigo lo detuvo.

—No. Ni se te ocurra.

Naruto cerró los ojos.

Perderlos de vista y no saber qué podían hacer lo martirizaba, aunque algo en él le decía que tenían que hablar. Tema debía reaccionar.

Shisui y Tema entraron en la habitación, y él afirmó, mirándola:

—Estás preciosa, ¡despampanante!

—Gracias. —Ella sonrió.

Pero el mexicano, que ya la iba conociendo, preguntó al ver su gesto:

—¿Qué te ocurre?

Ella cerró la puerta sin soltarlo de la mano. Luego lo dirigió al baño para más seguridad y, una vez que hubo cerrado también la puerta, respondió:

—Ay, Shisui..., que Naruto se me ha declarado.

—¡Nooooo!

—Me ha dicho cosas tan bonitas que jamás pensé que algo así podría salir de su boca, y yo... yo... no he podido resistirme.

Sin sorprenderse mucho, él sonrió. Naruto había hecho lo que tenía que hacer.

—Pero eso es fantástico, ¿no?

—No lo sé.

—¿Cómo que no lo sabes? —preguntó extrañado.

La joven negó con la cabeza y, mirándolo con cara de circunstancias, cuchicheó:

—A pesar de lo que me ha dicho, no le he contado la verdad.

—Temari..., pero ¿a qué esperas?

La joven cerró los ojos y, cuando los abrió, susurró descolocada:

—Sólo lo sabes tú. Me da pánico contárselo a Sakura y a Hanabi.

Divertido, Shisui la miró.

Estaba claro que Naruto no había perdido el tiempo, como había supuesto que haría, y tampoco le había hablado de su encontronazo.

—Escúchame, Temari —dijo, sentándose en el borde de la bañera—. Aquí lo importante eres tú y lo que tú deseas. Lo que piensen Sakura y Hanabi es secundario, porque se trata de tu vida, de tus sentimientos y de tu amor, ¿entendido?

La joven asintió y, retorciéndose las manos, murmuró:

—Pero estoy confusa, terriblemente confusa, porque no sé si lo que le ocurre es porque sabe que estoy contigo o porque lo siente de verdad. ¿Y si cuando regresemos a España y tú no estés vuelve a ser el mismo de siempre?

Shisui no supo qué responder, y entonces ella insistió:

—¿Y si le digo que lo nuestro es mentira y...?

—Si de verdad te quiere, lo entenderá.

Tema resopló. Naruto era muy orgulloso, y más tal y como se había abierto a ella, por lo que no las tenía todas consigo.

—Todos los días me pide que me olvide de ti —afirmó—. Todos los días me recuerda lo especial que soy para él y...

—Temari —la interrumpió—, ¿y por qué no le has dicho que tú sientes lo mismo que él?

—Porque no sé cómo hacerlo. Se supone que organizamos esta mentira para separarlo de mí, pero, incomprensiblemente, el efecto ha sido el contrario.

—Ya te dije yo que te miraba de una manera especial —se mofó él.

Tema sonrió. Sin duda, Shisui tenía ojo para aquello.

—Estoy muy agobiada —declaró.

—¿Por qué?

—Porque, por un lado, está él y, por otro, mis amigas. Y siento que, haga lo que haga, decepcionaré a alguno de ellos.

Shisui la entendía. Su posición no era fácil, pero, consciente de algo, dijo:

—Pero es a ti misma a quien no debes decepcionar. Ellas, con toda su buena intención, intentaron ayudarte. Deben entender que tú eras la que estaba en el medio y la que sin duda debía decidir. Mira, Temari, el amor es magia, y cuando esa magia se siente por ambas partes, sería muy tonto desaprovecharla.

Angustiada por ver hasta dónde había llegado aquel jueguecito de la mentira, la joven se sentó junto a Shisui y, mirándolo, murmuró:

—¿Crees que debo arriesgarme?

—Sin duda. Como asegura el dicho, el que no arriesga no gana, y la magia del amor es para vivirla y disfrutarla.

Ella sonrió y, a continuación, quitándose el precioso anillo de diamantes, señaló:

—Esto es tuyo.

El mexicano miró la joya, y ella insistió:

—No. No me la voy a quedar. Cógela o te juro que la tiro por la ventana.

Él sonrió y, cogiendo la sortija, se la metió en el bolsillo. Luego, tras besar a Tema en la mejilla, susurró:

—Sólo espero que el tal Naruto te haga muy feliz o, de lo contrario, se las verá conmigo.

Ambos sonrieron. Hablar entre ellos siempre era fácil; a continuación ella asintió:

—De acuerdo. Esta noche hablaré con él. Creo que se merece una explicación.

Shisui le cogió la mano y, besándole los nudillos, afirmó:

—Pero, hasta que hables con él, ¿qué te parece si lo pasamos de lujo?

Diez minutos después, felices y divertidos, Shisui y Tema bailaban, hablaban y se divertían cogidos de la mano mientras Naruto los observaba y se encendía más y más a cada segundo que pasaba.