Hola chicas! Aquí les dejo un nuevo cap. después de mucho tiempo sin actualizar.

Espero que les guste, recuerden que nada nos pertenece la historia es de C. Lockhart y los personajes de S. Meyer.


Once

Se obligó a apartar aquellos pensamientos irracionales. Era el tío de Will, nada más.

Jasper agarró la tetera de la estantería más alta. Bebió un vaso de té helado de un solo trago y Alice no pudo dejar de mirar transfigurada como le subía y bajaba la nuez.

Alice dio un par de pasos hacia un lado cuando el se acercó al fregadero a posar el vaso.

-Mis hombres me están esperando. Mi madre se ha ido al pueblo a trabajar en un acto de recaudación de fondos para viudas y huérfanos. Espero que puedas entretenerte sola.

Alice señalo la pila de invitaciones que había sobre la mesa.

-Creo que vais a celebrar la fiesta del cuatro de julio. Le dije a Esme que le ayudaría con las invitaciones.

-Estoy seguro de que lo agradecerá.

-Tu madre quiere enseñar a Will a los vecinos.

-Ya.

Si le hubiera tirado el resto del té helado por la espalda, Alice no hubiera sentido más frío.

Jasper se fue sin decir una palabra más y ella soltó el aliento cuando se cerró la puerta.

El aroma de él flotaba en el aire, un olor a limpio combinado con él de la loción de afeitar y la frescura del aire libre. Esa mañana se había afeitado. Cuando ella había enterrado la cara en la almohada para intentar dormir, no había podido ahogar los sonidos de la ducha, imaginando la cuchilla deslizarse por su barba…

Se acercó a mirar por la ventana. Jasper se alejaba hacia le corral con largas y atléticas zancadas que transmitían un poder letal.

Al lado de la valla se detuvo, alzó la cabeza y miró hacia el cielo unos segundos. ¿En que estaría pensando? ¿Habría significado algo para él lo que había sucedido la noche anterior? No lo creía. Sin duda, él habría besado a una docena de mujeres sin que significara nada para él, al contrario que ella.

Con la mano izquierda apoyada contra el poste, Jasper saltó la valla y agarró las riendas de un magnifico caballo. Alice permaneció mirando transfigurada por la potencia que transmitían el hombre y el animal. A los pocos segundos, el caballo retrocedió y alzó los cascos a pocos centímetros del pecho de Jasper.

Una oleada de pánico irracional la asaltó. Sin pararse a pensar, salió corriendo hacia el corral deteniéndose sólo cuando Jasper la miró con el ceño fruncido. Había exagerado, comprendió, pero cuando quiso dar la vuelta para volver adentro, no consiguió que el cuerpo le obedeciera. En vez de eso, permaneció allí de pie mirando y escuchando el sonido de su voz apaciguar al caballo como un amante. No había soñado que sus palabras poseyeran tal riqueza de tonos.

El caballo relinchó, enseñó los dientes y se calmó.

Entonces la miró y ella se fijó en la forma en que acariciaba el cuello sudoroso del caballo con largos y suaves movimientos. Otra nueva faceta de él.

Después de pasarle las riendas a uno de sus hombres, se acercó a ella haciéndola desear haber salido corriendo antes.

Cruzándose de brazos, Alice comentó:

-Has estado maravilloso con él.

-Con ella.

Sonrió y sus facciones se transformaron haciéndole parecer menos formidable.

-¡Ah! Es preciosa.

-¿Te gustan los caballos?

El hecho de que no hubiera mostrado impaciencia la sorprendió.

-No tengo experiencia con ellos. Cuando era pequeña soñaba con tener un caballo y correr libre por los campos. Supongo que la mayoría de las niñas tienen ese sueño, pero nunca nos pudimos permitir una cosa así.

Aunque le fuera la vida, no sabía por qué le estaba contando aquello.

-Pensaba salir a montar esta tarde. Si quieres, puedes venir.

-¿Yo?

-¿Por qué no?

Alice sintió la garganta como la seca tierra polvorienta de Wyoming.

-¿Hoy?

-No se cuanto tiempo más estarás aquí.

Alice se moría de ganas de aceptar su invitación, aunque su mente le advertía que rechazara la posibilidad de estar más cerca de él.

-¿Y qué hago con Will?

-Estoy seguro de que a mi madre no le importará quedarse con él.

-Nunca he montado a caballo.

Él se echó el sombrero hacia atrás, revelando las nubes que velaban el rico color de sus ojos.

-Bueno, señorita Cullen. Entonces hoy es tu día de suerte.

-Me llamo Alice.

-¿Alice? ¿Te llaman así tus amigos?

-No. Me llaman Ally.

-En ese caso, Alice, te veré más tarde.

Cuando su nombre completo resonó en sus labios, encendió aquellas extrañas volutas de fuego dentro de ella. Antes de poder pensar en una respuesta, Jasper ya se había reunido con los otros hombres. Y Alice se quedó allí sola, como había estado tantas veces antes en su vida.

Jasper la observó alejarse olvidándose de sus responsabilidades. Sus caderas ondulaban de forma muy femenina y el vaquero oscuro acentuaba sus curvas. Una camiseta de algodón modelaba la parte superior de su cuerpo acentuando sus finos hombros. Su melena negra brillaba bajo el sol y la brisa le agitaba levemente las puntas.

Él había visto mujeres mucho más bonitas que Alice. De hecho, había estado casado con una, pero el hecho era que había lago diferente en Alice Cullen.

Cuando la había visto esa mañana en la cocina, con el ceño fruncido y las ojeras oscuras, había sentido la imperiosa necesidad de protegerla; una necesidad que creía haber perdido hacia tiempo. Alice necesitaba con desesperación a alguien que compartiera con ella la carga que se había echado sobre sus finos hombros.

Necesitaba a un hombre.

Y él era el único hombre alrededor.

Se dijo a si mismo que ella no era responsabilidad suya, pero el problema era que no acababa de creérselo.

Jasper nunca había permitido que nadie o nada lo distrajera de sus caballos. Cuando había descubierto la infidelidad de María, había buscado refugio en su rancho. El trabajo le había apaciguado el alma.

Entonces, ¿qué estaba haciendo ahora pensando en Alice? Y aún más, ¿por qué iba a robarle tiempo a su trabajo enseñándola a montar? Si las cosas salían como él quería, el detective pronto encontraría a Emmett y demostraría que su reclamación era falsa. Y ella pronto se habría ido dejándole seguir con su vida rutinaria.

Eso era exactamente lo que quería.

O eso se decía a si mismo.

Sin embargo, había notado un brillo de excitación en su cara que le había recordado la primera vez que él había ido a montar a caballo. En ese instante, no hubiera podido negarle nada. El problema era que no quería negarle nada.


Q les pareció, q pasará entre estos dos? Espero reviews chicas y se los prometo que actualizaré más seguido :D