Hola chicas! Si lo sé, las hemos abandonado mucho pero ya está aquí el nuevo cap. Recuerden que la historia es de C. Lockhart y los personajes de S. Meyer.

Espero q lo disfruten


Doce

Jasper siguió trabajando toda la mañana y las horas pasaron volando. Sus hombres ya se habían ido a almorzar y él normalmente se reunía con su madre a aquella hora. Se quitó el sombrero y se pasó la mano por la frente sudorosa preguntándose si Alice estaría allí. Era lo natural, pero se preguntó por qué le apetecía tanto la idea.

Se frotó los pies en el felpudo sin hacer caso de la capa de polvo que le cubría las botas. Al menos había dejado el barro afuera.

Alice seguí allí, en la cocina, tal y como la había dejado. A su lado, había una ordenada pila de invitaciones con las direcciones puestas. Will estaba a su lado con un chupete en el cochecito y con los ojos muy abiertos. Cuando oyó la puerta abrirse, Alice se levantó de golpe.

Jasper miró por un instante al bebé y la inocente confianza de su cara que él ya no recordaba haber sentido nunca.

Cada minuto que pasaba con Alice y el bebé en el rancho, se sentía más hechizado. Aquello iba abocado al desastre.

-Yo…-Alice se aclaró la garganta-. Te he preparado el almuerzo.

Jasper deslizó la mirada hacia la mesa. Le había preparado dos sándwiches enorme y una ensalada de macarrones junto con un vaso de té helado. La cubertería brillaba al lado de la servilleta inmaculada de tela en vez de la habitual de papel. No era su almuerzo normal. Pero también era cierto que desde que ella había llegado, nada era normal…

-Tu madre llamó para avisar que iba a seguir hablando de negocios durante la comida. Y supongo que será el día libre del ama de llaves.

Jasper posó el sombrero en la encimera. Nunca se hubiera atrevido si su madre estuviera en casa, pero sospechaba que se había quedado en el pueblo a propósito para que pasara tiempo con Alice.

-Le dije que te prepararía yo el almuerzo. Espero que esté bien –sin saber que decir, Jasper solo le dio las gracias-. Yo… bueno, hasta luego.

Sin decir más, se acercó al cochecito.

-¿Ya has comido tú?

No tenía hambre.

Miró al suelo cerca de sus botas llanes de polvo. Había mentido. Y lo que era más, no se le daba muy bien hacerlo.

Jasper tenía las manos muy sucias., las uñas cuarteadas y las palmas callosas, pero eso no le impidió agarrarla por la barbilla para alzarle la cabeza.

-¿Comes conmigo?

Ella abrió mucho los ojos y sacudió la cabeza.

-Te agradezco la invitación…

-Alice, ya te he dicho que no soy un ogro.

-Pero a mi me ves así.

-Entonces convénceme de lo contrario.

Vio la respuesta al reto brillar en sus ojos.

-Me estas dando la oportunidad de demostrar que te equivocas con Will, no conmigo –tragó saliva-. De lo de Rose y Emmett…

No por primera vez, Jasper preguntó donde tendría la cabeza.

-Dime que comerás conmigo. Solo tú y yo –la tensión vibró en el aire-. ¿Qué mejor forma de conocernos?

-¿Por qué me da la sensación de que este es tu juego y cualquier movimiento que haga yo va abocado a la derrota?

-Porque me gusta ganar –Jasper no había planeado ser sincero, pero no lo había podido evitar-. Pero no siempre. Aprovecha la oportunidad, Alice y demuéstrame que tienes razón.

-Pero ya as visto las pruebas.

-He visto lo que tú dices que es la verdad –le corrigió él.

-Viste el informe del detective y el certificado de nacimiento de Will.

-Mis ojos ya me han engañado antes. Vi el diamante en el dedo de mi esposa, vi su sonrisa cuando llegaba a casa por las noches y la encontraba vestida para agradarme. Y hasta la oía susurrar mi nombre por la noche en nuestra habitación –Alice se estremeció como él había sabido que haría. Lo había dicho para conseguir que reaccionara y no le defraudó-. Pero nada de eso tenía importancia para María, ni las promesas, ni los anillos, ni los susurros.

