Hola chicas, aqui esta un nuevo capitulo, espero les guste y nos regalen un lindo review al terminar. Recuerden que nada nos pertenece, la historia es de Ruth M. Lerga y los maravillosos personajes de Stephenie Meyer. Disfrutenlo.
Si el desvelo de esa noche era muestra de lo que le iba a ocurrir cada vez que coincidiera con él durante la temporada, algo le decía que ese año iba a dormir bien poco. Apurando el poco whisky que le quedaba de un trago, se metió de nuevo en la cama, esperando que los brazos de Morfeo la abrazaran.
Dos
Lord Emmett Christopher Cullen McCarty, vizconde de Sunder y heredero del condado de Westin, cabalgaba como alma que llevaba el diablo hacia su finca de Berks en aquel mismo momento. A lomos de Hannover, un hermoso zaíno que él personalmente había domado, repasaba el bochornoso día que se había visto obligado a soportar. El que tendría que haber sido un día festivo se había convertido en un verdadero infierno por cortesía de la cuñada y amiga de su hermana Alice. O lo que era lo mismo, la hermana de Jasper, duque de Stanfort, y su mejor amigo. Rosalie Whitlock Hale.
Debería haberse quedado a dormir en la ciudad, y haber salido hacia Westin House a la mañana siguiente. Pero la idea de estar en la misma ciudad que esa bruja de ojos celeste y pelo de oro le hacía arder de furia. Londres se les quedaba pequeño. Ni Inglaterra parecía lo bastante grande para ambos.
Tenía que reconocer que gran parte de la culpa de la insostenible situación en la que se encontraba con la dama era suya, si no toda. Cuando supo que su mejor amigo, Jasper, había seducido a su hermana Alice, y que esta se negaba a casarse con él o a terminar con el romance, se había acercado a Rosalie a modo de advertencia. Si el duque no se comportaba de forma honorable con su hermana, él tampoco lo haría con la hermana de él.
Pero se había mantenido en los límites. Maldito fuera si no lo había hecho. Se había comportado como un caballero, y no había pasado de un par de besos, aunque eso casi le costara la cordura. La muchacha había resultado exquisita, y no desnudarla para sentir su piel, y besar cada centímetro de esta, había sido una tortura.
Su miembro se despertó en cuanto sus pensamientos se salieron de la línea que tan férreamente se había trazado respecto a la dichosa dama. Incómodo, se revolvió en la silla, obligándose a relajarse.
Quizá no debió emplearse tan a fondo con ella. Quería que Stanfort supiera que su hermana Rosalie estaba prendada de él. Aunque debía reconocer que sabía que una debutante virgen era una presa fácil para alguien tan experimentado como él. Desde el principio tuvo en cuenta que podría causarle dolor, aunque asumió el daño como algo probable.
Pero por mucho que hubiera sabido lo que a ella podría dolerle, no había estado preparado para la mezcla de sentimientos que vio en la cara de la joven cuando supo de su perfidia: horror, incredulidad, y desesperanza. Esa expresión le perseguía a menudo, espoleando su culpabilidad.
Había tratado de disculparse, pero la constante negativa de ella a hablarle siquiera, le había hecho abandonar. Si Rosalie no quería aceptar sus disculpas, poco más podía hacer él. Aunque eso no significaba que ella le ignorara. Ni de cerca. Eso hubiera sido demasiado fácil. Tal como había hecho ese día, cada vez que coincidían le atacaba con su mirada furibunda. Jasper no podía tener una hermana débil de carácter, no. Tenía que tener a una auténtica fierecilla.
Su actitud belicosa les había tenido en boca de todos durante la temporada, haciendo las delicias de las peores cotillas de Londres. Todos los dragones, como él las llamaba, se habían hecho eco de la extraña relación de ambos, y habían hecho circular rumores infundados sobre la muchacha y él mismo.
Tras tantos desplantes el año anterior, había optado por conocer su agenda, y huir de ella como de la peste. Pero en los acontecimientos familiares coincidían necesariamente. Y en las visitas al pequeño Alexander también.
Pensar en su ahijado mejoró su humor al instante. ¿Cómo se podía querer tanto a una personita tan pequeña que no había hecho absolutamente nada por ganárselo? Ese bebé no hablaba, y apenas lloraba, comía y dormía. Y a pesar de ello, Emmett era consciente de que moriría por él sin pensárselo.
Tenía que tener hijos. Y no solo porque su condición de heredero le obligara a tenerlos, sino porque realmente lo deseaba. El regreso de su hermana de América dos años antes había despertado en él un sentimiento de hombre de familia que desconocía tener.
Pero para tener hijos debía casarse. Bueno, no era estrictamente necesario, pensó irónico, pero sí muy, muy recomendable.
Y para casarse debía acudir a los bailes de esa temporada y buscar una hermosa joven a la que convertir en su vizcondesa.
Y si lo hacía, tendría que coincidir con la maldita hechicera de ojos celeste y pelo de oro. ¿Había dicho hechicera? ¡No! Esa joven era una auténtica bruja.
Muy bien. Reconocía que merecía cierta censura por parte de Rosalie. Pero no pensaba seguir cargando con ella. No así, en público y de forma notoria, y no durante tanto tiempo. A lady Rosalie Whitlock Hale se le había acabado el período de gracia. Si quería guerra, él presentaría batalla.
Hoy había sido su última ofensa.
Que tal chicas, merece un review? Please! Ahora saben un poco mas del porque Emmett engaño a Rose, aunque aun asi fue medio grosero. Ustedes que opinan? Esperamos sus comentarios.
