Hola a todos, ya se, meresco pena de muerte por tardar tanto pero al fin aqui esta el nuevo capítulo de esta historia que como saben esta dedicada a mi mejor amiga-hermana-cuñada y socia de cuenta Tania-Rose.
Espero la disfruten mucho, recuerden que nada nos pertenece.
Su primer propósito para esa temporada iba a ser controlar su mal genio. Inspirada, se dijo que el segundo sería no intrigarse con el deseo que Emmett había despertado en ella. El tercero, siguió, mirar a todos los potenciales esposos con la mente abierta. El cuarto, estar casada para julio, el quinto... No iba a poder recordarlos todos, pensó divertida. Solo esperaba no equivocarse en los principales.
Se levantó de la cama, ya vestida, y salió de la habitación con movimientos apesadumbrados, sabiendo qué era lo que le iba a prometer a Jasper, pero no cómo diablos conseguiría cumplir su palabra.
Cuatro
No muy lejos de allí, en Park Lane, se alzaba la mansión del duque de Stanfort, un edificio de tres plantas con un cuidado jardín, en el mismo corazón de la ciudad. El edificio había sido encargado por el sexto duque de Stanfort a Colen Campbell el siglo anterior, pues el gran incendio había destruido la vivienda original en 1666. Era uno de los mejores ejemplos de neopalladianismo de la ciudad, una soberbia construcción rectangular con un pórtico enorme sujetado por cuatro columnas dóricas.
Dentro, Jasper andaba buscando a su esposa. Pero, a pesar de la cantidad de estancias de las que disponía la casa, no necesitaba preguntar a nadie dónde se encontraba la duquesa. Estaba seguro de dónde hallaría a su mujer. Poco antes de llegar a la habitación de su hijo Alexander, en la segunda planta, oyó el suave canturreo de Alice. Se quedó en el umbral de la puerta, observando, sin ser visto, cómo arrullaba al pequeño, que acababa de cumplir cinco meses. Ella hizo un suave giro con el niño, jugando, y entonces le vio. Su mirada, llena de amor, le indicó que se acercara. Cuando él llegó a su lado le rozó apenas los labios con los suyos, y la abrazó mientras ambos contemplaban a su pequeño milagro. Si la alta sociedad había creído el nacimiento de un niño sietemesino, o sospechaba que había sido concebido antes de la boda, era una cuestión completamente ajena a ambos. Desde luego nadie insinuaría nada a los duques a ese respecto.
—Rose viene de camino.
Alice asintió, y su rostro dejó entrever la preocupación repentina que esa visita le suponía. Dejó al bebé en la cuna, saludó a la niñera, una oronda señora en la que confiaba plenamente, y salió cogida del brazo de su esposo hacia el largo pasillo que recorría la casa de este a oeste. Su voz no pudo evitar salir un poco chillona al preguntar.
— ¿Viene a ver a Alexander? ¿Se quedará a comer, entonces?
Jasper sonrió. Ella era una magnífica anfitriona, siempre lo tenía todo controlado.
Y si había algún desbarajuste en el último momento, lo solucionaba con eficacia. Todo, excepto la posibilidad de que sus respectivos cuñados coincidieran en casa visitando a su ahijado. Alice aborrecía la tensión que se generaba cuando ambos estaban en la misma habitación. Si Alexander estaba con ellos, era un bálsamo para su relación, pero si el pequeño no los entretenía, entonces Rosalie centraba toda su atención en Emmett, y aquello era sinónimo de tormenta.
—Viene a hablar conmigo. —Ella le miró severa entonces, sabiendo sobre qué trataría la conversación. Jasper se defendió de su mirada—. En realidad es ella quien me ha pedido hablar, Alice. Aunque imagino qué viene a decirme, no saquemos conclusiones precipitadas.
Asintió, sabiendo que tenía razón. Además su esposo no necesitaba consejos sobre cómo manejar a su hermana pequeña. La quería y la comprendía perfectamente. Aun así no pudo evitar pedirle paciencia.
