Capítulo 7

Capítulo 9

- Hinata, ¿me puedes explicar qué está pasando?- pregunta Sakura, con cierta risa.

- Esperen un poco. Aún están buscando a Neji-niisan – respondió Hinata.

- ¿Neji? Ah... jajaj, ¿qué fue lo que hizo? Hace rato lo vi medio descontrolado – se rió también Naruto.

- No sé que fue lo que pasó con él, Naruto-kun... lo único que sé es que Oto-sama se enfadará mucho con él apenas lo vea.

- ¿Fueron a despertar a tu papá sólo porque Neji está teniendo la jarana de su vida? Vamos, tu papá debería entenderlo, ¿acaso no fue joven él también? Mhg, menudo vejete... - se quejó Naruto.

- No hables así de Hiashi-sama, Naruto – reprendió Sakura al rubio, que puso cara de disgusto -. ¿Y bien? ¿Vas a contarnos lo que está pasando, Hinata?

- Bien. Primero... - empezó la Hyuga, poniéndose de pie, para encender la luz- tengo que decirles que me costó bastante traerlos acá... fue el sitio más cercano y seguro que encontré. Tuve poco tiempo para decidir qué hacer, así que...

- Hinata, Hinata... ¡Resume! - protestó Naruto.

- Oh, Naruto-kun...- decía ella mientras volvía a sentarse con ellos, a la derecha de Naruto - bien, parece que luego de haber bebido todo lo que se bebió, una gennin consiguió entrar a la fiesta y...

- ¡Espera! - la interrumpió Sakura - ¿No se supone que no debían entrar gennins a la fiesta o me equivoco?

- Efectivamente, Sakura-san, no podían entrar gennins. Y no sabemos actualmente con qué inteciones esa gennin se llevó a Neji-niisan de la fiesta, por lo que Godaime Hokage-sama decidió interrumpirlo todo y salir a buscarlos.

- Bueno, es obvio que esa gennin le tenía ganas a Neji, ¿no? - juzgó Naruto como si nada.

- ¡Naruto! - dijo Sakura en tono de reprobación.

- No necesariamente puede tratarse de algo así, Naruto-kun... quizás sea un ninja infiltrado que vino a raptar a alguien, o cualquier cosa peligrosa.

- Bien, bien, pero aún no nos has dicho por qué estamos aquí... - dijo Naruto.

De repente, el pálido rostro de Hinata recuperó la tristeza de los primeros momentos.

- Yo... yo los estaba buscando desde antes de que Godaime Hokage-sama diera la orden de buscar a esa gennin y a Neji-niisan...

Hinata de repente se quedó en silencio, como dando a entender que le costaba un mundo lo que quería decir.

- Vamos, sigue... - le pidió Sakura.

- Encontré a Neji-niisan y a la gennin, en el parque cerca de la casa de Kotetsu-san. Cuando estuve a punto de llegar hasta ellos...

El silencio con que Hinata interrumpía su narración, hizo que la historia sonara más misterosa.

- Cuando estuve a punto de llegar a ellos, a pocos metros, los vi primero a ustedes.

Sakura y Naruto recién llegaron a comprender lo que Hinata quería decir.

- Ustedes estaban...

- Hinata -habló Sakura, terminando con la tensión que invadía a la pelizaul – Ya entendimos, ok... Bueno, por favor no le vayas a decir a nadie, ¿está bien?

- S-Sakura-san

- Es decir, no divulgues que yo y Naruto estábam...

- ¡Por supuesto que no, Sakura-san! No lo hablaré con nadie...

- Demonios, ya sé que somos mujeres, pero que me hayas traído desnuda con Naruto me da un poco de vergüenza... gracias, Hinata, si nos hubieras dejado allí, seguro que nos descubren...

- Sakura-san...

- ¿Mh?

- Cuando fui a hablarles, ustedes parecían inconscientes.

Sakura se sintió incómoda. Le dió un poco de vergüenza confesar que estaba usando un genjustu erótico con Naruto... Lo del Shunkashuutou no Jikan era un Hijutsu que sólo Tsunade y Sakura sabían.

- Sólo... sólo estábamos dormidos, nada más – aclaró Sakura, sonriendo, mientras Hinata recordaba el estado en que los encontró. Sakura, con los ojos completamente en otra dimensión, se mecía sobre el cuerpo de Naruto, que parecía estar en el mismo estado. Hinata, en los instantes en que contaba a Sakura el motivo por el que los había llevado al edificio Asayasu, prefirió omitir parte de la historia. No quiso contarles que, aparte de encontrarlos ligeros de ropa, tuvo que... separarlos. Y que antes de dejar ese lugar, tuvo que limpiarles la humedad. No alcanzó a vestirlos, porque vió con el Byakugan como la turba de ninjas (incluída Tsunade) se replegaban por el sector, acercándose al área del parque. Así que, sin más tiempo, simplemente cogió la ropa de ambos y se los llevó, desnudos, al primer lugar que encontró, el edificio Asayasu.

- Hinata… te debemos una, gracias – agradeció Sakura, sonriendo.

Hinata no sabía como reaccionar.

