Capítulo 12

- ¿Quieres algo de vino? ¿O me vas a negar una copa?

- Lo siento, lo siento, no tengo muchas ganas ni de comer ni de beber hoy.

Kakashi no aceptaba bocado o trago alguno que le ofrecía Anko. Con el paso de los minutos, los demás jounins quisieron apoyar la cruzada.

- Vamos, Kakashi, prueba algo de tofu hervido, no te arrepentirás – aseguraba Raidou, ofreciéndole un recipiente.

- No, gracias -

Los jounins empezaban a molestarse, cuando de repente, mirando a Shizune, que estaba inmediatamente a su derecha, Kakashi dijo :

- ¿Sucede algo? Has estado mirando hacia abajo todo el tiempo, Shi-zu-ne-chan…

Shizune, con la cara roja, levantando la vista, sintió como la garganta y el pecho se le helaban, incluso teniendo las mejillas ardiendo.

- No se ha sentido bien estos días. Le he dado mucho trabajo. Quizás deba darle una semana o más días de descanso – respondió la Hokage, al ver que Shizune no tenía qué responder.

El instinto de mujer de Anko le hizo sospechar del comportamiento de la brazo derecho de Tsunade, así que con un gesto rápido, movió su silla para acercarse a la izquierda de Kakashi.

- Hay mucho sake, Kakashi ¿por qué no brindas con nosotros? – sugirió en un tono sexy la examinadora.

- Prefiero evitar el alcohol, sobre todo después de anoche. Ni yo mismo me puedo creer que un día después de mi fiesta de cumpleaños esté en un pub.

- No digas eso si ni siquiera has bebido un sorbo – rió Aoba.

Mientras todos la pasaban bien, había una que se hallaba fuera de lugar. Shizune quería irse, simplemente no se sentía a gusto. Lo de Kakashi, en esos instantes, le daba lo mismo. Ella se sentía fuera de contexto. Ella no era así. Le incomodaba cuando Tsunade la forzaba a participar en situaciones así.

- ¡Shizune! ¿Qué esperas? ¡Anko se te va a adelantar! – le susurraba la Hokage a su subordinada, que había levantado la cabeza sólo un par de veces.

- Tsunade-sama, es mejor que me vaya…

- ¡No! Vamos, ¡lo tienes a 10 centímetros!, ¿Acaso pierdes algo con intentar? – insistió Tsunade presionando fuertemente con sus dos manos el brazo diestro de su ayudante.

Shizune miraba a Kakashi, y pensando en lo que le decía Tsunade, empezó a considerar su decisión.

- ¿Mh? ¿Qué pasa?- decía Kakashi, girando a su derecha.

- Kakashi-san ¿Te estás divirtiendo? – le preguntaba Shizune lentamente, sonriendo, al ninja copia.

- ¡Bien! ¡Ésa es mi ayudante! – celebraba en su mente la Hokage, al ver que su subordinada se animaba a hablarle a Kakashi.

Anko se sintió un poco turbada al ver que Shizune le entorpecía el camino.

- Hey, Shizune ¿No tienes unos gennins que ir a curar a algún sitio? – preguntó sarcásticamente la examinadora.

La risotada general que siguió hizo ponerse roja a la fiel ayudante de Tsunade.

- Vamos, vamos, que salga poco no significa que no tiene derecho a divertirse, ¿no es así, Hokage-sama? – dijo Kakashi.

- Claro, por eso yo misma la he traído hasta aquí – respondió sonriendo pícaramente Tsunade.

- Puntos menos … - pensó con algo de molestia Anko que veía con algo de envidia como Kakashi parecía sonreír cuando la voz de Shizune llegaba a sus oídos.

- … Mmm no, no la conozco. La verdad es que esos sellos me complican. No es que no pueda hacerlos. Además nunca te he visto usarla. ¿Es tuya? – preguntaba Kakashi.

