Capítulo 68
La fiesta estaba siendo un auténtico suplicio para Naruto.
Ver a Tema, tan bonita, divirtiéndose con aquél le estaba resultando muy complicado y, si no hubiera sido por sus amigos, sin duda habría aflorado su lado macarra.
Pero cuando Idate bebió más de la cuenta y comenzó a ponerse patoso con las mujeres, con la ayuda de Konohamaru, Naruto lo llevó a la habitación, donde permaneció durante horas ocupándose de aquel idiota mientras intentaba evitar que regresara abajo y la liara.
Sobre las cuatro de la madrugada, cuando su amigo se durmió, Naruto volvió al salón. Los últimos invitados se habían marchado, y ya quedaban únicamente los amigos de siempre y Shisui.
Al verlo tras haber estado toda la noche desaparecido, Tema se acercó a él con sutileza y le preguntó:
—¿Por qué no has bajado antes?
Naruto la miró. Las dos veces que había bajado la había visto bailando muy divertida con Shisui, y con dureza respondió:
—¿Para qué? Por lo que he visto, te lo estabas pasando muy bien.
Tema suspiró.
¿Por qué siempre tenía que ser todo tan difícil con él?
Dei seguía subido en su nube particular, como él decía, y Sakura, tras un gesto de sus amigos, sonrió y, tendiéndole algo al cumpleañero, declaró:
—Y éste es el regalo del grupo. Esperamos que te guste.
Él lo cogió excitado, lo abrió y vio una foto de todos junto con un vale que decía:
Vale por una luna de miel de dos semanas en el sitio que tú quieras.
Te queremos.
Emocionado, se llevó una mano a la boca y murmuró:
—I love you! I love you..., I love you..., I love you...
Todos rieron, y Shisui añadió:
—Y a eso tenéis que sumarle mi jet privado para que os lleve y os traiga.
Dei y Sasori se miraron encantados por su maravilloso ofrecimiento, pero Naruto, hastiado y tremendamente cabreado, soltó:
—Hombre..., no podía faltar su jet privado.
Su comentario burlón hizo que todos lo miraran, y Hanabi replicó:
—¿Y a ti qué te pasa?
A pesar de ver la reacción de Naruto y cómo Shisui la miraba animándola a que lo cogiera de la mano, se lo llevase y hablase con él, Tema no se movió.
—¿Tienes algo que objetar a mi regalo? —inquirió el cineasta tomando la iniciativa, al ver que Tema no reaccionaba.
Naruto se levantó y, acercándose a él, replicó:
—La verdad es que sí.
Pero, antes de que nadie pudiera hacer nada, el geo le soltó un derechazo que hizo que el mexicano cayera sobre los sofás mientras siseaba:
—Te dije que o se lo decías tú o se lo decía yo y, por lo que veo, no se lo has dicho, ¿verdad?
Shisui, enfadado porque aquél le hubiera partido el labio otra vez, al ver la sangre en su boca, se lanzó contra él, haciendo que las chicas y Dei chillaran.
Como pudieron, Sasuke y sus compañeros se metieron entre ellos para separarlos, pero Naruto estaba fuera de sí.
Ya no podía más.
Su límite de tolerancia, de paciencia..., de todo, ¡se había acabado!
Llevaba toda la noche sufriendo al comprobar que ella no lo buscaba, que sin duda ya había elegido con quién quería compartir su vida, y eso había terminado de calentarle la sangre. Así pues, cuando Sasuke lo sujetó, mientras Suigetsu contenía a Shisui, Naruto gritó:
—¡¿Le has dicho a ella que se la estás pegando con otra mujer?!
Tema, descolocada, abrió mucho los ojos, y entonces Naruto, mirándola, añadió:
—Aquí, el que te regala diamantes, el que quiere casarse contigo, se lo pasa estupendamente con otra en un hotel..., ¿te lo ha dicho?
La joven no supo qué responder, y Shisui, molesto, siseó:
—Lo que yo hable o no hable con ella no es asunto tuyo.
De nuevo, los dos titanes se enzarzaron, tirando por tierra vasos, platos y mesas.
Horrorizado, Dei chilló al tiempo que Sasori lo apartaba para que aquellos brutos no lo lastimaran.
El salón se convirtió en un campo de batalla mientras todos intentaban frenar a aquellos dos, que se peleaban, hasta que al final Tema gritó:
—¡Basta! ¡Basta ya!
