Saludos a "El Ángel de la oscuridad"! Gracias por leerme, hermano.

Capítulo 11

- ¿Tsunade-sama? ¿Tsunade-sama?...

Shizune no podía encontrar a la Godaime Hokage. Se paseaba por los pasillos del edificio de administración de la Aldea.

- Aún no son las 6, tiene que cumplir su horario… ¡Tsunade-sama! – gritaba Shizune, buscando en cada puerta de aquella gran y redonda construcción con el Kanji de "fuego" en ella.

Tsunade no aparecía.

¿Dónde estaba?

En otro lugar de la aldea…

Sai despertaba de su largo sueño. En la cama sólo estaba él.

- ¿Ino-san? – dijo, levantando su cabeza, dando una rápida ojeada a la habitación de la kunoichi. Su olor aún estaba en las sábanas.

- Vaya, me dejó solo en su habitación. Debería ser mas cuidadosa…

Mientras tanto, en la bodega de las mermeladas de la casa Hyuga, Hinata, con su busto al descubierto, se disponía mentalmente para el momento de la verdad.

Naruto debía poseerla, ahora. E Ino le había dado las instrucciones precisas para que eso ocurriera.

- Ay, ehh, Hinata, eeh, jaja – balbuceaba Naruto, viendo las proporciones redondas, esculturales y maduras de la peliazul, mientras sentía como se le subía la presión. Ni siquiera la fría pared contra la cual se apoyaba, ni la fría madera del piso en que estaba sentado, podían mitigar el calor que le producía ver a la (alguna vez) tímida Hinata, semidesnuda, que estaba de rodillas frente a él, y dispuesta a todo.

- "T- te… tengo que seguir!..." – pensaba Hinata, mientras lentamente, con una velocidad sensual, hacía bajar los pulgares por su vientre. Iba a quitarse la parte de abajo.

- N- no, Hinata, espera, no nnn…. – seguía balbuceando Naruto, al ver como ella, sentándose, se deshizo de la transparencia que cubría sus partes privadas. Ella se esforzaba por mantener una expresión cálida, pero por dentro ella deseaba con todo su ser haber disfrutado de un momento igual en una situación distinta : lejos de todos, en tranquilidad, y no a oscuras, ocultos.

Pero esto era todo lo que había logrado.

- Vamos, continúa, Hinata… - decía para sí una kunoichi rubia, espectadora de la escena, oculta entre los múltiples estantes. Ella había logrado entrar al territorio Hyuga aprovechando la escasa seguridad, ya que la mayoría del clan estaba ocupado en otro sector de la casa, dando la marca en la frente a los miembros del Bunke.

Hinata de rodillas de nuevo, se inclinó hacia Naruto. Lo quería desnudo, para ella. Iba a quitarle el boxer. Él, no se opuso. Tenía la cabeza, ocupada con otros pensamientos.

- ¿Esto es todo lo que quieres de mí, Hinata?

- ¿Aah? – gimió ella, ante la interrogante del rubio.

Los dos se quedaron mirando. La respiración de cada uno los excitaba. Hinata, con sus manos tirando del boxer, no supo que responder, hasta que dio preferencia a su ser humano.

- Te quiero… todo.

- ¿Eeeh…?

- Te quiero todo para mí – aclaró Hinata, más segura que nunca, quitándole en un movimiento muy rápido, la prenda de abajo a su rubio.

El reflejo de los dos, de abrazarse, no fue producto del deseo que los invadía. Más bien, fue el instinto de mitigar el frío. Estaban en un lugar algo húmedo, en el suelo, sin ropa.

Respiraban rápidamente. Y alguien estaba muy contenta con lo que veía.

- Vamos, Hinata… sigue, sigue… - decía la espectadora rubia incógnita, al ver que la Hyuga estaba pegada al Uzumaki.

Hinata empezó a acomodarse. Le costaba. Era su primera vez. Aparte de eso, estaban en una posición muy incómoda. Él contra la pared, sentado, y ella de rodillas, abrazándolo. Y Naruto nunca se había sentido tan inseguro. Ella era una Hyuga, del Souke. Se sentía fuera de contexto.

- Hinata, ya te lo dije una vez – empezó él, separándose un poco de ella - Esto es complicado. Si tu papá sabe de esto, me voy a echar encima a todo tu clan.

- Naruto-kun, por favor, no lo divulgues, hay que mantener esto como un se-

- No se trata de mantener un secreto, Hinata. Esto, definitivamente, no puede pas-

Hinata atacó el punto débil de Naruto, y de todos los hombres, ninjas o no. Su delicada mano bajó hasta el miembro del rubio, y empezando a acariciarlo, provocó que él considerara sus juicios.