- La verdad no la inventé yo, pero es una técnica que requiere un buen pulso. Si hay poco de chakra extra, o un poco menos, el jutsu se vuelve inestable – respondía Shizune.

- Vamos, Shizune, no te vas a poner a hablarle de jutsus ahora, ¿no? Háblale de ti, de la vida, ¡qué se yo! ¡Vamos, ve por él! – le susurró de repente Tsunade a Shizune.

- Ooh, por cierto, Kakashi-san ¿te gustaron tus regalos de ayer? – interrogó de repente la ayudante, cambiando el tema de los jutsus.

- La verdad no me los he acabado todos.

- ¿En serio?

- Es obvio que no me puedo comer un cerro de comida en menos de un día. Por cierto, Shizune, gracias.

Ella sentía hervir las mejillas y los labios.

- Gracias… ¿por qué?

- Tú, Shizune, fuiste la única que no me regaló algo para comer.

Shizune, recordando el chaleco resistente a shurikens que le había obsequiado, se sintió feliz por haberlo comprado.

- ¡Claro! Un regalo digno para un ninja profesional como tú, Kakashi-san.

Kakashi y Shizune reían juntos mientras Anko con celos veía alejarse su objetivo. Hasta ese día, siempre había conseguido lo que quería. El sexo le gustaba. Pero no con cualquiera. Hatake Kakashi había sido siempre su fantasía. Casi todas las kunoichis, incluso Kurenai, antes de conocer a Asuma, tuvieron en su mente alguna vez al hijo del Colmillo Blanco de Konoha. Pero ahora, la "aventajada" de la Hokage, se entrometía a quitarle terreno.

- Oye Shizune, ¿Por qué no te vas a toquetear niños por ahí? – gritó Anko, harta de la situación.

El volumen música del pub hizo más sacro ese pseudo-silencio que se produjo en la redonda mesa llena de jounins y la Godaime. El comentario de Anko había tocado una especie de tabú. Algo de lo que no se debía hablar.

Una mirada dolorosa, con algo de rabia, y con algo de pena, fue la que le dirigió Shizune a la examinadora. Los segundos pasaban y nadie aventuraba un comentario para dejar atrás el incómodo momento. Hasta que…

- Les dije que no la volvieran a cagar.

La sombría, pero no menos violenta voz de Tsunade llegaba a los oídos de todos. Continuó :

- Anko, si te vuelvo a oír…

- Ok, vale, vale. Lo siento, Hokage-sama… - se disculpó Anko, contra su voluntad.

- Tonta, ¿Cómo se te ocurre decir algo así en voz alta? ¡Ya sabes que eso no se puede comentar más! – le susurraba Raidou a Anko.

- Idiota – dijo en voz alta Genma.

- ¡Qué! – respondió enojada Anko.

- ¡Silencio! Olvídenlo. No se hable más del tema. ¿Qué me decías de Hana, Aoba? – le decía Tsunade al jounin de lentes.

- Vaya, Hokage-sama nos acaba de decir que detengamos los comentarios, pero ella sigue con los chismes sobre la hermana de Kiba ¬¬ - le decía Raidou a Genma.

- Qué inconsecuente – respondió en voz baja el examinador.

- Que no te importe lo que se diga de ti.

- ¡¿Ah?! – gimió Shizune, al oír la voz de Kakashi.

- Digamos que eres alguien muy confiable. Brazo derecho de la Godaime-Hokage de la Aldea de Konoha, después de todo.

Esas palabras hicieron sonreír a Shizune.

- Vas bien, Shizune, ¡vas bien! – le animaba al oído Tsunade a su ayudante.

- Jeje – reía tímidamente Shizune en respuesta. Pero de repente, sus pupilas se oscurecieron, y Tsunade al mirar los ojos de la pelinegra supo que estaba rememorando malos recuerdos.

