Epílogo

Los Ángeles, un año después

El enlace estaba siendo todo un acontecimiento.

Dei, vestido con sus mejores galas, miraba emocionado a los ojos a su Sasori mientras sus perrillas correteaban a su alrededor, cuando oyó decir:

—Yo os declaro marido y marido.

Eso hizo que el corazón le rebosara de felicidad.

¡Se había casado!

El gran sueño de su vida se había hecho realidad y, sin apartar los ojos de Sasori, de su Sasoriman, aquel pianista que había conocido años antes en el parador de Sigüenza, lo besó y susurró:

—Te quiero, my love.

—Y yo a ti, cariño —afirmó él.

Su felicidad era algo muy importante para todos, y en cuanto Hanabi, junto con sus hermanas, Tema y Sakura comenzaron a tirarles arroz, y Sarada, que llevaba las arras, pétalos de rosas blancas, todos aplaudieron y gritaron: «¡Vivan los novios!».

Pasada la primera media hora en la que todo fueron felicitaciones, besos y abrazos, cuando Dei quedó frente a aquel anciano con boina y garrote, que había cogido un avión por primera vez en su vida para asistir a su boda, exclamó:

—Aisss, ¡que te como, abuelo Goyo! ¡Que te comooooooooooooo!

El anciano, sonriendo, abrazó a aquel muchacho tan aspaventoso al que había aprendido a querer.

Todavía había cosas que lo seguían sorprendiendo de él, pero como sus nietos y el mismo Dei le habían enseñado, en la vida, respetar y amar era lo fundamental, y, mirando a la pareja, les deseó:

—Enhorabuena, hermosos. Que seáis muy felices. Os aisloviu.

Encantado, Sasori le dio un abrazo y, cuando le tocó el turno a Dei, éste lo miró de arriba abajo y cuchicheó:

—Pero, abuelo Goyo, ¿y ese traje tan divine?

El anciano, que estaba junto a sus nietos, le guiñó un ojo sonriendo y dijo:

—Es de color azul ozono. ¿Qué te parece?

Dei se emocionó. Que aquel hombre, con su edad, hubiera aprendido que el azul tenía diversos matices, lo conmovió, y volvió a exclamar:

—¡Te comoooooooooooooooooooooo!

Entre risas, los amigos se observaban cuando Hanabi, dirigiéndose a Konohamaru, cuchicheó:

—¿Qué te parece si nos escapamos a Las Vegas?

—Oh, my God! —murmuró Dei al oírla.

—Hanabi, pero ¿qué dices? —gruñó su hermana Naori.

Hinata, su otra hermana, soltó una carcajada y comentó:

—¡Sería la bomba!

—Nosotros lo hicimos una vez —se mofó Sakura.

—Sí. El problema es que no lo recordamos —apostilló Sasuke.

Todos rieron por aquello, y Konohamaru, mirando a su chica, susurró:

—No empecemos, cariño. Quiero una boda tradicional.

—Pero ¿no crees que sería más divertido si nos casáramos vestidos de Elvis y de Marilyn? —insistió Hanabi encantada.

Él sonrió y, al ver la expresión de Sasuke por lo que su hermana proponía, dijo, al tiempo que la cogía en brazos:

—Sin duda, lo será. Pero eso lo dejaremos para las bodas de plata.

—Eso me gusta, hermoso, ¡buena contestación! —afirmó el abuelo Goyo divertido.

Tema, que estaba junto a ellos, miró a Naruto al oír eso, al hombre que en el último año había hecho su vida feliz y pletórica, y, tocándose su pequeña barriguita de cuatro meses, iba a hablar cuando éste cuchicheó en su oído:

—¿Y tú cuándo vas a querer casarte conmigo?

La joven sonrió.

Desde el día en que aquel increíble hombre había entrado en su casa declarándole su amor, la magia no había desaparecido de sus vidas y, sonriendo, murmuró:

—El día que menos te lo esperes.

—Tú, como siempre, despistándome.

Tema, encantada, volvió a sonreír. Su vida era perfecta tal y como estaba y, mirándolo, se acercó a su oído y susurró:

—Ya me conoces..., Khal Drogo.

Divertido, Naruto asintió y la besó.

—¿Te encuentras bien? —preguntó a continuación—. ¿Quieres sentarte? ¿Quieres agua?