- Oh… ay, no… - empezó a gemir él, notando como sus deseos gobernaban sus actos. Se dio por vencido.

Hinata, trataba de recordar las instrucciones que le había dado la nunca bien ponderada Ino. ¿Qué era lo siguiente? Recordó el siguiente paso, pero prefirió saltarlo. No se creyó capaz. Luego de terminar el "masaje", simplemente quiso que él entrara. Y así fue. La incómoda pose no se comparaba con el dolor que le provocó la primera embestida, pero lentamente, y acostumbrándose, encontró un ritmo.

Su sueño, en parte, se veía realizado. No era tan desagradable lo que ocurría. Ella quería algo más dulce, pero sonrío a pesar de eso. Nada podía ser más dulce que estar cubierta de mermelada, intimando con su hombre. Cerrando los ojos, parecía querer extraer desde el interior de Naruto, la más completa felicidad.

- Ahora es cuando… Shintenshin no jutsu!.

La rubia incógnita, a pocos metros de ellos, realizaba su especialidad. ¡El jutsu de traspaso mental! ¡Ino pasaba a poseer el cuerpo de Hinata!.

Naruto se sobresaltó al oír un ruido, como si un cuerpo cayera al suelo. Miró por el pasillo. No había nada. Pero más asustado se sintió cuando vió que Hinata inclinaba la cabeza, al parecer, inconsciente, para luego inmediatamente volver en sí, pero con una mirada distinta…

- Bien, Naruto, ¿te estás divirtiendo? – dijo ella.

- ¿"Naruto"?- respondió él, encontrando rarísimo que Hinata no le dijera "Naruto-kun".

Inmediatamente, la "Hinata" cambió de dispocisión : con unos sensuales movimientos, hizo que Naruto se sorprendiera, y a la vez, comenzara a disfrutar del vaivén. Pero algo, de repente, interrumpió la fascinación que Naruto empezaba a sentir : "Hinata" empezó a tocar y manosear sus pechos.

- Vaya, así que así se sienten los senos de Hinata, ¿eh?... Son bastante grandes ¿No le incomodarán? – pensaba Ino mientras examinaba con cuidado la fisonomía del cuerpo que visitaba.

- H- Hinata… ¿p- por qué te tocas así? – preguntó él, levemente sonriendo con morbo.

- ¿Aaaah? Eeeehh…

- Bueno, eso no i-mporta… ¿D- dónde aprendiste a a hacer e-esto? – decía entrecortadamente él, aún sorprendido por la forma que tenía Hinata de "trabajar".

Ella no respondió.

- Creo q- que lo haces b –bien… es decir, no me esperaba que…

Ella seguía en silencio, absorta en su labor. Parecía sólo querer disfrutar sus movimientos, y no prestaba atención al rubio.

- Hinata, p- por favor, esto n- no debe salir ¡au! Oohh… de esta bodega, ¿entiendes?

No hubo respuesta. Naruto empezó a mirar a la chica, extrañado…

- Hey, Hinata…

- ¡¿TE QUIERES CALLAR DE UNA BUENA VEZ?! ¡HABLAS DEMASIADO! ¡SÓLO HÁZMELO!

Naruto se quedó de piedra al oír explotar a "Hinata".

Se detuvieron.

- Q- ¿Qué te pasa, Hinata…?

Ella se dió cuenta del cagazo a los pocos segundos.

- Ooooh, lo siento, Naruto-kun, no suelo comportarme así, ¿sabes? Por favor, sigamos – se disculpó ella, con una voz aguda, tratando de actuar como la Hinata real.

En este punto, Naruto empezó a tener una sensación extraña. Oye un golpe, como de alguien cayéndose al suelo, luego, Hinata cambia drásticamente su comportamiento en esta situación sexual. ¿Qué era lo que estaba pasando? Sintió miedo.

- A ver, a ver, Hinata, mejor dejémoslo hasta acá… - sugirió el rubio, tomándola de los hombros, instándola a que se saliera de encima.

- ¡No! No, por favor, sigamos - contestó ella, al ver posiblemente frustrada su fantasía… claro, en el momento en que Hinata fue a pedirle consejo, Ino encontró la forma de cumplir una pequeña locura que se le ocurrió en el cumpleaños de Kakashi : al momento de besar a Naruto, en el juego de la botella, notó el talento del tipo zorro para besar. Y lo deseó con todas sus fuerzas. Y la inocencia de Hinata era el mejor móvil para llevarla hasta Naruto.

Mientras tanto, Shizune por fin encontraba a la Hokage.

- ¡Tsunade-sama! ¡Pero qué está haciendo aquí! – le gritó la subordinada a la Godaime.