Un día, pasado 1 año de la partida de Naruto con Jiraiya a entrenar, se corrió un extraño rumor entre los chuunins y jounins. Se decía que Shizune, en las rondas médicas de chequeo para gennins, tuvo comportamientos extraños, como prolongar por bastante tiempo las consultas con los varones. Es decir, gennins de 9 a 13 años. Cuando Tsunade se enteró, hizo saber indirectamente tanto a chuunins como a jounins que apoyaba a Shizune y desmentía cualquier acusación en contra de su ayudante. Shizune estuvo con depresión un par de meses, ya que los padres y parientes de muchos de los novatos de ese año la empezaron a tildar de "profanadora" o "asalta-cunas", hasta que lentamente se olvidó el asunto y se redujo a aislados comentarios de pasillo. Pero, se hizo obvio para todos que no era recomendable hablar al respecto estando Shizune o Tsunade cerca.

Por eso, el comentario de Anko fue algo desacertado.

Tsunade confiaba a ciegas en Shizune. Pero ¿Había algo tras la mirada triste de su fiel servidora? ¿Acaso la pesada broma de Anko tenía algo de veracidad?

Casa Hyuga.

El (alguna vez) ninja más ruidoso del mundo disfrutaba de la explosión de sus sentidos, para luego dar lugar a una sensación de vacío y culpa de la que no se iba a olvidar.

Sus fluidos, por fin mezclados en el cuerpo de la peliazul que lo había deseado por años, era lo que le provocaba la angustia gigante al chico del Kyuubi. Pero lo que éste no sabía, era que ese pálido y esbelto cuerpo de la Hyuga no se movía por la voluntad de la misma, sino que era objeto de una de las técnicas primordiales de la familia Yamanaka. Ino, usando el Shintenshin no jutsu, poseyó el cuerpo de la heredera Hyuga para cumplir una de sus perversiones.

- Vaya… estuvo bien, aunque me hubiera gustado estar más cómodos – dijo la "Hinata" de repente, luego de varios segundos de haber cesado los movimientos.

Aún en la misma posición (él sentado contra la pared, y ella sobre él, unidos en sus sexos), ella sonreía con satisfacción, y él cerraba los ojos analizando lo que había sucedido.

- Puede que esté en serios problemas – dijo Naruto restregándose la cara con ambas manos.

- Mierda, mejor me voy… - pensó Ino, antes de liberar la técnica - ¡Kai!

La rubia volvió a su cuerpo, mientras Hinata despertaba de un raro sueño, de vuelta en su cuerpo.

- ¿N- Naruto-kun?

- Hinata, ¿te das cuenta de lo que ha pasado? Demonios, voy a tener que conseguir unas pastillas de ésas…

- ¿Aaah? – gemía Hinata, aún sin despertar muy bien.

- Si voy y le pido pastillas a la enfermera amiga de Sakura en el hospital, seguro que sospechará de algo…

- ¿Pastillas?

- ¡Por supuesto! ¡Pastillas! Hinata, me hiciste…

Naruto se detuvo. Había un par de palabras que no quería pronunciar. Esperaba que su interlocutora la entendiera.

- Ya…¿Ya se acabó? – preguntó alarmada Hinata, decepcionada.

- Hinata, me tengo que ir de aquí cuanto an-

- Pero, ¿no se supone que yo debía sentir una gran explosión de placer…?

- ¡Claro que la sentiste! ¿O no lo recuerdas?

Hinata tenía la mente en blanco. Todo lo que recordaba era que en algún momento se quedó dormida.

- Mira, si no te gustó… Lo siento, Hinata, pero tú fuiste la que me forzó a ven-

- Naruto-kun, me duele la cabeza…

- ¿Ore..? O.O

- Mejor me borro de aquí antes de que me vean – pensó Ino, a un par de metros de dónde estaban Naruto y Hinata, oculta tras un estante, recuperando la movilidad de su cuerpo, para luego abandonar rápidamente el lugar.

- ¿Oíste eso, Hinata?

- ¿Aah?

- Sentí unos pasos hacia la puerta de la bodega… ¿Estás segura de que nadie nos siguió?

