Hola a todas, aquí está un capítulo más de esta historia que aunque aún lleva muy poco, espero les esté gustando. Recuerden que nada nos pertenece. Disfrútenlo!


Cinco

Dos pisos más abajo, Jasper se servía un té, y le ofrecía con la mirada uno a Rose. Estaban completamente solos en el estudio de Jasper, el lugar donde tenían lugar las reuniones importantes. Pero afortunadamente no estaban en el impresionante escritorio de ébano donde su hermano trabajaba, sino relajados, él en un sillón orejero de piel, y ella en una chaise que no recordaba haber visto antes. Miró el escritorio, que seguro que había sido encargado por algún antepasado con el único propósito de impresionar. Rosalie estaba convencida de ello. Apartó la vista de la mesa y se giró para contestar a Jasper.

— ¿Whisky? —preguntó ella, medio en broma medio en serio. A pesar de saber lo que tenía que decir, estaba muy nerviosa.

Él ni se molestó en contestar. Puso una segunda taza en la mesa, se sentó frente a ella y se quedó callado. Estaba claro que Rose estaba muy alterada, y si iban a hablar de matrimonio, no le sorprendía en absoluto. Se recostó en su butaca favorita, que le traía magníficos recuerdos del día en que se comprometió con Alice, y esperó.

Rosalie estaba poniendo en orden sus pensamientos. ¿Cómo decirle que se casaría ese año, pero que no sabía con quién, que ni siquiera tenía preferencias? Parecería una chiflada. No obstante sabía que estaba haciendo lo correcto.

Su mayor temor era que quizá se mencionara a Emmett. Ella no estaba preparada para hablar del vizconde, con lo que la conversación se complicaría todavía más.

Llevaba semanas dándole vueltas a la charla que iba a tener lugar, y no lograba salir de ese punto. Tenía que casarse ese año. Por eso había decidido hablar con él de una buena vez. Por más vueltas que le diera, nunca encontraría el discurso adecuado, porque toda la situación era inadecuada. Y quería empezar la temporada con las normas ya expuestas, con los propósitos claros. De todas formas aunque esperara otra temporada, seguiría estancada en el mismo punto. Había de contraer matrimonio. Era lo único que tenía claro.

Jasper siempre imaginaba el movimiento de los engranajes en la cabeza de su hermana, mientras esta exprimía al máximo su ya de per se preeminente inteligencia. Le divertía verla esforzarse tanto. Y le gustaba porque sabía que afrontaba las cosas de forma consecuente. Pero supo que esta vez ella necesitaría un empujón para arrancarse. Alegrándose de no estar en la piel de ella, se incorporó y la miró fijamente.

—Sin paños calientes, Rose. Dispara, y ya nos cubriremos de lo que salga.

Tomó aire, cuadró los hombros, miró fijamente a su hermano, y modulando la voz dijo:

—Este año me casaré. Antes de que termine la temporada.

Jasper arqueó la ceja, despacio. No porque estuviera sorprendido. Estaba casi seguro de que eso era lo que ella le iba a decir. Con ese gesto solo pretendía invitarla a que siguiera explicando su plan, que, sospechaba, no era ninguno.

Odiaba esa maldita ceja. Debió habérsela afeitado mientras dormía alguna de las borracheras que cogía cuando era joven, soltero, y un libertino. Pero, dejando de lado sus fantasías, sabía que él no la bajaría hasta que ella continuara.

—He llegado a la edad correcta. —Jasper corrigió el gesto. Ella se vio en la obligación de defenderse por la demora en su casamiento—. Si bien es cierto que empecé más tarde que el resto, también me lo he tomado con más madurez que otras debutantes.

No como la estúpida hija del marqués de Bernieth, lady Heidi Vulturi, la otra beldad de la alta sociedad, que había pretendido a Jasper primero, y a Emmett después. Ella aún no tenía la edad correcta, por no decir la edad límite. Y si seguía soltera, era solo para irritar a Rosalie, seguro.

Era una castaña adorable, con sus ojos violáceos, sus tirabuzones y su boquita de piñón. Pensar en aquella muchacha la malhumoraba. Mejor se centraba en cosas importantes, como la conversación que acababa de dejar a medias.

Jasper la miraba, esperando que volviera ella sola al tema que había abandonado.

—Tengo que agradecerte la paciencia que has ten...

Su hermano levantó la mano interrumpiéndola, en un gesto tan ducalmente arrogante, que Rose se crispó.

—No me halagues, y sigue.

—Poco más, Jasper. —Su voz sonó tensa—. Tienes mi palabra que este año celebraremos nupcias. No será pronto, dado el esguince de madre, que le va a impedir salir los próximos dos meses, pero será esta temporada, sin duda.

Lady Sulpicia se había torcido un tobillo la semana anterior, en una excursión a Greenwich, y el médico había recomendado reposo absoluto. Al día siguiente su madre y un par de amigas pondrían rumbo a Bath.

