Hola a todas, lamentando inmensamente la tardanza y pidiéndoles mis más sinceras disculpas, aquí por fin esta un nuevo capítulo :) . Recuerden, nada nos pertenece así que sin más, aquí esta el cap, disfrútenlo.
Seis
Nada más entrar en el recibidor, oyeron unos pasos que se acercaban, y una alegre conversación. Los hermanos Cullen bajaban cogidos del brazo, parloteando sin cesar sobre la última hazaña del listísimo Alexander. Se veía claramente la magnífica relación que les unía. Era difícil sospechar siquiera que durante años habían vivido ignorándose, y que no fue hasta el regreso de Alice a Inglaterra que habían comenzado a conocerse. Ahora eran inseparables.
Sorprendía también el parecido entre ambos. Frente alta, nariz perfecta, labios carnosos, cabello oscuro y ojos marrones. Si bien el cabello de Alice tendía al negro, y los ojos estaban moteados en verde y dorado, mientras que el cabello de Emmett era de color marrón chocolate, al igual que los ojos. Pero a pesar del parecido, si Alice era indudablemente una delicada y femenina dama inglesa, Emmett era todo un hombre, que rezumaba masculinidad por los cuatro costados.
Cuando los hermanos vieron a Jasper y a Rosalie parados en la base de la escalera, se callaron y sus rostros demudaron también.
Alice se adelantó, reaccionando. Tomó las manos de Rosalie, y le besó la mejilla.
—Rose, querida, ¿todo bien con el ogro de tu hermano? ¿Tengo que tirarle de las orejas?
Guiñó un ojo a Jasper, que se hizo el ofendido, acercándose a Emmett en busca de solidaridad masculina. La melódica risa de Rosalie resonó por el hall.
—Digamos que ha sido... razonable. No es necesario que lo castigues sin postre, esta vez.
Todos sonrieron.
—Hablando de postres, Rose. Mi hermano ha decidido quedarse a comer con nosotros. Sería fantástico si tú también lo hicieras. La señora Noodle ha preparado un pastel de avellana, su especialidad.
Había cierta tensión en la voz de su cuñada, previendo una batalla campal si uno de ambos no se retiraba. El dulce, y saber que fastidiaría a Emmett aceptando la invitación, la entusiasmaron.
— ¡Oh, me encantaría! La casa de Grosvenor está llena de maletas para el viaje de madre a Bath. Esa torcedura de tobillo ha llegado en el peor momento. Yo en mi tercera temporada, al límite de la edad que se considera respetable para una señorita de alcurnia, y sin ella para guiarme. —Estaba siendo claramente mordaz.
—No seas melodramática, Rose. —La voz de Jasper sonaba divertida—. Sabes que yo acudiré contigo a todos los grandes actos, y Alice nos acompañará siempre que sea posible.
Rosalie se dirigió a Alice, ignorando a propósito a su hermano.
— ¡Qué bien! Sin duda un hermano posesivo es mejor que una madre coja.
—Los dos sabemos que madre, incluso coja, podría hacer de tu temporada algo muy, muy largo. —La voz de Jasper pretendía ser amenazadora, pero se escapaba la risa entre sus palabras.
Emmett se mantenía al margen de la conversación, por evitar tensiones innecesarias. Le gustaba saber que su hermana vivía en un ambiente de complicidad. Rosalie al fin se dignó hacerle caso. Posó su azul mirada en él. Richard no recordaba otros ojos más hermosos.
— ¿Y bien, lord Cullen?
Su gesto le puso alerta. Le miraba como un gato que se había comido al canario. ¿Qué pretendía ahora aquella endiablada muchacha?
— ¿Y bien qué, mi lady? —dijo amablemente.
—Me quedaré a comer aquí. —Le hablaba despacio, como si fuera un inepto. Emmett se envaró -. ¿Tal vez usted había olvidado alguna cita urgente en algún otro sitio y declina quedarse?
La muy tunanta estaba intentando manipularle para que desapareciera, como hacía siempre que ella aparecía. «Tu período de gracia acabó, fierecilla.»
Fingió pensar seriamente lo que ella le decía. Finalmente alzó la vista, y con rostro serio dijo, seco.