Naruto sabía porqué.

Al otro día, Neji tenía el hachazo de su vida.

- Por mis ancestros… ni la marca del Pájaro enjaulado me dolió tanto... aaaaugh… - gemía para sí el Hyuga, tendido, descansando en su habitación. La quietud de su lugar de reposo fue interrumpida, cuando se hizo presente, Hyuga Hiashi.

- Neji… ¿Te das cuenta de la magnitud de lo que has hecho? ¿Del tiempo que se hablará esto? Y por encima de todo… ¿Te das cuenta de la deshonra para nuestro clan?

- Hi- h-…. Hiashi-sama – mascullaba Neji, muerto de vergüenza – yo…

- No hay excusas para esto, Neji. Tendrás que cumplir un castigo muy severo, aparte de dar las correspondientes disculpas públicas… Miren que llegar a meterse con una gennin…

- ¿G- gennin? ¿A qué te refieres, Hiashi-sama? – preguntó Neji, consternado.

- ¿Es que no lo recuerdas? –

Por la cabeza de Neji pasaron imágenes vagas, entre las cuales distinguió, efectivamente, la figura de una novata.

- Por Dios… - se lamentó Neji.

En todo el territorio Hyuga, se comentó la farra de Neji. Todo el día. Y en la noche, una de las Hyuga quiso dejar de lado las controversias por un rato, para salir de su casa, e ir a pedir un valioso consejo.

Hyuga Hinata se dirigía a la casa de Yamanaka Ino. Aterrizó en el balcón de la habitación de la rubia, y comenzó a golpear el vidrio.

- Ino-san… Ino-san! – llamaba Hinata por la ventana de la habitación a Ino.

- ¿Hinata? – dijo la rubia, que apareció con un ligero pijama, mientras abría la ventana de su cuarto para dejar entrar a la peliazul – ¿qué sucede? A ver, no me digas… ¿Hoy es martes femenino?

- No se trata de eso, Ino-san, además, hoy no es martes…

- ¿Entonces es jueves femenino?

- No he venido por eso, Ino-san, y no hables tan fuerte porque si Godaime-sama se entera que hay un clande, nos va …

- Oh, bueno, entonces ¿Qué se te ofrece?

- Verás, Ino-san… - comenzó a decir Hinata, pero se detuvo al ver un cuerpo pálido y desnudo, que dormía en la cama de Ino.

- Ino-san… tú y Sai…

- Le he tenido que enseñar todo el día – explicó Ino, sonriendo satisfecha -. Mis padres no volverán en varios días, así que aproveché y le dije que se quedara. No hemos salido de este cuarto, desde que llegamos de la fiesta de Kakashi-sensei.

- ¿Han estado en cama todo el día? – preguntó Hinata, extrañada.

- Síps. Todo el día acostados.

En la cara de Hinata había una expresión rara, mezcla de asombro y admiración.

- Ino-san, yo quiero… bueno, quiero saber ¿cómo haces para tener un hombre?

- ¿Qué? ¿Eso es lo que vienes a preguntarme?

Los ojos de Hinata dibujaban una especie de anhelo. Triste. Ino tardó varios segundos en entender a qué se refería. Debía tratarse de…

- Es Naruto, ¿verdad?

- ¡Eh! eeeh… yo, pues—bueno, verás-

- Tranquila, tranquila, viniste al lugar correcto – la calmó Ino.

- E-e ¿en serio?

- ¡Claro! Entiendo como te sientes. Para empezar, tengo que decirte que me va a costar un poco, porque, Sakura es mi amiga, ¿entiendes? – decía Ino mientras se sentaba en la cama, invitando a Hinata a sentarse también -. Por eso, lo que te tengo que decir es secreto.

- Entendido.

- Tú, Hinata, tienes mucha más ventaja "de entrada" para ganar hombres.

- ¿Cómo es eso? No entiendo, Ino-san – dijo Hinata, contemplando el cuerpo dormido de Sai, que a pocos centímetros de ella emitía algo de calor.

- Vamos, ¿qué es lo que no entiendes? ¡Mírate! – insistió Ino, a la vez que tocaba los crecidos senos de Hinata, la que a su vez, se sintió muy rara al ser tocada.

- ¿Qu- qué-- Ino-san…

- Tienes el mejor par de tetas de todas las chuunins, demonios, todos te las miran.

- ¿Quéeee? – gimió Hinata alarmada.

- Sakura, yo, y muchas pagaríamos por tener eso que tú tienes.

- ¿E- en serio?

- ¡Sí! Aparte, también tienes retaguardia. Así que físicamente, puedes ganarte a un hombre fácilmente. Sakura y yo tenemos esa desventaja. No tenemos muchas curvas. Por lo que debemos usar nuestra personalidad para llamar la atención de los chicos.

- Aah, ya veo.

- Hinata, a pesar de que tienes la ventaja del cuerpo, como eres tan retraída… no te va tan bien con los chicos. Ellos te miran, claro, pero con la personalidad que tienes, no les resultas tan atrayente. Aquí en Konoha, al menos, los hombres buscan mujeres con iniciativa ¿entiendes?. Así que, si te quieres coger a Naruto…

Hinata inhaló aire rápidamente. Esa última frase la dejó shockeada.