—Jasper, dale tiempo —dijo mientras le acariciaba el antebrazo, mimosa.
—Ya te dije que no voy a presionarla. Pero ella no es estúpida, y sabe que se le acaba el tiempo.
Alice entristeció. Tenía mucho cariño a Rose, como su marido la llamaba, y ahora también ella. Se habían conocido hacía dos temporadas, cuando Alice regresara de América y la joven Rosalie debutara. Enseguida se habían vuelto inseparables, y no solo por la larga amistad que unía a sus respectivos hermanos. Desde el momento en que se conocieron supieron que se llevarían maravillosamente. Y cuando todo había ido mal, sus lazos se habían estrechado más aún, hasta hacerse inquebrantables. La idea de que ella se casara sin amar a su esposo le rompía el alma. Ella misma había sufrido un casamiento así en su primer matrimonio, y sabía perfectamente que la vida podía volverse muy dura. Pero Rosalie tenía ya veintidós años, y no podía tardar mucho más en casarse.
—Lo sé. Pero es que me parece tan injusto. Nosotras tenemos fecha de retiro, mientras que vosotros podéis casaros cuando queráis. —Lo miró con fingida inocencia—. Mírate a ti, tú te has casado siendo casi un vejo, y a nadie le ha extrañado.
— ¿Siendo un viejo, dices? —Alzó la ceja con impertinencia.
Ella sonrió, sabiendo que le había picado en el orgullo.
—Ajá —asintió, pícara.
—Pues un viejo no haría lo que yo hice hace un ratito, en la cama.
Alice se puso roja como la grana. Seguía sin acostumbrarse a sus bromas subidas de tono.
—Bueno, eso es porque yo le puse mucho... entusiasmo.
La detuvo en mitad del pasillo, apoyándola contra la barandilla de las escaleras, se puso frente a ella y la miró con adoración.
—Yo me enamoré de ese entusiasmo.
Tomó las gráciles mejillas entre sus manos, y la besó con pasión.
Una voz masculina los interrumpió casi al instante.
— ¿Creéis decente andar haciendo... eso, tan cerca de vuestro hijo? Dios, en esta casa entró la dama por la puerta y la moral salió por la ventana. —La voz de Emmett contenía un tono de horror fingido.
Terminó de subir los peldaños y se quedó parado en el rellano, frente a ellos, con los brazos cruzados.
—Maldito seas, Sunder. —Oyó que le decía Jasper mientras se separaba a regañadientes de su esposa—. Voy a prohibir al mayordomo que te deje entrar.
Alice defendió a su hermano de forma automática.
—No harás tal cosa, querido, porque mi hermano ha venido a ver a Alexander, quien por cierto le adora. Y para ello ha de entrar en esta casa. Y como se da el caso de que yo también le adoro...
La cara de engreimiento de Emmett hizo gruñir a Jasper. Alice se acercó. El duque se resignó a lo inevitable.
—Bien. Siendo así, será mejor que me retire.
— ¿Acudes a por refuerzos, Stanfort? —dijo en broma el vizconde.
—Sí, mi hermana está al llegar, así seremos dos contra dos.
Emmett se puso tenso en cuanto lo oyó.
—O tres contra uno, más bien —dijo para sí, en voz apenas audible.
Se separó de Alice y enfiló el pasillo hasta la habitación de Alexander. Una vez dentro, saludó a la niñera y tomó al bebé de la cuna. En cuanto abrazó al pequeño, se olvidó de todo.
