Hola a todas! Aqui les traemos un capitulo mas de esta linda historia de Rose y Emmett, espero la disfruten y recuerden, nada nos pertenece.
Tres
Dos semanas después
El silencio reinaba en la alcoba mientras Rosalie se ponía un vestido de mañana de color lavanda corte imperio con un lazo enorme. Aunque no era nuevo, era uno de sus favoritos, y se lo ponía cuando necesitaba infundirse valor. Había pedido a su doncella que saliera. La prenda se abrochaba por delante, así que no precisaba ayuda alguna. Y necesitaba estar sola para pensar. Se sentía como una condenada camino del cadalso. Aunque en realidad se dirigía a casa de su hermano Jasper, el duque de Stanfort. Miró distraída a su alrededor. Su nueva habitación, en tonos ciruela, le encantaba. Era la habitación de una señorita, en contraposición a sus aposentos casi infantiles en la residencia familiar de Londres. La enorme cama con dosel, el armario dentro de la habitación, al margen del vestidor, y una otomana constituían el mobiliario. Había llevado allí su secreter. Aunque no era del mismo color, y desentonaba abiertamente, le tenía especial cariño, y había decidido trasladarlo. Quizá más adelante pidiera que lo tintaran.
El aposento contaba además con un balcón que daba a un patio interior, lo que confería un agradable silencio a la estancia. Las ventanas de la casa que daban al exterior tenían que permanecer cerradas para evitar que el jaleo de la ciudad alterara el descanso. Y a ella, en verano, le gustaba dormir con la ventana abierta de par en par. Aunque de momento las mantenía cerradas a cal y canto, porque a mediados de abril todavía hacía mucho frío.
Hasta el año anterior Jasper y ella habían vivido bajo el mismo techo junto a la madre de ambos, lady Sulpicia, en la casa que la familia poseía en Bekerley Square. Pero cuando él se casó con Alice y partió de viaje de novios al continente, su madre ordenó al señor Croche, el asesor de su hermano en la ciudad, que buscara de inmediato una vivienda en Londres digna de una duquesa viuda, y se habían trasladado. Su cuñada, Alice, había protestado mucho al enterarse, pero todos los Whitlock Hale habían estado de acuerdo en que era preferible que los recién casados tuvieran su espacio al principio de su matrimonio.
Volviendo al presente, Rosalie recordó que tenía que hablar con Jasper sobre su actual situación. Antes de que él la llamara para exactamente lo mismo. O, diciéndolo de otro modo, lady Rosalie Lillian Whitlock Hale tenía que casarse. Era una cuestión que no podía dilatarse por mucho más tiempo. Esa era la razón por la que había concertado una cita con él para ese día.
El anterior duque, su padre, había muerto cuando ella iba a cumplir los dieciocho años, lo que retrasó dos años su entrada en sociedad, pues el luto fue muy estricto, según marcaban los dictados sociales. Preocupada con veinte años por su tardío debut, había hablado con Jasper al respecto de las expectativas que la familia tenía en su casamiento. Él la tranquilizó presto en ese extremo. Deseaba que se casara bien, pero sobre todo que se casara feliz. Su hermano le aseguró que no la presionaría en absoluto durante su primera temporada, a pesar de su edad y de las exigencias de la duquesa viuda, para que ella se aclimatara a la alta sociedad de Londres, a sus costumbres y estridencias, antes de tomar esposo. Y había cumplido fielmente su palabra.
Era una suerte contar con alguien como Jasper, que tanto la quería, aunque la mortificara siempre que tenía ocasión, fastidio del que ella secretamente disfrutaba. Se enorgullecía de poder contar con el amor y la confianza incondicional de su hermano. Afortunadamente en nada se parecía al padre de ambos, que había tratado a su heredero con una dureza extrema mientras ignoraba a su hija sencillamente porque no le podía reportar nada.