La convalecencia de su madre, pensó él con fastidio, le iba a obligar a acompañar a su hermana de fiesta en fiesta, a pesar de que había planeado una temporada casera, a solas con Alice y Alexander. Pero ahora sería imposible. Su madre había contratado a una dama de compañía para Rosalie. Una solterona de cuarenta y tantos, severa hasta decir basta. Con ella sería complicado que Rose se divirtiera un poco. Así que sería él quien la acompañara a los bailes, dejando a la atormentada carabina las veladas más tediosas. Quería demasiado a su hermana como para someterla a la tortura del aburrimiento extremo.

—Seguro que madre te agradece que la tengas en cuenta. ¿Y bien? Dime algo más que el hecho de que vas a casarte. Eso ya lo imaginaba.

— ¿Más? ¿Qué más quieres? —Alzó la voz, enfadada—. Encima que os hago el favor de casarme esta temp...

—El favor se lo haces... ¿a quién? —La voz de él dejaba clara su postura. Por si acaso, la ceja volvió a elevarse.

Reflexionó sobre eso, y aún se hundió más en el sofá, sonrojada por su estupidez. ¿Pero no había decidido que iba a mantener su carácter a raya? Además, no podía culpar a su hermano y su madre por tener que casarse, y ambos le habían dado carta blanca en las dos temporadas anteriores. Si bien a su madre se la podía torear, mejor o peor, Jasper era implacable cuando quería. Pero, recordaba, todavía no le había pedido nada.

—A mí, me hago el favor a mí misma al casarme —susurró.

Jasper se levantó de la butaca y se sentó a su lado en la chaise, pasándole el brazo por los hombros.

—El favor, Rose, se lo harás al hombre al que te entregues. Tendrá una auténtica leona en casa. Además de una de las mejores damas posibles.

Rose le besó sonoramente en la mejilla. Su hermano ya no parecía tan reacio a las muestras de afecto como antes. Algo más que agradecer a su cuñada. Se quedaron un rato callados, valorando lo que acababan de hablar.

—No tienes ni idea de quién será, ¿verdad? —afirmaba, más que preguntarle.

— ¿Tú sí? —preguntó ella, esperanzada.

—No.

Ella torció el gesto.

—Ya.

El silencio volvió a la sala. Como ninguno sabía qué decir, ambos tomaron sus respectivas tazas de té, en una costumbre tan inglesa que les hizo sonreír. Fue Rosalie quien rompió el silencio.

—Si al final de la temporada no he encontrado al candidato adecuado, lo dejaré en tus manos, Jasper.

La voz de ella era apenas un susurro. Él frunció el ceño.

— ¿Estás segura?

La vio asentir lentamente, con solemnidad.

—No estoy tratando de eludir la responsabilidad de elegir. Es más, espero no tener que llegar a ese punto. Pero los solteros son los que son, y por más que los evalúe, no van a convertirse en lo que yo quiero. Sé que quieres lo mejor para mí, y que harás la elección que más me convenga.

Jasper no lo esperaba. Se sintió orgulloso de ella, de su sentido de la responsabilidad, y de la confianza que depositaba en él. Satisfecho, le dijo.

—Te repito la promesa que te hice una vez, Rose. Si nos equivocamos, tú o yo, si la persona con la que te cases resulta ser cruel, y te humilla, o te veja, no te obligaré a vivir con él. Siempre tendrás un sitio con Alice y conmigo.

Rosalie no pudo reprimir las lágrimas. Se acercó a su hermano y se dejó abrazar por él. Jasper era el mejor hombre sobre la faz de la tierra, y afortunadamente era su hermano. Cuando estuvo segura de poder contener la emoción, se desasió y se puso en pie, arreglándose la falda. Puso sus pies en marcha, dando por finalizada la conversación. Él la siguió hacia los ventanales. Salieron hacia la terraza, con la sensación de haberse quitado un gran peso de encima.

Ya en los jardines, y seguros de tener bien atadas sus emociones, Jasper recordó la preocupación inicial de su esposa.

— ¿Te quedarás a comer? Serviremos el almuerzo en apenas media hora. Alice y su hermano están viendo a Alexander, así que imagino que Sunder también se quedará. —Se sentía en la obligación de advertirle siempre que iba a coincidir con su mejor amigo.

Rosalie sonrió malévola. Dudaba que Sunder se quedara a comer si ella lo hacía. Le tenía acobardado. Era divertido saber que podía atemorizar a un hombre hecho y derecho como él solo con la mirada. Esa era su pequeña venganza.

La temporada pasada, incluso había ido a una carrera de caballos en la que no tenía ningún interés especial, solo porque sabía que él quería asistir para hacer una oferta por un potro. Confirmando su teoría, el vizconde no había aparecido por Newmarket.

Apostaba su mejor sombrilla a que cuando Emmett supiera que ella estaba invitada a la comida, huiría a White's, a Boodle's, o adonde fuera que se refugiaba cuando quería huir de ella. Rosalie asintió a su hermano en silencio, y se dirigieron de nuevo hacia la casa.


¿Que les parecio? ¿No creen que Jazz es un hermano demasiado lindo y Rose algo vengativa? ¿Como le ira con eso de la boda? Esperamos sus reviews y las invitamos a pasar por nuestras otras historias. Las queremos y no leemos pronto.