Fuera, Jasper y Alice se miraron en silencio. Nunca llegarían a un acuerdo al respecto de lo que ocurrió. Coincidían en que los principales culpables eran ellos dos, que forzaron la situación hasta un punto casi insostenible. Y exoneraban a Rosalie, que había sido la víctima peor parada en aquella historia. Pero en Emmett no terminaban de coincidir. Alice creía que su hermano había actuado con afán de protegerla a ella, mientras que Jasper pensaba que lo había hecho para vengarse de él. La pareja, después de algunas disputas, había decidido dejar correr el tema. Era obvio que nunca alcanzarían una tregua, y dado que la situación era generalmente tolerable, a pesar de lo ocurrido en el bautizo, donde Rose había hecho todos los feos posibles a Emmett, incluyendo el negarse a salir del brazo de él de la iglesia, habían decidido que el mejor remedio era el tiempo, que pondría de nuevo las cosas en su sitio.
Mas a tenor del comentario de Emmett, era obvio que el vizconde pensaba que todos le habían culpado exclusivamente a él. Jasper bajó a buscar a su hermana, ceñudo. Pero poco podía hacer al respecto. No podía pedirle a su hermana que se comportara delante de Emmett, no cuando era por su culpa que Emmett se había comportado tan mal con ella.
En la planta de arriba, Alice, apesadumbrada, retrocedió y volvió a la habitación, donde lo encontró con el bebé en brazos, haciéndole carantoñas. Indicó a la niñera que se marchara. Sigilosa se puso a su lado.
—Emmett, esto no es un todos contra ti. ¿Lo sabes, verdad?
Él no se volvió.
—Venga ya, Ally, tu marido y su hermana me consideran la peor persona del mundo. Y tú no tienes un concepto mucho mejor sobre mí. —Había un matiz de desesperación en su tono.
—Emmett, yo sé por qué lo hiciste, y te lo agradeceré siempre. Pero no actuaste bien. Al parecer no fuiste tú el único, pues tampoco nosotros obramos correctamente. —Ella se vio obligada, no obstante, a defender a su nueva familia—. Eso no significa que te motivara el deseo de hacerle daño. Pero tienes que entenderles. Fue una verdadera lástima que la situación se complicara tanto. En cualquier caso Jasper ha pasado página, y yo también.
Emmett agitó una mano, desechando el tema. Él mismo ya estaba harto, y la noche del bautizo había decidido que la culpa se había terminado. Así que... a hacer puñetas. Volvió a concentrarse en el pequeñín que tenía en brazos.
—Alexander, dale un beso a tu mamá, que te quiere mucho e hizo un esfuerzo enorme para traerte al mundo.
—No fue para tanto... —Sonrió ella, aceptando gustosa el cambio de tema.
—Sí lo fue —le decía Emmett al niño, como si este pudiera entenderle—. Tu padre hizo el ridículo más espantoso de su vida. ¡Qué suerte para ti que tu tío estuviera presente para poder contártelo cuantas veces quieras! Estaba tan nervioso que empezó a beber una copa tras otra, pero el alcohol no le afectaba nada. Cuando la cosa se prolongó tanto que parecía que nunca acabaría, trató de entrar en la habitación de tu madre para amenazar al médico. Hicieron falta varios brazos para detenerlo. Y tras varias horas más, por fin el alcohol del día hizo efecto y se arrastró hasta un sofá, donde durmió el resto de la noche, mientras tú venías al mundo y nos conocías a todos menos a él, a quien preferimos no despertar.
Alice sonrió. A Jasper no le hizo ninguna gracia que nadie le avisara del nacimiento del bebé, y sobre todo del fin del sufrimiento de ella. Pero había estado tan insoportable que fue la pequeña venganza del grupo de sufridores que lo había acompañado durante aquel día: el padre de Alice lord Carlisle, Edward el conde de Bensters, y el propio Emmett.
Se acercó a su hermano y le besó la mejilla. Este la miró con emoción, antes de acercarle a Alexander, para que le besara también.
Este capítulo me encanta, Alice y Jasper tienen una relacion divina, se imaginan como se puso con el nacimiento de su hijo? Espero que les gustara, nos regalen muchos reviews y nos perdonen por la tardanza. No dejen de pasar por nuestras otras historias que muy pronto actualizaremos!
Nos leemos pronto!
