Hola chicas! Este nuevo cap está dedicado a Romy92, fiel seguidora de los fics siempre con un review para cada capítulo.

Recuerden que nada nos pertenece la historia es de C. L. y los personajes de S.M.


Catorce

Ella dio un paso tembloroso.

El caballo enseño con orgullo sus grandes dientes amarillos y ella intentó dar un paso atrás, pero la palma de la mano de Jasper, firme en mitad de su espalda, la mantuvo en su sitio.

-Está sonriendo –le informó Jasper-, no planeando su menú para la cena.

-Pues podría haberme engañado.

-Campero no le haría daño a una mosca, ¿verdad, viejo?

-¿Campero?

-Es inofensivo.

¿No le había dicho lo mismo Esme acerca de Jasper?

-Ven aquí –repitió con suavidad.

Ella dio un paso adelante.

-Acarícialo. En el morro. Así.

Jasper le enseñó y ella intentó seguir su gesto. En cuanto se acercó, el caballo ladeó la cabeza y ella apartó la mano atemorizada. El simplemente le tomó la mano y se la deslizó por el morro de Campero. Cunado el caballo no le dio un mordisco, empezó a tranquilizarse.

Jasper apartó su mano y ella siguió acariciando al animal.

-Bien –aprobó Jasper con voz suave y grave.

Durante los siguientes minutos, le dio las instrucciones básicas, detallándoles las partes de las riendas y la silla y una rápida clase de técnica.

-¿Alguna pregunta?

A Alice le daba vueltas la cabeza de la cantidad de información que había recibido. No pensaría que iba a recordarlo todo, ¿verdad? Para ser sincera, tenía tantas preguntas que no sabía por donde empezar.

-¿No tienes un manual?

-Me temo que no. En estas tierras nos ponemos manos a la obra directamente. Yo sujetaré las riendas mientras tu subes a la silla.

Campero le pareció aún más grande.

-¿Ahora?

-¿Cuándo preferirías?

-Me da vueltas la cabeza. Supongo que para la primera lección ya ha sido suficiente.

-Vamos, maestra, ya sabes que no hay nada mejor que la práctica.

Ella soltó el aliento.

-Me temía que dirías eso.

-No vas a cambiar de idea, ¿verdad?

Alice miró a Campero y después a Jasper. Comprendió que estaba retrasando el momento crucial. Y se recordó a si misma que aquella era una buena oportunidad de mejorar su relación con el tío de Will. Por mucho que Jasper la enervara.

-No voy a cambiar de idea.

-¡Venga, arriba!

Hasta que intentó meter la bota en el estribo, nunca se había considerado baja. El sudor le empañó la nuca y se preguntó si sería por el ejercicio o por la forma en que Jasper la estaba mirando con los ojos brillantes de intensidad.

-¿Necesitas ayuda?

Alice frunció el ceño odiando admitir la derrota.. Pero lo que era peor era tener que pedirle a Jasper que la tocara.

-Por favor.

Jasper se agachó delante de ella mirando hacia arriba y enroscó los dedos de las dos manos.

-Pon el pie aquí y sujétate de mi hombro.

Incluso mientras seguía sus instrucciones, Alice se preguntó si la cordura la habría abandonado por completo. Sentía su solidez y su calor bajo la palma de la mano. Pero peor era que tenía que confiar en él, algo que no le resultaba fácil.

Jasper la alzó hacia el lomo del animal y ajustó la largura de los estribos. Podría ser sólo el resultado de una noche sin dormir o el producto de su imaginación, pero las manos de él en sus pantorrillas le parecieron terriblemente excitantes.

-Siéntate derecha –la apremió deslizando la mano por su espina dorsal para empujarla.

Ella respondió al instante, cuadrándose de hombros.

-Esa es mi chica.

Jasper le estaba dando un nuevo significado a la expresión manos a la obra . Después de ofrecerle las riendas, preguntó:

-¿Estas bastante cómoda?

-Como un pavo en un día de Acción de Gracias.

Él sonrió.

-Daremos un paseo corto.

Alice cerró las manos alrededor de la tira de cuero.

-Relájate.

¿Qué se relajara cuando tenía los músculos más tensos que las riendas? Y no sólo eso, sino que la bestia que tenía bajo las piernas tenía tanta fuerza como para arrastrar un coche.

-Es muy fácil para ti decirlo. Tú no has tenido miedo en tu vida.

Jasper lanzó otra carcajada y montó al otro animal con un movimiento tan fluido que hizo que todos los esfuerzos de ella parecieran torpes. Verlo a lomos del otro animal la dejó sin aliento. Parecía tan calmado, controlado, poderoso…

-¿Lista?

Ella apenas escuchó la pregunta.

-Nos lo tomaremos despacio y con calma –prometió él.

Jasper espoleó con suavidad a su caballo. Sin tener que hacer nada ella, Campero lo siguió. Los primeros pasos la desequilibraron y empezó a balancearse en la silla de un lado a otro al compás del trote del animal. Después de unos minutos, sin embargo, comprendió que no iba a aterrizar en el suelo.

-Puedes dejar de morderte el labio ya. Te prometo que Campero es tan dulce como la miel.