- Si te quieres coger a Naruto, debes cambiar un poco tu personalidad. Porque, lo primordial – explicaba Ino, al tiempo que masajeó los senos de Hinata nuevamente – ya lo tienes.

Hinata, sorprendida con lo que Ino le había revelado, había decidido hacer lo que fuese necesario para llamar la atención de Naruto.

- Con un poco de iniciativa, te puedes ganar a Naruto, Hinata.

- ¿Cómo me recomiendas empezar?

- Pues…

¿Puedes venir hoy a las 17:00 hrs a la casa Hyuga? Hay un par de cosas interesantes que quiero mostrarte. Hinata.

- Hinata… - se decía a sí mismo Naruto, sentado en el marco de su ventana, mirando en papel con el mensaje, sólo con los shorts verdes puestos, disfrutando del calor de la tarde -. Hinata ¿qué es lo que pasa ahora…?

Knock Knock. Naruto se dirigió a abrir la puerta. De pasada miró el reloj. Recién eran las 13:15.

- ¿Sakura-chan? Hola, pasa…

- ¿Estás solo? – le preguntó ella, al entrar.

- Claro que estoy solo ¬¬ – respondió él.

- Lo siento, siempre olvido que no debo preguntar – se disculpó ella, a la vez que abrazó al chico para probar su lengua. Ella andaba vestida con una falda roja muy corta, y una remera negra sin mangas – ¿Qué tienes en la mano?

Naruto aún sostenía la nota que le había tirado Hinata debajo de la puerta.

- Es de Hinata, quiere que vaya a verla – explicó Naruto, mientras tomó de la mano a Sakura y la llevó a su cama, para ponerse más cómodos.

- ¿Para qué quiere que la vayas a ver? – preguntó la pelirrosa, con cierto recelo.

- Mmh, no lo sé… quizás me va a enseñar alguna técnica nueva, o algo así.

- Aah… - se relajó Sakura, considerando que no debe ser muy entretenido ir a la casa del clan más conservador de Konoha, para ir a acompañar un rato a la hija de Hiashi -. ¿Irás?

Naruto pensó un poco, acomodándose en su cama, colocando su cabeza en la almohada, y flectando una pierna.

- Bien, creo que iré.

- ¿A qué hora debes ir? – preguntó Sakura, sentada aún en la orilla de la cama.

- Como a las cinco.

- Mmm, entonces creo que tenemos algo de tiempo para nosotros, ¿no? – sugirió pícaramente ella.

- Pues, que así sea – agradeció Naruto, mientras Sakura se recostaba sobre el cuerpo de su ninja. Él sólo la besó una vez. Luego se quedaron meditando. Pero eso no duró mucho. En cosa de minutos, la ropa de ambos estaba en el suelo. Ella, sin ningún tipo de vergüenza, recorría con ambas manos el cuerpo de Naruto, que cada vez se acostumbraba más a la apasionada forma de ser de su querida Sakura-chan. Los 2 cuerpos, más hirvientes que el calor mismo que llovía en la Aldea de Konoha, se mezclaban en un paisaje de placer intenso, sincero, puro. Él, devorando el fino cuello de la Haruno, y ella, recorriendo la fornida espalda de su, antes, shinobi más ruidoso del mundo. Ya no. Claro, ya no. Ahora era un hombre. Y lo que más la hacía feliz y contenta, era que con ella, Naruto pudo llamarse hombre por primera vez.

No les importó el calor. Ella no le daba importancia. Él tampoco. La calidez, la humedad de sus carnes unidas, él dentro de ella. Se movían. Primero lentamente, y luego, con bestiales embestidas, que parecían enviar oleadas de electricidad desde el punto mismo en donde la unión de sus cuerpos era completa, donde él poseía el interior de ella. Todo les daba lo mismo. El calor, el tiempo, el mundo.

Ella quería sentirse sucia.

Naruto, luego de pensarlo por varios minutos (le costaba distraerse del sumo placer que lo consumía), decidió.

- Sakura-chan, ¡atrás!…

Ella, obediente, se echó hacia atrás, casi sentada en la almohada, con la cabeza contra la pared, expectante, casi nerviosa, por saber qué quería hacer Naruto. Contempló con ansias el miembro crecido de su hombre. Lo predijo instantes antes. Quizás el también sabía algún jutsu divertido.

¡Sellos! Luego el rubio pronunció…

- Ninpou… Kaiten Seppun no Jutsu…

Los vecinos se dieron cuenta que Naruto ya no era un niño. Los gritos de Sakura lo atravesaron todo, y llegaron hasta los rocosos oídos de los monumentos a los anteriores Kages, Shodaime, Nidaime, Sandaime, su suegro, y la actual Godaime.

Luego de experimentar 3, 4, 5 explosiones seguidas, Sakura pidió un respiro.

- Nn—na Naruto… ¿dónde aprendiste eso?

Por las siguientes horas, no se dieron descanso.

Hinata, en tanto, esperaba ansiosa la hora de las cinco. Su plan no podía fallar.