La kunoichi más fuerte del mundo estaba sentada en la barra de un pub recién inaugurado. Y su subordinada le gritaba desde la entrada.

- ¿Cómo que qué estoy haciendo? ¡Por supuesto, estoy trabajando!

- ¿Trabajando?? ¬¬

- ¡Claro! Este bar acaba de abrir, así que necesito saber como funciona. Sírveme más, por favor – le dijo de repente al barman, interrumpiendo su diálogo con Shizune.

- ¡No venga con excusas! ¡Su lugar está en el edificio de administración! ¡No en un bar! ¡Debe volver a trabajar!

- Vaaaamos, Shizune, no seas así… falta poco para las 6… por esta vez, pasemos, ¿Ok?

Shizune pensó un momento, aún en la entrada del bar. Miró al suelo, luego levantó la cabeza.

- Sólo por esta vez, Tsunade-sama… - se rindió

- ¡Bien dicho Shizune! Ahora, ven, siéntate conmigo, hace tiempo que no bebemos.

- Tsunade-sama, no es hora de andar bebiendo, debo volver a mi lugar de trabaj-

- ¿A dónde crees que vas? ¡Tu lugar de trabajo es conmigo! Te quedas – sentenció la Hokage.

- Oooh… - se quejó Shizune, caminando hacia su jefa, resignada.

- No pongas esa cara, cuando te sientes te darás cuenta de que no te arrepentirás de estar aquí conmigo.

- ¿Qué? – dijo Shizune, al sentarse en las altas bancas de la barra, a la izquierda de Tsunade.

- Mira… - le dijo la Godaime, indicando con la cabeza, que mirara hacia el fondo del salón.

Hatake Kakashi estaba, junto a Anko, Aoba, Genma, y otros Jounins, en la última mesa del local.

Era gracioso descubrir siempre la expresión de la cara de Kakashi, a pesar de que lo único que se le ve es el ojo derecho, normalmente. Shizune, al ver al Jounin, comenzó a sonreír como una quinceañera.

Flashback

Cumpleaños de Hatake Kakashi, casa de Hagane Kotetsu.

- … Tsunade-sama.

- ¿Mh?

Subordinada y maestra estaban en la cocina de la casa de Kotetsu. Tsunade, de pie, apoyada en un mueble, y Shizune, sentada en una silla metálica, a su lado.

- Hay algo de lo que le he querido hablar…

Tsunade conocía perfectamente a Shizune. Y le parecía raro que ella le estuviera a punto de contar algo que no supiera.

- Hatake Kakashi – murmuró de repente Tsunade, luego de terminarse la lata de cerveza que tenía en la mano.

- ¿Quéeeeeee? – gritó Shizune, poniendo la cara de susto que siempre pone - ¿Cómo supo que…?

- No me imagino de que otra cosa puede ser. Te brillan los ojitos cuando se aparece en mi oficina a reportarse, y te giras a mirarlo cuando lo ves por la aldea. Ya me imagino por qué lo miras, pero la verdad es que no me has dicho nada al respecto.

Shizune permaneció en silencio. Luego de pensar unos segundos, empezó…

- Tsunade-sama, yo…

- Shizune, tienes mucha suerte.

- ¿S- suerte?

- Claro, mírate… Eres joven aún, y estás linda. Tienes muchas posibilidades de conseguir lo que quieres.

- Yo… ¿consegui-…?

- ¡Mujer! ¡Todas las ANBU, chuunins, jounins, incluso algunas gennins lo tienen en la mira! Yo misma reconozco que me gustaría agarrármelo, pero estoy vieja ya, a pesar de mi apariencia…

- ¡Tsunade-sama! – gritó Shizune, luego de oír la confesión de la Hokage.

- Tienes la ventaja de ser de edad similar a la de Kakashi, y de ser guapa ¿por qué no puede suceder?

- Pero, Tsunade-sama, ¿qué pasa si Kakashi-san…?

- No, no, no pienses así… No pierdes nada con preguntar, ¿no?

- Quizás ahora es un buen momento para preguntar – dijo Yamato, apareciendo tras la puerta de la cocina.

- ¡Yamato! – dijo Tsunade.

Shizune estaba roja.

- Lo siento, Hokage-sama, no he podido evitar escuchar lo que hablaban

Los 3 se quedaron callados unos instantes. Yamato rompió el silencio.

- Creo que si hablas con Kakashi-san ahora, puedes conseguir algo, Shizune.

- Yamato-san, tu crees que…

- ¡Shizune! No seas insegura. Demonios, este Kotetsu tiene de todo para beber, menos lo que yo quiero… ¿Dónde tendrá un poco de vino? Oh, Neji se lo tomó todo… - decía Tsunade revisando el refrigerador y los muebles de la cocina.