Hinata pensó unos instantes lo que les podía estar pasando.

- Dejé un reemplazo inmóvil en mi habitación, le dije a Hanabi que tu venías por algo y te irías inmediatamente… Nn no puedo pensar en nada, Naruto-kun.

- Ya veo. Como sea, es mejor que me vaya. Hinata, límpiate toda la mermelada que tienes encima, y por favor olvídate de esto.

- ¿Olvidarme de esto? – susurró Hinata, decepcionada, saliéndose de encima de Naruto.

- Hinata, te lo he dicho muchas veces, es muy peligroso para ti, y sobre todo para mí, que nos sigamos viendo.

En esos instantes La Hyuga pensó que todo el plan no valió la pena. No lo había disfrutado del todo. Ella nunca había estado con un hombre. Y no ocurrió lo que ella pensaba que tenía que ocurrir. En lugar de eso, se desmayó.

Pero de repente, un pensamiento le atravesó el ser. Había olvidado algo.

- ¡Cielos! – gimió ella, tomando su ropa y revisando cada bolsillo.

- Hinata… ¿pasa algo?

La peliazul, de rodillas, buscaba desesperadamente algo entre sus ropas. Esa imagen volvió a provocar a Naruto, que por dentro sonreía pervertidamente.

- ¿S- se te perdió algo?...

Hyuga Hanabi levantaba una cajita que estaba en la mitad del pasillo, cerca de las habitaciones de ella y su hermana.

- ¿Condones? – pensó en voz alta la hermana pequeña de Hinata, levantando una ceja, imaginándose qué estaban haciendo esos preservativos a mitad del pasillo, al frente de la habitación de su hermana. Impulsivamente, quiso resolver su duda.

- ¿Hinata? – dijo en voz alta Hanabi, parada frente a la puerta corrediza, que estaba un poco abierta. La curiosidad la hizo mirar dentro de la habitación. Su hermana estaba, al parecer, durmiendo.

- Hinata, no es hora de dormir. No es cualquier día, ¿sabes? Deberíamos ir con nuestro padre y…

La menor Hyuga se detuvo. Al mecer el cuerpo de su hermana mayor, notó algo extraño. No percibía el olor de su hermana. Con un rápido movimiento sacó su kunai y lo clavó contra el cuerpo que yacía en la cama.

¡Pwish! El cuerpo explotó, y apareció una almohada gruesa tras el humo.

- ¿Un reemplazo? – pensó en voz alta la Hyuga, que empezaba a alarmarse y a imaginar toda clase de desastres, como por ejemplo, que Hinata había sido raptada – Mierda, tengo que avisar de esto… ¡Auxilio! ¡Hinata no--

- ¡Hanabi! ¡Silencio! – dijo Hinata, apareciendo por la entrada de su habitación.

- ¡Hinata! Vaya… me asustaste. ¿Por qué dejaste un reemplazo en tu cama? Y ¿es tuya esta caja de preservativos?

Hinata se puso roja. Miró al suelo. Y el fantástico instinto de percepción de Hanabi sorprendía a su hermana. Sin duda la menor Hyuga era una gran kunoichi.

- Ya sé que estás ahí, Naruto-san.

Naruto estaba tras la puerta corrediza. Suspirando decepcionado, se dejó ver y entró a la habitación, poniéndose al lado de Hinata, dando la impresión de que iban a darle explicaciones a Hanabi.

Hinata no sabía como empezar. Naruto quería irse. Hanabi sonreía.

- No pongan esas caras, Naruto-san, hermana…

- ¿Eeh? – dijeron al unísono Naruto y Hinata.

- Entiendo a la perfección lo que pasa.

- Hanabi-chan…

- Naruto-san, no te preocupes. Sakura-san no se va a enterar. La verdad es que mi hermana siempre me habla de ti, así que me imagino que ya ha pasado algo entre ustedes, ¿no?

Naruto y Hinata se miraron, como si fueran 2 niños que no querían reconocer una travesura.