En cualquier caso, la primera temporada ya había pasado. Y también la segunda, donde Emmett apareció en escena y lo puso todo patas arriba, justo antes de que Jasper y Alice se casaran. También aquí Jasper había sido comprensivo y no la había obligado a volver a Londres en octubre para la pequeña temporada. Rosalie consideraba que el mercado de invierno, como ella lo llamaba, era para damas desesperadas. Y ella no había llegado a ese extremo. Aún no. Su orgullo se habría visto castigado de haber pasado las navidades en Londres. Aunque no se quitaba de la cabeza que poco después de la presente temporada, que comenzaba la noche siguiente con el baile de lord y lady Restmaine, cumpliría veintidós años, edad peligrosa para una dama casadera. Muchos podrían comenzar a pensar que había algo malo en ella, como su madre no dejaba de repetirle. Afortunadamente su hermano había evitado en la medida de lo posible peticiones de mano en su debut, alegando que era temprano para decidir nada, y había frustrado cualquier intento el año siguiente con su precipitada boda a mitad de temporada. Rechazar a muchos pretendientes tampoco estaba bien visto. Y era impensable que Rosalie Whitlock Hale, hija y hermana de duque, no se casara bien.
Así que ese año se casaría correctamente. El maldito problema es que no tenía ni idea de con quién hacerlo. No tenía ninguna preferencia. Y salvo que apareciera algún forastero ese año, difícilmente conocería a nadie nuevo. Tendría que elegir de entre todos los caballeros disponibles a los que ya conocía, a pesar de que ninguno le agradaba especialmente. Bueno, uno sí, pero estaba descartado. Así que se encontraba, tras dos años de vorágine social, exactamente en el mismo punto que el día de su debut. Sin idea alguna de con quién debía desposarse. Y con una sensación creciente de pesimismo.
Una vez, el año anterior, había hablado con Jasper sobre el tipo de hombre con quien le gustaría casarse. Básicamente alguien a quien respetar y que la respetara a ella. Si no iba a casarse por amor, idea que, incluso entonces, ya se le antojaba cada vez más complicada, lo haría con alguien que le agradara y con quien tener hijos y envejecer de forma plácida.
El problema era que creía haber encontrado a un varón que podría haber hecho de su vida una fantástica aventura, y había sido todo una mentira. Ahora el resto de los pretendientes languidecía a su lado. Ninguno de ellos era lord Emmett Cullen McCarty, el vizconde de Sunder.
Confiaba en no tener que verlo en las mismas veladas. Por todos era sabido que a Sunder no le gustaban las jóvenes casaderas. Él prefería a actrices y cantantes de ópera. Incluso alguna viuda respetable había sido su acompañante en alguna ocasión. Al parecer una actriz de Drury Lane era su amante desde hacía más de dos años.
Así que cuando la temporada anterior pidió bailar a Rosalie en varios bailes y solo a ella... bueno, y a las hermanas Denali, se obligó a reconocer, pero a petición de Jasper, y este a petición de ella, por lo que eso no contaba, las matronas comenzaron a especular sobre un posible enlace. Idea que de un día para otro se esfumó, pues dejaron de coincidir abruptamente en los acontecimientos de la temporada, obviamente de manera intencionada. De hecho hubo apuestas en todos los clubes de caballeros, sobre si se les volvería a ver juntos o no antes de que julio y el fin de las fiestas llegaran. Habían sido el centro de atención el año anterior. Y ese año iba a ser igual después de su comportamiento en el bautizo del joven Alexander.
Su primer propósito para esa temporada iba a ser controlar su mal genio. Inspirada, se dijo que el segundo sería no intrigarse con el deseo que Emmett había despertado en ella. El tercero, siguió, mirar a todos los potenciales esposos con la mente abierta. El cuarto, estar casada para julio, el quinto... No iba a poder recordarlos todos, pensó divertida. Solo esperaba no equivocarse en los principales.
Se levantó de la cama, ya vestida, y salió de la habitación con movimientos apesadumbrados, sabiendo qué era lo que le iba a prometer a Jasper, pero no cómo diablos conseguiría cumplir su palabra.
Que les parecio? Merece reviews? Parece que Rose esta metida en una complicada situacion, que le dira Jasper al respecto? Pronto lo sabremos, nos leemos pronto.