—No.
Sonrió a su hermana, le ofreció el brazo y la guio hacia el comedor, donde estaba ya todo dispuesto. Alice sonreía, creyendo que su hermano trataba de avanzar.
Detrás, Jasper sonreía también, satisfecho de que Emmett hubiera dejado de huir de su hermana. Y de que la hubiera contradicho. Esa muchacha tenía a la mitad de los hombres comiendo de su mano, y eso no era bueno. Que alguien la pusiera en su sitio de vez en cuando sería magnífico para su carácter.
A Rosalie, en cambio, se la veía perturbada. Un pequeño trastorno, sin duda. Pero en cuanto le ladrara un poco, él volvería a esconderse con el rabo entre las piernas. Su hermano le ofreció el brazo, y entraron en el comedor.
La enorme estancia, con varios sirvientes que les asistirían en el pequeño ágape, tenía una mesa redonda, como las que había en Westin House, la mansión de los Cullen en el campo. De pequeño tamaño, permitía a los comensales sentirse cómodos. Desde que Alice regentara la mansión, todo se había vuelto menos solemne, lo que el duque agradecía. La sobriedad de lady Sulpicia, incapaz de flexibilizar la etiqueta, era un lastre con el que Jasper había tenido que convivir durante años.
Este le apartó la silla a Rosalie al tiempo que Emmett hacía lo propio con Alice, y se inició el desfile de platos que compondrían la comida. Los sirvientes iban llenando sus copas y cambiando vajilla y cubertería a cada manjar, mientras la conversación versaba sobre temas generales. Para desgracia de Alice, no era posible una conversación demasiado personal con su cuñada y su hermano en la misma mesa. Con pesar, continuó dirigiendo la charla.
—Bueno, comienza una nueva temporada. Veremos qué nuevos matrimonios nos depara esta. Lo cierto es que el embarazo de lady Tremaine va a restar a la temporada cierta emoción, dado que no se celebrará su famoso baile. Pero los solteros imagino que podréis respirar más tranquilos, ¿no, Emmett?
Hizo una mueca burlona a este, que sonreía recordando los acontecimientos del año anterior, cuando la misma Alice había sido sorprendida besándose con Jasper en los jardines malditos. Todos los años alguna pareja era pillada en aquel lugar, viéndose obligada a contraer matrimonio.
—Supongo que sí —dijo, siguiéndole la broma—. No celebrándose ese baile en concreto, sé que tengo menos posibilidades de que me atrapen en circunstancias... digamos... poco loables.
Jasper rio ante el eufemismo.
— ¿Poco loables? Supongo que es un buen modo de referirse a ello. Pero sigo pensando que la mejor forma de que no te sorprendan en situaciones... eh... poco loables, es evitándolas.
Emmett alzó la ceja, gesto que ambos amigos compartían, divertido también.
—Querrás decir evitándolas... en lugares públicos, ¿no?
Incluso Alice sonrió y se unió a la juerga.
—Jasper, no eres quién para aconsejar, dado que tú mismo fuiste sorprendido el año pasado en circunstancias, ¿cómo eran? Ah, sí. Poco loables.
El duque sonrió con cariño, recordando.
—Sí, pero te recuerdo que hiciste trampas, pequeña.
— ¿Trampas, dices? —Emmett se lo estaba pasando en grande. Se volvió hacia Alice, siguiendo la fiesta—. Pues quizá podrías enseñarme algún truco para besar a las damas y salir indemne, hermanita.
Todos rieron excepto Rosalie, que estaba empezando a hartarse de ser la única que no se divertía. De hecho se sentía desplazada en su propia casa, y por un hombre que la había humillado. Ese pensamiento la hizo estallar.
—Permítame adularle en ese aspecto, lord Emmett, pues usted no necesita que nadie le explique cómo hacer trampas para seducir a las damas y salir indemne. —Destilaba furia en cada una de sus palabras—. El año pasado nos dio a los presentes una clase magistral, de hecho.
Un silencio helado se hizo en la habitación. La cara de Alice era de espanto. Jasper taladró a su hermana con la mirada. Emmett, en cambio, si acusó el golpe, no dio muestras de ello.
