Hola chicas! Lo se he tardado mucho pero aquí esta el siguiente capitulo, recuerden la historia es de C. Lockhart y los personajes de S. Meyer.


Seis

En el santuario de su habitación, Alice se desplomó en el borde de la cama. En el salón había mantenido un talante animado por Esme, pero había escapado con ansiedad en cuanto había acostado a Will a echar la siesta.

Se llevó la mano al pecho al sentir el corazón desbocado. La confrontación con Jasper le había alterado por completo.

Cuando se había enfrentado a él había hecho todo el esfuerzo posible por no traicionar el esfuerzo que le había costado decir cada palabra y lo que era peor, el atractivo que había sentido por él como hombre.

Jasper Whitlock emanaba poder como un aura. Su presencia invadía toda la casa y ella había caído bajo su hechizo.

La única esperanza que había tenido cuando había metido a su sobrino de catorce semanas en el coche y se había dirigido a Wyoming había sido que los Whitlock fueran justos.

Esme tenía corazón. ¿Pero Jasper?

Las palabras de Jasper habían estado cargadas de amenazas y se estremeció al recordarlas.

Por unos momentos contempló seguir el camino de los cobardes, abrochar su bolsa de viaje y salir corriendo de allí. Pero ella también tenía una familia por la cual luchar. Era la única que podía defender a Will.

Antes de abandonar Nebraska había hablado con un abogado acerca de adoptar a su sobrino. El proceso tardaría meses y primero tendría que averiguar quién era el padre del niño y si iba a luchar por su custodia. Pero si ganaba ella…

Cuando ganara, sería su madre en todos los sentidos de la palabra y los dos tendrían un lazo legal y espiritual que nadie podría cortar.

El eco de unos pasos masculinos le aceleró el pulso.

Jasper.

El silencio pareció retumbar. ¿Se habría parado frente a su puerta? Pero escuchó sus pasos avanzar y exhaló jadeante. Entonces oyó un portazo y un cuadro de la pared rebotó en el marco quitándole toda la confianza.

Escuchó el sonido del agua en las tuberías y supo que se estaba duchando. Eso significaba quitarse la camisa y deslizar vaqueros y algodón.

Se le secó la boca pero no quiso analizar por qué. Se había metido hasta el fondo. Después de una silenciosa súplica para tener fuerzas y resolución, se levantó de nuevo. Esme había planeado una cena para cuatro, incluyendo al hermano mayor de Jasper, Edward.

Edward no solía visitar el rancho, le había contado Esme. Vivía con su familia en Denver, pero había estado en Cheyenne presentando un proyecto para un trabajo. El rancho no le quedaba muy lejos, así que había decidido pasar a cenar.

¡Como si eso le hiciera sentirse mejor a Alice! Sólo esperaba que le quedara algo de fuerzas para defenderse del asalto de un segundo hermano Whitlock.

Cinco minutos más tarde, cuando se hizo el silencio, abrió la puerta. Revisó el corredor con cobardía antes de avanzar de puntillas hacia el cuarto de Will.

El bebé estaba profundamente dormido. Con una leve sonrisa, se dirigió al cuarto de baño donde los rastros de Jasper la desbordaron.

El vapor empañaba el espejo como una nube mística y el aroma a jabón se mezclaba con el de una colonia con olor a montañas. Una toalla mojada colgaba de la bañera. Vio sus vaqueros asomar bajo la tapa del cesto de la ropa sucia junto con un pedazo de algodón sobre ellos.

Calzoncillos azul marino.

Obligándose a aparatar la vista, posó la bolsa de maquillaje en la encimera al lado de la maquinilla de él.

Jasper Whitlock podía ser muchas cosas, pero desde luego, no era ordenado. De alguna manera, eso le animó. Conocía alguna debilidad suya.

¡Como si eso le fuera a servir de mucho!

Ignorando los muchos recuerdos de Jasper en el cuarto de baño, se refrescó antes de volver a su habitación.

Will había empezado a llorar y quejarse, así que le preparó un biberón y se sentó en una silla con él en el regazo. La suavidad y dulzura de tenerlo en sus brazos le distrajo de sus preocupaciones.

Cuando el bebé estuvo caliente, seco y alimentado lo acunó repitiéndole la promesa de que nunca sería abandonado de nuevo.

El distante eco del timbre de la puerta la sobresaltó y Will abrió mucho los ojos.

-Bueno, enano. Vas a conocer a otro tío.

Con Will en los brazos, Alice bajo con el estómago encogido. El tono de la discusión desde el salón la hizo detenerse. Escuchó la voz de Jasper sobre la de los demás y no hacia falta ser un genio para adivinar que estaban hablando de ella.

Si sólo Jasper entendiera que no tenía deseos de hacer daño a nadie… Pero no lo entendía y tendría que demostrarle que estaba equivocado.