Pero nadie le hacía caso; una vez más, los chicos consiguieron parar la pelea, y Hanabi, enfadada, exclamó, mirando a Naruto:
—¡Eres una mala bestia! ¿Has visto lo que has hecho?
—Por el amor de Diorrrr..., ¡cuánta testosterona junta! —gruñó Dei, refiriéndose a aquellos dos.
Naruto miró a Shisui, que era atendido por las mujeres, y cuando iba a decir algo, Sakura le espetó:
—Naruto, eres un bruto.
Desconcertado porque aquéllas no se sorprendieran por lo que acababa de soltar con respecto a lo que había descubierto, iba a hablar cuando Konohamaru intervino:
—Naruto acaba de decir que ese tipo se la está pegando a Tema con otra, ¿y os ponéis de su lado?
—Madre mía..., madre mía... —susurró Dei horrorizado.
Descolocada por lo ocurrido, Tema no podía moverse de donde estaba. Su cuerpo había entrado en estado de shock.
—¿Y hay que hacerle caso a un tipo como Naruto? —replicó Sakura—. ¡Por favor, lo que hay que oír!
—¡¿Qué?! —bramó él ofendido.
Sasuke, sorprendido al oír aquello de su mujer, dio un paso adelante y gruñó:
—El que no entiende aquí nada soy yo.
Para echarle una mano a su cuñada, Hanabi afirmó entonces:
—Mira, lo que está claro es que Naruto, al ver que Tema está enamorada de Shisui, la ha tomado con él. ¿O es que no te das cuenta?
Al ver que su mujer iba a decir algo, Suigetsu la miró y ésta calló. Era mejor que no se metiera.
—Y mira —prosiguió Hanabi—, prefiero que mi amiga esté con un hombre como Shisui a verla con un macarra como Naruto.
—¿Aunque la engañe? —preguntó Sasuke sorprendido.
Naruto maldijo. Que hablaran de él lo estaba sacando de sus casillas, pero que lo cuestionaran ya era el colmo de los colmos. Sin embargo, cuando iba a protestar, Konohamaru preguntó molesto, mirando a su chica:
—¿En serio el dinero lo vale todo?
A partir de ese instante, todo el mundo empezó a hablar, a opinar, a gritar... Todos menos Naruto, Tema y Shisui, que escuchaban en silencio cuanto se decía a su alrededor.
Sasuke se encaró con su mujer; Konohamaru, con Hanabi. Cada uno defendía su postura con tanta convicción que finalmente Tema no pudo más y gritó:
—Es mentira. ¡Todo es mentira!
—Oh, my God... —cuchicheó Dei asustado.
Las palabras de Tema atrajeron la atención de todos, y Sasuke le preguntó:
—¿Qué es mentira?
La joven se retiró el pelo de la cara y respondió:
—Que Shisui y yo estemos juntos. Es mentira.
—¡¿Qué?! —exclamó Naruto descolocado.
Tema, fuera de sí y con todos los ojos fijos en ella, prosiguió, mirando al hombre que adoraba:
—Quería desengancharme de ti. Necesitaba hacerte ver que yo también puedo enamorarme de otra persona y ser feliz. Por eso, cuando las chicas y yo urdimos un plan para...
—¿Que urdisteis un plan? —preguntó Sasuke boquiabierto.
Sakura, al ver que todo se estaba destapando, declaró, clavando la vista en su marido:
—Nos inventamos que Shisui y ella tenían algo para...
—¡¿Qué?! —gruñó Konohamaru, mirando a Hanabi.
De nuevo se desató el caos en el salón, mientras Dei se abanicaba con la mano al borde del desmayo.
Todos hablaban.
Todos gritaban.
Todos opinaban, hasta que Naruto, mirando a una desencajada Tema, le soltó:
—Yo, abriéndote mi corazón, diciéndote todas las gilipolleces románticas que siempre quisiste oír, y tú..., ¿riéndote de mí con tus amigas?
Tema se apresuró a negar con la cabeza.
—No. Ellas no saben nada.
Al oírla, Hanabi parpadeó y preguntó sorprendida:
—¿Que no sabemos qué?
Tema cerró los ojos.
Aquello se le había ido de las manos; entonces Sasuke, consciente de lo que ocurría, siseó con la voz cargada de furia:
—En resumidas cuentas, nosotros ayudando a Naruto a que conquistara a Tema, y vosotras, alejándola de él.