- No estoy a favor de que tengas 2 chicas, pero… al menos estoy a favor de que mi hermana se sienta feliz – confesó Hanabi, luego de reflexionar unos segundos.

Con los ojos muy abiertos, Hinata contemplaba la sincera expresión de su hermana. Al parecer no era una broma.

- Y ahora, Naruto-san, es mejor que te vayas. Los miembros del clan no tardarán en aparecer.

- Oh, ya veo… por favor, llévame a una salida segura, Hinata.

- Yo conozco una salida. Vamos – sugirió Hanabi, caminando rápidamente, saliendo de la habitación, seguida por su hermana y el rubio.

Llegaron a un patio pequeño que tenía un árbol al centro, cerca de las habitaciones de las hermanas. Dando un salto, Hanabi alcanzó el techo de una de las construcciones del lugar. Los otros 2 la siguieron.

- Salta por estos 2 tejados – indicó Hanabi, apuntando los techos de un par de construcciones grandes del territorio Hyuga.

- ¿Estás segura, Hanabi-chan? – preguntó Naruto.

- ¡Claro! Siempre salgo por allí cuando no me dejan salir. Salta por los 2 tejados, y cuando llegues a ese poste verde, ehm… ¿lo ves?

- Sí, lo veo.

- Bueno, ahí bajas. Allí termina el muro, así que baja por ahí y quedas en la calle. Es seguro salir por aquí porque en esa parte está la lavandería. No vigilan muy a menudo por allí, y menos ahora que toda la familia está en otro sector.

Hinata estaba sorprendida de los detalles del territorio que conocía su hermana menor, y que ni ella misma se había dado el trabajo de reconocer.

- Bien, me voy. Gracias, Hanabi-chan. Nos vemos, Hi--

Naruto, con un beso trató de alcanzar la frente de Hinata, pero ella intentó alcanzar la boca de él. La peliazul pensó que Naruto la esquivó. Hanabi contemplaba en silencio la escena.

- Nos vemos – finalizó Naruto, saltando por los tejados, hasta perderse en la vía pública.

- Tienes mermelada en el pelo, hermana.

Hinata inhaló rápidamente aire, poniéndose colorada de vergüenza.

- Así que estuvieron haciendo cosas pervertidas en la bodega, ¿no?

- O ////// O …

Naruto llegó a su casa. 18:43 hrs. Al abrir la puerta, vió una imagen sublime. Haruno Sakura descansaba, semidesnuda, en su cama. El escaso sol que había parecía esforzarse en iluminar el cuerpo de la chica. Las cortinas se agitaban por el viento que llegaba de la ventana abierta, y parecían velar el sueño de la pelirrosada.

La sonrisa que se desplegó en el rostro de Uzumaki Naruto fue de una felicidad tal que se sintió casi realizado. Pero inmediatamente el gesto se oscureció, al recordar lo que había acontecido minutos antes. No era posible que se volviera a repetir. Pero algo llamó su atención. Giró la cabeza a su izquierda, hacia un pequeño espejo que tenía colgado por ahí, cerca de la entrada, y miró su reflejo : seguía sonriendo, aún pesándole sus últimos actos. ¿Acaso había disfrutado de lo que había pasado?

- ¿Estoy… arrepentido en verdad? – dijo para sí en voz alta.

- ¿Arrepentido de qué?

Sakura había despertado.

- ¿De qué estás arrepentido? – insistió Sakura.

- N-nada, olvídalo, Sakura-chan. ¿Descansaste?

- Pues sí, aunque me duelen algunos músculos. No estoy acostumbrada a tanto ejercicio, ¿sabes? – confesó ella, sonriendo con picardía, haciendo alusión indirectamente a como la habían pasado en la tarde – Y tú, ¿te sientes bien?

- Claro, me siento muy bien…

- Aaah…. Qué bien.

Sakura se quedó mirándolo, como tratando de adivinar lo que le pasaba. Notaba algo raro en su rubio.