Entró en el salón y cuando la miraron, le dio la sensación de estar en el despacho del director del colegio y le fallaron los pasos. Jasper la miró con los ojos entrecerrados.

-Me alegro de que hayas bajado ya…

El recibimiento de Esme alivió la atención.

Los ojos de Edward, sin embargo eran tan oscuros y fríos como los de su hermano. Alice sintió un escalofrío en la espina dorsal a pesar del ligero jersey que se había puesto.

-Edward, querido. Me gustaría presentarte a Alice Cullen –se detuvo alzando su barbilla-. Y el niño que trae en brazos no es otro que el hijo de Emmett.

-¡Madre! –le advirtió Jasper. A Alice se le secó la boca cuabdo él posó de golpe la lata en a mesa-. Estás asumiendo demasiado.

-Bobadas. Tiene la nariz de Emmett. ¿No estás de acuerdo, Edward?

-Madre –intervino Jasper-. Te sugiero que…

Esme agitó la mano con desdén.

-Es igual que todos mis chicos.

Edward se acercó más y Alice notó que la estampa de poder de los Whitlock no pertenecía solo a Jasper. Su hermano también la había heredado, así que sus dificultades se habían duplicado.

Jasper se había acercado más a su madre y los dos hermanos formaban un círculo protector a su alrededor.

-Yo no veo ningún parecido –aseguró Jasper con firmeza.

-A mí todos los bebés me parecen iguales –acordó Edward.

Las lágrimas amenazaron con escapársele por segunda vez en el mismo día. ¿Había tomado la decisión correcta al ir allí? Se había debatido entre buscar al padre de Will o no, pero ella sabía lo horrible que era criarse sin un padre.

La vergüenza le había hecho perderse todos los bailes para padres del club de montañeras cuando era adolescente. Había aparentado que no le importaba, pero no era verdad. Los niños necesitaban saber que eran amados y queridos por sus padres.

El egoísmo le había hecho desear guardar a Will para sí misma, pero sabía que era un error.

Entonces, ¿por qué hacer lo correcto parecía tan erróneo ahora?

La mirada de Jasper se clavó en ella con especulación. Aclarándose la garganta, Alice desvió la vista pero se sentía traída contra su voluntad por aquella mirada magnética.

¿Qué era lo que tenía aquel hombre que le hacia perder la calma? Ella se había enfrentado a padres furiosos, a administradores, a niños obstinados. Y ninguna de aquellas experiencias la había preparado para la gélida condenada que emanaba de Jasper Whitlock.

Por fin habló Esme rompiendo el hechizo:

-Ahora que hemos terminado con las presentaciones, vamos a cenar.

Mantenerse alejada de Jasper en el confinamiento del salón resultó ser un tema complicado.

Eligiera el asiento que eligiera, le tocaba estar a su lado porque Esme se había instalado en un extremo de la mesa y Jasper en el otro.

Jasper le retiró la silla con cortesía. Ya experta en mantener al bebé en brazos mientras realizaba muchas tareas, tomó asiento y apoyó la mano libre en la mesa para acercar la silla.

Le asaltó una sacudida eléctrica cuando los dedos de Jasper se posaron en sus hombros y se inclinó para susúrrale:

-Permíteme.

Maldición, no podía permitirse sucumbir ante sus encantos.

La conversación era afectiva y le hizo a Alice preguntarse si no habría hecho mejor en seguir la sugerencia de Jasper de quedarse en un hotel. En su lucho por los derechos de Will se había olvidado del precio que tendría que pagar ella misma.

Y mientras la comida transcurría interminable para Alice, Jasper, a pesar de sus numerosos defectos, se portó como un atento anfitrión.

Fue la interacción amorosa y entusiasta con su familia lo que más le sorprendió. Cuando el ama de llaves llevó el café, él se inclinó hacia tras escuchando con atención las historias de Edward acerca del floreciente negocio de la construcción en Denver.

Aquella nueva faceta de Jasper, totalmente opuesta a la que le había mostrado en la oficina, era excitante y atemorizadora.

Después del café, Edward le preguntó a Alice si necesitaba que la llevara a la ciudad.

-Alice se queda aquí –aseguró Esme con firmeza empujando la taza al centro de la mesa-. Si nos disculpáis, las señoras nos vamos a la sala.

Alice abrazó a Will para intentar levantarse pero Jasper se levantó antes que ella, apartó su silla y le ofreció la mano.

Sus dedos le rodearon el codo y la inquietante sensación de atracción la asaltó de nuevo.

Sintió las piernas débiles y temblorosas. El ardor la inundó. Se movió unos centímetros, pero la sujeción de él permaneció firme.

-¿Necesitas ayuda?

-No –mintió ella-. Estoy bien.

Justo en ese momento comprendió que la tierna masculinidad de Jasper era mucho más peligrosa que su hostilidad.

Y pensó, mientras el deseo la asaltaba, que su delicada cortesía podría ser su perdición.


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