Un golpeteo metálico en el suelo del camino de tierra llamó la atención de algunas vacas y burritos que pastaban en los alrededores del camino, en el camino se podía observar a un joven de unos 17 años o menos quizas caminar, su cabello era negro rojizo y traia un poncho azul que tenia un bordado del sol con una cara seria en la espalda con unos pantalones beige y zapatos negros de cuero. El atuendo del chico era medianamente particular para el pueblo pero aun así no era lo más llamativo de él, sino que pese a su edad el jovencito llevaba un bastón de metal con empuñadura y punta de caucho, este objeto era el que producía el sonido metálico del principio.
- Hola - le saludo un poco extrañada Mirabel viendo el chico con lentes oscuros y una excelente postura a lo que intentó ponerse de pie correctamente - disculpa amigo buscas a alguien?
- Buen dia señorita, soy Román Romance - saludó el chico con una leve reverencia apoyándose en su bastón ligeramente - estoy de viaje y pensaba establecerme en este pueblo ya que lo acabo de encontrar y me ha causado una buena impresión… hay alguien con quien deba hablar para eso?
- Ehem… yo soy Mirabel Madrigal - se presentó la chica un poco intimidada por los modales del joven - soy.. digo yo te llevo, con mi abuela, ella… con ella podrás hablar sobre esteblecerte en el pueblo… es decir es-ta-ble-cer-te.
- Lo siento - dijo el chico sorprendiendo a Mirabel - habló así cuando estoy nervioso, uso palabras complejas e incómodo a la gente.
- No, no tranquilo es solo que yo… bueno… pensé que podrías tener una mala impresión mía y me puse asi - se disculpó también Mirabel hasta que llegó un ratoncito con una nota para ella - mejor nos vamos, abuela nos está esperando.
- Ohhh tu abuela es la alcaldesa de la ciudad? - preguntó el jovencito siguiendo a Mirabel por el camino, a la chica le extrañó un poco que usase un bastón pero decidió ignorarlo además de que el chico se veía ya un poco gracioso con sus lentes oscuros.
- No… bueno algo así - dijo Mirabel pensando en eso - el caso es que es raro que te llame aunque es cierto que no muchos vienen a establecerse al pueblo.
- Oye… qué es eso? - preguntó el joven un poco temeroso a Mirabel, la chica extrañada miró a la dirección que él señalaba y vio a su hermana moviendo un par de nuevos puentes de piedra a sus ubicaciones.
- Oh eso, es solo mi hermana Luisa - contestó Mirabel orgullosa - es… bueno un poco más fuerte de lo normal.
- Bueno esos son unas 4 toneladas piedra - comentó el chico mientras Luisa cruzaba el río saludando a su hermana desde el otro lado.
- Jeje impresionante no? - dijo de nuevo feliz Mirabel - es algo de mi familia, muchos tienen un milagro, que es como un poder especial, Luisa es muy fuerte por ejemplo.
- Interesante - dijo el chico pensativo mientras seguían camino - que otros poderes hay?
- Bueno mi otra hermana puede hacer crecer plantas de donde sea - dijo Mirabel imitando el peinado y caminada de Isabel.
- Ohhh con eso seguro que nunca hay falta de cosechas en el pueblo - comentó Roman.
- Jeje si - dijo Mirabel pensando en que no ve a su hermana hacer florecer los campos - mi mamá puede curar lesiones y enfermedades con comida.
- Comida… - dijo el chico en un tono que declaraba que tenía hambre.
- Sii mira vamos a darnos prisa - dijo Mirabel ahora emocionada - seguro que sobraron algunas arepas y algo del guiso del almuerzo.
Así luego de una corta caminata ambos llegaron a la nueva casita y se dirigieron al comedor donde la abuela Alma esperaba a ambos muchachos.
- Bienvenidos muchachos - saludó la abuela Alma junto a Dolores.
- Gracia abuela - saludo Mirabel - estaba juntando unos jengibres cuando me encontré con él, se llama Roman Romance.
- Si Mirabel gracias por traerlo - dijo la señora tomando de la mano a su nieta - ahora ve con Dolores a ayudar a su tío Bruno a acomodar los nuevos muebles del jardín posterior.
- Ven vamos Mirabel - dijo Dolores llevándose a su prima que estaba confundida.
Luego de algunos segundos de que ambas se fueran la abuela extendió la mano hacia el chico para guiarlo a la mesa, ambos se sentaron uno frente al otro y Alma empezó a hablar.
- Roman, te seré sincera ya sabíamos que llegarías - explicó la abuela Alma - estoy segura que entiendes que para dejarte establecerte aquí debes probar que eres alguien capaz.
- Entiendo señora - dijo Roman calmado haciendo una leve reverencia de nuevo - le agradezco la oportunidad y desearía que no limite su evaluación por mi discapacidad.
- … tranquilo - dijo la señora Alma viendo como el chico se quitaba los lentes oscuros - da lo mejor de ti sin cortarte tampoco.
- Gracias - dijo el chico levantando la cara dejando ver que sus ojos estaban blancos y fijos, sin movimiento.