Sakura, boquiabierta al oír a su marido, preguntó:
—¿Que vosotros habéis ayudado a Naruto? ¿A qué?
—A conquistar a Tema..., ¿estás sorda? —repitió Sasuke.
—Por el amor de my life... —dijo Dei, tapándose la boca.
Instantes después, Sasuke y Sakura comenzaron a discutir, mientras Tema y Naruto se miraban sin hablar y Shisui resoplaba. Sin duda, allí se estaba liando una buena. Konohamaru, junto a su amigo, se fijó en su chica, que los observaba con gesto hosco, y cuando fue a hablar, ella le espetó:
—¿Has estado ayudando a ese cenutrio a que conquistara a Tema?
—Sí, y no es un cenutrio —replicó Konohamaru.
Desconcertado por todo, al ver el cariz que estaba tomando la situación, Naruto se disponía a intervenir cuando Hanabi siseó, señalándolo.
—Y tú no pienses que vas a ser el padrino de mi boda, porque si...
—Pues no habrá boda. Se cancela desde este mismo instante —sentenció Konohamaru, quitándose el anillo y dándoselo de malos modos.
Al decir eso, todos se callaron en el salón, y Naruto murmuró, dirigiéndose a su amigo:
—Deja de decir gilipolleces, Konohamaru.
Pero aquél, enfadado, miró a una descolocada Hanabi y afirmó:
—Te quiero, pero hay ciertas cosas que no voy a permitir ni a ti ni a nadie.
Todos lo miraron, y cuando Sasuke iba a intervenir, él añadió:
—La otra vez me rechazó ella. Esta vez la rechazo yo.
—¿La otra vez? —preguntó Sakura sorprendida.
—¿Qué otra vez? —murmuró Karin.
—¡Qué scandal! —farfulló Dei, sentándose en el sofá.
Hanabi suspiró y, al ver cómo todos la contemplaban a la espera de una explicación, musitó:
—Cuando me fui a Argentina fue porque Konohamaru me pidió que me casara con él y yo lo rechacé.
—Oh-my-God! —gritó Dei, y, dirigiéndose a Sasori, cuchicheó—: Creo que me estoy mareando.
—Tranquilo, cielo. Tranquilo —susurró aquél.
—¡¿Qué?! —gruñó Sasuke, y, mirando a su hermana, masculló—: ¿Y por qué me dejaste creer que lo habías pillado tonteando con otra mujer?
—Eso se lo inventó él. Fue cosa suya —replicó Hanabi.
Todos observaron a Konohamaru, y como éste no respondía, Naruto aclaró:
—Prefería que pensarais eso a que supierais la humillación que vivió. Bastante tuvo con su rechazo y con su marcha como para que, encima, cualquiera de vosotros se enterara de la verdad.
—¡Joder, macho..., yo lo flipo! —remugó Suigetsu.
Todos se miraban sin dar crédito; entonces Naruto añadió, dirigiéndose a Shisui:
—Siento ser tan bruto y haberte golpeado hoy y el otro día.
—¿Qué otro día? —preguntó Suigetsu.
Shisui sonrió y musitó:
—Espero que mi golpe en las costillas te demostrara que yo también sé golpear.
—No me jodas —farfulló Sasuke, recordándolo.
Al oír eso y saber a cuándo se refería, Tema soltó:
—¿Y por qué no me lo dijisteis?
Shisui se encogió de hombros y repuso:
—Olvídate de eso y habla con Naruto.
Ella asintió y, cuando miró al aludido, éste dijo, levantando las manos:
—No. Ahora no tengo capacidad para hablar contigo.
—Naruto..., escucha...
Pero el policía, dando un paso atrás, le espetó delante de todos:
—Te abrí mi corazón..., ¿y tú has estado riéndote de mí?
—No, Naruto..., te juro que...
Él no la creía.
—Lo has pasado bien con tus amiguitas, ¿verdad?
Sakura y Hanabi se miraron, y la primera dijo:
—Ella no nos contó nada.
Naruto sonrió, no podía creerlas, y, preguntó a Dei:
—¿En serio que tú tampoco te fuiste de la lengua después de lo que viste?
El cumpleañero, al recibir las miradas de sus amigas, suspiró e indicó:
—Pues no..., ¡he estado bien calladito! Y ni te imaginas lo que me ha costado.