- Yo tampoco estoy acostumbrado – comentó Naruto, con la sonrisa que lo caracteriza, rompiendo el silencio.

Sakura sonrió entonces.

- ¿Por qué sigues allí parado en la entrada? Ven… Hey, ¿Tienes hambre? ¿Por qué no comemos algo? – sugirió Sakura, sentándose en la cama, y tomando algunas prendas para vestirse.

- Está bien – aceptó Naruto, pensando en que era mejor distraer sus pensamientos de Hyuga Hinata.

Los dos caminaron hacia el otro, sellando con un beso el encuentro. Se abrazaron. Sus bocas ya se conocían. Naruto tenía grabado en su garganta el aroma de Sakura. Le gustaba. Pero Sakura sintió algo no usual.

- Hueles a algo dulce – comentó Sakura con los ojos sombríos.

El corazón de Naruto empezó a palpitar muy fuerte. Instintivamente ella comenzó a recorrer el cuello de su ninja con la nariz. Luego, con la punta de la lengua, dio suaves toques, los que de a poco se convirtieron en pequeños besos subiendo hasta el mentón del chico.

El kunai que apareció bajo la quijada del rubio fue fugaz.

- ¿Quién eres? – preguntó Sakura de forma escalofriante.

- ¿Eeeh?

- ¡Contesta! ¿Quién eres? – interrogó de nuevo Sakura, manteniendo firme su kunai con la mano derecha, contra el cuello del rubio.

Naruto la seguía abrazando, y no entendía a su chica. ¿Por qué le preguntaba eso?

- No tienes el olor de mi Naruto. ¡¿Qué demonios le hiciste?!

Naruto se sintió sonreír por dentro. ¿Oyó mal, o acaso Sakura había dicho "mi Naruto"?

- Sakura-chan, calma, soy yo…

- ¡No! ¡Impostor!

Naruto hizo un gesto de resignación. Se separó de la chica. Ella dio un paso rápido hacia atrás, en posición de defensa, sujetando aún firmemente el kunai con la diestra.

Naruto agitó su mano derecha sobre la izquierda. Rasengan.

- Por mucho que alguien se pueda transformar en mí, nadie podría hacer el Rasengan al instante, ¿no?

Sakura pensó unos instantes. Aquello era verdad. Tampoco era un genjutsu, así que lentamente se relajó. Bajó las manos.

- ¿Qué sucede? ¿Por qué tienes ese olor? ¿Y qué es eso dulce que tienes en el cuello?

Las preguntas de Sakura le herían los oídos.

- Hinata quería darme algo de mermelada.

- Ah, mermelada Hyuga. Pero ¿por qué estás cubierto de la mermelada?

- Porque me cayó una vasija en la cabeza.

Naruto sonrió tontamente. Sakura lo miraba sin saber si creerle o no.

De repente, al tocarse la cabeza, Naruto sintió un pequeño dolor. La herida se le había cerrado ya (por el poder del Kyubi), pero sentía una molestia aún. Al ver la mueca que hizo Naruto, Sakura terminó por creer lo que le decía.

- ¿Te sientes bien?

- Si. Me voy a dar una ducha. Quiero quitarme el dulce de encima.

- Ok… yo veré qué hago de comer.

- No tengo mucha comida en la alacena xD

- Yo me las arreglo. Soy una mujer después de todo.

Luego de la ducha de Naruto , los dos se sentaron a comer lo que había preparado Sakura : huevos revueltos, pan tostado, café y algo de jugo de naranja.

- Nunca pruebo el café. La mamá de Shikamaru me regaló un tarro una vez, pero la verdad es que no le he prestado atención.

- Debes aprovechar lo que tienes en la alacena. No tienes tan pocas cosas como dices. Tienes un recipiente con manjar, muchos huevos… ¿Te gustan los huevos?

- Claro. Siempre como huevos.

- También tienes algo de fruta y 2 saquitos con harina… Si hubiera querido te habría hecho un pastel.