El mayordomo hizo una seña al resto del servicio, y todos salieron de la habitación sin hacer ruido. Jasper se anotó mentalmente agradecérselo después. En cuanto la puerta se cerró, se dispuso a poner las cosas en su sitio. Trató de mantener la calma.
—Rosalie, francamente...
Emmett tocó el brazo de Jasper, interrumpiéndole y tratando de relajar también el ambiente.
—No te agobies, Stanfort, estamos en familia.
Rosalie le miró, incrédula. Y encima la defendía. ¿Cómo se atrevía a defenderla a ella? Ella no necesitaba defensa alguna. Y menos aún de él. Ella era la víctima, no la culpable de nada. Alzó la voz.
— ¡Tú no eres parte de mi maldita familia!
—¡Rosalie Lillian Whitlock Hale!
El grito de Jasper fue atronador.
Rosalie no lo pudo soportar más. Se sentía atacada en su casa, y su hermano no la defendía. Retiró la servilleta que tenía sobre las piernas, la lanzó a la mesa y salió del comedor con paso furioso y un sospechoso brillo en los ojos.
Ninguno de los tres se movió o dijo nada hasta que no oyeron un estruendo al cerrarse la puerta principal.
El primero en reaccionar fue Jasper. Miró a su amigo con ira.
—Quiero tu jodida palabra de caballero, Emmett, de que no sedujiste a mi hermana.
Emmett se sintió insultado. Estaba cansado de tener que repetir siempre lo mismo. Estaba harto, de hecho, de tener que dar explicaciones cada vez que la fierecilla sacaba las uñas. Devolvió la misma mirada a Jasper.
—Obviando el uso de la palabra jodida, y el hecho de que ya te la di, quieres decir. —La calma de su voz era contenida.
—Lo que quiero decir, Sunder...
— ¡Basta los dos! Es suficiente.
Alice tenía los brazos en jarras y un patente disgusto, perfectamente identificable por los dos hombres que mejor la conocían.
—Pequeña, cálmate.
Jasper levantó las manos, tratando de aplacarla. Ella miró al cielo, pidiendo paciencia.
— ¡Oh, maravilloso! No hay nada que tranquilice más a una dama enfurecida que cuando le piden calma los que la alteran. Tú —señaló a Jasper— vas a seguir a tu hermana y a asegurarte de que está bien.
Emmett sonrió disimuladamente. Alice tenía carácter.
Oh, oh, ahora le miraba a él. ¿Qué pretendía? Esta vez no había hecho nada malo. Si incluso había defendido a Rosalie cuando esta perdió los nervios.
—Y tú vas a solucionar esto.
Ya. Quería precisamente eso. No podía pedirle que bailara desnudo en el baile que darían los Restmaine la noche siguiente. No. Tenía que pedirle que calmara de forma definitiva a Rosalie, cuando a él le venía justo mantenerse tranquilo en su presencia. La muchacha lo alteraba de todos los modos posibles.
—Ally, me encantaría, pero ella se ha puesto difícil...
—Me importa un pimiento cómo se haya puesto. Haz uso de tu legendario encanto y soluciónalo. Y soluciónalo ya, Emmett, no la semana que viene, ni el año que viene. Estoy harta de no poder estar en paz con las personas que más me importan en el salón de mi propia casa.
Se levantó también, obligándolos a ambos a hacer lo mismo. Sin esperar respuesta de ninguno de los dos, pues asumía que sería obedecida, se dirigió hacia la puerta. Ambos hombres se sentaron de nuevo, dispuestos a seguir la comida donde la habían dejado. Pero Alice todavía no había acabado. Asomó la cabeza por el quicio de la puerta.
—Moveos, tenéis trabajo que hacer.
La reacción fue inmediata. En menos de un minuto ambos hombres salían de la mansión Stanfort.
Y así es como una dama debe mandar en casa :D
¿Que les ha parecido el capítulo y el primer encuentro de Rose y Emmett? Valla caos, ¿no creen?. Espero nos regalen muchos reviews con su opinión y las invitamos a pasarse por nuestras otras historias, nos leemos pronto. XOXO