Si Jasper supiera que la lección no la inquietaba tanto como él…

Él se mantuvo por delante de ella manteniendo por suerte un paso lento y firme. Cuando la distancia entre ellos y sus responsabilidades empezó a aumentar, ella empezó a relajarse.

El sol brillante en el cielo azul había brillar las hojas de los árboles lejanos. A Alice se le normalizó el pulso y empezó a fijarse en el paisaje. Una águila planeó en una corriente de aire y una agradable fragancia inundaba el aire.

Jasper volvió la vista hacia ella.

-¿Vas bien?

-Creo que sobreviviré.

-Se te da bien.

La aprobación en el suave tono de Jasper la tranquilizó. No había comprendido que su opinión le importara, pero así era. Sintió alivio cuando él se volvió a dar la vuelta. Al menos no pudo verla sonreír de aquella manera.

Unos minutos más tarde, llegaron a un pequeño arroyo que borboteaba entre grandes rocas. Jasper detuvo a su caballo. Campero siguió sus órdenes y aprovechó la oportunidad para pacer la hierba de debajo con ansia tirando de las riendas y haciéndola perder el equilibrio.

Alice se agarró a la montura para recuperar el equilibrio.

Jasper saltó de su silla y se acercó a ayudarla. Le rodeo la cintura con las manos, la alzó y la deslizó a lo largo de su cuerpo, la suavidad femenina rozando la rigidez masculina. La mantuvo un poco más de lo necesario hasta que sus pies tocaron el suelo.

-Gracias –susurró ella sin aliento.

Él se apartó despacio.

Algo le había pasado a Alice, algo que le asustaba. Respondía a él siempre como una mujer a un hombre. Una distancia cortes sería lo más indicado, pero aquella reacción ante su atractivo…

Necesitaba hacer algo y rápido. Se acercó hacia el arroyo para alejarse de él y del cosquilleo que le producía su presencia.

A los pocos segundos, él se había reunido con ella disfrutando del momento de paz en la ribera del arroyo. Desesperada por decir algo mundano para no traicionar cómo le había afectado, preguntó:

-¿Esta tierra es toda tuya?

-Hasta donde llega la vista.

La expresión de su cara la cautivó. El orgullo estaba dibujado en su cara y en las arrugas alrededor de sus ojos. Sin embargo, había algo más profundo en la rigidez de su columna y en su tono de voz.

-Amas esta tierra –comentó ella.

-Hasta el último metro. Cada lágrima, cada gota de sudor –tenía la vista dirigida hacia la colina verde que tenían enfrente-. Si, la amo.

El día anterior había aprendido que se preocupaba profundamente por su familia y ahora se enteraba de que amaba su tierra. Jasper era un hombre mucho más profundo de lo que había creído. Quizá se hubiera equivocado al juzgarlo con excesiva rapidez.

Cuando ella se había presentado en su casa sin avisar, había traspasado un área fuertemente protegida, pero si ya no la veía como a una enemiga quizá pudieran ser amigos.

-Amigos.

Le gustaba la seguridad de aquella palabra. La amistad no iba con la desconfianza ni las dudas. Y los amigos no se besaban bajo la oscuridad de la noche. Aferrándose a aquella idea como si fuera una tabla de salvación, Alice comentó:

-Tienes que estar orgulloso de lo que has conseguido.

Jasper se acercó más a ella de un solo paso. A Alice se le inflamaron las entrañas como cada vez que él se aproximaba. La brisa agitaba la copa del árbol lejano y le llevó el aroma de Jasper. Y cuando él la miro, la imagen de él tirando del cordón de su camisón la asaltó.

Se cruzó de brazos. De alguna manera, sus instintos femeninos le decían que la amistad no era lo que él deseaba de ella.

Estar a solas con él sin la protección de la presencia de otra gente no había sido una buena idea.

Jasper había quedado tan silencioso que le sorprendió que siguiera todavía el hilo de la conversación:

-¿Orgulloso? Si, quizá. Pero más que eso. Tener todo esto es algo que mi madre se merecía. Y también mi padre, que Dios tenga en su gloria. Esto no ha sido siempre así, Alice. Nosotros éramos muy obres. Vivíamos en una casa de una sola habitación y comíamos de la caridad de la iglesia.

A Alice se le ocurrió que había estado a punto de casarse con James y sin embargo, nunca había compartido con él nada tan personal.

-¿Has hecho todo este trabajo por tus padres?

-Poseer un rancho, conseguir beneficios de él, ganar el respeto por otra cosa que no fueran tus puños… ése era el sueño de mi padre –Jasper miró hacia el horizonte-. Murió antes de verlo conseguido.

-Así que tú seguiste su sueño.

-Lo mantuve vivo.

-La familia significa todo para ti, ¿verdad?

Él clavó la mirada en ella.

-Sí.

Los ojos azules brillaban de advertencia, una que ella sabía no sería prudente traspasar. Se apartó un poco de él con la esperanza de que no lo notara.

Pero a Jasper no se le escapaba nada.

-No te estaba amenazando.


Q les ha parecido chicas?

Esperamos muchos reviews y muchas gracias por seguir la historia :)