Capítulo 69
El viaje de regreso a España estaba siendo tan caótico como las últimas horas vividas en Los Ángeles.
Durante el trayecto, Sakura, Hanabi y Karin no pararon de hablar, hasta que Shisui, cansado por el tercer grado al que estaba siendo sometida Tema, le pidió a ella:
—¿Qué tal si reaccionas de una vez y les dices algo?
Al oírlo, ella lo miró y, como si le hubiera echado encima un jarro de agua fría, se irguió en el sillón del jet y dijo, mirando a sus amigas:
—Os quiero. Os agradezco todo lo que hacéis por mí, pero, por favor, ¡basta ya!
Todas se callaron al oírla, y Tema prosiguió:
—Me siento fatal por todo... Por Naruto, por Shisui, porque vosotras hayáis discutido con vuestras parejas y por haberle jorobado a Dei su fin de fiesta, y sólo espero que todo se solucione.
—Tranquila —afirmó Karin.
—Y, en cuanto a lo ocurrido con Naruto —prosiguió—, no pretendo ser borde ni antipática con vosotras; os quiero con todo mi ser, pero he de deciros que estoy locamente enamorada de él, y que tiene un interior maravilloso, que, por suerte o desgracia, sólo conozco yo. Y... y sólo espero que, una vez que se haya tranquilizado, me dé la oportunidad de hablar con él, porque ese hombre, después de las cosas que me dijo, merece la pena. Y merece la pena porque lo quiero, me quiere, me conoce y porque, sin duda, creo que puede hacerme feliz. Y si yo respeto tu relación con Konohamaru, por muy loca que ésta sea —añadió, mirando a Hanabi—, sólo espero que tú respetes la mía, y lo mismo va para vosotras dos.
—Por supuesto —afirmó Karin.
—En la vida, cada uno tiene derecho a ser feliz —continuó Tema—, a equivocarse o a rectificar. Y, como me dijo un buen amigo, cuando la magia surge entre dos personas, no hay que desaprovecharla. Y yo esa magia sólo la he sentido con Naruto.
Shisui sonrió, y ella, tapándose con una mantita, finalizó:
—Y ahora, quiero dormir y descansar y no seguir siendo sometida a un tercer grado, ¿de acuerdo?
Las tres mujeres asintieron, y Sakura murmuró sonriendo:
—Descansa, cielo, y no te preocupes por nada.
Tema sonrió, y, después de que Karin le guiñase un ojo, Hanabi se acercó a ella y la abrazó.
—Te quiero, ¿lo sabes?
Ella asintió y afirmó complacida:
—Tanto como yo a ti.
En cuanto sus amigas cerraron los ojos para descansar, Tema clavó la mirada en Shisui y éste le hizo el signo de la victoria con los dedos, cosa que a ella le gustó, a pesar de que la suya estaba siendo una victoria amarga.