-Lo siento, Jasper –él creyó que lo decía con sinceridad-. Tú no te merecías eso. Nadie se lo merece –Jasper se preguntó si estaría hablando por experiencia personal-. No todas las mujeres son como María –Alice se soltó la camiseta y extendió una mano hacia él con la palma abierta-. Yo no soy así.

-Confiar significa más que decir las palabras o escucharlas. Yo ya las he oído todas.

-Entonces necesitas demostrarte a ti mismo que no soy ella –dijo con resignación.

-Si, Alice. Necesito demuéstramelo a mi mismo.

Alice bajó la mano como admitiendo la derrota.

-Así que nada de lo que yo haga o diga te hará cambiar de parecer.

-Quiza no –admitió el por fin-. Pero te estoy dando la oportunidad.

Ella ladeó la cabeza.

-De acuerdo, Jasper. Por el bien de Will, me quedaré contigo a comer.

-¿Y qué te parece por tu propio bien?

-¿Por mi bien? Por mi bien creo que debería salir corriendo en dirección contraria.

-Pero no lo harás, ¿verdad?

-No.

Jasper había preferido siempre el coraje a la cobardía.

-Saca un plato –ofreció él-. Hay suficiente para los dos.

Jasper se acercó al fregadero para lavarse las manos consciente de los movimientos de ella alrededor. Alice le daba un toque de gracia femenina a la cocina y tenerla allí le parecía tan natural como que el sol se levantara por las mañanas.

En vez de sentarse frente a ella, Jasper se puso a su lado moviendo el plato y el vaso de té. Entonces deslizó un sándwich de su plato y lo puso en el de ella.

-Puedo prepárame otro.

-No me importa compartirlo –al menos con ella. Consciente del silencio, Jasper miró a Will. El chupete se le había caído y tenía los ojos entornados-. No he pasado mucho tiempo con bebés.

Ella dirigió una sonrisa al niño dormido, una que Jasper hubiera deseado que le dirigiera a él.

-Yo tampoco –dijo ella.

-Pero a ti parecen dársete bien.

Sobre todo cuando son de mi familia.

Jasper agarró el vaso de té y dio un largo sorbo.

-Supongo que tienes razón.

Jasper dio un mordisco a su sándwich y lo devolvió al plato. Una comida con una mujer no le había resultado tan incomoda desde e colegio cuando había invitado a Irina a una hamburguesería. Había supuesto que estar entre la gente lo ayudaría, pero su amiga le había abandonado y él se había quedado mirando por la ventana observándola alejarse. Aquella primera cita con Irina había sido la última.

Y ésta no parecía ir mucho mejor. Creía haber aprendido algo en quince años, pero su suerte con las mujeres le había dejado en compañía sólo de los caballos.

Terminaron el almuerzo en un silencio amistoso, algo que María siempre había invadido. Jasper devoró los macarrones y el sándwich sin saborearlos y se dio cuenta de que Alice solo jugueteaba con la comida sin probarla.

Había acertado antes: ella necesitaba a alguien que le ayudara a cuidar de Will.

Pero no podía ser él. Por mucho que su mente irracional se lo sugiriera.

Se levantó de forma brusca y agarró el sombrero.

-A las tres en punto –comentó.

Ella alzó la vista.

-Las clases de montar –le recordó.

-Allí estaré.

-Si estoy ocupado, pregúntale a alguien por mí.

-Lo haré.

Sus miradas se prendieron y ella abrió mucho los ojos y entreabrió los labios recordándole la noche anterior. Y la misma tentación le asaltó ahora.

Jasper se recordó a sí mismo que era un caballero y ella una dama. Se preguntó si se parecería a su hermana en los escrúpulos, pero sabía que era diferente.

Salió al porche sintiendo el calor del verano. Tenía unas cuantas ideas acerca de sus lecciones de montar. Y la mayoría no tenían nada que ver con la técnica. Y ninguna de ellas podía considerarse caballerosas.

Con necesidad de hacer ejercicio, se fue a buscar un hacha.

Prometía ser una larga tarde. El problema era que a la tarde siempre le seguía la noche.


Mmmm el caballero Jasper... Suena interesante q opinan chicas?

Reviews?