Ella suspiró feliz. Ni en sus mejores sueños habría imaginado que Naruto pudiera ser tan maravilloso y atento como estaba siendo, y más desde que se había enterado que estaba embarazada. La ternura, la dedicación y el amor que sentía por su parte la desbordaban en ocasiones.

Pero entonces Suigetsu, que lo había oído, cuchicheó:

—Mariliendre..., que está embarazada, no enferma.

—Tú cállate, churri —se mofó Naruto al oírlo.

Sasuke, encantado porque la buena sintonía siguiera en el grupo, comentó al ver a Karin hablando con cierto actor:

—Vaya..., vaya..., Karin y Vin Diesel juntos.

—¡Uisss, qué peligroooooooooo! —se mofó Dei.

Sakura le dio un codazo a su marido y cuchicheó:

—No digas tonterías. Ya sabes que se llevan muy bien.

Suigetsu, al ver aquello, sonrió. De todos era sabido lo bien que se llevaban después de que Sakura los presentara años atrás, pero estiró el cuello y dijo mientras se alejaba:

—Al final le voy a tener que sobar los morros a ese chuleras.

Todos rieron por aquello, y entonces Naruto gritó:

—Vamos, churri, ¡que tú puedes!

—Dale fuerte —lo animó Konohamaru.

Estaban divirtiéndose con aquello cuando Dei, dando unas palmaditas, indicó:

—Go..., go..., go..., ¡que dé comienzo el banquete!

Durante la celebración, Fugaku, el padre de Sasuke, pronunció unas palabras mientras todos saboreaban la excelente comida. Como era de esperar, allí no faltó de nada, ni siquiera sus riquísimas croquetas.

Las palabras de Fugaku agasajando a Dei y a Sasori por ser dos más en la familia emocionaron a todos los presentes, y más aún a Tema, debido a su estado. Al verla llorar, Naruto se preocupó por ella, pero Shisui, que estaba sentado a su lado, señaló:

—Tranquilo, amigo. Son las hormonas.

Naruto asintió y cuchicheó molesto:

—Pues me cago en las puñeteras hormonas.

El mexicano soltó una risotada, y entonces Tema, aceptando el clínex que éste le tendía, preguntó:

—¿Al final por qué no has traído acompañante?

Él se encogió de hombros.

—Porque ninguna es especial.

—Pero, Shisui... —susurró ella apenada.

El cineasta miró a aquella mujercita a la que le tenía tanto cariño y, guiñándole un ojo a Naruto, murmuró:

—Creo que la magia sólo ocurre una vez en la vida, y yo ya la disfruté.

Dicho esto, se levantó al ser requerido por Fugaku, y Tema musitó con los ojos llorosos:

—Pobrecillo. Cada vez que pienso que su mujer...

—Sí, es una putada —afirmó Naruto, que estaba al corriente de lo sucedido y le inquietaba el estado de Tema.

—Shisui es una persona maravillosa —prosiguió ella— y se merece a alguien a su lado que lo quiera y... y...

No pudo continuar. El llanto se apoderó de nuevo de ella, y Naruto, preocupado, murmuró besándola:

—Sin duda la encontrará cuando menos lo espere, ¡ya lo verás! Y ahora, no llores, cariño, no llores más, ¿vale?

Consciente de lo moñigosa que la tenía el embarazo, la joven se secó las lágrimas; Sasuke y Sakura, que estaban a su lado, sonrieron y el primero dijo:

—Tranquilo... Cuando Sakura estaba embarazada de Sarada, lloraba hasta con los anuncios de la tele.

—Fue horrible —se mofó Sakura—. Pero, por suerte, ¡se pasa!

Naruto asintió agobiado, pero, de pronto, Matsuri se acercó hasta ellos y murmuró excitada:

—Dios..., Dios..., Dios..., acabo de ver a Ryan Gosling.

Para la muchacha, todo aquel mundo de lujo y de glamur era nuevo, y Sakura, que vio que Tema sonreía, dijo, cogiendo a Matsuri del brazo:

—Ven..., te lo presentaré.

Naruto, al comprobar que la mujer que adoraba reía al fin, murmuró:

—Así, sí, Gafitas. Verte sonreír es lo mejor.

Tema asintió.

Sin duda lo mejor para ella era él y, tras darle un beso lleno de amor, cariño y ternura, lo miró a los ojos y susurró:

—Tú sí que eres lo mejor, Gordunflas.

FIN.