Capítulo II
Unos días antes de la boda, mi padre y yo nos habíamos estado preparando para ésta. Se dice que hasta las casas de los invitados deben limpiarse para no llevarle malas vibras a los recién casados. Por lo que mi papá y yo nos pusimos a limpiar nuestra casa. Habíamos encontrado tantas cosas en ella, que ya ni nos acordábamos que las teníamos.
Yo encontré una linterna muggle que mi padre me regaló cuando era niña. Era un objeto fascinante, con ella podía alumbrar sin siquiera tener mi varita y decir Lumos. Agarré mi mochila y la guardé ahí, así sabré ahora dónde había quedado. Otra cosa que hallé por ahí fue un ejemplar de Los cuentos de Beedle el Bardo, mi papá solía leérmelo recién que mi madre murió. Ya que ella me leía un cuento todas las noches.
Seguimos limpiando la casa. Se podría decir que aquí fue donde tuve que limpiar más, ya que cada cosa que encontraba afuera, la llevaba a mí casa. Bueno, no cualquier cosa; debía ser algo que me llamare realmente la atención o que tuviese un significado para mí.
Al terminar de limpiar mi recámara, me fui directo al estudio de mi papá. Ahí sí tenía que limpiar demasiado, ya que a él le gusta tomar y tomar notas de todo (cosa que saqué de él, pero no tanto). Normalmente antes de escribir una nota, comenzaba a dibujar lo que pasaría en ella.
Él es muy bueno dibujando, el otro día dibujó unos Swinkes Rumanos Cantacalabazas. Estos animalitos son muy simpáticos, sus colores fosforescentes y sus vocesitas chillonas, las criaturillas eran muy divertidas a la hora de cortar calabazas; cada vez que partías una en pedazos, ellos comenzaban a brincar y bailar, ya que pensaban que les ibas a dar un gran pedazo.
La verdad es que estos animalitos hacían que la cosecha fuera mejor cada año. Papá trajo unos hace tiempo y me ha dicho que piensa mandarles unos cuantos a Hogwarts, para que así las calabazas crezcan más grandes.
Por supuesto que Hagrid sabe de estos animalitos, bueno… supongo. Me pregunto por qué él no tiene de estas criaturitas en Hogwarts, sería divertido correr con ellas entre los huertos y cortar calabazas en grupo.
Tras recoger varios papeles del suelo, me percaté de que había muchas fotografías de mamá y papá, por supuesto que en una que otra aparecíamos nosotros tres. Separé las fotografías de los dibujos y notas.
Tardé más o menos una hora en terminar de arreglar todo. Hubiese tardado menos si usara mi varita mágica, pero se supone que la limpia de la casa debe hacerse con nuestras propias manos, ya que la magia puede malinterpretarse.
Bajé las escaleras con las fotografías en mano, papá me miró con una sonrisa y me dio una taza de té. Tomé un sorbo de éste mientras me sentaba en una silla, hice la cabeza hacia atrás y la recargué en la fría pared. Levanté la mano donde tenía las fotografías, dejé la taza de té en la mesa y miré las fotografías desde arriba.
Tardé más o menos cinco minutos viendo cada una de éstas, mi favorita siempre ha sido una en la que un duende me mordió a los cuatro años. En la foto no parecía estar enojada o triste de que me haya mordido, al contrario, mi mamá y yo teníamos una gran sonrisa dibujada en nuestros rostros.
Sus ojos soñadores voltearon a ver la cámara, y sentí su mirada como si la estuviese viendo por un aparato muggle que ellos llaman computador. Las personas no necesitan tener un cuerpo físico para poder estar con sus seres queridos. No estoy hablando de fantasmas, sino de recuerdos, dulces recuerdos que nos hacen sonreír.
—Tu mamá estaba muy contenta ese día—dijo mi papá en voz baja.
Bajé las fotografías y lo miré directo a los ojos. Aunque a veces quiera ser demasiado fuerte y demostrar que yo puedo salir a delante, siento que en verdad necesito el apoyo y cariño de una madre. Le extraño mucho, en ocasiones ni siquiera puedo recordarla.
—Yo no recuerdo muy bien ese día—dije dando un suspiro. —¿Cuál fue el día más feliz de tu vida?
—No sabría por cuál decidirme—contestó encogiéndose de hombros. —Tengo dos días felices. —esperé a que mi padre hablara. Puse mis manos debajo de mis muslos y parpadeé rápidamente para darle ánimos—El primero, fue cuando tu mamá al fin aceptó casarse conmigo.
—¿Y el segundo? —pregunté más emocionada.
—Cuando supe que llegarías.
Sé que es un poco corto, pero está historia es para un MetroFLOG y tienen que ser cortos x)
Disclaimer: Los personajes y lugares son propiedad de J.K Rowling. Las cosas que no conozcan sí son mías.