Naruto se sintió muy afortunado.

- No voy a caer de nuevo. No voy a caer de nuevo – juraba Naruto para sí.

En tanto, Shizune se despedía de los jounins. Quería irse a dormir. Tsunade le dejó irse.

- No tengo ganas de caminar – se decía a sí misma Shizune, al momento de salir del local. No le gustaba vivir en el mismo edificio en el que trabajaba, pero ya que era la asistente de la Hokage, no tenía nada que hacer al respecto.

- Mmh creo que esto me ha pasado antes.

Shizune se asustó al oír una vez masculina que le llegaba desde atrás.

Hatake Kakashi también había salido del local.

- No dejo que las señoritas se vayan solas a casa, por muy expertas kunoichis que sean.

Shizune tuvo un par de pensamientos locos en esos instantes. ¡Iba a caminar a solas con Kakashi!

Adentro del pub…

- ¿A dónde enviaste a Kakashi, Hokage-sama? – preguntó Raidou a Tsunade.

- Le acabo de dar una misión. Una pequeña misión de rango D.

- ¿Misión de rango D?...

En esos instantes, Anko volvía del baño a la mesa. Kakashi no estaba.

- ¿Dónde está Kakashi? – preguntó Anko a todos.

- ¡Ay! – gimió Shizune, al torcerse el tobillo derecho al subir el primer peldaño de la escalera de la entrada del edificio principal. Kakashi, que ya se marchaba de vuelta a su casa, giró la cabeza y vió a Shizune inclinada sobándose su extremidad.

- ¿Todo bien, Shizune?

- No pasa nada, Kakashi-san. Sólo me torcí.

Shizune enfocó un poco de chakra en su diestra, para curar su tobillo. Pero, luego de emitir un nuevo gemido…

- Parece que necesitas algo de ayuda esta vez.

El ninja de pelo plateado tenía en sus brazos a Shizune. Y ella no supo cómo el ninja había llegado tan rápido hasta ella.

- Yo te llevaré ariba. No puedes subir con la pierna así.

Shizune abrazaba sonriendo a Kakashi, mientras éste con toda la calma del mundo subía las escaleras y pasillos. Ella nunca pensó que de un momento a otro iba a estar en brazos de él. Cuando llegaron a la habitación de Shizune, Kakashi la dejó en la cama, y se despedía cuando…

- Kakashi-san, espera. Ven, siéntate conmigo aquí.

Kakashi se sentó a la izquierda de Shizune en la cama.

- ¿Qué pasa?

- Gracias por traerme. Si hay algo que pueda hacer por ti, sólo me lo tienes que decir.

- Lo mismo te digo.

Los dos sonreían.

- Bien, creo que ahora sí es hora de---

- ¡Espera! ¡Hay algo que puedes hacer por nosotras dos!

Tsunade, pronunciando estas palabras, hacía ingreso a la habitación de su ayudante.

- Hokage-sama…

- ¡Tsunade-sama! – gimió Shizune alarmada, al ver que su jefa llegaba descalza, y sólo con una bata celeste, entre abierta.

A Kakashi se le empezó a subir la presión.

- 106-106-106…Cie- cie- ciento se- seis…. ¡106! – retumbaba la voz de Jiraiya en la mente de Kakashi, que estaba más que estupefacto.

¡Tsunade entraba, con actitud provocativa y ligera de ropa, a la habitación de Shizune! ¡Ni Kakashi ni Shizune entienden qué es lo que se propone la rubia legendaria perdedora!

Con un caminar sensual, fue y se sentó a la derecha de Kakashi. Shizune no daba crédito a sus ojos. Y el ninja copia estaba sentado al medio de 2 kunoichis preciosas. Y no pudo evitar tener pensamientos impuros, al ver el atrevimiento con el que la Hokage abría un poco más su bata, ¡para dejar al descubierto sus divinas proporciones!

¿Qué va a hacer Kakashi, en medio de estas 2 kunoichis?