Hola! Aqui les dejo el siguiente capítulo, gracias a todas x sus reviews y recuerden que nada nos pertenece la historia es de C. Lockhart y los personajes de S. Meyer.
Dos
-¿Cuánto? –preguntó él hartándose de su juego.
Haría lo que fuera por proteger a su familia de las falsas alegaciones de Alice aunque le costara la mitad de su cuenta corriente.
Con los ojos muy abiertos, ella repitió:
-¿Cuánto?
-Para conseguir que su hermana retire la falsa acusación.
Jasper sacó la chequera del bolsillo trasero y ella se quedó con la boca abierta. Por un momento, se miraron el uno al otro como adversarios a punto de entrar en batalla.
-¿Piensa que se trata de dinero?
-¿Y no es así? –dijo sentándose para posar la chequera en la mesita de café-. ¿No es eso lo que todas las mujeres quieren?
Apretando su bolígrafo, escribió su nombre y la fecha en un cheque.
-Aparte eso –dijo ella con voz tensa-, y por favor, muestre la cortesía que hasta ahora no ha demostrado.
Jasper apretó los dientes. Nadie le había acusado nunca de falta de cortesía. Hasta Alice. Se enfureció tanto que tuvo que hacer acopio de su famoso control para mantener la calma.
-No se trata de dinero, señor Whitlock.
-¿No?
-Se trata de… -inspiró y alzó la barbilla. A Jasper siempre le había gustado la gente con agallas y ella las tenía a manos llenas-. Se trata de amor y pertenencia.
-¿Amor y pertenencia? –repitió él.
Seguramente no había oído bien.
-Si –dijo ella con suavidad y recato.
Jasper se preguntó que haría falta para quitarle aquel recato. ¿Una afirmación cruda? ¿Una rápida promesa? ¿Un beso intenso? ¿Quizá deslizar los dedos por su rico pelo moreno? Apartó aquellas ideas al instante. Le importaba un rábano lo que hiciera falta para relajarla. Estaría fuera de su vida para siempre en unos pocos minutos.
-¿Sabe lo que significa no pertenecer a ninguna parte? –preguntó ella.
La sombra del pasado descendió sobre Jasper.
Sabía muy bien lo que era no pertenecer a ninguna parte, lo que era luchar para sobrevivir y lo que sentía al llevar ropa agujerada, no tener regalos de cumpleaños y usar un arbusto del campo como árbol de Navidad. Y lo que era más, sabía lo que era carecer de respeto y amigos, estar sólo en el patio del recreo mientras los demás jugaban al balón.
Oh, sí. Sabía mejor que nadie lo que era no pertenecer a un sitio.
-Lo siento- susurró ella como si hubiera notado su dolor-. No tenía derecho…-él asintió con gesto tenso-. Pero usted tiene una familia. No puede saber…
-Puedo y lo sé –aseguró con el tono de rabia que solía cubrir el dolor-. He estado e los dos lados de la verja, señorita Cullen. He sido lo bastante pobre como para no tener fuego en la chimenea ni pollo en la olla. Y ahora vivo lo bastante desahogado como para que algunas personas hicieran lo que fuera por obtener un pedazo de la tarta.
Alice se quedó con la boca abierta.
-¿Y cree de verdad que yo soy el tipo de mujer que estaría aquí sólo por un pedazo de su fortuna? –susurró.
-No hubiera sido la primera.
-Usted no sabe nada de mi… no sabe el tipo de mujer que soy.
-Entonces, ¿por qué no me los cuenta? ¿Qué tipo de mujer es?
-Soy una mujer que quiere que se haga lo justo por nuestro sobrino-. Jasper frunció el ceño, pero ella no retrocedió-. Quiero que William pertenezca a una familia que pueda llamar propia.
El frunció aún más el ceño.
-Quiero que William conozca a su padre.
-Suponiendo que Emmett sea su padre.
-Mire, señor Whitlock, ¿puede olvidar su desconfianza lo suficiente como para considerar la posibilidad de…?
-No, señorita Cullen, no puedo.
Ella se pasó los dedos por el pelo dejando que le enmarcara la cara. Ya no era recatada, sino salvaje y libre. Y que Dios lo ayudara, pero estaba tentadora como un pecado.
-Póngase por un momento en mi piel. Entro en mi casa después de viajar toda la noche. Estoy cansado y lo único que quiero es meterme en la cama. Pero en vez de una cama me encuentro con una mujer a la que no conozco en medio de mi salón. Y no sólo eso, proclama que el bebé al que trae con ella es el hijo de mi hermano. Un hombre, debo añadir, que no está aquí para defenderse.
-Entiendo su preocupación.
-¿Conoce mi madre su historia?