- Creo que, no pierdo nada con preguntarle a Kakashi-san…

- ¿Qué es lo que me quieres preguntar, Shizune-chan? – inquirió simpáticamente Kakashi, al aparecer súbitamente por la ventana, al lado de Tsunade.

Shizune estaba congelada. Yamato y Tsunade sonreían con picardía. Cuando la jounin volvió en sí, luego de unos segundos, se puso de pie con el rostro ensombrecido de vergüenza, y salió de la cocina, hacia el salón principal.

- ¿Qué pasó? ¿Me he perdido de algo? – interrogó inocentemente Kakashi.

- No pasa nada, Kakashi. Sólo búscame por ahí una botella de vino. ¡Es una misión de rango D!

- ¡Hai! – obedeció Kakashi, desapareciendo.

Yamato y Tsunade se quedaron mirando.

- Hokage-sama ¿cree que Shizune se anime?

- Si no se anima, la animo yo – finalizó ella, sonriendo.

Fin del Flashback

Mientras recordaba todo eso, Shizune seguía sonriendo. Le hervían las mejillas.

- ¡Hey! Un poco de sake para mi amiga. Y un poco de rábano blanco – ordenó Tsunade.

- Entendido, Hokage-sama – respondió el barman, yendo a dar el pedido al cocinero.

- Tsunade-sama, Kakashi-san está ocupado con sus amigos ahora, no creo que quiera conversar.

- ¿Acaso no eres su amiga también? ¡Tonta! Vé y háblale. Mira lo bueno que está… ¿No te gustaría ir y abrazarlo? ¡Aprovecha!

- ¡Tsunade-sama! – susurró Shizune, poniéndose nerviosa y roja por los comentarios que le hacía su maestra.

- Vamos… míralo, seguro que también tiene ganas de hablarte. ¡Hey, Kakashi!

- Waaaaa O / O – gimió Shizune al oír que Tsunade llamaba a Kakashi.

- ¿Mh? ¡Hokage-sama! No esperaba encontrarla por acá a esta hora.

- Me escapé del trabajo por un rato, estoy aburrida estos días. ¿Nos podemos sentar con ustedes? – pidió la Hokage, acercándose a la mesa de los jounins, llevando del brazo a Shizune.

- ¡Por supuesto, Hokage-sama! Aoba, alcanza 2 sillas.

- ¡Claro! – contestó Aoba, que se puso de pie para sacar 2 sillas de la penúltima mesa, que estaba desocupada.

Cuando todos estuvieron sentados, Shizune no podía levantar la cabeza.

- ¡Vamos, Shizune! He oído que Anko también le tiene ganas a Kakashi ¡No dejes que te lo gane! – le murmuraba al oído Tsunade a Shizune, pegándole con el codo.

Shizune quería irse de allí. No soportaba ver a Anko al lado de Kakashi. No sabía qué pensar. Y Tsunade no sabía qué hacer para motivar a su subordinada.

Con las mejillas y el corazón ardiendo, Shizune no sabía qué hacer.

Mientras tanto, En la habitación de Nara Shikamaru, en la cama descansaban 2 cuerpos desnudos. Sus aromas y su calor se mezclaban, aislándolos del resto del mundo.

El hombre estaba nervioso. Tenía calor. Sudaba. Hacía mucho rato que quería preguntar algo.

- Hey, Temari.

- ¿Mh? -

- Tú…eehm… ¿Tomas pastillas, no?

Temari se empezó a reir, con la cabeza en el pecho de Shikamaru.

- Claro que no… nunca he comprado. No tengo relaciones a menudo.

- ¡¡Quéeee?! – gritó Shikamaru, preocupado – Aaaah, qué problemático.

Mientras tanto, Naruto e Ino (en el cuerpo de Hinata) seguían en lo suyo. Se agitaban, calurosamente, no se daban respiro. No se besaban. Ella sujetaba la cara del chico zorro con ambas manos, pero no lo besaba, sólo se limitaba a respirar en su cara, lo que provocaba en carne viva al rubio.

Hasta que…

- Hi- Hinata, sa, sa- sal de encima, creo q- que voy a…

- No, n-o me voy a salir, Na- ¡oh! Naruto.

- Hinata, po-por favor, y- yo no me puedo aa- aguantar, si lo hago ad- adentro…

- ¡NARUTO! ¡CÁLLATE!

- u.uU … Hinata… creo que voy a…

Uuuuy! Naruto está a punto de explotar! Acaso a Ino le da lo mismo lo que le pueda pasar al cuerpo de Hinata?

Y qué hará Shizune en el pub?

Gracias por leer!