—Anda, que ya os vale —protestó Hanabi dirigiéndose a Naruto y a Tema.
Él sonrió con amargura y, con gesto cansado, murmuró, al ver que la mujer de Sasuke iba a decir algo más:
—Sakura, ¡ya basta! Puedes creer que soy tonto, pero te aseguro que no me chupo el dedo.
—No les expliqué nada. Te lo juro, tienes que creerme —insistió Tema.
Un extraño silencio se hizo entonces en el salón.
El bonito día de cumpleaños había acabado fatal, y Sasuke, tomando las riendas, dijo a su amigo:
—Creo que Tema y tú tenéis que hablar.
Naruto quería negarse, pero le resultó imposible.
Con la ayuda de Shisui, Sasuke sacó entonces a todo el mundo del salón y, cuando se quedaron solos Tema y Naruto, ella le aseguró:
—Te prometo que lo que ocurrió entre nosotros sólo lo sabíamos tú y yo.
Él no respondió nada, sólo la miró, y ella, nerviosa, insistió:
—Naruto, creo que...
El policía se movió y, sin dejarla hablar, replicó:
—Estoy tan saturado de todo ahora mismo que lo mejor es que no diga nada.
Ella suspiró y, entendiendo lo que decía, murmuró:
—Sólo necesito que sepas que te quiero, que este vestido me lo he puesto por ti y no por él, y que le he devuelto el anillo porque te escogí a ti.
Naruto la miró. Vio que aquel anillo ya no estaba en su dedo, pero, incapaz de razonar, siseó:
—Tema, me conozco y sé que soy un bocachancla cuando estoy enfadado, y te aseguro que ahora mismo lo estoy y mucho. Por tanto, pospongamos esta conversación para otro momento en el que sea capaz de razonar, ¿de acuerdo?
Sin querer llevarle la contraria, a pesar de la necesidad que sentía de hablar con él, la joven asintió. Más tarde, después de un rato en el que ambos permanecieron en silencio, sin tocarse, ni mirarse, Sasuke entró en el salón seguido de todos y, mirándolos, dijo con el teléfono en la mano:
—Es mi padre.
—¡¿También tu padre quiere opinar sobre esto?! —gritó Naruto malhumorado.
Sasuke no se lo tomó a mal. Sabía lo nervioso que estaba su amigo y, dirigiéndose a Tema, indicó:
—Debes regresar urgentemente a España. Ha ocurrido algo en la casa de tus abuelos por culpa de tu tía Gazeru.
Tema cerró los ojos. Procediendo de aquella mujer, sin duda no sería nada bueno.
—Llamaré al aeropuerto para que preparen mi jet privado —dijo entonces Shisui, saliendo del salón junto a Sasori.
La joven asintió y, mirando a Naruto, iba a decir algo cuando éste le soltó:
—Ya lo has oído. Vete en su jet privado.
—Naruto...
—¡Márchate! —espetó él.
Oírlo decir eso con tanta rabia le partió el corazón, y Sakura, acercándose a él, lo reprendió:
—Naruto, por el amor de Dios, ¡quieres dejar de ser tan burro!
Él no respondió, y Sasuke, enfadado con su mujer, indicó:
—Regresa con Tema a España. Yo volveré con Naruto en un vuelo regular.
A Sakura la fastidió el modo en que se lo dijo, y, cuando a aquéllos se le unieron Konohamaru y Suigetsu, Hanabi replicó enfadada:
—Pues no se hable más.
Una vez que Tema, Sakura y Hanabi, seguidas por un desolado Dei, salieron del salón para preparar sus maletas, Suigetsu miró a su mujer, que había estado ajena a todo aquello. Se acercó a ella y, tras darle un cariñoso beso en los labios, le dijo:
—Churri, ve con las chicas, sé que te gustará montar en un jet privado.
Ella sonrió y, guiñándole el ojo, se encaminó de inmediato a hacer las maletas.
Cuando los hombres se quedaron solos en el salón, Suigetsu iba a hablar, pero Konohamaru le espetó malhumorado:
—Desconecta el modo capullo si no quieres pillar.
Aquél cerró la boca, y en ese momento Sasuke preguntó a Naruto:
—¿Estás bien?
Él, con un gesto de desolación absoluta, negó con la cabeza y murmuró:
—No, y si es posible, no quiero hablar.
Los demás se miraron y, respetando la decisión de su amigo, nadie volvió a mencionar el tema.