-Sí.
-Y supongo que ya la habrá hecho creer que el bebé es su nieto.
-Will es su nieto.
Jasper inspiró con frustración y dijo:
-Debe entender, señora que cuando éramos pequeños, lo único que teníamos era una familia. Y lo digo literalmente –su rostro tenía un leve tinte de amenaza-. Y me cortaría un brazo antes de permitir que nadie, nadie, dañara a ningún miembro de mi familia. Sobre todo a mi madre.
Ella ladeó la cabeza como si recibiera con cautela sus palabras.
-No es mi intención hacer daño a nadie, señor Whitlock y mucho menos a Esme.
¿Esme? ¿En el poco tiempo que llevaba allí ya había pasado de señora Whitlock a Esme? El peligro se duplicaba. Necesitaba que Alice saliera de allí antes de que causara más daños.
-En ese caso, ponga su precio. Lo pagaré.
Sacudiendo la cabeza, ella protestó:
-No me iré en silencio. No puedo. Por ninguna cantidad de dinero. Y como le he dicho, no quiero hacer daño a nadie –miró hacia el cochecito y su expresión se suavizó-. Y mucho menos a Will. Debe saber que contraté a un investigador privado y tengo el informe en el coche.
-Búsquelo.
Vacilando al llegar a la puerta. Alice se detuvo. Después de mirar a Jasper, echó un rápido hacia el niño dormido. Jasper tuvo que contener un torrente de humillación.
-No se preocupe. No hago daño a los inocentes.
Cuando ella desapareció, Jaspers e acomodó en el sofá, estiró las piernas para cruzar las botas a la altura de los tobillos y empezó a tamborilear los dedos con impaciencia.
La idea de que la mujer llevara un archivo con información personal y detalles de su familia le impedía relajarse. Se levantó y empezó a pasearse deteniéndose de forma inevitable ante el cochecito.
No era posible que aquel niño perteneciera a los Whitlock.
¿O sí?
Pero eso no importaba porque pasara lo que pasara, tendría que haber una batalla, incluso legal. Porque si se demostraba que Will era de su sangre, se aseguraría de que Emmett obtuviera la custodia. La familia era lo único importante de verdad y no le importaba quien se interpusiera en el camino.
Sería más fácil para todos que estuviera mintiendo y fuera la caza fortunas que su instinto le decía que era.
Frotándose los ojos, Jasper frunció el ceño. Cuando los abrió, delante de él apareció la perfecta visión de la feminidad.
No la había oído acercarse.
Alice estaba silueteada por el sol de la mañana que entraba por la ventana. Tenía los ojos muy abiertos clavados en él y en Will. La respiración era jadeante y llevaba el archivo apretado contra el pecho.
A pesar de su promesa de no hacer daño a los inocentes, Jasper vio la desconfianza en sus ojos verdes.
Pues le parecía bien, porque era mutua.
Como si fuera el guante de un reto, ella tiró el archivo sobre la mesa. El cartón estaba bien gastado, como si se hubiera ojeado cientos de veces.
¿Qué habría allí que le hacia creer a aquella mujer que los Whitlock le debían algo? Palabras. Quizá fotografías como mucho.
El niño se agitó y Alice se movió con rapidez entrecerrando un poco los ojos. A Jasper le recordó a una madre protegiendo a su cachorro.
Eso lo conmovió, pero estaba decidido a proteger a su familia de un tercer ataque. Pero Alice poseía resolución para luchar por su familia también.
El niño lloriqueó y ella le quitó las correas y lo sacó de entre las sábanas mientras empezaba a arrullarlo.
Jasper lo miró transfigurado por un momento. Él no tenía ninguna experiencia con bebés, pero cuando aquél cerró la manita alrededor del largo dedo de ella, una extraña sensación lo asaltó.
Justo entonces se oyó una llamada a la puerta y entró Esme con una sonrisa para su hijo y otra para Alice y el bebé.
-Bienvenido a casa, hijo.
Él hubiera deseado poder decir que se alegraba de haber vuelto.
Cuando Alice miró a su madre, el sexto sentido de Jasper le lanzó una llamada de advertencia. En la cara de la joven apareció una sonrisa suave y aparentemente sincera. Que Dios la ayudara si era falsa, porque entonces necesitaría toda la protección que pudiera encontrar.
-¡Oh, Dios! ¿Está por fin el pequeño en casa?
Alice asintió y le preguntó a Esme.
-¿Quiere tenerlo en brazos?
-¿Puedo hacerlo?
En las palabras de su madre, Jasper notó esperanza y excitación.
Maldita fuera Alice por hacerle eso a él, a Emmett y aún peor, a su madre.
Y bien, ¿que les pareció? :D
